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sábado, diciembre 16, 2017

EL CAPITALISMO "PROGRESISTA"

El Ágora
EL CAPITALISMO “PROGRESISTA”
        

Como sabemos los autodenominados "progresistas" o simplemente "progres" atacan al capitalismo con toda la virulencia de la que son capaces. El ataque es tan permanente como demostrativo de una ignorancia fabricada al amparo de enseñanzas erróneas a veces, y muchas otras malintencionadas.
Observen que tal ataque necesita de una escalada de calificativos, "capitalismo salvaje", "neoliberalismo", "derecha" en un sentido peyorativo y otros, son calificaciones comunes, jamás definidas claramente, y nunca presentadas en un debate de ideas.
Sí se asocia al capitalismo con la libertad económica. Sin embargo, en el mundo actual, tal libertad económica se encuentra sumamente restringida, por lo que los efectos del capitalismo resultan relativos, dado que éste no opera con la fuerza que lo haría si verdaderamente se respetara la libertad de comercio.
A nivel internacional existen aduanas, impuestos a las importaciones, restricciones al comercio exterior, topes, cupos, límites y directamente prohibiciones al ejercicio de tal libertad.
Nadie puede, por ejemplo, por cuenta propia desarrollar empresas de servicios considerados públicos que compitan con los que presta el Estado. A lo sumo es posible desarrollar líneas aéreas, pero con las restricciones que imponen los países en cuanto a rutas, frecuencias, tamaño de los aviones y tarifas.
Pese a todo esto, el capitalismo existe y posibilita el desarrollo de industrias y comercio, promueve la inventiva, el avance tecnológico fabuloso del último siglo, la ciencia y un sinfín de etcéteras.
Países comunistas cerradísimos han adoptado y aceptado el capitalismo, como ocurre en el Lejano Oriente (China, Vietnam, Camboya y otros), y también en Occidente. Países como Cuba hace ya muchos años que han elaborado alternativas capitalistas en materia de turismo, por ejemplo, o permitiendo la iniciativa privada en algunos campos, como el gastronómico.
El colapso de comunismo soviético y el desmembramiento de la antigua Yugoslavia tuvieron su origen en el fracaso del sistema comunista. Claramente.
El comunismo pasó a ser en el mundo una denominación "políticamente incorrecta". Así, centenares de partidos políticos que llevaban el aditamento "comunista" en su denominación, lo cambiaron por "socialista", o similares. En la Argentina tenemos sobrados ejemplos. Todos los movimientos más o menos conocidos de la izquierda vernácula se llaman de cualquier manera, pero no "comunista".
Ahora bien, hace apenas una centuria el mundo tenía alrededor de 1.000 millones de habitantes mientras que hoy sobrepasa los 7.000 millones. La gente vivía un promedio de 40 años y hoy de 75. Todos sabemos que muchísimas enfermedades entonces irremediablemente mortales hoy se curan casi más fácil que un simple resfrío.
Los "progresistas" hablan de que la cuarta parte de la población del mundo padece hambre y es cierto. Pero no dicen que hace un siglo la población del mundo era la séptima parte de la actual y una mitad padecía hambre, otra mitad estaba en parte sometida a rigurosas dictaduras comunistas incipientes, y toda en su conjunto apenas si sobrevivía los 40 años.
Las llamadas "conquistas sociales" son interesantes y válidas, pero sólo son viables en la medida en que el desarrollo económico permita su aplicación.
En la Argentina llevamos más de un siglo de "conquistas", infinidad de leyes, resoluciones, decretos y normativas nacionales, provinciales y hasta municipales se ocupan de intentar ayudar a "los desposeídos" pero el tercio de población está en la línea de pobreza cuando hace pocos años esa línea no superaba el 5 o el 6%. 
Los países comunistas que han adaptado formas capitalistas progresan hoy a pasos agigantados, como claramente es el caso de China luego de la decisión de Deng Xiao Ping en 1979. 
La pregunta es, para no hacer más largo este "racconto", ¿por qué los comunistas que sobrevivieron a la debacle soviética hoy adhieren a formas de capitalismo?...la respuesta es retórica: porque el capitalismo existe. ¿Qué hubiera ocurrido con China si no se hubiera abierto al capitalismo existente en el mundo? Aunque no podamos saberlo, es fácil imaginarlo.
Pero, si el capitalismo es aborrecido por los "progresistas", ¿por qué los países comunistas lo adoptan?, ¿Y por qué esos países no reciben acérrimas críticas de parte de estos "progresistas" como sí reciben de ellos los países occidentales?
Muy bien. Es interesante analizar un poquito estas cuestiones, creo.

Buenos Aires, 30 de setiembre de 2017                                             HÉCTOR BLAS TRILLO

LA OPOSICIÓN JUEGA A FAVOR DE "CAMBIEMOS"

Segunda Opinión
LA OPOSICIÓN JUEGA A FAVOR DE “CAMBIEMOS”


            No soy político, no soy  sociólogo, no soy psicólogo, y no tengo a mano estudios sobre el comportamiento humano. Lo único que tengo son años, experiencia y un poco de lo que los argentinos llamamos “calle”.
           Es sobre esta base que voy a decir lo que voy a decir.
           En primer lugar, diré que contra los que muchos afirman de mí, no soy macrista ni defensor de este gobierno a rajatabla. Mucho menos soy defensor de político alguno, porque no es una “especie” que encaje con mis simpatías. Se le miente demasiado a la gente, se la engaña, se la envuelve con consignas vacuas y todo lo que ya sabemos.
          En segundo lugar, considero a la corrupción una lacra a la que ha colaborado inmensamente la formación corporativa del Estado, desde hace muchas décadas. Para infinidad de cuestiones económicas en la Argentina hay que pasar “filtros” que siempre implican pasar un dinero por debajo de la mesa para que funcionario de turno ponga el proverbial “gancho”.
         En tercer lugar, siempre he observado en un parte muy importante de la población una actitud fascista, xenófoba, contraria a la libertad que observa desde el vamos la Constitución Argentina.  Desde el tipo que te pinta el cordón de amarillo o pone conos para que no estaciones, hasta el politizado mapuche que te miente asquerosamente con un testimonio ridículo.
        La Argentina es un país corporativo, lleno de “quintitas” donde la operatoria de los “sectores” y las “cámaras” más los “sindicatos” y demás deudos no buscan lo mejor para el país, sino que buscan lo mejor para ellos, unos en contra de los otros. Porque cuando un grupo obtiene un favor especial, una quita de impuestos, una promoción, o una “cajita feliz” lo hace siempre a costa de los demás.
       Pero esto no es así porque sí. Es así porque existe una organización basada en leyes que crean y posibilitan esas “quintas”.
       ¿Somos libres de ejercer toda industria lícita? Claramente no.
       ¿Somos libres de enseñar y aprender según nuestras convicciones? Tampoco.
       ¿Podemos afiliarnos y desafiliarnos libremente? No.
        Necesitamos estar “matriculados”. Alguien habrá de determinar si podemos iniciar una actividad. Y muchas actividades están prohibidas para la población en general. Nadie puede poner una línea de trenes o de subtes. Nadie puede cobrar una tarifa diferente de taxi. Nadie puede determinar una línea de transporte público y cobrar el boleto al precio que considere conveniente.
        Y así podría yo seguir describiendo horas y horas la realidad político-jurídica de nuestra querida Argentina.
       Es en este marco que aparece la truchada. La Salada es una consecuencia de la inmensa presión tributaria aplicada por un Estado que esquilma con impuestos sin miramiento alguno. Muchas veces me he referido al asunto.
       La mitad de la economía funciona “en negro” y un altísimo porcentaje de la población no está al día con la inmensa cantidad de obligaciones tributarias que tiene.
      Apuesto sin temor a equivocarme que si le pedimos al titular de Ingresos Públicos que detalle todas las obligaciones de los contribuyentes que operan bajo la órbita de la AFIP es absolutamente incapaz de hacerlo. Y lo es porque simplemente son tantas que es imposible que las recuerde a todas.
      La Argentina es un país donde la gente se ve agobiada. Impuestos, obligaciones administrativas de todo tipo, permisos, trabas, demoras, colas, errores que deben ser corregidos con un simple llamado o un correo electrónico y no lo son.
     A todo este panorama se suma ahora la campaña política teñida claramente de la mayor inescrupulosidad que representa justamente ese autoritarismo fascistoide que da origen a personajes como Guillermo Moreno, o a Esteche, D´Elía y similares que tan estrecha relación han tenido con el gobierno anterior.  Y también da origen a la existencia de miles de individuos que viven de la caridad pública o de recursos que responden vaya uno a saber a qué intereses que intentan romperlo todo con la excusa más pueril.
    Hoy está sobre la mesa la desaparición de Santiago Maldonado. Sin entrar en demasiado análisis es fácil colegir el enorme trasfondo de propaganda política que encierra este caso lamentable.
   ¿Es razonable suponer que Cristina Fernández está preocupada por una desaparición cuando jamás lo estuvo e incluso es sospechada de cómplice en la muerte del Fiscal NIsman o de acordar con un país gobernado por nazifascistas recalcitrantes como lo era el Irán de Ajmadineyad?
    ¿Es imaginable esperar que el actual gobierno esté detrás de un plan sistemático de desaparición de personas similar a lo ocurrido durante la dictadura militar?
    ¿Es razonable comparar a Macri con Videla e incluso con Hitler? ¿Acaso estamos bajo un Estado terrorista?
     Ciertas declaraciones, por más que provengan de personas más que devaluadas desde el punto de vista que se las mire, son tan absurdas y tan surrealistas que sólo mueven a risa si no fuera por lo tragicómicas que resultan.
    Mucho de la actual campaña política se dice que está en manos de Durán Barba. Y muchas veces yo he repetido que el ecuatoriano es un tipo brillante y que sabe muy bien lo que hay que hacer para ganar elecciones. Eso no significa, claro está, que el gobierno actual haga las cosas bien ni mucho menos. Quiere decir, simplemente, que el camino de dejar hablar y obrar a una oposición desesperada y autoritaria sólo le sirve al oficialismo para obtener más o más votos.
     Esto lo veo en la cola del supermercado, en la carnicería, en la verdulería, en la opinión de los vecinos.  Nadie quiere que gobierne la Argentina los vándalos que todos vimos el otro día en la televisión.  La gente no quiere eso, claramente.
    Y es lógico que no lo quiera. ¿Quién quiere vivir en el medio de bombas Molotov, gente encapuchada y con palos amenazadores, rotura de vidrieras, destrucción de monumentos y ataques vandálicos a edificios históricos?
    Y este tipo de vandalismo es en la práctica apoyado por el kirchnerismo, que no ha dicho una palabra en contra de estas cosas que yo sepa.
    Acabo de escuchar a Cristina Fernández decir que acá se acabó el Estado de Derecho, cuando si alguien ha hecho más en contra del Estado de Derecho durante los últimos 20 años fue precisamente ella.
    El final está bien cerca. Y lo más probable es que el oficialismo obtenga una ventaja todavía mucho mayor en las elecciones de octubre.
    Acá no se trata de que lo que está sea bueno, está en el hecho de que si no es esto, es lo otro.
    Hace unas horas apareció una foto frente a una Facultad en Rosario en la que se muestra a Mauricio Macri con una bala en la frente mientras un grupo de estudiantes se manifestaba en contra del gobierno. La foto estaba colocada sobre un escaparate, sin que nadie de los allí presentes la quitara u objetara.
    Se dice que no todo el mundo está politizado, que no todos están al tanto del día a día de la política y eso es cierto. Pero la gente ve estas cosas, ve cómo se esconde Cristina Fernández, ve y oye lo que dicen ciertos personajes que representan justamente la barbarie. Los ve y los oye. Y obra en consecuencia. No fue casualidad que Macri y Vidal le ganaran las elecciones al “aparato “ kirchnerista tanto en la Nación entera como en el bastión peronista que es la provincia de Buenos Aires.
    La suerte está echada. Es lo que pienso.


            


Buenos Aires, 8 de setiembre de 2017                                           HÉCTOR BLAS TRILLO

ALQUILERES; UNA MENTALIDAD QUE DEBE CAMBIAR

Segunda Opinión
ALQUILERES: UNA MENTALIDAD QUE DEBE CAMBIAR

La legislatura de la Ciudad de Buenos Aires acaba de aprobar una ley que reglamenta ciertos aspectos del tratamiento de los alquileres en el ámbito capitalino.  Merece un breve análisis que ponga las cosas en su lugar.

            No importa tanto qué se reglamente, sino más bien cómo se lo hace y qué se pretende con eso.
           La legislatura de la Ciudad de Buenos Aires ha votado una ley que pretende favorecer en los contratos celebrados entre propietarios e inquilinos, a los segundos, pero a costa de los primeros.
          No es la idea en estas breves líneas analizar los detalles de ley. Sólo decir que se fijan pautas para que sea el propietario el que se hace cargo de determinados gastos, se limitan las comisiones de los agentes inmobiliarios, y hasta se establece un sistema de ajuste anual del monto del alquiler mensual basado en un índice vinculado con el incremento de los precios al consumidor y los salarios de los inquilinos.
        La votación de los 53 legisladores presentes arrojó un resultado de 51 votos a favor y dos abstenciones. En otras palabras, tenemos una legislatura que actúa como un plumero y pretende mediante una ley absurda cambiar la tierra de lugar.
       Nos permitimos copiar un párrafo textual de la noticia aparecida en el diario La Nación de Buenos Aires:
El Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) será el encargado de velar por los derechos de los inquilinos y de los propietarios, que trabajará en conjunto con la Defensoría del Pueblo de la Ciudad para brindar asistencia legal gratuita.
Tras la votación, el titular del Instituto de la Vivienda de la Ciudad, Juan Maquieyra, sostuvo que se seguirá trabajando para mejorar el sistema de alquileres y para promover que las viviendas que están vacías sean ofrecidas en alquiler.
"Este es un primer paso para lograr que sea más fácil, seguro y barato alquilar en la Ciudad de Buenos Aires. Estimamos que con esta medida, el costo de entrada para alquilar una vivienda va a bajar entre un 25 y un 30 por ciento, y eso va a hacer que los inquilinos no necesiten juntar tanta plata para entrar. Además, ya estamos trabajando en alternativas para ofrecer garantías inmobiliarias que conformen a los propietarios y agilicen la operatoria", aseguró.
          Para no abusar, citemos algunos “tips” sobre la nueva ley.
1.       La comisión inmobiliaria no será pagada por los inquilinos, sino por los dueños
2.       Las inmobiliarias no podrán cobrar por los gastos de gestoría ni de administración.
3.       Los derechos de los inquilinos y de los propietarios deberán estar visibles en los sitios de Internet y en las oficinas de las inmobiliarias
         En buen romance acá lo que ocurre es algo bien diferente a lo que pomposamente anunció el funcionario. No va a ser ni más fácil, ni más seguro alquilar en la Ciudad. Y obviamente no será más económico, porque la ley no pretende que lo sea, sino que pretende que lo que hoy paga uno, pase a pagarlo el otro.
        A fines de los años 40, durante el primer gobierno peronista se votó una ley que directamente congelaba sine die los alquileres. Le que continuó vigente hasta la llegada de la Dictadura en 1976. En esos tiempos, dada la alta inflación ocasionada por sucesivos gobiernos populistas, derivó en que hubiera inquilinos que pagaban apenas unos centavos por el alquiler.
        Muchos propietarios prácticamente regalaban sus propiedades o las vendían por muy poco dinero para sacárselas de encima y no tener que seguir haciendo frente a los impuestos y tasas que recaen sobre los inmuebles.
        Y durante muchísimos años en la Argentina dejó de construirse casi  totalmente. Excepto en lugares de veraneo o descanso. Justamente porque no había ningún incentivo para alquilar y nadie estaba dispuesto poner sus ahorros en viviendas. Incluso en locales comerciales.
       Finalmente el tema se resolvió mediante una ley que en forma progresiva fue saliendo de ese verdadero pandemonio creado a expensas de unos ciudadanos (los propietarios), y a favor de los otros (los inquilinos)
       Posteriormente, durante el gobierno del Dr. Alfonsín, hubo leyes y disposiciones que limitaban los aumentos de los alquileres a cierto porcentaje de los salarios de los inquilinos y y una verdadera industria del juicio de desalojo, que a veces llevaba años.
       Una de las pocas cosas que hizo bien el gobierno kirchnerista fue la de no meterse con los alquileres, excepto que quedó vigente la cláusula de la ley de convertibilidad que impide el ajuste por inflación. Situación que fue resuelta mediante el sencillo método de fijar un monto mensual de alquiler para el segundo año, y aplicando un descuento en el primer año.  Y aquí, de paso, entramos en otro terreno. La ley de alquileres es una ley de orden público que dispone que los contratos deben ser por dos años con una serie de requisitos respecto del desalojo, desistimiento y demás. La ley que acaba de votarse es una ley de la Ciudad de Buenos Aires, y entre otras cosas dispone que el plazo de los contratos debe ser de TRES años.
         En nuestra opinión, y más allá de las consideraciones precedentes, la ley en cuestión de ser promulgada está viciada de inconstitucionalidad, porque las provincias delegaron a la Nación ciertas atribuciones, entre ellas la de legislar sobre cuestiones consideradas de orden público. Aclaramos que no somos abogados, pero con toda seguridad esta situación va a derivar en litigios.
        Pero va a derivar en muchas otras cosas. En la búsqueda de arreglos extracontractuales, en el retiro de la oferta de inmuebles en alquiler, en el consiguiente aumento del monto mensual, en la merma en el índice de crecimiento de la construcción, posiblemente en una caída en la cotización de las propiedades, porque nadie va a querer ahorrar en una inversión que se vuelve conflictiva y sujeta a normativas que atentan contra la libertad de contratar entre las partes (y encima perjudicando justamente a los propietarios), etc.
      Cuando el funcionario Maquieyra dice que están estudiando la forma de que quienes poseen unidades vacías las ofrezcan en alquiler, está diciendo que van a buscar alguna forma de castigar a quienes no lo hacen. Y si está diciendo otra cosa que lo aclare y pronto, porque no parece haber otra alternativa. A menos que quiera decir que le van a dar un premio justamente al que quieren castigar: al propietario.
      En fin, acá se busca que cuando un  cliente concurre a la verdulería o a la carnicería a comprar algo, en lugar de pagar, cobre por ello, más o menos. Si se permite la exageración, claro.
       Y encima ahora aparecerán legislaturas provinciales intentando copiar el “modelo”.  La panacea, la solución para los problemas de vivienda parece que no es construir más viviendas, Sino hacerle pagar a los propietarios por el hecho de tenerlas. Y después, de una forma u otra, los gobiernos se encargarán mediante el FONAVI, la Fundación de Milagro Sala, o los Sueños Compartidos de hacer barrios que suplantan villas miseria convirtiéndolas en villas de emergencia.
       Mientras los capitales que podrían destinarse a la construcción de inmuebles, huyen a otras playas donde las personas que legislan dejen de lado de la demagogia barata y usen el cerebro en pos de una mejor calidad de vida. Y no enfrentando a unos ciudadanos con otros.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                             Buenos Aires, 25 de agosto de 2017

domingo, agosto 06, 2017

ECOTRIBUTARIA: INFLACIÓN, TIPO DE CAMBIO Y OTRAS MENUDENCIAS

Ecotributaria
INFLACIÓN, TIPO DE CAMBIO Y OTRAS MENUDENCIAS
“La inflación es siempre un fenómeno monetario” Milton Friedman

En los últimos días la suba del tipo de cambio ha provocado preocupaciones de diversa índole, especialmente en el gobierno nacional; por más que se pretenda lo contrario.
De hecho, el viernes 28 finalmente el Banco Central salió a vender más de 300 millones de  dólares cuando la moneda verde había pasado tranquilamente el techo de los $ 18 por unidad, intentando ponerle un freno vendiendo más barato algo que de por sí estaba costando más caro.
Este tipo de jugadas no son gratuitas, como todos quienes estamos vinculados con esta actividad sabemos.
El tipo de cambio permaneción más o menos “planchado” mientras la inflación aumentaba alrededor de un 60% luego de la salida del ridículo “cepo” instaurado por Cristina Fernández y Axel Kicillof intentando tapar el Sol de la realidad con el dedo del autoritarismo.
La moneda norteamericana llegó a costar más de $ 16 a fines de 2015, valor que bajó a alrededor de $ 15.- y que se mantuvo con muy pequeñas oscilaciones hasta hace un par de semanas.
¿Por qué ocurrió esto?. Por varias razones que podríamos detallar. Diremos simplemente que hubo sobreoferta de moneda extranjera producto de la política monetaria del Banco Central, que se centró en las altas tasas de interés en pesos para “secar” la plaza, que originaron la llegada de los llamados “capitales golondrina” que venden dólares para comprar Lebacs –por ejemplo- con tasas de interés que en su momento sobrepasaron el 38% y hoy están encima del 26% en pesos. De tal manera que estos inversores primero vendieron sus dólares, que pasaron a pesos, para luego volver a dólares y lograr ganancias elevadísimas en moneda dura. También hubo ingreso de dólares por el endeudamiento del Estado, en parte para renovar financiamientos anteriores y en parte para lograr nuevo financiamiento a los efectos de cubrir el enorme déficit fiscal heredado sin tener que recurrir a emisión monetaria espuria tanto como fuera posible.
A su vez, la quita de las llamadas “retenciones” a prácticamente todas las exportaciones mejoró los ingresos de divisas por el comercio exterior, trayendo más y más dólares que de tal modo se volcaron al mercado.
Es decir, gran oferta de dólares que mantuvo estancado el valor de la divisa. Y aclaramos, por si cupiera, que cuando hablamos de dólares hablamos de cotización del peso frente a monedas extranjeras en general. Lo hacemos para simplificar el texto y para que se facilite la explicación.
Claro, el atraso cambiario tiene consecuencias. Para no irnos muy atrás las tuvo en enero de 2014, cuando Kicillof debió aceptar que el dólar pasara de 6 a 8 pesos. También las tuvo cuando mediante el “cepo” intentó mantenerlo en 9 pesos provocando enormes problemas con importación de insumos básicos y hasta de medicamentos o tampones.
La realidad es que de una manera u otra nuestros beneméritos gobernantes han intentado queriéndolo o no, mantener atrasado el valor del dólar para frenar así de manera artificial la inflación.
Pero ocurre que la inflación es un fenómeno monetario que de una forma o de otra termina destruyendo estos ardides intervencionistas. Porque el problema está en el déficit fiscal que debe ser financiado, y no en otra parte. Si se financia con emisión de moneda sin respaldo, se genera inflación. Si se financia con endeudamiento, se tira la proverbial “pelota para adelante”.
Eso ha ocurrido en la Argentina durante décadas. Salvo escasísimos períodos de superávit fiscal.
Actualmente el país registra déficit comercial. Es decir está importando más de lo que exporta. Eso se debe entre otras cosas a que el dólar ha quedado barato. También a cierto incremento de la actividad o a la necesidad de reponer o mejorar bienes de capital (que es lo que está importándose de manera creciente) aprovechando el tipo de cambio.
A su vez los llamados “capitales golondrina” están saliendo, y el endeudamiento externo del Estado para financiar el déficit está aflojando bastante. Dicho de otro modo, mientras por un lado aumenta la demanda de dólares por importaciones, también lo hace por parte de quienes prestaron sus dólares pasándolos a pesos en Lebacs y ahora se retiran. A su vez baja la oferta como consecuencia de que ha bajado la tendencia al endeudamiento externo, y han bajado comparativamente las exportaciones (si las relacionamos con las importaciones) Más demanda, menos oferta: suba del tipo de cambio.
Ahora el Banco Central, por enésima vez en la historia intenta frenar la suba del precio de la divisa para frenar las “tendencias inflacionarias”, para que tal suba “no se traslade a los precios”, etc. Nada nuevo bajo el Sol.
Pero el problema está en el déficit fiscal, que es el que genera la emisión espuria de moneda y por lo tanto la pérdida de valor de ésta, es decir: la inflación. Porque la suba de precios no es la causa de la inflación, sino la consecuencia.
Políticos y economistas nos han acostumbrado a que el índice de precios al consumidor, otrora denominado “de costo de vida” haya pasado a ser sinónimo de inflación. Y este concepto es, a nuestro modo de ver, totalmente erróneo. Los precios suben de manera dispar, en distintos meses, en distintas épocas, y en diversos bienes. No lo hacen todos juntos ni al mismo tiempo. Pero suben. En realidad el verbo correcto sería que se ajustan a la pérdida de valor de la moneda. Pierde valor la moneda como consecuencia del déficit fiscal, se ajustan al alza los precios de bienes y servicios.
Funcionarios, políticos, periodistas y economistas se preocupan si en un mes “aumentan las tarifas”, la carne o lo que sea, porque provocan un “salto inflacionario” y este concepto no es correcto. Aumentan el costo de la vida, sí. Pero la inflación está allí desde que hay déficit fiscal y mientras lo haya y sea preciso financiarlo con emisión de moneda.
Y esto no es un juego de palabras sino la triste realidad. Porque son estas cuestiones las que llevan luego a “frenar el alza del dólar” para frenar así la inflación, cuando en realidad lo que ocurre es que se encarece enormemente la economía en dólares como consecuencia del artilugio monetario de impedir que suba el precio de dólar, o para mejor decir, que se ajuste al alza el precio de la moneda extranjera.
El precio del dólar es un precio más, como el del tomate, el de la luz o el de la carne. Frenarlo con artilugios monetarios no hace sino empeorar las cosas. Comienzan a bajar las reservas del Banco Central, se encarece la economía, los turistas extranjeros disminuyen, los turistas locales viajan más al exterior, muchos argentinos viajan a Chile, a Paraguay o a EEUU a hacer sus compras por los precios son muchísimo más bajos que aquí y cosas por el estilo. Es decir que la economía sufre las consecuencias de  esta forma de intervencionismo, no es un beneficio sino un perjuicio.
Durante el tiempo que lleva el actual gobierno no había habido intervención en el mercado cambiario sino manejo financiero por parte del Banco Central de la tasa de interés en pesos y endeudamiento externo en dólares. Esto es también una forma de intervención.
Por supuesto que es difícil bajar el déficit fiscal. El gasto es inmenso. El propio Macri llegó a decir que tiene un “agujero de 500.000 millones de pesos”. Provincias endeudadas o directamente en bancarrota, como Santa Cruz. Un desastre.
Subir los impuestos es imposible porque lo que se requiere si se pretende reactivar la economía es bajarlos.
El gobierno pensó de entrada en abrirse al mundo e intentar atraer capitales para mejorar los ingresos y así financiar el alarmante déficit hasta donde sea posible con recursos genuinos. No es mala idea, pero requiere inversiones que exigen seguridad jurídica, que sigue estando muy lejos de lograrse.
También ha intentado incentivar la obra pública y en muchos casos lo ha hecho, inclusive transparentando los oscuros métodos de otorgamiento de licitaciones que fueron práctica corriente en el gobierno anterior (y en otros anteriores también). Pero el camino es largo y sinuoso, como reza el título de una vieja canción.
Entonces, y para concluir. Lo primero que debemos tener en claro es cuál es el núcleo del problema; que claramente es la inflación; qué cosa la origina: el déficit fiscal que lleva a la necesidad de financiarse con emisión de moneda. Cómo se corrige: con mayores recursos (inversiones), con baja del gasto público (licitaciones no amañadas que eliminen sobreprecios) y finalmente una reforma tributaria integral que corrija el verdadero galimatías en que ha quedado el sistema impositivo luego de años de improvisaciones.
No hay milagros. No hay magia, digamos parafraseando a la presidenta anterior. El país no tiene el 30% de pobres ni está el doble de caro que nuestro vecino Chile por culpa de los supermercadistas o de las maldades de un jamás definido “neoliberalismo”. 
Con que ciertos políticos se interioricen un poco de las cuestiones que aquí comentamos y traten de encontrarle respuestas tendríamos un avance notable. Eso creemos. Pero si seguimos en campaña y lanzamos spots en los que decimos que hay que bajar el IVA a los bienes de consumo masivo, o que no hay que comprar en supermercados, o que hay que bajar la jornada laboral a 6 horas para que todos tengan trabajo estamos realmente complicados. Y como final grotesco, el “garrote” de aquel extraordinario jugador de fútbol que fue José Sanfilippo, que parece creer que la economía, las finanzas, la inflación y el crecimiento de las inversiones es una cuestión de dar palos, como el inefable Guillermo Moreno.


Buenos Aires, 29 de julio de 2017                                             HÉCTOR BLAS TRILLO


CARRIÓ Y LOS SUPERMERCADOS

La candidata Elisa Carrió salió a "invitar" a no comprar en los supermercados porque venden caros los alimentos y "estafan a los argentinos" (supongo que a los extranjeros también) . Luego agregó "a menos que ofrezcan descuentos", porque "cómo puede ser que a mitad de semana una cosa valga algo y el fin de semana valga la mitad".
Dijo también que "el abuso en los precios de los alimentos es enorme" y que ella no compraba más en los supermercados desde el año pasado.
Lo primero que viene a mi mente con estas declaraciones es aquella recordada frase del difunto Néstor Kirchner, cuando literalmente dijo "Sr. Coto, deje de meterle la mano en el bolsillo a la gente", la segunda cosa que viene a mi mente es cuando el mismo ex presidente mandó al piquetero nazi Luis D Elía a atacar a la empresa Shell, la tercera cuestión que vino a mi mente es lo que pasó en Venezuela cuando es payaso de Maduro mandó a la gente contra los supermercados y se produjo uno de los saqueos más grandes de la historia de América.
Luego vinieron a mi mente otros episodios, pero no quiero abusar recordándolos a todos. Lo cierto es que esto de mandar a la gente en contra de determinados comercios es, para mí, un acto de profunda irresponsabilidad.
Yo he dicho en este muro que cada vez compro menos en los super, por diversos motivos. Por ejemplo los vinos me parecen carísimos en el Coto de Ramos Mejía. Así que le compro al chino y a otra cosa.
Me pregunté por qué esta señora, que tiene fama de ser tan investigadora ella, no se contacta con los representantes de los supermercados y averigua un poco cómo funciona el sistema de comercialización antes de salir a decir que "estafan a los argentinos".
Pero hay más, culpar a los supermercadistas de provocar la inflación es ignorar cómo funciona la economía, y esta señora eso hizo al decir que los precios de los alimentos "son el núcleo duro de la inflación", lo cual implica que si los precios de los alimentos fueran más bajos, habría menos inflación o no la habría. O al menos no se la incentivaría.
Señora: la inflación es un fenómeno monetario, y si los precios de las cosas suben es porque hay más moneda para poder pagarlas, o de lo contrario dejan de consumirse y los precios bajan. El núcleo duro de la inflación, o más bien el único núcleo, es el déficit fiscal que se cubre con emisión de moneda.
Yo no conozco en profundidad el sistema de comercialización de los supermercados, pero sí sé que los acuerdos con los bancos y las tarjetas para otorgar descuentos tienen que ver con la ventaja financiera que se obtiene.
Que los clientes usen determinadas tarjetas, o que paguen por ejemplo con tarjetas de débito, tienen que ver con el hecho de que los clientes operan con esas tarjetas y eso favorece a los emisores de las mismas, que o bien reciben el dinero en el caso de las de débito, o cobran comisiones e intereses (aparte de los saldos) en el caso de las de crédito.
Cabe recordarle a la señora Carrió, ya que estamos, que esta política de descuentos los fines de semana no la aplican solamente los supermercados, sino la mayoría de las firmas comerciales, desde casas de electrodomésticos o de ropa, hasta los comercios que venden sábanas y colchones o los shoppings en general, con lo cual bueno sería que nuestra benemérita investigadora también se preguntara cómo hacen todos estos comerciantes para vender a un precio durante la semana, y a otro los fines de semana. Y no se limite únicamente a los supermercados. ¿No?, es lo menos que puede pedírsele. Si vamos a hablar de diferencias de precio entre semana y fin de semana, hablemos, pero de todas, y no solamente de las de los súper. Porque en tal caso yo le recomendaría que además de no comprar en los supermercados, no compre en las grandes casas de ropa, o de electrodomésticos, o en los shoppings, o que no saque pasajes de avión en compañías de bajo costo y así siguiendo.
La consultora ABECEB hizo un estudio el año pasado que demostró que la ganancia promedio operativa neta de un supermercado es del orden del 2,7%, especialmente por la inmensa carga tributaria que soportan ya que entre otras cosas (esto lo digo yo) deben vender todo en blanco, cosa que no ocurre en ningún comercio de barrio.
Y acá yo creo que la ganancia de los supermercados está más que nada en la cuestión financiera. Es muchísimo el dinero que ingresa al contado o mediante tarjetas de débito e incluso de crédito, que se cobran a los 15 o 20 días, mientras que los súper compran con 60, 90 y hasta 120 días según he leído.
A mí esto de usar políticamente a los supermercados para hacer campaña me resulta más que cansador. Hace AÑOS que viene repitiéndose la misma cantinela. ¿Qué tal si los cerramos a todos y terminamos con el problema, señora?...eso sí, cerremos tiendas, shoppings, casas de electromésticos y demás comercios que aplican técnicas de comercialización similares, ¿no?
Es decir, cerremos todo, dejemos a los comercios de barrio que figuran casi todos como monotributistas y terminamos con la inflación en la Argentina ¿verdad?

Y, ya que estamos y denunciamos, demostremos por qué los supermercados estafan a los argentinos, y por qué los demás comercios que hacen lo mismo no. ¿No le parece? HÉCTOR BLAS TRILLO 22-7-2017

ECOTRIBUTARIA: LOS IMPUESTOS Y EL ESTADO DE DERECHO

Ecotributaria
LOS IMPUESTOS Y EL ESTADO DE DERECHO
El sistema de recaudación de impuestos mediante recursos tales como retenciones, percepciones y pagos a cuenta ha llegado a extremos increíbles, y de un modo u otro es aceptado mansamente por una sociedad resignada.
         No es una cuestión nueva, lleva ya demasiados años. Aunque en los últimos 10 o 15 años se ha agravado ostensiblemente. Los sistemas de retención, percepción y pagos a cuenta de impuestos nacionales y provinciales se han multiplicado hasta el infinito. Ello además de haberse revertido absolutamente la carga de la prueba. Los organismos recaudadores establecen pautas para incluir a supuestos o reales contribuyentes en los denominados “padrones” de modo que quienes comercian con ellos deben consultar de manera permanente para determinar si corresponde o no retener o percibir diversos impuestos sobre las operaciones realizadas. Cada persona o empresa afectada por este sistema, si considera que ha sido injustamente incluida en los “padrones” debe iniciar un largo derrotero para demostrar que no corresponde que esté en tal situación, para lo cual debe acercar información, documentación y toda clase de pruebas a juicio de los distintos organismos fiscales nacionales y provinciales tendientes a demostrar que se encuentra mal catalogada y que no es correcto que se le retenga o perciba tal o cual impuesto.
         El sistema es en sí mismo claramente inconstitucional porque nadie es culpable a menos que se le demuestre que lo es, y no a la inversa. Pero además, aún en el caso de que la víctima de este abuso pueda demostrar que no corresponde que le cobren un impuesto, y encima  por adelantado, debe luego tramitar la devolución, lo que por lo general se transforma en una nueva odisea, que en el mejor de los casos termina con que se le permita utilizar el monto de la exacción como “pago a cuenta” de otros impuestos, o tal vez que algún día imposible de determinar se le devuelva el dinero sin ajustar por la inflación y sin reconocer interés alguno.
        Estas prácticas se han generalizado y hemos visto casos de contribuyentes que por un simple depósito bancario reciben hasta 8 retenciones de impuesto sobre los ingresos brutos de diversas provincias. Pero no solo eso. También hemos visto casos de entes exentos del impuesto sobre los ingresos brutos pero que por ejemplo adeudan una cuota, dos o las que fueren del impuesto a los automotores que se los incluye en el “padrón” y por lo tanto se los somete al pago de un impuesto que no le corresponde pagar en ningún caso, porque el fisco considera que si no pagó un impuesto (automotores) debe ser sancionado pagando otro (ingresos brutos). Esto constituye un verdadero dislate a simple vista. Pero ocurre y es violatorio de elementales garantías constitucionales.
       Como ocurre que algunas provincias aplican descuentos en impuestos como el inmobiliario a los buenos cumplidores, de manera que aquellos que por la razón que fuere adeudan tal impuesto, son sancionados no solamente con intereses y multas por el no pago en término de los tributos, sino que pagan una alícuota mayor, la cual es claramente una sanción fuera de toda norma procedimental. Hemos visto casos de descuentos de hasta el 25%, de tal modo que por ejemplo un impuesto determinado de $ 100 se convierte en uno de $ 75 para buenos cumplidores. En tal caso, el contribuyente moroso pierde el beneficio y debe pagar $ 100.- es decir un 33% más, ello aparte de pagar los intereses resarcitorios y las multas que se aplicarán sobre la cifra de $ 100.-
       En términos generales la AFIP ha venido dictando normas para otorgar beneficios a los contribuyentes cumplidores, por ejemplo permitiéndoles algunos magros planes de pago, o la prórroga por 90 días en el pago del IVA impuesta por ley. Pero para esto es preciso estar al día con una serie de cuestiones, porque de no estarlo, la AFIP quita el beneficio. Verdaderamente es a nuestro juicio no solamente una andanada de actos ilegítimos, sino también un absurdo.  Ello así porque en general quienes no pagan en tiempo y forma sus impuestos no es porque son evasores, ya que evasores son los que no declaran sus obligaciones (otra confusión muy común incluso entre profesionales). Suele ocurrir que quienes presentan sus declaraciones y luego no pagan en tiempo y forma es porque sencillamente NO PUEDEN. En una época se otorgaban planes de facilidades cuando el contribuyente demostraba, con una serie de requisitos, que tenía problemas financieros. Ahora es al revés, si el contribuyente tiene problemas financieros y por eso es moroso, no se le permite acceder a planes. Y lo que es todavía peor, cuando se accede a planes y luego no se cumple con ellos, la AFIP exige el pago del total adeudado en un plazo de 15 días, caso contrario lo pasa a la vía judicial y termina embargando las cuentas bancarias. El absurdo llevado al extremo. Si el contribuyente no paga porque no puede hacerlo (de lo contrario no lo hubiera declarado o no hubiera presentado el plan), es ahora obligado a pagar al contado, con intereses, y con los honorarios del abogado del Fisco si no cumple, y soportar el embargo de las cuentas que le impide por ejemplo seguir cumpliendo con otras obligaciones incluso fiscales.
       Otra verdadera curiosidad es la que deriva de una vieja resolución ahora reformada que permite que quienes son monotributistas tengan una tasa diferencial del impuesto a los débitos y créditos bancarios (impuesto al cheque). Por esta resolución, el contribuyente podía presentar una nota en el banco dada su condición de monotributista y lograr una reducción de la tasa del impuesto, que en lugar de ser del 0,6% al débito y otro tanto al crédito, ésta pasa a ser del 0,25% respectivamente.  La razón de esta normativa es que como el monotributista no puede utilizar el impuesto a los débitos y créditos bancarios como pago a cuenta de ningún tributo, es razonable que se le fije una alícuota menor. Incluso esto debería ser automático, sin necesidad de solicitarlo. Pues bien, el año pasado la AFIP emitió una resolución por la cual se otorga esto que llama “beneficio” a aquellos contribuyentes que estén al día con el pago del monotributo. De tal modo que si no están al día, no solamente deberán pagar los intereses resarcitorios y demás sanciones previstas en la ley de procedimiento fiscal, sino se le cobrará la tasa plena del impuesto a los débitos y créditos, aplicando de este modo una sanción absolutamente ilegítima.
       Existen muchos ejemplos en la misma dirección que estos que brevemente comentamos. Los organismos de recaudación avanzan raudamente por encima de las normas y aplican sanciones que aquí calificamos de ilegítimas pero que tranquilamente podemos tildar de ilegales. Es absurdo que por ser moroso en un impuesto, el contribuyente deba pagar otro,  esto es clarísimo.
       Y es más absurdo todavía que quienes tienen dificultades para pagar sus tributos sean perjudicados negándosele beneficios legales (caso PYMES, por ejemplo) sino que además se los obliga a pagar al contado lo que obviamente no han podido pagar con plazos.
       En nuestra opinión, ni la AFIP ni las oficinas de rentas provinciales tendrían que tener ninguna posibilidad de llevar adelante este tipo de políticas. Ni las recaudatorias manu militari, ni la aplicación de “sanciones” claramente improcedentes, ni la quita de posibilidades de financiarse a quienes justamente más lo necesitan. Sin embargo esto ocurre, y ocurre cada vez más.
       La política que viene observándose en la AFIP desde hace bastante tiempo se ha exacerbado últimamente hasta lo indecible. Una inmensa cantidad de regímenes de información cruzada, la repetición de información inútil, con una increíble sobrecarga administrativa, como por ejemplo el libro de sueldos y jornales que claramente se satisface con el formulario 931 que todo empleador debe confeccionar y presentar mensualmente, obliga a las empresas a dedicar tiempo y dinero por todos los motivos apuntados.
       Si a todo esto sumamos las clausuras y otras “bondades” del sistema que impiden a la gente trabajar en lugar de aplicar sanciones administrativas o multas, estamos en el último escalón previo a la caída de muchas empresas por imposibilidad de sostenerse. Y ni qué hablar de la llamada “industria del juicio laboral”.
      Estas cuestiones en general no solo no han cambiado con el nuevo gobierno, sino que se han multiplicado como una especie de tumor maligno. Piénsese por ejemplo que en los 20 meses que lleva el actual gobierno no se ha implementado el ajuste por inflación de los balances de las empresas, con lo cual se sigue pagando una tasa del 35% sobre las ganancias en buena medida producto de la inflación. Es decir, ficticias. Y en tal período la inflación habida alcanza al 60%.
      Ninguna reforma tributaria se ha encarado todavía. Y hace casi dos años que se habla de encararla. Pero además, ninguna reforma tributaria podrá funcionar si no se corrigen estas aberraciones jurídicas. No es sólo el peso de la carga tributaria que es insostenible y contribuye a generar una inmensa economía informal; es también la anómala conformación de un sistema de pagos a cuenta, anticipos, adelantos, retenciones, percepciones y una interminable lista de obligaciones informativas que hace imposible que una empresa esté al día en todo cuanto se le exige.
     La presión tributaria no sólo es inmensa por las alícuotas y por la ominosa cantidad de impuestos existentes,  o por la prohibición del ajuste por inflación establecida por la llamada ley de convertibilidad del año 1992, sino también por la carga administrativa y financiera de un sistema injusto, abusivo y en muchos aspectos inconstitucional que viola elementales normas del Estado de Derecho que tanto postula el presidente de la Nación que debe restablecerse.
    Todo adelanto de impuestos que no reconozca un interés razonable para el contribuyente, significa una mayor alícuota final. Esto también hay que resaltarlo.
    Y finalmente cabe decir que la confianza empieza por respetar los derechos y garantías constitucionales, que incluyen clara y largamente la presunción de inocencia. Y es el Fisco el que debe demostrar que somos contribuyentes antes de cobrarnos un solo peso, y no al revés.


Buenos Aires, 19 de julio de 2017                                             HÉCTOR BLAS TRILLO

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