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viernes, 2 de septiembre de 2016

SEGUNDA OPINIÓN: PARTE DE LA SITUACIÓN 8/8/16

Segunda Opinión
ACTUALIDAD ECONÓMICA: PARTE DE LA SITUACIÓN

       Analizar en su conjunto la actual coyuntura económica puede dar lugar a una larga enumeración de pros y contras, con el riesgo de producir tedio en quienes nos leen. Por eso, nos limitaremos a comentar algunos aspectos que consideramos preponderantes.
       La situación económica está complicada. En poco tiempo se han producido cerca de 100.000 despidos, los indicadores de producción y de consumo están cayendo, y en general la retracción es un dato que nadie puede soslayar. Todo el mundo sabe que buena parte de los problemas son una obvia consecuencia del desastre en las cuentas públicas heredado.  Inflación, cepo cambiario, aislamiento económico del mundo, y un inmenso aparato de corrupción constituyen el eje indiscutido de una situación explosiva. Las nuevas autoridades están intentando encauzar las cosas sin perder de vista la necesidad de ganar espacio político con vistas a las elecciones de medio término del año que viene. Tenemos que señalar que un país con un 30% de pobreza en diciembre, lleno de villas de emergencia y con casi la mitad de la población recibiendo alguna forma de subsidio directo no es un panorama del que se sale fácilmente por más buenas intenciones que pudieran tenerse. La reforma debe ser muy profunda, y para que sea duradera, debe basarse en principios económicos sólidos, y no en artilugios monetarios a los que estamos tan acostumbrados los argentinos. Intentando ser lo más neutrales posible en este análisis, empecemos por señalar que la situación no es tan diferente a la acontecida durante el año 2014, año en el cual la inflación tocó casi el 40% y hubo una caída del PBI del orden de los 2 puntos. Sin embargo, la sensación general es que estamos peor, y ese dato es imposible dejarlo de lado al intentar vislumbrar las consecuencias políticas.  El gobierno, que arrancó con una clara política de reinserción en el mundo, con una salida ordenada del cepo cambiario y con un acuerdo razonable con los “holdouts” que permitió salir del default, cometió serios errores en los necesarios ajustes de tarifas de servicios públicos, con elementales faltas jurídicas que dieron lugar a reclamos  a los que la Justicia ha hecho lugar, ello aparte de la marcha atrás del propio gobierno en lo que respecta a las tarifas de gas, en las que se pretendió aplicar un tope del 400% de incremento. Medida ésta última más que insólita, porque posibilitaría que quienes consumen mucho, puedan consumir todo cuanto deseen sin sufrir incrementos adicionales.
         Se nota así la improvisación, la falta de rigor y la increíble falla administrativa de no asegurarse, mediante cálculos previos, cuál sería el resultado final en la facturación.
         Bien, pero esto ya ha ocurrido y es obvio que la paralización de los ajustes tarifarios obliga al gobierno a sostener los subsidios a las empresas distribuidoras, con el consiguiente mantenimiento, e incluso incremento, del déficit fiscal. El objetivo de bajar la inflación es muy loable, y es también indispensable, pero se logra esencialmente bajando el déficit y la emisión de moneda, lo cual se contrapone con la paralización del ajuste de las tarifas, y también con la necesaria adecuación de subsidios directos a millones de personas, en especial a los jubilados, a los que el gobierno anterior les negó una y mil veces sus derechos.  La quita de retenciones a las exportaciones (excepto a la soja) la mejora del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias, la devolución del 15% del IVA a los jubilados con la mínima y otras medidas por el estilo, han producido una merma en la recaudación fiscal, que se ve a su vez afectada por la retracción de la economía. Para colmo con el panorama brasileño tan complicado como está y que afecta especialmente a nuestra industria automotriz.
        El gobierno intenta reactivar la obra pública (que estaba virtualmente paralizada), lo cual redundará en una recuperación del nivel de empleo en la construcción, que es una de las actividades más afectadas. También intenta atraer inversiones externas y toma medidas como el nuevo blanqueo de capitales o la moratoria impositiva intentando de este modo cambiar el curso de la situación. Ha logrado algunas buenas formas de financiación y también de ahorro de gasto público que disminuyeron la emisión monetaria, dando un respiro y posibilitando en su conjunto que al menos en los próximos meses aumente la demanda de trabajo al mismo tiempo que tienda a bajar la tasa de inflación. Un objetivo en sí mismo muy difícil, dado que ambas cuestiones operan como fuerzas contrapuestas.
      La mejora del llamado riesgo país y la llegada en pocos días de una misión del FMI para volver a auditar las cuentas generan una mayor confianza internacional y por lo tanto bajan las tasas de interés en dólares de manera considerable.
      Lo que podemos decir, en conjunto, es que no estamos ni de lejos en el mejor de los mundos, pero que las perspectivas pueden ser buenas, o al menos bastante mejores de lo que muchos analistas hoy por hoy esperan.
      En nuestra opinión, sin embargo, la heterodoxia, siempre abre nuevos flancos y genera nuevas incertidumbres. Nada es gratis en economía. Lo que no pagan unos, lo pagan otros. Tal heterodoxia, a su vez, parece un tanto desarticulada, carente de un plan de acción general, de un programa claro y concreto. Los distintos factores que operan en la economía de un país, necesitan un horizonte lo más claro posible. La tendencia ayuda, pero es apenas una de las teclas que hay que tocar.
      La apertura económica controlada y limitada, es una buena noticia como tal, pero habrá que ver si tal apertura es suficiente. Porque además, hay que analizar qué pasa con el tipo de cambio, que en la actual gestión responde al concepto de “libertad administrada”. Es decir, libre pero…La mayor competencia es indispensable pero al mismo tiempo es preciso reformular la función del Estado, hoy en día desmadrada y con un empleo público en virtual descontrol.
      En estos días se observa un tipo de cambio que para muchos analistas está atrasado. La medida de las cosas en este caso es lo cara que está la Argentina respecto de otros países de la región, o de los EEUU e incluso de la mismísima Europa. Si la Argentina está cara, parte será producto de la ineficiencia administrativa, sin duda, parte del atraso tecnológico relativo, y parte del atraso cambiario. Nada difícil de ver.
      Trazando una metáfora muy simple, podríamos decir que el país está intentando un aterrizaje suave, pero todavía no parecen estar a la vista ni pista ni la torre de control del aeropuerto.
      La política fiscal es expansiva. Se licitan nuevas obras, si restituyen fondos a las provincias tras un acuerdo para la devolución del famoso 15% adeudado desde 2006 por un capricho de la anterior gestión, se pagan los juicios a los jubilados y se busca la baja de la presión tributaria con reducciones en impuestos a las ganancias, ganancia mínima presunta y sobre los bienes personales. Siempre debe existir un delicado equilibrio entre la expansión, que incrementa la demanda de bienes y servicios, y la provisión de tales bienes y servicios. De lo contrario, cualquier expansión puede desatar presiones inflacionarias. Por su parte, el BCRA baja lentamente la tasa de interés que paga por las Lebacs, que de casi el 40% a comienzos del año, ahora se acerca al 30%. Habrá que ver qué pasa con el tipo de cambio, que hasta ahora viene demasiado quieto si tenemos en cuenta la inflación que ha ido acumulándose, y por lo tanto atrasándose.
       En definitiva, tenemos un panorama no lo suficientemente claro, pero con una tendencia favorable en el marco de una situación política nada sencilla. La coalición gobernante sufre los embates de sectores afines al gobierno precedente, se ve obligada a hacer concesiones no siempre justificadas económicamente (incluso jurídicamente), y la demanda de la sociedad es tan necesaria como justificada.
      Los próximos meses dirán si las cosas siguen encaminándose. Pero sin ninguna duda el camino ha de ser largo y sinuoso.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                             Buenos Aires, 8 de agosto de 2016

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