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viernes, septiembre 02, 2016

SEGUNDA OPINIÓN: PARTE DE LA SITUACIÓN 8/8/16

Segunda Opinión
ACTUALIDAD ECONÓMICA: PARTE DE LA SITUACIÓN

       Analizar en su conjunto la actual coyuntura económica puede dar lugar a una larga enumeración de pros y contras, con el riesgo de producir tedio en quienes nos leen. Por eso, nos limitaremos a comentar algunos aspectos que consideramos preponderantes.
       La situación económica está complicada. En poco tiempo se han producido cerca de 100.000 despidos, los indicadores de producción y de consumo están cayendo, y en general la retracción es un dato que nadie puede soslayar. Todo el mundo sabe que buena parte de los problemas son una obvia consecuencia del desastre en las cuentas públicas heredado.  Inflación, cepo cambiario, aislamiento económico del mundo, y un inmenso aparato de corrupción constituyen el eje indiscutido de una situación explosiva. Las nuevas autoridades están intentando encauzar las cosas sin perder de vista la necesidad de ganar espacio político con vistas a las elecciones de medio término del año que viene. Tenemos que señalar que un país con un 30% de pobreza en diciembre, lleno de villas de emergencia y con casi la mitad de la población recibiendo alguna forma de subsidio directo no es un panorama del que se sale fácilmente por más buenas intenciones que pudieran tenerse. La reforma debe ser muy profunda, y para que sea duradera, debe basarse en principios económicos sólidos, y no en artilugios monetarios a los que estamos tan acostumbrados los argentinos. Intentando ser lo más neutrales posible en este análisis, empecemos por señalar que la situación no es tan diferente a la acontecida durante el año 2014, año en el cual la inflación tocó casi el 40% y hubo una caída del PBI del orden de los 2 puntos. Sin embargo, la sensación general es que estamos peor, y ese dato es imposible dejarlo de lado al intentar vislumbrar las consecuencias políticas.  El gobierno, que arrancó con una clara política de reinserción en el mundo, con una salida ordenada del cepo cambiario y con un acuerdo razonable con los “holdouts” que permitió salir del default, cometió serios errores en los necesarios ajustes de tarifas de servicios públicos, con elementales faltas jurídicas que dieron lugar a reclamos  a los que la Justicia ha hecho lugar, ello aparte de la marcha atrás del propio gobierno en lo que respecta a las tarifas de gas, en las que se pretendió aplicar un tope del 400% de incremento. Medida ésta última más que insólita, porque posibilitaría que quienes consumen mucho, puedan consumir todo cuanto deseen sin sufrir incrementos adicionales.
         Se nota así la improvisación, la falta de rigor y la increíble falla administrativa de no asegurarse, mediante cálculos previos, cuál sería el resultado final en la facturación.
         Bien, pero esto ya ha ocurrido y es obvio que la paralización de los ajustes tarifarios obliga al gobierno a sostener los subsidios a las empresas distribuidoras, con el consiguiente mantenimiento, e incluso incremento, del déficit fiscal. El objetivo de bajar la inflación es muy loable, y es también indispensable, pero se logra esencialmente bajando el déficit y la emisión de moneda, lo cual se contrapone con la paralización del ajuste de las tarifas, y también con la necesaria adecuación de subsidios directos a millones de personas, en especial a los jubilados, a los que el gobierno anterior les negó una y mil veces sus derechos.  La quita de retenciones a las exportaciones (excepto a la soja) la mejora del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias, la devolución del 15% del IVA a los jubilados con la mínima y otras medidas por el estilo, han producido una merma en la recaudación fiscal, que se ve a su vez afectada por la retracción de la economía. Para colmo con el panorama brasileño tan complicado como está y que afecta especialmente a nuestra industria automotriz.
        El gobierno intenta reactivar la obra pública (que estaba virtualmente paralizada), lo cual redundará en una recuperación del nivel de empleo en la construcción, que es una de las actividades más afectadas. También intenta atraer inversiones externas y toma medidas como el nuevo blanqueo de capitales o la moratoria impositiva intentando de este modo cambiar el curso de la situación. Ha logrado algunas buenas formas de financiación y también de ahorro de gasto público que disminuyeron la emisión monetaria, dando un respiro y posibilitando en su conjunto que al menos en los próximos meses aumente la demanda de trabajo al mismo tiempo que tienda a bajar la tasa de inflación. Un objetivo en sí mismo muy difícil, dado que ambas cuestiones operan como fuerzas contrapuestas.
      La mejora del llamado riesgo país y la llegada en pocos días de una misión del FMI para volver a auditar las cuentas generan una mayor confianza internacional y por lo tanto bajan las tasas de interés en dólares de manera considerable.
      Lo que podemos decir, en conjunto, es que no estamos ni de lejos en el mejor de los mundos, pero que las perspectivas pueden ser buenas, o al menos bastante mejores de lo que muchos analistas hoy por hoy esperan.
      En nuestra opinión, sin embargo, la heterodoxia, siempre abre nuevos flancos y genera nuevas incertidumbres. Nada es gratis en economía. Lo que no pagan unos, lo pagan otros. Tal heterodoxia, a su vez, parece un tanto desarticulada, carente de un plan de acción general, de un programa claro y concreto. Los distintos factores que operan en la economía de un país, necesitan un horizonte lo más claro posible. La tendencia ayuda, pero es apenas una de las teclas que hay que tocar.
      La apertura económica controlada y limitada, es una buena noticia como tal, pero habrá que ver si tal apertura es suficiente. Porque además, hay que analizar qué pasa con el tipo de cambio, que en la actual gestión responde al concepto de “libertad administrada”. Es decir, libre pero…La mayor competencia es indispensable pero al mismo tiempo es preciso reformular la función del Estado, hoy en día desmadrada y con un empleo público en virtual descontrol.
      En estos días se observa un tipo de cambio que para muchos analistas está atrasado. La medida de las cosas en este caso es lo cara que está la Argentina respecto de otros países de la región, o de los EEUU e incluso de la mismísima Europa. Si la Argentina está cara, parte será producto de la ineficiencia administrativa, sin duda, parte del atraso tecnológico relativo, y parte del atraso cambiario. Nada difícil de ver.
      Trazando una metáfora muy simple, podríamos decir que el país está intentando un aterrizaje suave, pero todavía no parecen estar a la vista ni pista ni la torre de control del aeropuerto.
      La política fiscal es expansiva. Se licitan nuevas obras, si restituyen fondos a las provincias tras un acuerdo para la devolución del famoso 15% adeudado desde 2006 por un capricho de la anterior gestión, se pagan los juicios a los jubilados y se busca la baja de la presión tributaria con reducciones en impuestos a las ganancias, ganancia mínima presunta y sobre los bienes personales. Siempre debe existir un delicado equilibrio entre la expansión, que incrementa la demanda de bienes y servicios, y la provisión de tales bienes y servicios. De lo contrario, cualquier expansión puede desatar presiones inflacionarias. Por su parte, el BCRA baja lentamente la tasa de interés que paga por las Lebacs, que de casi el 40% a comienzos del año, ahora se acerca al 30%. Habrá que ver qué pasa con el tipo de cambio, que hasta ahora viene demasiado quieto si tenemos en cuenta la inflación que ha ido acumulándose, y por lo tanto atrasándose.
       En definitiva, tenemos un panorama no lo suficientemente claro, pero con una tendencia favorable en el marco de una situación política nada sencilla. La coalición gobernante sufre los embates de sectores afines al gobierno precedente, se ve obligada a hacer concesiones no siempre justificadas económicamente (incluso jurídicamente), y la demanda de la sociedad es tan necesaria como justificada.
      Los próximos meses dirán si las cosas siguen encaminándose. Pero sin ninguna duda el camino ha de ser largo y sinuoso.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                             Buenos Aires, 8 de agosto de 2016

EL ÁGORA: LA GRAN MENTIRA 15/7/16

El Ágora
LA GRAN MENTIRA

      "Mirá todo lo que tiene esta mina con tanta pobreza que hay en la calle. No se entiende"   (Cristian Medina, cerrajero que abrió la caja de seguridad de Florencia Kirchner).

La gran mentira del relato kirchnerista va saliendo a la luz cada día. El último eslabón de la infinita cadena de enriquecimiento cargado de sospechas de ilicitud es enorme. Y la cadena de los hechos directamente ilícitos sin duda alguna también lo es.
Los 4.600.000 de dólares que  la joven hija de la ex presidenta tenía guardados en la caja de seguridad del Banco de Galicia, contrasta de manera insoportable con la realidad de la pobreza, tal como lo señaló el cerrajero que abrió tal caja. El caso de José López llevando 9.000.000 de dólares a un convento, el recuento de dinero en La Rosadita en medio de vasos de whisky carísimo, las 200 estancias de Lázaro Báez, el pasaje a dólares de los depósitos en pesos de Cristina Fernández, la patológica connivencia entre Cristóbal López y la AFIP de Echegaray con aquellos 8.000 millones de pesos de impuestos no ingresados al fisco y destinados a “inversiones”. Los alquileres, la facturas truchas, las mansiones, los sobreprecios en la obra pública, la llamada “ruta del dinero k” el “éxtasis” del ex presidente muerto ante una simple caja fuerte; todo, absolutamente todo configura la gran mentira del aparato kirchnerista.
Mientras todo el país debió soportar durante más de 4 años un aberrante “cepo cambiario” (que la ex mandataria decía que no existía), la señora sale a dolarizar sus ahorros en secreto a las pocas semanas de que su sucesor en el poder tuvo la valentía necesaria como para salir de semejante encrucijada.
Un paréntesis no menor merece el hecho de que cuando el anterior gobierno obligaba a la gente a ahorrar en pesos, desde la “militancia “ se repetía “esta vez va en serio, la gente va a tener que ahorrar en pesos” en una especie de épica esquizofrénica según la cual toda la población del país debería ahorrar en la moneda que quieren los gobernantes, y no en aquella en la que la gente confía. Especial y justamente cuando los propios gobernantes (ahora ex gobernantes) obviamente tampoco confiaban en tal moneda.
Ver a los mismos amigos del poder, copartícipes del poder y allegados al poder con fajos y más fajos “termosellados” de billetes verdes es tal vez la mejor forma de hacerle entender al pueblo no fanático la realidad de las cosas.
En medio de todo esto, el cacerolazo de hace pocas horas.
Un cacerolazo en el que se juntó gente que legítimamente o no protesta por la suba de tarifas, con militantes y grupos de izquierda que desprecian a esa misma gente. Militantes y grupos de izquierda que colaboraron raudamente con el desastre energético en el que el kirchnerismo llevó al país, protestan contra el tarifazo, mientras la hija de la líder del “modelo de inclusión y matriz diversificada” cuenta sus millones de dólares (no de pesos) en plazos fijos y cajas de seguridad de su hija.
Los mismos que apoyaron al régimen que a partir del año 2006 nos dejó a todos sin autoabastecimiento energético e importando fortunas en gas, fuel oil, gas oil, naftas y electricidad; los mismos que se cansaron de hablarnos de “soberanía energética” por la confiscación de YPF, son los que se desentienden de la necesidad de tener importaciones netas de energía por más de 12.000.000.000 de dólares por año a partir del año 2007 y como promedio. No vale la pena hacer cuentas acerca de lo que podría haberse hecho en el país con esa montaña de plata pagada al exterior a lo largo de casi una década. Algunos dicen que la cifra es bastante menor. Pues bien, concedamos que es menor, digamos la mitad.  6.000 millones por 9 años son 54.000 millones. Y esto sigue, porque para volver al autoabastecimiento hacen falta inversiones, exploración, explotación. Años. No menos de 6 o 7 con toda la suerte. Y como decimos inversiones multimillonarias.
Y el cacerolazo unió a quienes en anteriores cacerolazos eran los “gorilas” y la “derecha” con los grupos y grupúsculos de izquierda que suelen ser más banderas que gente y la “militancia” kirchnerista, es decir adicta al régimen que llevó al país a esta situación.
El cacerolazo, los cacerolos. Los odiados que no pisaban el pastito de la Plaza de Mayo, ¿recuerdan? Juntos y revueltos con los militantes brancatelianos.
Hemos señalado varias veces nuestro profundo desacuerdo con la manera en que se hizo el ajuste de tarifas. Incluso manifestamos nuestro desacuerdo con el “tope” del 400% que nos parece una verdadera locura, ya que permite consumir infinita cantidad de gas una vez superado ese límite que no la pagará jamás.
Nuestro querido país tiene estas particularidades, porque el esquema del tope del 400% es exactamente igual a aquel que en tiempos de Cristina Fernández, en 2013, determinó que las personas que entre enero y agosto de ese año ganaban hasta $ 15.000 mensuales, no tributarían impuesto a las ganancias, aunque al día siguiente pasaran a ganar un millón o dos por mes. O lo que fuera. Juntos y revueltos.
El cerrajero sí que dijo la justa. Con la pobreza que hay en la calle, “mirá todo lo que tiene esta mina”. Filosofía de estaño, se decía en otra época, aludiendo al “estaño” que cubría la mesa de la barra de los bares. Filosofía en estado puro.
Y estos mismos militantes, además, son los que dicen y repiten y pontifican que este gobierno gobierna “para los ricos”, en cambio el kirchnerismo y “esta mina” que de algún modo lo representa, dejó la “pobreza que hay en la calle”, pero gobernó para los pobres.





Buenos Aires, 15 de julio de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO


                               

CONSUMO VERSUS INVERSIÓN 2/7/16

El Ágora
CONSUMO VERSUS INVERSIÓN

              Durante los años del kirchnerismo la Argentina prácticamente no tuvo ministro de economía (o de finanzas o como se lo llame). En una economía ordenada y libre podríamos decir que no tener un ministro del área puede resultar irrelevante, pero en una economía superlativamente intervenida como la de nuestro país resulta por lo menos incomprensible que el matrimonio Kirchner hubiera desistido de nombrar en esa cartera a un profesional serio con un equipo técnico adecuado.
            Esto dio lugar a todo tipo de arbitrariedades, mucho mayores que las que el propio intervencionismo provoca. Y acá dejamos de lado la corrupción, los sobreprecios en la obra pública y todo el daño colateral provocado por la desidia y el prevaricato.
          El daño que el intervencionismo produce en la economía es inmenso, entre muchísimas otras cosas por el hecho de que cuando se pretende “promocionar” algo, alguien debe hacerse cargo de pagar la diferencia. Las distorsiones tornan inestable el mercado e imposible el equilibrio. Meter todas las variables de la economía en una planilla de Excel, como dijera un ministro del gobierno anterior, resulta una pantomima, como ocurre en esas películas en las cuales alguien juega a ser Dios ante un panel repleto de pantallas de TV en las que pretende observar la intimidad de todo el mundo.
         Este es el marco general que permite ahora avanzar sobre lo que siempre ha dicho tanto el presidente Néstor Kirchner como su señora esposa, Cristina Fernández en el ejercicio del gobierno.  El planteo ha sido siempre el de incentivar el consumo para de esa manera hacer crecer la economía. Como tal incentivo no es acompañado por la inversión necesaria por diversas razones, entre las cuales se encuentran precisamente la arbitrariedad producto del abuso del intervencionismo manejado además por manos poco profesionales, se produce la suba de los precios a la cual contribuye, desde ya, la emisión de moneda necesaria para, justamente, intentar incentivar el consumo.
         En esta clase de esquemas intervencionistas y fomentadores del consumo, el camino que eligen políticos inexpertos o simplemente populistas, es el del control de los precios, pensado tal vez que así se incentiva la producción, cuando en realidad ésta se contrae. Nadie invierte en un país donde el futuro de los precios no está sujeto a la oferta y la demanda sino al capricho de los gobernantes. Esta verdad elemental no es comprendida por demasiada gente. Y así nos va.
        En esta verdadera dicotomía que se nos presenta, el otro extremo está en la inversión. Es la inversión la que provoca el incremento del ingreso per cápita y la que mejora la situación económica de un país. La razón por la que un simple operario en EEUU gana mucho más que un profesional en la Argentina, es la inversión per cápita acumulada.
        La inversión se produce cuando las condiciones de legalidad están lo suficientemente maduras como para garantizar que los capitales lleguen y no sean timados por políticos oportunistas.
        En los últimos años hemos asistido a todo tipo de arbitrariedades desde la Secretaría de Comercio o desde el Ministerio de Planeamiento. Hemos visto por doquier prohibiciones de importar, prohibiciones de exportar, prohibiciones de girar dividendos, obligación de ingresar divisas a un “cambio oficial” claramente irreal y una cadena sin fin de necesidades de pedir permiso para las cosas más elementales. Aparte de esto, se reciclaron leyes como la de “abastecimiento”, injerencia en las empresas, intentos de fijación de márgenes de utilidad, controles de precios de diverso tenor, e inclusive regulación de retenciones sobre exportaciones para “disciplinar” (Roberto Lavagna dixit) los precios locales.
      Este tipo de políticas suelen ser bien vistas por buena parte de la población en la Argentina, pero claramente ninguna persona con una mediana sensatez habrá de hundir capitales en estas condiciones, donde todo queda en manos de funcionarios con poderes omnímodos capaces de subir o bajar el pulgar de decidir así sobre fortunas enteras.
     Hemos comparado la situación Argentina con la existente en China. China es una férrea dictadura comunista, pero si una empresa norteamericana ingresa en ese país y acepta las condiciones que el régimen le impone (los chinos no son necios para negociar, lo sabemos), es seguro que tales condiciones se mantendrán según lo acordado. Nadie temerá en China que mañana venga un funcionario de primer o segundo orden y les diga que no pueden girar dividendos, o que los dólares deben ingresar al precio que se le ocurre a un ministro, o que el sistema tributario cambiará radicalmente en 48 horas porque están en emergencia.
      Esa es la razón, de paso sea dicho, por la cual China, un régimen de origen marxista acérrimo, ha aceptado el capitalismo como parte de su desarrollo. Capitalismo que dicho sea de paso, ha podido ser aceptado PORQUE EXISTE. Y esto, que es de Perogrullo, hay que recalcarlo, porque si por el marxismo fuera, habría dejado de existir hace rato y ya no podría contarse con él.
      Bien, entonces volviendo al principio, tenemos que tener presente que la forma de afianzar el crecimiento económico de un país consiste en establecer un sistema jurídico que respete la propiedad privada, que establezca reglas de juego estables, que respete las normas establecidas, que no sea arbitrario y que no pretenda cambiar las reglas todos los días según las cambiantes condiciones de la economía.
       Nada habrá de ser absolutamente estático, por supuesto, la economía es una ciencia social y las sociedades cambian todos los días, pero hay una banda de razonabilidad sobre la que se debe operar.
      El error global está en creer que incentivando el consumo se incentivará  la producción y que de tal modo se corregirá la inflación. Y que cuando la inflación no se corrige porque la inversión no “llega a tiempo”, se congelan los precios y todos contentos. No. Las cosas no son así, y los argentinos deberíamos haberlo aprendido hace ya varias décadas.
     Si la inversión no cubre la demanda, los precios subirán, y sin o suben, los bienes se agotarán, como ocurrió con la energía. O aparecerá el mercado negro.


Buenos Aires, 2 de julio de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO


                                                         

LA VERDADERA HISTORIA 21/6/16

El Ágora
LA VERDADERA HISTORIA


                    Luego del escandaloso caso de José López arrojando bolsas repletas de dinero húmedo en un Monasterio poco queda por decir de lo que fue el kirchnerismo
                  Ni siquiera se trata de esperar que actúe la Justicia
                  La verdad empírica, la visión de gente contando dinero en “La Rosadita” primero, y el esperpento de ser humano en que se ha convertido José López exime a cualquiera de otra necesidad de explicación
                  La matriz corrupta del kirchnerismo es una realidad Y posiblemente nunca pueda saberse hasta dónde llegaron sus tentáculos
                  Pero se sabe del enriquecimiento pantagruélico de sus principales figuras Se sabe de el inconcebible vuelco económico atribuido por  la propia presidenta a su condición de “abogada exitosa” Una mentira tan flagrante como estúpida. Se sabe por las increíbles declaraciones en su momento de Fariña, quien inclusive llegó a cometer la torpeza de utilizar un celular de un detenido acusado de narcotráfico para llamar a Suiza para averiguar la forma de trasladar desde Portugal 90 millones de dólares “físicos”
                  Todos vimos por televisión y leímos en los diarios el trabajo serio de periodistas de investigación Todos supimos de la labor incesante de políticos como Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, o Leonardo Despouy al frente de la Auditoría General de la Nación
                 Todos recordamos el patetismo de Fariña y su recordada frase “querían ficción, les dí ficción”, las declaraciones tajantes de Elaskar, o de la ex amante del presidente Néstor Kirchner, Miriam Quiroga entre tantas otras voces que pusieron sobre el tapete la realidad más cruda
                Bóvedas, sobreprecios, bolsas de dinero, obras públicas asignadas únicamente a los amigos, subsidios al transporte jamás controlados, discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos, aprietes, trampas, escraches, propaganda a mansalva, ataque a medios díscolos, acusaciones vacuas jamás llevadas a la justicia, insultos, descalificaciones a cargo de los ex presidentes y de sus principales funcionarios
               Todos vimos por televisión cómo la inacción de la Justicia permitía que se llevaran cajas con documentación de “La Rosadita” Todos vimos la bóveda de Báez convertida en bodega  Todos vemos hoy mismo el “mapa” de adquisiciones de este pseudoempresario que se dice es testaferro del matrimonio Kirchner Todos supimos lo de Cristóbal López, a quien se le asignaron salas de juego por décadas y que él mismo controlaba el “rinde” de las máquinas tragamonedas en Palermo, por ejemplo. O el desvío de 8 mil millones de pesos de impuesto sobre los combustibles para otros fines
             Todos supimos como Néstor Kirchner hizo que YPF “vendiera” el 25% del paquete accionario a un grupo australiano encabezado o dirigido por el empresario amigo Eskenazi, a pagar con utilidades pasadas y futuras de la empresa Es decir, sin poner un peso Operación que contribuyó seriamente a la desinversión de la petrolera a partir del año 2009 y que luego sirvió de justificación para su confiscación
            Todos vimos a un balbuceante Ricardo Jaime declararse culpable de cohecho Todos sabemos que hoy por hoy están detenidos Báez, Jaime, López, y alguno más que se me escapa mientras varios están procesados, mientras el juez Casanello inventaría los bienes de Lázaro Báez y otros jueces investigan y procesan Ahora llegó el turno de Ibar Pérez Corradi, que está siendo extraditado de Paraguay, que estuvo prófugo durante 4 años y de quien nadie pareció ocuparse hasta el cambio de gobierno
             Se sospecha de sus vínculos con la efedrina, que el ex todo terreno Aníbal Fernández desmintió, pero acaba de viajar a Londres sin aviso previo, a menos de 24 horas de la captura de Pérez Corradi
           La efedrina, los muertos de General Rodríguez, el financiamiento de la campaña de Cristina Fernández, la valija de Antonini Wilson en un avión oficial argentino La ominosa salida del país del venezolano mientras Aníbal Fernández negaba que hubiera estado al día siguiente del affaire del la valija en la Casa Rosada, hasta que una foto mostró lo contrario. Todo un verdadero cambalache Biblia y calefón es poco Y encima Nisman
            Y así podría seguir larguísimo rato Horas, días
            El desbande del kirchnerismo es una realidad palpable, desde Gioja hasta Manzur acaban de abandonar el barco, junto a Bossio y tantos otros El desmantelamiento es general Sólo unos pocos parecen mantenerse fieles, probablemente por compromisos asumidos, o por los proverbiales “carpetazos” que temen, como Héctor Recalde, que comparó a los corruptos con los curas pedófilos y afirmó que así como la Iglesia se bancó a los segundos, él bien puede bancarse a los primeros. Como si ambas cosas fueran lo mismo. ¡Como si el hecho de que en otras partes de la sociedad o del mundo se delinquiera, eso permite delinquir o “bancarse” a quienes delinquen Increíble
           Aparecieron cartas de artistas otrora incondicionales Dichos, afirmaciones Todo el mundo huye, mientras Cristina Fernández escribe cartas en Facebook deslindando la responsabilidad política que sin duda tiene Pe
           Y la industria de la militancia dedica horas y horas a buscar falencias en dirigentes del actual gobierno, como si con eso se eximiera de responsabilidad a la inmensa maraña de corrupción kirchnerista El mismo recurso de Recalde, digamos
          La frutilla de la torta fueron las bóvedas encontradas en el Monasterio de General Rodríguez que todos vimos por televisión
          Opino que la verdadera historia está finalmente empezando a ser escrita Sólo espero que no se detenga por nada del mundo


           


Buenos Aires, 21 de junio de 2016                                         HÉCTOR BLAS TRILLO

lunes, junio 20, 2016

LA APELACIÓN A LA BONDAD HUMANA 18/6/16

El Ágora
CUANDO LA APELACIÓN A LA BONDAD HUMANA ES ABSURDA


          Acabo de leer en un diario las declaraciones de la vicepresidenta de la Nación en el sentido de que “la Argentina no tiene futuro mientras existan los Báez, los López y los Jaime”.
          En esta simple definición se resume, de manera patética, el gran drama de nuestro país, que no es precisamente la existencia de estos personajes, sino que no exista un sistema jurídico legal lo suficientemente sólido como para evitar que tales individuos se enriquezcan a costa del erario.
         El pensamiento de la vicepresidenta es bastante común;  si todos fuéramos buenos, nobles y solidarios, el país sería otro.
          El error de este tipo de razonamiento es inconmensurable.  Nadie, a poco que lo piense, puede esperar que todos los habitantes de una Nación, la que  fuera, sean solidarios, buenos, nobles, generosos y dadivosos.  Pero todos podemos esperar que exista un sistema jurídico, lo que se llama un Estado de Derecho que impida los abusos y los actos irregulares de personas como las nombradas o tantas otras.
         Recuerdo palmariamente cuando en los años 80 se suscitó la cuestión de la importación de pollos para intentar regular el mercado avícola. En ese tiempo, el secretario de comercio, Ricardo Mazzorín, resolvió la importación de nada menos que 50 millones de dólares  de pollos congelados, la mayoría provenientes de Hungría, que a la  postre resultaron incomibles y terminaron en el Cinturón Ecológico luego de haber sido mantenidos años en costosas cámaras frigoríficas.
        Recuerdo, además, una reunión de este funcionario ante los representantes de la industria, en la cual manifestó, sin un atisbo de culpa, que si quería ponía el precio del kilo de pollo en 50 centavos y destruía definitivamente la actividad local en la materia.
        En aquellos años, debo confesar, todavía me enojaban y me asombraban algunas cuestiones.  Digamos que me enojaban más que ahora. Por lo que hasta llegué a enviar cartas a diarios que no fueron publicadas.
       Traigo a cuento esta anécdota no para hacer una autorreferencia que siempre resulta odiosa, sino para ubicar a mis amables lectores en una cuestión que supera largamente un determinado gobierno de tal o cual sesgo político.
       ¿Por qué razón el funcionario Mazzorín podía disponer de una cifra que hoy equivaldría a no menos de 250 millones de dólares para comprar pollos congelados, lamparitas chinas o lo que se le ocurriera? ¿Por qué razón tal funcionario podía hacer afirmaciones como la que acabo de contar sin que a nadie se le moviera un pelo  e incluso no diera lugar a que se publiquen cartas de lectores criticando semejante acto de autoritarismo y arbitrariedad con dinero del erario, además?
      Por eso, vuelvo ahora al presente. El problema no es que existan personas mal nacidas, coimeras, ladronas, inescrupulosas o lo que fuere, el problema es que el sistema permita desarrollar cierto tipo de operaciones sin los debidos reaseguros operativos que limiten drásticamente el accionar. Y por supuesto aún en caso de que ocurriera algún desliz, la sanción pertinente que no deje impunes a los responsables.
     Pretender que el problema se reduce a individuos inescrupulosos que si no existieran otro sería el cantar, es como pretender que al mundo le iría mejor si el clima fuera homogéneo, regular y las tierras fueran fértiles en el planeta entero.  Existen individuos inescrupulosos, avaros, envidiosos, aprovechadores, egoístas, coimeros y todo lo que se nos ocurra. Hay de todo en la Viña del Señor.
    Pero en los países más avanzados existe un sistema legal que limita el accionar de los funcionarios, la discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos, que obliga rendir cuentas y que en definitiva NO AUTORIZA a que un funcionario disponga de fortunas para comprar pollos o respuestos de automóviles como si el tipo fuera un especialista en TODO, con dineros públicos.
     Por eso, la señora Michetti comete un error increíble. Posiblemente b asado en creencias religiosas, no lo sé. Y ese error es el de creer que si todos fuéramos buenos y santos estas cosas no ocurrirían.
    La verdad es que no podemos ni debemos esperar que todos seamos buenos y santos, porque en primer lugar no lo somos, y en segundo lugar ciertas actitudes, como la avaricia o la envidia, por ejemplo, exceden incluso el marco legal. Nadie puede obligar a nadie en un país libre a no ser avaro, por ejemplo. Sí puede obligarlo a que cumpla con la ley, aunque no quiera.
   Báez, o Jaime, o López, o quien fuere, operaron dentro de un sistema político que posibilitó licitaciones amañadas, pagos por adelantado sin controlar avance de obras, sobreprecios que no fueron debidamente auditados, y un sinfín de irregularidades que parten de la permisividad (por lo decir los buracos)  de un sistema legal y político inadecuado, para ser suave.
    Nadie puede en su sano juicio esperar que la sociedad funcione porque todos somos como la Madre Teresa, sí puede esperar que el sistema jurídico legal funcione de tal forma que ciertos abusos se impidan y en caso de cometerse sean detectados y quienes los violan sean sancionados.


Héctor Blas Trillo                                                                Buenos Aires, 18 de junio de 2016

¿GOBERNAR PARA LOS RICOS? 9/5/16

El Ágora
¿GOBERNAR PARA LOS RICOS?

            En términos generales, los resabios del kirchnerismo, lo mismo que la izquierda, acusan a la actual administración de estar “gobernando para los ricos”. De nada sirve que sepan, tanto estos sectores como la comunidad en general, el estado en que quedó el país luego de 12 años de gobierno populista con claro sesgo autoritario. Ni las cifras de pobreza difundidas por la UCA (ya que el anterior gobierno decidió no difundirlas nunca más para no “estigmatizar” a los pobres), hasta los datos de la UNICEF recientemente conocidos, demuestran que en la Argentina existe un 30% por lo menos de la población por debajo de la línea de pobreza, y que 4 millones de niños entre 0 y 17 años se encuentran en condiciones paupérrimas de supervivencia, por decir lo menos.
           Se ha heredado una situación sobre la que no vale la pena insistir, pero sí recordar a grandes rasgos: más de 20 millones de personas que reciben algún tipo de subsidio directo del Estado,  la inmensa mayoría de la población con sueldos inferiores a $ 6.500 por mes, un déficit público de 7% del PBI nacional, una economía desquiciada, con caídas inconcebibles en volúmenes de exportación, generación de energía (absolutamente deficitaria), economías regionales paralizadas por el atraso cambiario, cierres de importaciones y exportaciones, prohibición de giro de dividendos, endeudamiento del Tesoro Nacional con el Banco Central del orden de los 40.000 millones de dólares, contratos oscuros y cautivos con China y Rusia, préstamos leoninos al Banco Central denominados “swaps” para sostener volúmenes de reservas, deudas de miles de millones de dólares por importaciones impagas y un sinfín de etcéteras.
          El nuevo gobierno ha salido al ruedo intentando arreglar, a grandes rasgos, las principales distorsiones en la economía, desde la salida del default con los denominados “holdouts”, hasta el oprobioso y retrógrado “cepo” cambiario, pasando por el “sinceramiento” de tarifas de servicios que llevaron al país al actual estado de déficit energético, cortes de luz y de gas, baja de tensión y de presión en ambos servicios, deterioro sostenido y constante del servicio de transporte y nuevamente un montón de etcéteras.
         La inflación, que era inexistente en tiempos de la llamada convertibilidad, pasó a ser moneda corriente desde los tiempos en que el ex ministro Lavagna pretendía mantener una economía “competitiva” mediante el artilugio monetario de comprar dólares más caros de lo que valían, emitiendo moneda para tal fin.
         El actual gobierno, que siente una inmensa culpa por tener que salir a sincerar tarifas (especialmente en Capital Federal y Gran Buenos Aires, ya que en el Interior la situación es bien distinta), rápidamente ha salido a intentar tapar agujeros otorgando “tarifas sociales”, ayudas extra a los jubilados y ajustes a las apuradas en el destruido esquema del impuesto a las ganancias. Al mismo tiempo, intenta llevar adelante un proyecto de restitución de IVA a jubilados en determinadas condiciones y con determinados topes. A su vez, reinstala en denominado “plan precios cuidados” que no es más que un engaña pichanga para intentar disimular el efecto de la inflación, que al dejar de estar reprimida por el cepo cambiario se manifiesta en toda su contundencia.
         Lo cierto es que nadie ignora que las tarifas eran regaladas, tanto en gas y luz como en transporte. En ferrocarriles, por ejemplo, no sólo eran ridículas sino que la mayoría de los pasajeros no abonaban siquiera su boleto.  
         Lo ocurrido en años de populismo fue que mucha gente se acostumbró a contar con servicios prácticamente gratis, y por lo tanto a destinar el dinero a otros fines, que es lo que normalmente ocurre en cualquier hogar y en cualquier circunstancia.  Claro, esto en Capital y Gran Buenos Aires fundamentalmente, porque en la región urbana se concentra el mayor porcentaje de población del país y es aquí donde están los votos para el populismo.
        Las tarifas ridículas incluyen el agua corriente, los combustibles líquidos y otras derivaciones. De tal modo que la desinversión fue creciendo a lo largo de los años, generándose los cortes y la baja de la calidad de los servicios de todo lo cual el anterior régimen culpó, desde siempre, a las empresas, sin la menor autocrítica por la falta de adecuación de las tarifas a la pérdida de valor de la moneda producto de la desidia  y el despilfarro.
        Hay que decir que estas cuestiones no son nuevas en la Argentina de los últimos 70 años. Ya han ocurrido. Cuando se habla del abandono del ferrocarril, suele hacerse referencia a la década del 90, pero la verdad es que las tarifas políticas y la falta de inversiones en una infraestructura costosísima como la ferroviaria data de varias décadas. Y no es cierto que los ferrocarriles hubieran sido “privatizados”, porque jamás dejaron de ser del Estado, lo mismo que el Subsuelo, es decir, los combustibles líquidos y el gas.
         Nosotros no podemos saber si el actual gobierno hará las cosas bien, si habrá corrupción o situaciones delictuales, pero sí podemos afirmar que la reinserción en el mundo era indispensable. Tanto lo era que cuando el ministro Prat Gay salió a pedir dinero para abonar a los holdouts luego del acuerdo arribado, recibió ofertas por 67.000  millones de dólares, de los cuales tomó apenas 16.500 para pagar a los acreedores 9.300 millones e incrementar con el resto las reservas del Banco Central para afrontar compromisos en los próximos meses.
          Y no hablamos aquí de la  corrupción de todo tipo que hoy está en el centro de las denuncias y acciones judiciales, con empresarios y ex funcionarios procesados y detenidos por la Justicia. Personajes  a los que bien poco le importó “gobernar para los pobres”. Hay que repetirlo, porque parece que hiciera falta.
         Para que vuelva la inversión debe haber un reacomodamiento de los llamados precios relativos, debe haber una reinserción en el mundo a la que nos referimos, debe haber estabilidad jurídica y debe garantizarse tanto como sea posible que la ley será respetada y que volverá el Estado de Derecho y el respeto de las Instituciones. En estas cosas, como en tantísimas otras en la vida, no hay milagros.
        Acá no se trata de transferencias de ingresos a los “poderosos”, como repiten desde las usinas del régimen que abandonó el poder el 10 de diciembre expulsado por el voto popular.
Para que las fábricas trabajen, los campos produzcan, y la economía funcione, debe existir un sistema jurídico, económico y político que respete las reglas del juego y garantice la continuidad jurídica, de manera tal de atraer inversiones y mejorar la capacidad productiva y sobre todo la productividad.
       Toda la carrera de precios y salarios que debimos soportar todos estos años tiene como único responsable a un gobierno que no trepidó en “darle a la maquinita” de hacer billetes con el objeto de repartir dádivas y brindar así la idea de que de tal modo se ayuda a los pobres.
       ¿Es posible considerar exitoso a un gobierno que teniendo los mejores precios de la historia de las commodities (soja, trigo, petróleo, lácteos) haya dejado un país con un 30% de su población por debajo de la línea de pobreza y 20 millones de personas necesitando de un subsidio del Estado para sobrevivir por no contar con un trabajo digno? ¿A qué se debe que 4 millones de niños tengan que comer en las escuelas y no en sus casas? ¿Esto es gobernar para los pobres?
         La finalidad del sistema político, el que sea, es la de crear condiciones para que la gente tenga trabajo, estudie, se prepare para la vida y desarrolle su potencial tanto como sea posible para permitirle vivir dignamente con “el sudor de su frente” ¿o no?
        La deuda que ha dejado el kirchnerismo es enorme, y no solo crematística sino también social.  A ello se agrega la inmensa corrupción, que costó incluso numerosas vidas, o las operaciones denominadas de “dólar futuro” que implicaron una pérdida de 70.000 millones de pesos producto de la venta a precio vil de dólares en los meses de noviembre y comienzos de diciembre que debió afrontar el actual gobierno.
         Falta infraestructura, faltan rutas, quedan pendientes miles y miles de juicios previsionales perdidos por el Estado (o que se perderán en el futuro), falta equipamiento, existe un evidente atraso en telefonía, los pleitos en el CIADI no se han terminado ni muchísimo menos.
         Y todo este inmenso caudal, que tantos miles de millones de pesos cuesta, debe ser afrontado por el sector privado, que soporta la presión tributaria más alta de la historia, a la que se suma la inflación y la pérdida de mercados internacionales producto de la desidia y hasta de la estupidez.
       Las consignas vacuas del estilo de “gobernar para los ricos” caen como globo desinflado ante la evidencia del desastre socioeconómico heredado. El atraso educativo, la inseguridad, la drogadicción, el narcolavado, el deterioro social, la pobreza, la indigencia y hasta el “hambre de agua” de aquel chico de nuestro Norte que quedó grababa en nuestros sentidos para siempre. Todo este engranaje maldito y retrógrado, ¿es acaso el producto de un gobierno que gobernó para los pobres?
       Las mentiras terminan más rápido de lo que los mentirosos suponen. Y cabe recordar que “sólo la verdad nos hará libres”.

           

Buenos Aires, 9 de mayo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                        

 


EL ASISTENCIALISMO 6/5/16

El Ágora
EL ASISTENCIALISMO

              En la actualidad más de 3.600.000 chicos menores de 18 años perciben en la Argentina la denominada Asignación Universal por Hijo, y se dice que por razones burocráticas, ignorancia, falta de documentación u otras cuestiones hay 1.500.000 niños más en condiciones de recibirla que no lo hacen. La cifra es sencillamente descomunal.
            Se calcula que el total de chicos comprendidos en esas edades debe rondar unos 13.000.000, es decir que prácticamente el 40% de ellos pertenece a hogares que no están en condiciones de supervivencia mínima razonable como para no necesitar esta ayuda.
            Si estimamos la población del país en 44 millones de personas, y estimamos que cada familia está constituída en promedio por 4 personas, tenemos unos 11 millones de hogares. Se calcula que en promedio, por hogar, un niño y medio debe percibir la AUH, es decir unos 3.400.000 hogares deberían percibir la AUH por tener niños en edad de merecerla  y condiciones de trabajo insuficientes. El 28% de los hogares.
            Si pensamos que no todos los hogares tienen hijos en las edades citadas, es fácil colegir que la cifra del 30 o 32% de pobreza en el país es más que razonable.
           ¿Cómo llegamos a esto? Obviamente por las políticas de Estado que una y otra vez impidieron, negaron, trabaron o entorpecieron las inversiones externas e internas de mil maneras. Con trabas, controles, “permisos”, cepos cambiarios, prohibición de girar dividendos, cierres de importaciones y exportaciones y un sinfín de “inventos” más, entre los cuales se encuentra, como señalamos tantas veces, los cambios permanentes de reglas de juego de todo tipo y color, incluyendo confiscaciones de empresas y ahorros, cambios impositivos, intentos de prohibir despidos, dobles indemnizaciones, la inconcebible estafa inflacionaria y mil etcéteras. Y todo esto luego de haber tenido durante 12 años los mejores precios de las commodities (trigo, soja, petróleo, maíz, etc) más altos de la historia que favorecieron enormemente al país. No entramos aquí en la cuestión de la corrupción o las licitaciones amañadas de obra pública porque nos parece fundamental no salirnos del eje de razonamiento que pretendemos mantener.
            Damos con números los datos referidos a la AUH a modo de ejemplo, pero, como todos sabemos, en la Argentina existe un sinnúmero de ayudas y subsidios de toda índole, desde planes para Jefas y Jefes, ayuda escolar, por estudios, por uso doméstico de energía, por transporte y “emprendimientos” y muchísimo más. Existen planes superpuestos en Nación, Provincias y hasta Municipios, y también las denominadas “tarifas sociales” para hogares de menores recursos, boleto económico para el transporte escolar, o directamente gratuito, descuentos o gratuidad para jubilados en diversas situaciones, y más y más etcéteras.
            Se otorgan créditos subsidiados para viviendas, se llevan adelante iniciativas para reducción de IVA u otros impuestos y contribuciones sociales a determinados sectores, se avanza en regímenes promocionales por zonas o regiones, y siguen los etcéteras.
           Desde nuestra más tierna infancia, recordamos una y otra vez planes de todo tipo para fnanciar viviendas, asignar pensiones, otorgar jubilaciones incluso sin aportes y demás.
           De una forma o de otra, todos podemos decir que recibimos alguna forma de subsidio de manera directa o indirecta. Esto es, como es obvio, apenas un repaso a vuelapluma.
           Además de esto, y por lo menos legalmente, todos tenemos acceso a la salud pública de manera gratuita, además de tener la obligación de aportar a las llamadas “obras sociales” si somos trabajadores en relación de dependencia o monotributistas, y al PAMI si somos jubilados. Con lo cual contamos por así decirlo con doble cobertura médica. Lo que dicho sea de paso viene a decirnos que no es cierto que los trabajadores informales no tengan acceso a la salud, porque sí lo tienen  en los hospitales públicos. Como todos nosotros.
          ¿Cuál es el costo para el país de todo este sistema asistencialista? La realidad es que no existen datos concretos. A veces se tiran cifras a nivel nacional que, según hemos podido revisar, suelen ser incompletas porque no cubren todos los aspectos. Pero si a eso le agregamos las cifras de asistencialismo provincial y municipal o departamental, los valores son increíbles.
           Esto nos lleva a una conclusión bastante simple y obvia: El Estado (nacional, provincial, municipal, departamental) quita vía impuestos o mediante emisión de moneda, una enorme cantidad de dinero de la producción para pagar el asistencialismo. Quitar ese dinero a la producción significa ser menos eficientes productivamente, porque quienes producen lo que sea deben contribuir al sostenimiento del sistema, que de tal modo encarece sus productos y los vuelve poco competitivos. La baja competitividad en la Argentina (y en muchas partes) pretende resolverse mediante artilugios monetarios tales como elevar el tipo de cambio de manera artificial, emitiendo moneda y comprando los dólares más caros de lo que valen para de tal modo lograr que quienes desean exportar puedan hacerlo, dado que el tipo de cambio alto permite vender al exterior a precios más bajos en dólares.
         Claro que la contracara de esto, es que la emisión de moneda por encima de los valores de mercado del tipo de cambio, se transforma en inflación, que es lo que ha ocurrido en la Argentina ya en tiempos de Néstor Kirchner. Finalmente, es imposible sostener el sistema, el dólar debe “atrasarse” para evitar que aumente desmedidamente la inflación, el país deja de ser competitivo (porque en muchos aspectos nunca lo fue, entre otras cosas por “bancar” el asistencialismo) y finalmente se produce el estallido.
        Sabemos que decir esto no es políticamente correcto y estamos acostumbrados a recibir críticas de todo tipo. Pero es la realidad.
       Que alguien proponga en la Argentina reducir el asistencialismo es mal visto. Esa es la verdad. Todo el mundo considera “correcto” ayudar al desvalido, y nosotros también. El punto es cómo logramos que el desvalido deje de serlo y pase a producir su propio sustento, es decir a tener un salario adecuado para poder pagar la luz, el gas, la escuela de los chicos o lo que sea sin tener que recurrir a ayudas y dádivas varias.
       No existen los milagros, salvo para los místicos. Acá de lo que se trata es de establecer reglas de juego estables, con un Banco Central autónomo que sostenga en serio el valor de la moneda para posibilitar las transacciones y los créditos a largo plazo y  bajas tasas, la seguridad privada, el respeto irrestricto de la propiedad privada, y un sistema tributario que sea ecuánime, equitativo y que no castigue el éxito. Todo ello dentro de un Estado de Derecho que funcione, con instituciones que funcionen, con leyes que se apliquen sí o sí, y no que se conviertan en declamaciones para la tribuna.
       No hay mucho más.
       El asistencialismo se anquilosa, se lo confunde con la forma de eliminar la pobreza, y no de eternizarla, y se lo defiende porque considerarlo negativo es políticamente incorrecto.
       Pues no. El asistencialismo, cuando se vuelve masivo, es totalmente negativo. Debe concebirse como transitorio, hasta tanto se resuelvan los problemas de fondo de la manera brevemente expuesta en el párrafo anterior. Y si  se asume que la salud pública, lo mismo que la educación hasta cierto nivel, deben ser gratuitas, hay que terminar con el doble o triple parámetro que consiste en pagar impuestos para sostener lo público, al mismo tiempo que pagar aportes para la “obra social” e incluso cuotas para la “prepaga”. Y lo mismo para las escuelas, si pagamos impuestos para sostener la escuela pública, no es lógico que debamos pagar además la cuota de la escuela privada de nuestros hijos.
       A corregir estas cosas debe apuntar un gobierno serio, positivo y que mire hacia adelante, para dejar un país mejor a nuestros hijos y nietos. El resto, es pura cháchara pasatista, políticamente correcta, y absolutamente contraproducente.

            

Buenos Aires, 6 de mayo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO


DESPIDOS, REGULACIONES Y PYMES 4/5/16

El Ágora
DESPIDOS, REGULACIONES Y PYMES

           Como es sabido, el Senado aprobó un proyecto de ley estableciendo la prohibición de despedir personal durante 6 meses, o la obligación de abonar la doble indemnización por antigüedad prevista en la ley de contrato de trabajo.
          El proyecto ha pasado ahora a la Cámara de Diputados, que podrá aprobarlo o no, o incluso introducir modificaciones que lo harían retornar a la Cámara de Senadores para un nuevo debate.
         Hay en danza otros proyectos, como por ejemplo el del Frente Renovador de Sergio Massa, que dispone que la ley a aprobarse excluya a las PYMES con menos de 40 empleados, manteniendo las obligaciones del proyecto original para las restantes empresas.
        El diputado Felipe Solá, perteneciente hoy por hoy al Frente Renovador citado, ha hecho declaraciones en el sentido de que existe un “clima de despidos” y que votar una ley prohibiéndolos por 6 meses para las grandes empresas no hace otra cosa que desactivar  tal clima, palabras más palabras menos.
        Como hemos señalado en reiteradísimas oportunidades, el cambio de las reglas de juego está en la base de los errores políticos que habitualmente se cometen en la Argentina. Es obvio que quien una vez cambia las reglas, puede volver a hacerlo mañana o dentro de un año, como si tal cosa. Esto es una obviedad que sin embargo no se debate adecuadamente a nuestro juicio.
       La cuestión del “clima de despidos” nos recuerda, que se nos permita la digresión, la “sensación de inseguridad” de otrora. En la situación actual, de acomodamiento de variables económicas que todo el mundo sabe que debía ocurrir, (llámese ajuste o como se llame) existen efectivamente despidos, como ya venía ocurriendo en los últimos años, en sectores tales como estaciones de servicio, frigoríficos o industria de la construcción.
      Esta es una descripción, por supuesto. Está claro que hay problemas, que había retrasos en tarifas de servicios que eran inmensos y que el sacudón del cambio ha sido enorme.
      Pero eso no quita que debamos reflexionar sobre el asunto una vez más.
      En primer lugar, el sólo hecho de pretender excluir a las PYMES de hasta 40 empleados significa al menos dos cosas: una que esas empresas sí podrán despedir gente en las condiciones legales hoy vigentes. La segunda cosa, que deviene obvia, es que, salvo mejor explicación, se pretende distinguir el mercado laboral entre hijos y entenados violando claramente el principio de igualdad ante la ley. Los empleados no tienen la culpa de trabajar en empresas con menos o más de 40 empleados, pero deberán atenerse a las consecuencias de tal hecho.
       En segundo lugar, la  perspectiva de que la Argentina sigue con esa mentalidad de pretender arreglar los problemas atacando sus consecuencias y cambiando las reglas a piaccere, sólo sirve para desalentar a los inversores, que obviamente temen futuros cambios por razones de emergencia. Por lo demás, el sólo anuncio de una ley  que prohíbe despidos es una alarma estridente para las empresas en dificultades, lo que lleva a apurar el trámite y despedir gente antes de que tal ley se apruebe. 
        Cabe recordar que en los últimos años, aparte de que ya hubo una ley prohibiendo despidos o con doble indemnización, ha habido muchos cambios producto de iniciativas francamente trasnochadas. Desde la confiscación de YPF o de las AFJP, hasta la prohibición de girar dividendos, o de exportar o importar determinados productos, o de tener que pedir permiso para importar o exportar, por sólo citar algunos ejemplos de cambios de reglas.
        Este tipo de decisiones son tomadas por los políticos con la intención posiblemente honesta de ayudar a quienes están en dificultades, pero logran el efecto inverso. No hace mucho recordamos en otro trabajo el congelamiento de alquileres dispuesto por el peronismo en los años 50, que destruyó durante casi 30 años el mercado de la construcción.
       El partido gobernante, por su parte, propone incentivar el primer empleo para jóvenes mejores de 24 años.  En este caso lo que se busca es incorporar a los llamados “ni-ni” al mercado laboral. El proyecto implica que los empleadores dejen de pagar por estos nuevos empleados las contribuciones patronales, es decir la parte de las obligaciones previsionales que corresponde que aporten las empresas.
      Estas iniciativas lo que demuestran, antes que ninguna otra cosa, es que el costo de emplear a alguien en la Argentina es carísimo, y por eso mismo se recurre a estas “ofertas” tipo fin de temporada. Si las contribuciones del empleador son elevadas, lo son para todos, no solamente para quienes ocupan personal menor de 24 años que trabaja por primera vez. Aparte de otra cuestión más que obvia: es posible que ciertos empleadores dejen fuera del mercado laboral a personas con experiencia y conocimientos para ocupar los cargos por gente si tan experiencia. Es decir, que por un lado como el plumero cambian la tierra de lugar, y por el otro, terminan siendo menos eficientes por no contar con personal experimentado, que a todo esto estará desocupado.
      Cuando se pretende que hay que bajar los costos previsionales, el argumento político que se opone a esto es el de que así se “precariza el trabajo”. Es decir, cuando es para promover el primer empleo no se “precariza”, cuando es para todos (como debe ser, porque la ley debe ser igual para todos), entonces sí se “precariza”.
      Estas contradicciones y estas marchas y contramarchas no hacen más que mostrar por un lado la pésima costumbre intervencionista que sólo sirve para alterar y deteriorar las condiciones de trabajo, y por el otro, la verdadera falta de imaginación para resolver problemas concretos, reales, de una economía en dificultades.
       Desde hace muchísimos años, demasiados, nuestros beneméritos políticos han pretendido atacar: desde la falta de teléfonos, hasta la insuficiencia de servicios de gas o de electricidad, mediante el recurrente método de desalentar el uso.  Es decir, en lugar de buscar que que vengan capitales, haya inversiones y se produzca más para satisfacer la demanda de lo que sea, lo que se hace es pedirle a la gente que “use menos” la luz, el gas, el teléfono, el auto o lo que sea.
       Hemos visto esto tantas veces en el último medio siglo que no podemos sino recordar el viejo adagio según el cual el hombre es el único animal sobre la faz de esta bendita tierra, capaz de tropezar dos veces con la misma piedra.
                   

           

Buenos Aires, 4 de mayo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                         


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