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lunes, junio 20, 2016

LA APELACIÓN A LA BONDAD HUMANA 18/6/16

El Ágora
CUANDO LA APELACIÓN A LA BONDAD HUMANA ES ABSURDA


          Acabo de leer en un diario las declaraciones de la vicepresidenta de la Nación en el sentido de que “la Argentina no tiene futuro mientras existan los Báez, los López y los Jaime”.
          En esta simple definición se resume, de manera patética, el gran drama de nuestro país, que no es precisamente la existencia de estos personajes, sino que no exista un sistema jurídico legal lo suficientemente sólido como para evitar que tales individuos se enriquezcan a costa del erario.
         El pensamiento de la vicepresidenta es bastante común;  si todos fuéramos buenos, nobles y solidarios, el país sería otro.
          El error de este tipo de razonamiento es inconmensurable.  Nadie, a poco que lo piense, puede esperar que todos los habitantes de una Nación, la que  fuera, sean solidarios, buenos, nobles, generosos y dadivosos.  Pero todos podemos esperar que exista un sistema jurídico, lo que se llama un Estado de Derecho que impida los abusos y los actos irregulares de personas como las nombradas o tantas otras.
         Recuerdo palmariamente cuando en los años 80 se suscitó la cuestión de la importación de pollos para intentar regular el mercado avícola. En ese tiempo, el secretario de comercio, Ricardo Mazzorín, resolvió la importación de nada menos que 50 millones de dólares  de pollos congelados, la mayoría provenientes de Hungría, que a la  postre resultaron incomibles y terminaron en el Cinturón Ecológico luego de haber sido mantenidos años en costosas cámaras frigoríficas.
        Recuerdo, además, una reunión de este funcionario ante los representantes de la industria, en la cual manifestó, sin un atisbo de culpa, que si quería ponía el precio del kilo de pollo en 50 centavos y destruía definitivamente la actividad local en la materia.
        En aquellos años, debo confesar, todavía me enojaban y me asombraban algunas cuestiones.  Digamos que me enojaban más que ahora. Por lo que hasta llegué a enviar cartas a diarios que no fueron publicadas.
       Traigo a cuento esta anécdota no para hacer una autorreferencia que siempre resulta odiosa, sino para ubicar a mis amables lectores en una cuestión que supera largamente un determinado gobierno de tal o cual sesgo político.
       ¿Por qué razón el funcionario Mazzorín podía disponer de una cifra que hoy equivaldría a no menos de 250 millones de dólares para comprar pollos congelados, lamparitas chinas o lo que se le ocurriera? ¿Por qué razón tal funcionario podía hacer afirmaciones como la que acabo de contar sin que a nadie se le moviera un pelo  e incluso no diera lugar a que se publiquen cartas de lectores criticando semejante acto de autoritarismo y arbitrariedad con dinero del erario, además?
      Por eso, vuelvo ahora al presente. El problema no es que existan personas mal nacidas, coimeras, ladronas, inescrupulosas o lo que fuere, el problema es que el sistema permita desarrollar cierto tipo de operaciones sin los debidos reaseguros operativos que limiten drásticamente el accionar. Y por supuesto aún en caso de que ocurriera algún desliz, la sanción pertinente que no deje impunes a los responsables.
     Pretender que el problema se reduce a individuos inescrupulosos que si no existieran otro sería el cantar, es como pretender que al mundo le iría mejor si el clima fuera homogéneo, regular y las tierras fueran fértiles en el planeta entero.  Existen individuos inescrupulosos, avaros, envidiosos, aprovechadores, egoístas, coimeros y todo lo que se nos ocurra. Hay de todo en la Viña del Señor.
    Pero en los países más avanzados existe un sistema legal que limita el accionar de los funcionarios, la discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos, que obliga rendir cuentas y que en definitiva NO AUTORIZA a que un funcionario disponga de fortunas para comprar pollos o respuestos de automóviles como si el tipo fuera un especialista en TODO, con dineros públicos.
     Por eso, la señora Michetti comete un error increíble. Posiblemente b asado en creencias religiosas, no lo sé. Y ese error es el de creer que si todos fuéramos buenos y santos estas cosas no ocurrirían.
    La verdad es que no podemos ni debemos esperar que todos seamos buenos y santos, porque en primer lugar no lo somos, y en segundo lugar ciertas actitudes, como la avaricia o la envidia, por ejemplo, exceden incluso el marco legal. Nadie puede obligar a nadie en un país libre a no ser avaro, por ejemplo. Sí puede obligarlo a que cumpla con la ley, aunque no quiera.
   Báez, o Jaime, o López, o quien fuere, operaron dentro de un sistema político que posibilitó licitaciones amañadas, pagos por adelantado sin controlar avance de obras, sobreprecios que no fueron debidamente auditados, y un sinfín de irregularidades que parten de la permisividad (por lo decir los buracos)  de un sistema legal y político inadecuado, para ser suave.
    Nadie puede en su sano juicio esperar que la sociedad funcione porque todos somos como la Madre Teresa, sí puede esperar que el sistema jurídico legal funcione de tal forma que ciertos abusos se impidan y en caso de cometerse sean detectados y quienes los violan sean sancionados.


Héctor Blas Trillo                                                                Buenos Aires, 18 de junio de 2016

¿GOBERNAR PARA LOS RICOS? 9/5/16

El Ágora
¿GOBERNAR PARA LOS RICOS?

            En términos generales, los resabios del kirchnerismo, lo mismo que la izquierda, acusan a la actual administración de estar “gobernando para los ricos”. De nada sirve que sepan, tanto estos sectores como la comunidad en general, el estado en que quedó el país luego de 12 años de gobierno populista con claro sesgo autoritario. Ni las cifras de pobreza difundidas por la UCA (ya que el anterior gobierno decidió no difundirlas nunca más para no “estigmatizar” a los pobres), hasta los datos de la UNICEF recientemente conocidos, demuestran que en la Argentina existe un 30% por lo menos de la población por debajo de la línea de pobreza, y que 4 millones de niños entre 0 y 17 años se encuentran en condiciones paupérrimas de supervivencia, por decir lo menos.
           Se ha heredado una situación sobre la que no vale la pena insistir, pero sí recordar a grandes rasgos: más de 20 millones de personas que reciben algún tipo de subsidio directo del Estado,  la inmensa mayoría de la población con sueldos inferiores a $ 6.500 por mes, un déficit público de 7% del PBI nacional, una economía desquiciada, con caídas inconcebibles en volúmenes de exportación, generación de energía (absolutamente deficitaria), economías regionales paralizadas por el atraso cambiario, cierres de importaciones y exportaciones, prohibición de giro de dividendos, endeudamiento del Tesoro Nacional con el Banco Central del orden de los 40.000 millones de dólares, contratos oscuros y cautivos con China y Rusia, préstamos leoninos al Banco Central denominados “swaps” para sostener volúmenes de reservas, deudas de miles de millones de dólares por importaciones impagas y un sinfín de etcéteras.
          El nuevo gobierno ha salido al ruedo intentando arreglar, a grandes rasgos, las principales distorsiones en la economía, desde la salida del default con los denominados “holdouts”, hasta el oprobioso y retrógrado “cepo” cambiario, pasando por el “sinceramiento” de tarifas de servicios que llevaron al país al actual estado de déficit energético, cortes de luz y de gas, baja de tensión y de presión en ambos servicios, deterioro sostenido y constante del servicio de transporte y nuevamente un montón de etcéteras.
         La inflación, que era inexistente en tiempos de la llamada convertibilidad, pasó a ser moneda corriente desde los tiempos en que el ex ministro Lavagna pretendía mantener una economía “competitiva” mediante el artilugio monetario de comprar dólares más caros de lo que valían, emitiendo moneda para tal fin.
         El actual gobierno, que siente una inmensa culpa por tener que salir a sincerar tarifas (especialmente en Capital Federal y Gran Buenos Aires, ya que en el Interior la situación es bien distinta), rápidamente ha salido a intentar tapar agujeros otorgando “tarifas sociales”, ayudas extra a los jubilados y ajustes a las apuradas en el destruido esquema del impuesto a las ganancias. Al mismo tiempo, intenta llevar adelante un proyecto de restitución de IVA a jubilados en determinadas condiciones y con determinados topes. A su vez, reinstala en denominado “plan precios cuidados” que no es más que un engaña pichanga para intentar disimular el efecto de la inflación, que al dejar de estar reprimida por el cepo cambiario se manifiesta en toda su contundencia.
         Lo cierto es que nadie ignora que las tarifas eran regaladas, tanto en gas y luz como en transporte. En ferrocarriles, por ejemplo, no sólo eran ridículas sino que la mayoría de los pasajeros no abonaban siquiera su boleto.  
         Lo ocurrido en años de populismo fue que mucha gente se acostumbró a contar con servicios prácticamente gratis, y por lo tanto a destinar el dinero a otros fines, que es lo que normalmente ocurre en cualquier hogar y en cualquier circunstancia.  Claro, esto en Capital y Gran Buenos Aires fundamentalmente, porque en la región urbana se concentra el mayor porcentaje de población del país y es aquí donde están los votos para el populismo.
        Las tarifas ridículas incluyen el agua corriente, los combustibles líquidos y otras derivaciones. De tal modo que la desinversión fue creciendo a lo largo de los años, generándose los cortes y la baja de la calidad de los servicios de todo lo cual el anterior régimen culpó, desde siempre, a las empresas, sin la menor autocrítica por la falta de adecuación de las tarifas a la pérdida de valor de la moneda producto de la desidia  y el despilfarro.
        Hay que decir que estas cuestiones no son nuevas en la Argentina de los últimos 70 años. Ya han ocurrido. Cuando se habla del abandono del ferrocarril, suele hacerse referencia a la década del 90, pero la verdad es que las tarifas políticas y la falta de inversiones en una infraestructura costosísima como la ferroviaria data de varias décadas. Y no es cierto que los ferrocarriles hubieran sido “privatizados”, porque jamás dejaron de ser del Estado, lo mismo que el Subsuelo, es decir, los combustibles líquidos y el gas.
         Nosotros no podemos saber si el actual gobierno hará las cosas bien, si habrá corrupción o situaciones delictuales, pero sí podemos afirmar que la reinserción en el mundo era indispensable. Tanto lo era que cuando el ministro Prat Gay salió a pedir dinero para abonar a los holdouts luego del acuerdo arribado, recibió ofertas por 67.000  millones de dólares, de los cuales tomó apenas 16.500 para pagar a los acreedores 9.300 millones e incrementar con el resto las reservas del Banco Central para afrontar compromisos en los próximos meses.
          Y no hablamos aquí de la  corrupción de todo tipo que hoy está en el centro de las denuncias y acciones judiciales, con empresarios y ex funcionarios procesados y detenidos por la Justicia. Personajes  a los que bien poco le importó “gobernar para los pobres”. Hay que repetirlo, porque parece que hiciera falta.
         Para que vuelva la inversión debe haber un reacomodamiento de los llamados precios relativos, debe haber una reinserción en el mundo a la que nos referimos, debe haber estabilidad jurídica y debe garantizarse tanto como sea posible que la ley será respetada y que volverá el Estado de Derecho y el respeto de las Instituciones. En estas cosas, como en tantísimas otras en la vida, no hay milagros.
        Acá no se trata de transferencias de ingresos a los “poderosos”, como repiten desde las usinas del régimen que abandonó el poder el 10 de diciembre expulsado por el voto popular.
Para que las fábricas trabajen, los campos produzcan, y la economía funcione, debe existir un sistema jurídico, económico y político que respete las reglas del juego y garantice la continuidad jurídica, de manera tal de atraer inversiones y mejorar la capacidad productiva y sobre todo la productividad.
       Toda la carrera de precios y salarios que debimos soportar todos estos años tiene como único responsable a un gobierno que no trepidó en “darle a la maquinita” de hacer billetes con el objeto de repartir dádivas y brindar así la idea de que de tal modo se ayuda a los pobres.
       ¿Es posible considerar exitoso a un gobierno que teniendo los mejores precios de la historia de las commodities (soja, trigo, petróleo, lácteos) haya dejado un país con un 30% de su población por debajo de la línea de pobreza y 20 millones de personas necesitando de un subsidio del Estado para sobrevivir por no contar con un trabajo digno? ¿A qué se debe que 4 millones de niños tengan que comer en las escuelas y no en sus casas? ¿Esto es gobernar para los pobres?
         La finalidad del sistema político, el que sea, es la de crear condiciones para que la gente tenga trabajo, estudie, se prepare para la vida y desarrolle su potencial tanto como sea posible para permitirle vivir dignamente con “el sudor de su frente” ¿o no?
        La deuda que ha dejado el kirchnerismo es enorme, y no solo crematística sino también social.  A ello se agrega la inmensa corrupción, que costó incluso numerosas vidas, o las operaciones denominadas de “dólar futuro” que implicaron una pérdida de 70.000 millones de pesos producto de la venta a precio vil de dólares en los meses de noviembre y comienzos de diciembre que debió afrontar el actual gobierno.
         Falta infraestructura, faltan rutas, quedan pendientes miles y miles de juicios previsionales perdidos por el Estado (o que se perderán en el futuro), falta equipamiento, existe un evidente atraso en telefonía, los pleitos en el CIADI no se han terminado ni muchísimo menos.
         Y todo este inmenso caudal, que tantos miles de millones de pesos cuesta, debe ser afrontado por el sector privado, que soporta la presión tributaria más alta de la historia, a la que se suma la inflación y la pérdida de mercados internacionales producto de la desidia y hasta de la estupidez.
       Las consignas vacuas del estilo de “gobernar para los ricos” caen como globo desinflado ante la evidencia del desastre socioeconómico heredado. El atraso educativo, la inseguridad, la drogadicción, el narcolavado, el deterioro social, la pobreza, la indigencia y hasta el “hambre de agua” de aquel chico de nuestro Norte que quedó grababa en nuestros sentidos para siempre. Todo este engranaje maldito y retrógrado, ¿es acaso el producto de un gobierno que gobernó para los pobres?
       Las mentiras terminan más rápido de lo que los mentirosos suponen. Y cabe recordar que “sólo la verdad nos hará libres”.

           

Buenos Aires, 9 de mayo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                        

 


EL ASISTENCIALISMO 6/5/16

El Ágora
EL ASISTENCIALISMO

              En la actualidad más de 3.600.000 chicos menores de 18 años perciben en la Argentina la denominada Asignación Universal por Hijo, y se dice que por razones burocráticas, ignorancia, falta de documentación u otras cuestiones hay 1.500.000 niños más en condiciones de recibirla que no lo hacen. La cifra es sencillamente descomunal.
            Se calcula que el total de chicos comprendidos en esas edades debe rondar unos 13.000.000, es decir que prácticamente el 40% de ellos pertenece a hogares que no están en condiciones de supervivencia mínima razonable como para no necesitar esta ayuda.
            Si estimamos la población del país en 44 millones de personas, y estimamos que cada familia está constituída en promedio por 4 personas, tenemos unos 11 millones de hogares. Se calcula que en promedio, por hogar, un niño y medio debe percibir la AUH, es decir unos 3.400.000 hogares deberían percibir la AUH por tener niños en edad de merecerla  y condiciones de trabajo insuficientes. El 28% de los hogares.
            Si pensamos que no todos los hogares tienen hijos en las edades citadas, es fácil colegir que la cifra del 30 o 32% de pobreza en el país es más que razonable.
           ¿Cómo llegamos a esto? Obviamente por las políticas de Estado que una y otra vez impidieron, negaron, trabaron o entorpecieron las inversiones externas e internas de mil maneras. Con trabas, controles, “permisos”, cepos cambiarios, prohibición de girar dividendos, cierres de importaciones y exportaciones y un sinfín de “inventos” más, entre los cuales se encuentra, como señalamos tantas veces, los cambios permanentes de reglas de juego de todo tipo y color, incluyendo confiscaciones de empresas y ahorros, cambios impositivos, intentos de prohibir despidos, dobles indemnizaciones, la inconcebible estafa inflacionaria y mil etcéteras. Y todo esto luego de haber tenido durante 12 años los mejores precios de las commodities (trigo, soja, petróleo, maíz, etc) más altos de la historia que favorecieron enormemente al país. No entramos aquí en la cuestión de la corrupción o las licitaciones amañadas de obra pública porque nos parece fundamental no salirnos del eje de razonamiento que pretendemos mantener.
            Damos con números los datos referidos a la AUH a modo de ejemplo, pero, como todos sabemos, en la Argentina existe un sinnúmero de ayudas y subsidios de toda índole, desde planes para Jefas y Jefes, ayuda escolar, por estudios, por uso doméstico de energía, por transporte y “emprendimientos” y muchísimo más. Existen planes superpuestos en Nación, Provincias y hasta Municipios, y también las denominadas “tarifas sociales” para hogares de menores recursos, boleto económico para el transporte escolar, o directamente gratuito, descuentos o gratuidad para jubilados en diversas situaciones, y más y más etcéteras.
            Se otorgan créditos subsidiados para viviendas, se llevan adelante iniciativas para reducción de IVA u otros impuestos y contribuciones sociales a determinados sectores, se avanza en regímenes promocionales por zonas o regiones, y siguen los etcéteras.
           Desde nuestra más tierna infancia, recordamos una y otra vez planes de todo tipo para fnanciar viviendas, asignar pensiones, otorgar jubilaciones incluso sin aportes y demás.
           De una forma o de otra, todos podemos decir que recibimos alguna forma de subsidio de manera directa o indirecta. Esto es, como es obvio, apenas un repaso a vuelapluma.
           Además de esto, y por lo menos legalmente, todos tenemos acceso a la salud pública de manera gratuita, además de tener la obligación de aportar a las llamadas “obras sociales” si somos trabajadores en relación de dependencia o monotributistas, y al PAMI si somos jubilados. Con lo cual contamos por así decirlo con doble cobertura médica. Lo que dicho sea de paso viene a decirnos que no es cierto que los trabajadores informales no tengan acceso a la salud, porque sí lo tienen  en los hospitales públicos. Como todos nosotros.
          ¿Cuál es el costo para el país de todo este sistema asistencialista? La realidad es que no existen datos concretos. A veces se tiran cifras a nivel nacional que, según hemos podido revisar, suelen ser incompletas porque no cubren todos los aspectos. Pero si a eso le agregamos las cifras de asistencialismo provincial y municipal o departamental, los valores son increíbles.
           Esto nos lleva a una conclusión bastante simple y obvia: El Estado (nacional, provincial, municipal, departamental) quita vía impuestos o mediante emisión de moneda, una enorme cantidad de dinero de la producción para pagar el asistencialismo. Quitar ese dinero a la producción significa ser menos eficientes productivamente, porque quienes producen lo que sea deben contribuir al sostenimiento del sistema, que de tal modo encarece sus productos y los vuelve poco competitivos. La baja competitividad en la Argentina (y en muchas partes) pretende resolverse mediante artilugios monetarios tales como elevar el tipo de cambio de manera artificial, emitiendo moneda y comprando los dólares más caros de lo que valen para de tal modo lograr que quienes desean exportar puedan hacerlo, dado que el tipo de cambio alto permite vender al exterior a precios más bajos en dólares.
         Claro que la contracara de esto, es que la emisión de moneda por encima de los valores de mercado del tipo de cambio, se transforma en inflación, que es lo que ha ocurrido en la Argentina ya en tiempos de Néstor Kirchner. Finalmente, es imposible sostener el sistema, el dólar debe “atrasarse” para evitar que aumente desmedidamente la inflación, el país deja de ser competitivo (porque en muchos aspectos nunca lo fue, entre otras cosas por “bancar” el asistencialismo) y finalmente se produce el estallido.
        Sabemos que decir esto no es políticamente correcto y estamos acostumbrados a recibir críticas de todo tipo. Pero es la realidad.
       Que alguien proponga en la Argentina reducir el asistencialismo es mal visto. Esa es la verdad. Todo el mundo considera “correcto” ayudar al desvalido, y nosotros también. El punto es cómo logramos que el desvalido deje de serlo y pase a producir su propio sustento, es decir a tener un salario adecuado para poder pagar la luz, el gas, la escuela de los chicos o lo que sea sin tener que recurrir a ayudas y dádivas varias.
       No existen los milagros, salvo para los místicos. Acá de lo que se trata es de establecer reglas de juego estables, con un Banco Central autónomo que sostenga en serio el valor de la moneda para posibilitar las transacciones y los créditos a largo plazo y  bajas tasas, la seguridad privada, el respeto irrestricto de la propiedad privada, y un sistema tributario que sea ecuánime, equitativo y que no castigue el éxito. Todo ello dentro de un Estado de Derecho que funcione, con instituciones que funcionen, con leyes que se apliquen sí o sí, y no que se conviertan en declamaciones para la tribuna.
       No hay mucho más.
       El asistencialismo se anquilosa, se lo confunde con la forma de eliminar la pobreza, y no de eternizarla, y se lo defiende porque considerarlo negativo es políticamente incorrecto.
       Pues no. El asistencialismo, cuando se vuelve masivo, es totalmente negativo. Debe concebirse como transitorio, hasta tanto se resuelvan los problemas de fondo de la manera brevemente expuesta en el párrafo anterior. Y si  se asume que la salud pública, lo mismo que la educación hasta cierto nivel, deben ser gratuitas, hay que terminar con el doble o triple parámetro que consiste en pagar impuestos para sostener lo público, al mismo tiempo que pagar aportes para la “obra social” e incluso cuotas para la “prepaga”. Y lo mismo para las escuelas, si pagamos impuestos para sostener la escuela pública, no es lógico que debamos pagar además la cuota de la escuela privada de nuestros hijos.
       A corregir estas cosas debe apuntar un gobierno serio, positivo y que mire hacia adelante, para dejar un país mejor a nuestros hijos y nietos. El resto, es pura cháchara pasatista, políticamente correcta, y absolutamente contraproducente.

            

Buenos Aires, 6 de mayo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO


DESPIDOS, REGULACIONES Y PYMES 4/5/16

El Ágora
DESPIDOS, REGULACIONES Y PYMES

           Como es sabido, el Senado aprobó un proyecto de ley estableciendo la prohibición de despedir personal durante 6 meses, o la obligación de abonar la doble indemnización por antigüedad prevista en la ley de contrato de trabajo.
          El proyecto ha pasado ahora a la Cámara de Diputados, que podrá aprobarlo o no, o incluso introducir modificaciones que lo harían retornar a la Cámara de Senadores para un nuevo debate.
         Hay en danza otros proyectos, como por ejemplo el del Frente Renovador de Sergio Massa, que dispone que la ley a aprobarse excluya a las PYMES con menos de 40 empleados, manteniendo las obligaciones del proyecto original para las restantes empresas.
        El diputado Felipe Solá, perteneciente hoy por hoy al Frente Renovador citado, ha hecho declaraciones en el sentido de que existe un “clima de despidos” y que votar una ley prohibiéndolos por 6 meses para las grandes empresas no hace otra cosa que desactivar  tal clima, palabras más palabras menos.
        Como hemos señalado en reiteradísimas oportunidades, el cambio de las reglas de juego está en la base de los errores políticos que habitualmente se cometen en la Argentina. Es obvio que quien una vez cambia las reglas, puede volver a hacerlo mañana o dentro de un año, como si tal cosa. Esto es una obviedad que sin embargo no se debate adecuadamente a nuestro juicio.
       La cuestión del “clima de despidos” nos recuerda, que se nos permita la digresión, la “sensación de inseguridad” de otrora. En la situación actual, de acomodamiento de variables económicas que todo el mundo sabe que debía ocurrir, (llámese ajuste o como se llame) existen efectivamente despidos, como ya venía ocurriendo en los últimos años, en sectores tales como estaciones de servicio, frigoríficos o industria de la construcción.
      Esta es una descripción, por supuesto. Está claro que hay problemas, que había retrasos en tarifas de servicios que eran inmensos y que el sacudón del cambio ha sido enorme.
      Pero eso no quita que debamos reflexionar sobre el asunto una vez más.
      En primer lugar, el sólo hecho de pretender excluir a las PYMES de hasta 40 empleados significa al menos dos cosas: una que esas empresas sí podrán despedir gente en las condiciones legales hoy vigentes. La segunda cosa, que deviene obvia, es que, salvo mejor explicación, se pretende distinguir el mercado laboral entre hijos y entenados violando claramente el principio de igualdad ante la ley. Los empleados no tienen la culpa de trabajar en empresas con menos o más de 40 empleados, pero deberán atenerse a las consecuencias de tal hecho.
       En segundo lugar, la  perspectiva de que la Argentina sigue con esa mentalidad de pretender arreglar los problemas atacando sus consecuencias y cambiando las reglas a piaccere, sólo sirve para desalentar a los inversores, que obviamente temen futuros cambios por razones de emergencia. Por lo demás, el sólo anuncio de una ley  que prohíbe despidos es una alarma estridente para las empresas en dificultades, lo que lleva a apurar el trámite y despedir gente antes de que tal ley se apruebe. 
        Cabe recordar que en los últimos años, aparte de que ya hubo una ley prohibiendo despidos o con doble indemnización, ha habido muchos cambios producto de iniciativas francamente trasnochadas. Desde la confiscación de YPF o de las AFJP, hasta la prohibición de girar dividendos, o de exportar o importar determinados productos, o de tener que pedir permiso para importar o exportar, por sólo citar algunos ejemplos de cambios de reglas.
        Este tipo de decisiones son tomadas por los políticos con la intención posiblemente honesta de ayudar a quienes están en dificultades, pero logran el efecto inverso. No hace mucho recordamos en otro trabajo el congelamiento de alquileres dispuesto por el peronismo en los años 50, que destruyó durante casi 30 años el mercado de la construcción.
       El partido gobernante, por su parte, propone incentivar el primer empleo para jóvenes mejores de 24 años.  En este caso lo que se busca es incorporar a los llamados “ni-ni” al mercado laboral. El proyecto implica que los empleadores dejen de pagar por estos nuevos empleados las contribuciones patronales, es decir la parte de las obligaciones previsionales que corresponde que aporten las empresas.
      Estas iniciativas lo que demuestran, antes que ninguna otra cosa, es que el costo de emplear a alguien en la Argentina es carísimo, y por eso mismo se recurre a estas “ofertas” tipo fin de temporada. Si las contribuciones del empleador son elevadas, lo son para todos, no solamente para quienes ocupan personal menor de 24 años que trabaja por primera vez. Aparte de otra cuestión más que obvia: es posible que ciertos empleadores dejen fuera del mercado laboral a personas con experiencia y conocimientos para ocupar los cargos por gente si tan experiencia. Es decir, que por un lado como el plumero cambian la tierra de lugar, y por el otro, terminan siendo menos eficientes por no contar con personal experimentado, que a todo esto estará desocupado.
      Cuando se pretende que hay que bajar los costos previsionales, el argumento político que se opone a esto es el de que así se “precariza el trabajo”. Es decir, cuando es para promover el primer empleo no se “precariza”, cuando es para todos (como debe ser, porque la ley debe ser igual para todos), entonces sí se “precariza”.
      Estas contradicciones y estas marchas y contramarchas no hacen más que mostrar por un lado la pésima costumbre intervencionista que sólo sirve para alterar y deteriorar las condiciones de trabajo, y por el otro, la verdadera falta de imaginación para resolver problemas concretos, reales, de una economía en dificultades.
       Desde hace muchísimos años, demasiados, nuestros beneméritos políticos han pretendido atacar: desde la falta de teléfonos, hasta la insuficiencia de servicios de gas o de electricidad, mediante el recurrente método de desalentar el uso.  Es decir, en lugar de buscar que que vengan capitales, haya inversiones y se produzca más para satisfacer la demanda de lo que sea, lo que se hace es pedirle a la gente que “use menos” la luz, el gas, el teléfono, el auto o lo que sea.
       Hemos visto esto tantas veces en el último medio siglo que no podemos sino recordar el viejo adagio según el cual el hombre es el único animal sobre la faz de esta bendita tierra, capaz de tropezar dos veces con la misma piedra.
                   

           

Buenos Aires, 4 de mayo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                         


LA AGONÍA DEL KIRCHNERISMO Y LO QUE SIGUE 23/3/16


El Ágora
LA AGONÍA DEL KIRCHNERISMO Y LO QUE SIGUE
 
       No creo que alguien pueda poner en duda que estamos asistiendo a la agonía del kirchnerismo. Deserciones, acusaciones, enfrentamientos y hasta ataques personales entre ex compinches del régimen vencido en las urnas democráticamente el 10 de diciembre, son una realidad.
      Los “capitalistas amigos” endeudados, despiden gente, no pagan cargas sociales ni sueldos, se les descubren acuerdos non sanctos con la AFIP y hasta se acusan entre ellos de poder o no poder justificar sus patrimonios.
      La política seguida por régimen, consistente en cooptar medios de difusión a como dé lugar para armar el aparato de propaganda más grande de la historia ha fracasado de manera tan estrepitosa, que los medios y los “periodistas militantes”  se han derrumbado como un castillo de naipes apenas se les cortó el chorro de fondos oficiales.
      Las imágenes del hijo de Lázaro Báez y un grupo de cómplices contando millonadas de dólares y de euros en la llamada “La Rosadita” terminó de poner sobre el tapete la basura del régimen y sus nefastas consecuencias para la vida de la sociedad toda.
      Un país cargadísimo de corrupción y sobre todo de impunidad. 30% de pobreza. Millones de indigentes. Medio país necesitado de alguna forma de subsidio para sobrevivir. Una verdadera porquería por donde se la mire.
      La visita de Barak Obama puso la frutilla a la torta. El primer presidente negro de los EEUU, el sueño de Martin Luther King, defenestrado por una patota de ladrones que se aprovechan de las ventajas de un Estado Fascista es una pintura entre cubista e impresionista que siguiendo la onda del arte pictórico se resumiría en los numerosos “gritos” de Munch.
      Las vacuas acusaciones a Mauricio Macri de ser un gobernante “de derecha” encierran, a su vez, la intolerancia y el autismo de grupúsculos de marginales ideológicos, como Horacio González, el recordado director de la Biblioteca Nacional que tuvo el descaro de escribir una carta a Cristina Fernández para que impidiera al Premio Nobel  Mario Vargas Llosa inaugurar la Feria del Libro hace unos años.
      Porque de paso sea dicho es necesario distinguir entre jóvenes inexpertos y poco leídos de personajes que la van de “intelectuales” supuestamente democráticos y no tienen un pelín de vergüenza a la hora de pedir la censura y la prohibición de reconocidísimos escritores a nivel mundial por sus ideas políticas.
       Que Macri sea tildado “de derecha” o de “empresario” por parte de grupos que adhieren incondicionalmente a un gobierno que supo tener entre sus máximas el llamado “capitalismo de amigos” encumbrando  a nefastos personajes con todo tipo de favores para convertirse en “empresarios” es bastante más que una broma de mal gusto.
       La propia expresidenta y su hijo entran en la caterva de favorecidos por un régimen autoritario, sectario y claramente fascistoide. Las “cuevas”, el lavado de dinero, las empresas fantasma, los alquileres de miles de habitaciones en hoteles de la expresidenta y su familia jamás ocupadas, los jueces amigos que anulan allanamientos por llamados desde la Casa Rosada y un millón de etcéteras nos eximen de más comentarios.
      Es notable como esta manga de devenidos ricos de la noche a la mañana por el favor de un Estado corrupto y fascista, se vuelcan a las posiciones de la extrema izquierda de origen trotskista, por ejemplo. Y cómo ésta última casi que los acepta, porque eso también hay que decirlo. Sería bueno que el señor Pitrola tomara la debida distancia de la mafia kirchnerista, ¿verdad? No son pocas las veces en las que un manto de curioso silencio se aproxima bastante a la complicidad.
        ¿Cuál es la razón por la cual se ataca la visita de Obama cuando la propia ex presidenta se cansó de intentar besar su mano en cuanto encuentro internacional hubo? ¿Por qué motivo se ataca hoy, en la Argentina, a uno de los presidentes yanquis más progresistas del último medio siglo luego de Jimmy Carter?
        Acá no importa lo que nosotros pensamos personalmente de ambas figuras, pero desde el punto de vista colectivo lo que estamos diciendo es una realidad.
        En castellano básico deberíamos decir algo así como que no hay poronga que les venga bien, ¿verdad? ¿La hay? ¿La habrá?
        En realidad el problema de fondo es que Obama se acercó a la Argentina con la llegada de la coalición “Cambiemos”, que lejos está de ser una coalición “de derecha” como pretenden los grupúsculos fascistoides que SÍ son de derecha.
        La coalición entre radicales y macristas, a los que se suma el apoyo de la Coalición Cívica de Lilita Carrió, la designación de Martin Lousteau como embajador en EEUU y el apoyo de cada vez más desertores del FPV nos exime de comentarios inútiles.
        Acá estamos ante un gobierno que intenta acercar posiciones, limar asperezas, dar conferencias de prensa, hablar por radio y televisión y mostrar lo que intenta hacer, sea esto bueno o malo. Es decir, la antítesis del autoritarismo fascistoide del cristinismo, ¿o no?
        Si tenemos que opinar personalmente diremos que esto, que parece va tan rápido, en realidad va demasiado lento. Hacen falta planes integrales, una reforma impositiva seria tanto nacional como provincial y municipal. Un ataque decidido contra la inflación muy lejos de planes de “precios cuidados”, difusión de precios por Internet y toda esa clase de pamplinas.
        Sabemos que hay cosas que están haciéndose. Es verdad.
         Pero endeudarse para evitar emitir moneda es tirar la pelota para adelante, seguir con controles de precios y ataques a los empresarios acusándolos de ser “formadores de precios” para zafar de la responsabilidad del Estado o intentar regular el mercado cambiario comprando o vendiendo dólares a precios irreales no es ni de lejos el camino para sanear la economía. Encima luego de tantos años de satrapía.
         El kirchnerismo está hoy en sus últimos estertores. Salvo algún grupúsculo de adictos que todavía liba de las arcas públicas en algunas provincias, el resto está esperando que llueva alguna forma de dádiva que les permita sobrevivir. Sin destino, sin orden, y evidentemente sin dirección alguna, prueban en las redes sociales con todo tipo de panfletos inconexos, incoherentes,  y hasta contradictorios. Falta la mano de Abal Medina por ejemplo.
         “Triste, solitario y final” el kirchnerismo quema las naves asociándose a favor de los “derechos humanos”, tema que jamás le importó un comino ni a Cristina ni a su difunto esposo, como todo el mundo sabe.  El famoso “curro” de los derechos humanos, del que habló el fallecido fiscal Julio César Strassera es una realidad que se escurre como agua entre los dedos.
          No les queda nada, muchachos, mejor sería que por vergüenza nomás se llamaran a silencio. Porque entre otras cosas votarán masivamente la derogación de las leyes que impiden el acuerdo con los llamados “fondos buitre” porque varias provincias están fundidas y necesitan financiamiento. Aprobarán mansamente que el FMI venga a cumplir las pautas del programa del cual somos socios y audite nuestras cuentas.  Se callarán la boca con los “ajustes” de tarifas que llegaron al colmo de la ridiculez y todos los saben. Y finalmente, mirarán para otro lado ante cualquier acuerdo que haga el actual presidente para atraer inversiones. Porque así son, señores. Está en su naturaleza.



Buenos Aires, 26 de marzo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

EL ANTINORTEAMERICANISMO Y OTRAS HISTORIETAS 23/3/16

El Ágora
EL ANTINORTEAMERICANISMO Y OTRAS HISTORIETAS
 
       Cuando era niño, recuerdo entre otras cosas leer con cierta regularidad una revista de historietas: “El pato Donald”, ni falta hace que dé detalles del clásico personaje de Walt Disney. Pero aquella revista, como muchas de la época, traía debajo del nombre en la tapa una leyenda en castellano, algo así como un aclaratorio entre paréntesis “El Pato Donaldo y otras historietas”, decía.
       Viendo, oyendo y leyendo todo lo que puedo sobre la visita del presidente Barack Obama a nuestro país, no pude sino recordar aquel parrafito: “otras historietas”.
       Porque la historieta no es la historia, ¿verdad?. Una historieta es una fábula, un relato breve, a veces acompañado por dibujos, con texto o sin él. Algo así.
      Y esto me llevó a algunas reflexiones, sobre cuya importancia relativa no puedo opinar, aunque sí tengo la sensación de que alguien tiene que salir a decir algunas cosas.
      Dicen las encuestas y estadísticas que nuestro país tiene uno de los pueblos más antinorteamericanos del continente y parece que ello es cierto. Pero no he visto que digan lo profundamente afecto que es este mismo pueblo a todo lo que provenga del gran país del Norte.
      El cine, el teatro, los musicales, la ropa, el idioma, la cultura, la vida cotidiana y hasta los nombres propios están impregnados claramente por un sentimiento profundamente afín a los EEUU.  Porque acá nadie piensa que el inglés que tanto se utiliza para denominar incluso cuestiones corrientes que hasta hace muy poco se mencionaban en castellano, proviene del Reino Unido.
     Nombres de boliches, restaurantes, casas de comida, bares, prendas de vestir y hasta sectores de la casa de cada uno, pasaron a denominarse con palabras en inglés, incluso reemplazando viejas denominaciones en francés o en italiano.
     El país sueña con ir a Miami y a Orlando, visitar Disneyworld o Nueva York. Flameantes banderas con las fotos del guerrillero Ernesto Guevara son levantadas por jóvenes con remeras con leyendas en inglés y los ahora denominados “jeans” (antes “vaqueros) a la clásica usanza norteamericana.
     Y ni qué decir de la cibernética, la internética, la robótica o los teléfonos inteligentes.
     El avance tecnológico norteamericano es elocuente y eso influye en el mundo entero. Todos sabemos que los países tienen preponderancia en ciertas épocas y su influencia cultural en el mundo resulta inevitable y en verdad superadora. Desde la Grecia antigua, el mundo árabe o los llamados “imperios” que tuvieron tanta incidencia cultural, científica y hasta religiosa, todos fueron pasando y dejando su impronta. Hoy le toca claramente a los EEUU. Tal vez mañana le toque a China, no sabemos.
     Pero hete aquí que entre nuestra gente se produce una curiosa dicotomía, una contradicción. Los mismos que por un lado reprueban a como dé lugar todo cuando hacen los EEUU, o casi todo. Por el otro mueren por parecerse a su gente. A sus costumbres. A sus pautas culturales.  Hay quienes hablan de “cholulismo”. Yo personalmente no lo considero así.
Tal vez haya alguna forma de esnobismo, pero más bien existe el deseo profundo de parecerse a aquello que tal vez inconscientemente consideramos exitoso, o al menos mejor.
     Los éxitos de tantas series televisivas con títulos en inglés (que personalmente confieso no haber visto, excepto la tradicional “Two and a half men”)  son otro ejemplo inconmensurable.
     Incluso celebraciones como la Noche de Brujas o San Valentín muestran también una especie de adoración por lo que viene del Norte. Incluso Papá Noel, que cuando yo era chico era directamente inexistente y los chicos esperábamos a los tres Reyes Magos con el pastito y el agua para los camellos.
     En este contexto, un poco pasional y un mucho sensiblero, la visita de Barack Obama y su encantadora esposa, genera no pocos resquemores. En general basados justamente en ideologismos de pacotilla. Es esa especie de rencor que el tango nos recuerda que bien puede ser “el miedo de que seas amor”.
     Muchachos, Obama cumple un rol, y está claro que a nosotros como país nos viene como anillo al dedo integrarnos al mundo con inteligencia, con sagacidad y con una diplomacia a la altura de las circunstancias. Lo demás es humo. Puro humo.
     Al menos por lo que he visto hasta ahora, está clarísimo que el primer presidente negro de los EEUU preparó rigurosamente esta visita, tanto a la Argentina como a Cuba.  Todo parece estar “fríamente calculado”. Escuché el discurso de Michelle Obama elogiando como mujer a María Eugenia Vidal, y también a Margarita Barrientos. La primera puede responder a un mensaje político, la segunda más se asemeja a un discurso papal que al de una primera dama.
Son dos ejemplos bien actuales que están donde están no por portación de apellido, sino por mérito propio. Y son mujeres.
      Obama se manifestó con seriedad y respeto. Aceptó las condiciones especiales de nuestro país e inclusive tomó precauciones por la fecha del 24 de marzo, aniversario número 40 del golpe nazifascista de 1976.  Anunció la desclasificación de archivos vinculados con la dictadura y se prestó a no estar en Buenos Aires  para evitar choques inútiles.
       Pero este hombre sencillo, al que vimos en La Habana pasear llevando su propio paraguas o comiendo en un “paladar” (como llaman allí a los emprendimientos privados que la dictadura comunista de la isla “concede” por simples razones de supervivencia), poco y nada tiene que ver con lo ocurrido en los años 70, cuando era apenas un joven estudiante. Hijo de un padre negro keniata, además.
       Muchas críticas he oído en estas horas. Mucho es lo que se desconoce, observo, de cómo funciona el sistema institucional norteamericano. Por ejemplo el embargo a Cuba, que tiene su origen en las expropiaciones que hizo Fidel Castro de propiedades y bienes de ciudadanos norteamericanos que constituyen una afrenta para un país (sobre todo en su Interior profundo y republicano) donde la propiedad privada se respeta a rajatabla. Veamos el fallo de Griesa, si no.
       Obama tiene que luchar contra el propio Congreso de su país. Y tiene que hacerlo con tino, si pretende que un Donald Trump no termine quedándose con el sillón presidencial.
       Pero hay algo más que tengo que decir, recordando a Churchill: al mundo lo mueven intereses, señores. Muchas cosas se dicen o se hacen en pos de tales intereses. Ni Obama ni ningún jefe de Estado que se precie puede dejar de poner sobre el tapete este hecho. Y debe rendir cuentas ante los representantes de su Congreso. Es así.
       Si cada uno de nosotros quiere encontrar cómo criticar al pueblo norteamericano a lo largo de sus 240 años, todos tendremos infinidad de elementos para hacerlo. La pregunta es: ¿existe algún  país en el mundo de cierta preponderancia al que no podamos achacarle en los últimos siglos infinidad de cuestiones? ¿España?, ¿Bélgica?, ¿Holanda?, ¿Francia?, ¿Alemania?, ¿Inglaterra?, ¿Japón?, ¿Portugal?, y más atrás: ¿Roma?, ¿el imperio Otomano?, ¿Arabia? . ¿Vale la pena seguir?
       Creo modestamente que tenemos que empezar a crecer, tenemos que ser inteligentes. Tenemos que saber aprovechar lo que nos conviene en lugar de refunfuñar y hacernos los ofendidos.
       El antinorteamericanismo puede asociarse con las posiciones recalcitrantes contra la época colonial, que culminan con el inconcebible desmantelamiento de la estatua de Cristóbal Colón culpando a un arriesgado mercader con un genocida de la peor especie. Y llevando a la infantil idea de que derrumbando su estatua se cambia la historia.
      Porque el antinorteamericanismo termina siendo una pobre historieta mal escrita y mal dibujada. Y el anticolonialismo post Descubrimiento también. Todo termina siendo una historieta de baja estofa por esta senda.
      Pero entiéndase: ni relaciones carnales ni sometimiento ni ser orejas. Diplomacia seria y profesional. Defender los intereses nacionales con calidad e inteligencia, no haciendo pucheros y quemando banderas yanquis.


Buenos Aires, 23 de marzo de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                         


HÁGASE LA LUZ 30/1/16

El Ágora
HÁGASE LA LUZ


                    Las distorsiones que existen en la Argentina en el andamiaje económico, tributario, financiero y administrativo luego de más de 70 años de populismo en sus diversas variantes son inmensas. Intentar comenzar a corregirlas es un trabajo ímprobo, inconmensurable. Porque siendo como es la economía una ciencia social, las reacciones  que pueden esperarse de parte de productores o consumidores de bienes y servicios, son muchas veces imprevisibles.
                Trataremos de analizar aquí breve y  exclusivamente del problema de la energía eléctrica, y muy en particular de las medidas anunciadas por el ministro del área energética hace algunas horas.
                  Más allá de las dificultades oratorias del ministro y del entramado increíblemente denso y burocrático de la normativa, cabe antes que nada hacer algunas reflexiones generales
                 Ningún sistema que implique subsidios, que hoy eufemísticamente se denominan “tarifas sociales”, puede ser establecido PARA SIEMPRE.  Debe apuntarse siempre a corregir las causas que dan o dieron lugar a la necesidad de subsidiar, para salir de esta clase de esquemas que generan dependencia política y hasta humillación.
               Además, cualquier formato de subsidio que fuera necesario debe aplicarse caso por caso, mediante relevamientos de campo, y no a través de parámetros generalizados como los que la nueva normativa ha establecido (dos sueldos mínimos, monotributistas sociales, autos con más de 15 años y cosas por el estilo). Es necesario tomarse el trabajo de ir casa por casa, como en un censo, y relevar la situación de todas las zonas afectadas, que esencialmente comprenden en este caso el conglomerado urbano de Buenos Aires y sus alrededores, ya que en el Interior muchos de estos subsidios directamente no existen, lo cual de paso sea dicho constituye una inequidad insólita ¿En el Interior la gente necesita menos los subsidios, o en Buenos Aires no se necesitan tanto? Estamos en el mismo país ¿no?
               También hay que considerar que la generalizada idea de que quien más consume debe pagar más que proporcionalmente atenta contra la ley de oferta y demanda y castiga al que más gasta para cubrir de ese modo y favorecer al que está subsidiado, el que a su vez consume más porque en definitiva le sale más barato.  Es como si dijéramos que vamos al quiosco a comprar un paquete de pastillas que cuesta 10 pesos, pero como nos vamos de viaje pedimos una caja de 100 paquetes, y entonces el quiosquero nos cobre a razón de 15 pesos el paquete porque consumimos mucho, en lugar de por ejemplo hacernos un descuento por cantidad.
                En la Argentina existen más de 18 millones de personas que reciben alguna forma de subsidio directo, es decir, prácticamente la mitad de la población. ¿Por qué ocurre esto?, son preguntas que deben formularse.
               Ocurre porque toda esa gente (dejando de lado distorsiones y subsidios inútiles a gente que puede pagar pero que fue incluida en sistemas subsidiados  por fallas gravísimas en la instauración de tales sistemas), gana poco dinero. ¿Y por qué gana poco dinero? Porque la productividad es muy baja, esencialmente. Y por qué razón es muy baja la productividad? Porque no hay inversiones o producción suficiente. Y por qué razón: porque todos los sistemas vigentes hasta hace muy poco de controles de precios, cepo cambiario, cierre de exportaciones, limitaciones de importaciones de insumos, arbitrariedades de funcionarios sobre márgenes de utilidad, prohibiciones de girar dividendos, confiscaciones de empresas (como Repsol) y AFJP, apropiación de las reservas del Banco Central y un sinfín de etcéteras llevan a que nadie quiera arriesgarse a invertir en el país. Si alguien invierte para que luego los gobernantes le fijen  precios, cupos, topes, márgenes, salarios, y todo lo demás, realmente no parece ser una buena decisión hacerlo.
           Que tanta gente deba ser subsidiada de alguna forma, no es un éxito, es un fracaso. Y que deba serlo sine die, no es terminar con la pobreza, sino anquilosarla.
          Volvamos a la energía eléctrica. Durante varios años las tarifas en la Capital y alrededores fueron congeladas por razones políticas. Varias veces se intentó corregir en parte este verdadero dislate mediante la supresión de subsidios en determinados barrios, como queda dicho, o el “renunciamiento” de quienes quisieran. También se iban a enviar formularios a los domicilios para que la gente expresara si necesitaba seguir siendo subsidiada y los motivos por los cuales consideraba que fuera así.
          Todos sabemos en qué quedó todo esto. En prácticamente nada.
          Pero es importante tener en cuenta que el gobierno anterior tenía plena conciencia del problema. Y lo mismo ocurría con el gas domiciliario, donde se aplicaron normas que hicieron subir tarifas hasta un 500% durante 2015 si no se ahorraba hasta un 20% del consumo del año anterior.
         Al país le falta un programa integral sobre los aspectos que mencionamos al comienzo (economía, finanzas, impuestos, administración de la cosa pública) y todo esto debe ser atacado, definido, consensuado.
        Salir con un programa de subsidios selectivos sobre bases de datos frías metidas en sistemas computadorizados oficiales no es una buena elección. Y mucho menos producir incrementos tarifarios casi sobrenaturales. Somos conscientes de que las tarifas son ridículas, pero tampoco podemos pasarnos al otro lado de un día para el otro.
       Viene a nuestra mente aquella vieja ley de los años 40 o 50 por la cual el régimen peronista congeló todos los alquileres y prohibió los desalojos provocando el verdadero desastre inmobiliario que provocó. Esa le duró más de 30 años y había gente que directamente regalaba sus propiedades a los inquilinos porque debía pagar más impuestos por ellas que lo que percibían de alquiler. De ese esquema perverso se salió en los años 70 mediante el recurso de ir pasando a valores de mercado porcentajes de los alquileres en períodos trimestrales o semestrales. Luego hubo otras intervenciones en ese mercado en los años 80 y hoy hay problemas también especialmente por la inflación, pero el problema madre, el desastre original, fue corregido.
      Acá estamos en la misma. Uno oye en la radio infinidad de situaciones. Gente que alquila o que no tiene el recibo de la luz a su nombre. Gente que vive sola o trabaja todo el día y consume poca energía pero no es que no pueda pagarla. Gente que recibe visitas de familiares en determinadas épocas del año y por lo tanto su consumo se incrementa y salta a la escala siguiente. Y así siguiendo.
     Por eso es que consideramos que estas cuestiones, en tren de aplicarse, deben hacerse mediante un trabajo de campo. Un censo. Caso por caso.
    A esto debe agregarse un cierto gradualismo. Y también la certeza de que el esquema irá siendo abandonado en el tiempo, como en el ejemplo citado de los alquileres.
     Porque acá se planteó un verdadero galimatías que ha dado lugar a infinidad de comentarios y análisis que no van, en absoluto, al fondo de la cuestión.
     Que nuestro amable lector se tome el trabajo de ver, por ejemplo, la cantidad de tributos que incluye una factura de luz, y que NO SE HAN TOCADO. Hay provincias y municipios que hasta “tasa de ambulancias” incluyen. Claro, es fácil cobrar impuestos en una factura de luz, porque nadie deja de pagar por miedo a que le corten el servicio.
    Pongamos a continuación un ejemplo, de una persona que vive en el GBA y tiene el servicio de Edenor.
Impuestos, tasas y otras yerbas francamente inexplicables:
Impuesto al valor agregado
Contribución municipal
Contribución provincial
Impuesto Pcia. De Bs.As. leyes 7290/67 y 8016/73
Fondo Pcia de Bs.As. ley 9038
Fondo Pcia de Santa Cruz (¡!) ley 23681
Cargo Res SE 745/05 estabilizado
A cuenta ajuste anual FEP

        Por supuesto que como contracara de esto, figura el subsidio al consumo, que en el ejemplo transcripto es prácticamente las ¾ partes del consumo total, lo cual hace que una factura bimestral para un departamento en una zona residencial pague en total $58,48. Menos de 30 pesos por mes. Un verdadero absurdo.
        Pero hay que tener en cuenta que las personas se acostumbran a pagar cifras ridículas y destinan parte de sus ingresos a otras actividades. Revertir esto y de golpe multiplicar esta factura por 5 o 6 va a originar conflictos. Sobre todo si por otra parte otros consumos también sufrirán aumentos.
       Y finalmente un parrafito para lo “social”. “Social” es todo, o debería serlo. De tal manera que quien no puede pagar la tarifa plena de luz, se supone que tampoco puede pagar el precio completo de una gaseosa, de un quilo de pan, de un par de zapatillas o de lo que sea. Caemos entonces en la entelequia de que todo debe ser “social”, que es un  poco lo que buscaba el gobierno anterior con sus planes “para todos” (carne, cerdo, pescado, milanesas…)  que por supuesto fueron un reverendo fiasco. Como aquello de enviar al planeta entero a comprar al Mercado Central porque es más barato.
       Ahora bien, si pretendemos que TODO tenga una “tarifa social”, que todo sea barato, que la ganancia sea baja, o que directamente no se gane dinero ¿cómo haremos para que lleguen inversiones y den trabajo digno a la gente? Esta pregunta jamás la ha respondido el populismo, ni en la Argentina ni en el mundo entero. Por eso países como Venezuela que nadan en petróleo están sumidos en la miseria en la que están.
      Como decimos al principio, intentamos no desviarnos del problema central que nos ocupa que es el esquema tarifario de la energía eléctrica. Lo hicimos tanto como pudimos, porque a veces los ejemplos deben tomarse de otros rubros.  Lo cierto es que sólo es posible ordenar la economía si son tomados en cuenta todos los aspectos, y especialmente si no se castiga el éxito.
     Todos los planes promocionales, todas las “cajitas felices” apuntan siempre a reducciones de impuestos o de cargas sociales; eso y confesar que tanto los impuestos como las cargas sociales son carísimas, es lo mismo. Ponerse las pilas y encarar un plan integral es lo urgente.
       Esto que se ha hecho es un parche de consecuencias imprevisibles, y que posiblemente obligue a aplicar correcciones y a dar marcha atrás en una buena medida, como ya ocurriera durante el gobierno de Néstor y de Cristina Kirchner.


           

Buenos Aires, 30  de enero de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                        


LOS LLAMADOS A INDAGATORIA 27/2/16

El Ágora
LOS LLAMADOS A INDAGATORIA

             

                  Hace pocas horas se conocieron los llamados a indagatoria por parte del juez Bonadío de varios ex funcionarios del  Banco Central, entre ellos su ex presidente Alejandro Vanoli, del ex ministro de economía Axel Kicillof, y de la mismísima ex presidenta Cristina Fernández por las operaciones pactadas conocidas como “dólar futuro” a lo largo de 2015 y muy especialmente en los últimos meses de dicho año.
                No hace falta ser muy perspicaz para comprender que un llamado a indagatoria a la ex presidenta tiene un efecto político descomunal. Y debo decir, sin ser abogado, que no estoy seguro de si correspondería tal llamado. Aunque pienso que probablemente sí por ser la principal responsable política. No hay que olvidarse que de una y mil maneras la ex presidenta defendió públicamente la gestión del ex ministro Kicillof.
               La reacción del kirchnerismo “duro” no se ha hecho esperar. Por un lado el ataque al juez Bonadío por considerarlo “antikirchnerista” y un “ariete” de la Justicia opositora, al decir de Agustín Rossi. Este político ha sido además uno de los pocos que intentó esbozar un argumento defensivo respecto de la política seguida en la materia. Su visión es que como había presiones devaluatorias el Banco Central intentó mediante la venta de dólar futuro a marzo de este año con precios del orden de los $ 10,60 desalentaba justamente los temores de una devaluación.
             Un pequeño paréntesis para explicar la operatoria: en general los importadores compran dólar futuro con el ánimo de asegurarse el tipo de cambio. Es decir, que la operatoria es en realidad en la práctica un seguro de cambio.  No siempre ganan, porque ha ocurrido que el dólar cotice a valores menores a aquellos negociados a futuro, pero por lo menos se aseguran que la variación será la pactada y no otra.
            Según los entendidos durante 2015 las operaciones de dólar futuro superaron los 15.000 millones de dólares, cuando lo normal era que se efectuaran operaciones por unos 5.000 millones a cargo, justamente, de los importadores.
           Al menos el Banco Central conoce, o debería conocer, quiénes son los que operan en ese mercado y aproximadamente cuáles serían los montos, precisamente porque existe una relación entre quienes importan bienes e insumos y sus pagos a futuro. Si estos valores se triplican, es obvio que algo está pasando.
           Trazando un parangón con lo ocurrido con la efedrina en su momento, que de importar unos pocos quilos pasamos a importar varias toneladas, parece más que obvio que a alguien encargado del control debe llamarle  la atención.
           Hay que decir también que a lo largo de los ocho años que gobernó Cristina Fernández, en varias oportunidades sus funcionarios, y ella misma, anunciaron conspiraciones devaluatorias, que luego se esfumaron sin necesidad de caer en operaciones de dólar futuro por semejante cifra.
          También es cierto, y vale recordarlo, que el 23 de enero de 2014, Kicillof y el presidente del Banco Central de entonces, Juan Carlos Fábrega, produjeron una devaluación el 30% llevando el dólar de 6 a 8 pesos en números redondos    
          Ahora bien, la defensa jurídica de las personas involucradas debe ser elaborada profesionalmente y no mediante  convocatorias a puebladas en plazas  públicas para “resistir”.
         Sin embargo, esta modalidad ha sido utilizada a lo largo de los años por el kirchnerismo. Así, fueron defenestrados periodistas, medios de difusión, empresarios, productores ganaderos, escritores y hasta actores y directores de cine. En lugar de defenderse dando argumentos sólidos ante la Justicia, o incluso en declaraciones públicas, lo que han hecho y por lo visto siguen haciendo es atacar a los denunciantes.
         Cabe recordar que la causa por la venta a mansalva de dólar futuro fue iniciada por el entonces diputado Federico Pinedo, y por el diputado Mario Negri, ambos basados en un estudio del hoy Ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay. Según Rossi la causa no fue iniciada por “damnificados particulares”, de donde se deduce que los diputados nacionales nada deberían denunciar si observan algo que consideran perjudicial para el país sobre la base de que no son “damnificados particulares”, un verdadero galimatías realmente inaudito.
        Así las cosas, el kirchnerismo convocó a movilizarse en defensa de la ex presidenta por considerar la denuncia “arbitraria” y con una “clara intencionalidad política”.
       El diputado provincial Fernando Navarro llegó a decir que “la medida daña la calidad institucional” y que “confirma que hay integrantes del poder judicial subordinados a los grupos económicos y no al derecho”. Cabe preguntarse entre otras cosas a qué grupos económicos se refiere.
      Pero el fondo de la cuestión, lo mismo que en casos como Báez, Jaime, Fariña, la propia presidenta, Eskenazi, Néstor Kirchner y tantísimos otros, no se responde, no se argumenta.
¿hubo o no hubo una triplicación de la cantidad de operaciones de dólar futuro?
¿Existía o no existía una operación legal conocida como “contado con liquidación” en la cual el dólar oscilaba, en diciembre, entre 14 y 16 pesos? ¿Valía el dólar 9,50 pesos en cifras redondas?
     ¿No había una clara falta de dólares a ese precio, se negaban importaciones y se postergaban exportaciones lo cual produjo un inmenso daño especialmente a las economías regionales?
Si el dólar en el mercado de bonos costaba entre 14 y 16 dólares, ¿cuáles eran las presiones devaluatorias si estábamos oficial y legalmente ante un hecho consumado?
       Por supuesto que la última palabra la tendrá la Justicia. Justicia que ya ha sido defenestrada por personajes como Rossi, que no trepidó un minuto en avalar que su hija de 26 años fuera nombrada directora del Banco Nación.
      Otra vez la misma historia. Parafraseando a Borges, una extraña forma de darle la razón al otro. La defensa no consiste en argumentar técnicamente las razones, que podría haberlas. No. La defensa consiste en llenar la plaza con gente traída en micros escolares para gritar a favor de Cristina Fernández, dejando en blanco los escritos de defensa pertinentes.
  


Buenos Aires, 27 de febrero de 2016                                            HÉCTOR BLAS TRILLO

                                                                                         

 


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