UN ARZOBISPO SENSIBLE. AHORA.
García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, en la homilía por la celebración de San Cayetano, hizo lo que siempre suele hacer, hablar de la pobreza, de la falta de trabajo, de la necesidad de ser solidarios, de los endeudados, de la clase dirigente que no se hace cargo y todo lo que es de estilo en estos casos.Y por supuesto, hizo una referencia que a mí por lo menos me lleva a escribir estas líneas. Dijo:"la libertad económica no puede ser absoluta" y esto solo por mi parte merece alguna explicación.
Durante los últimos 100 años, la libertad económica no ha sido absoluta, al menos no lo fue desde la creación del Banco Central en los años 30. Da la impresión de que los resultados del intervencionismo resultante han sido pèsimos por decir lo menos.
No dudo de las buenas intenciones del Arzobispo, pero creo que no se trata de pedir que alguien limite la libertad de comercio (porque de eso se trata), sino de quién y cómo debería hacerlo. A mí me recuerda al desaparecido Papa Francisco cuando afirmó que "la propiedad de la tierra es un derecho secundario".
Todo parte de la misma doctrina, la llamada "social de la iglesia".
Finalmente la libertad económica absoluta no existe en ninguna parte del mundo. Y si el Arzobispo pretende con sus dichos atribuir la situación actual del país a esa libertad, le tengo una muy mala noticia; el actual gobierno controla e interviene absolutamente el mercado de cambios, regula y determina la tasa de interés, decide la emisión de moneda para adquirir moneda extranjera y emite títulos para "secar" la plaza de la moneda emitida generando pasivos remunerados. Además, sostiene sistemas de privilegios y promociones, como el caso del existente en Tierra del Fuego. Y entre otras cosas, adelanta o atrasa el ajuste de las tarifas de servicios públicos según de qué lado venga el viento. Y todo esto para dar algunos ejemplos. Hay mucho más, como por ejemplo recordar que este gobierno hace algo más de dos años que está, y la pobreza y el atraso lleva décadas.
Solo hablo del marco general a nivel nacional, porque también tenemos el furibundo intervencionismo de los estados provinciales que si abundamos esto se convierte en un texto interminable y aburrido.
Está claro que este religioso tiene una visión política enmarcada en las enseñanzas cristianas y está convencido de que la libertad parece ser posible en todos los ámbitos, menos en el económico.
Por ejemplo dijo: “San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”
El trabajo no es una mercancía, pero es el resultado de la inversión y el comercio libres. Solamente hay trabajo si hay necesidad de crear y de contratar gente que desarrolle la tarea. Y su hay capitales invertidos para ello. Y el sueldo es el resultante de esta combinación de cosas. Solo sube si mejora la productividad, a ningún productor lo beneficia que el salario no alcance, porque no puede vender lo que produce.
Yo lo entiendo al religioso Si su formación incluye cosas tales como "echar a los mercaderes del templo", o "difícilmente algún rico vaya al reino de los cielos", pasando por "los buenos heredarán la tierra" y tantas otras enseñanzas, resulta difícil compatibilizar esto con la libertad y el progreso. O al menos con el desarrollo. Acá nadie puede multiplicar milagrosamente panes y peces.
No quiero que nadie se ofenda, por eso aclaro que estas cosas fueron dichas hace 2000 años, en un contexto determinado. Ninguno de los grandes inventores y creadores de los últimos 250 años ha seguido a pies juntillas semejantes preceptos.
En la Argentina subsisten centenares de miles de puestos públicos a nivel nacional, provincial, municipal y departamental. Miles y miles de puestos creados por razones políticas, por nepotismo, por amiguismo. Cada diputado nacional y sobre todo cada senador son una PYME, como tantas veces se ha dicho, por la cantidad de asesores con la que cuentan. Otra vez no vale la pena abundar.
Cualquiera de nosotros destina al menos la mitad de sus ingresos al pago de impuestos, per se o cuando adquiere cualquier bien o servicio, y esto es así desde hace décadas. El propio Perón dijo alguna vez que cada uno debe ganar un sueldo por aquello que produce.
Pero nuestro benemérito Arzobispo, parece encarar la cuestión por el lado de la crítica al liberalismo, un clásico de la Iglesia Católica, ya se sabe.
Este religioso no ha hecho críticas a las políticas económicas de los gobiernos anteriores, al contrario, los elogió como políticas positivas en vivienda, cloacas, educación y microemprendimientos, argumentando que "no todo fue corrupción y un desastre".
No parece haber notado que medio país es hoy una villa miseria y que eso es consecuencia de las políticas aplicadas.
En cambio, sí critica el ajuste y el libre mercado: cuestiona "el dogma" de la libertad económica absoluta, citando al papa León XIV para afirmar que esta debe medirse por el bien común y la dignidad humana.
Muy bien, cuando queramos tener una clara visión de lo que puede esperarnos como país, podemos tomar nota de esto.
Un país empobrecido por el intervencionismo, los precios máximos, las prohibiciones de importar y de exportar, las leyes de alquileres, los "permisos de importación", el atraso educativo, la proliferación de villorios empobrecidos (llamados eufemísticamente "barrios populares") la llegada masiva del narcotràfico, la falta de inversiones, etc etc. Claro, no es eso lo que quiere el Arzobispo, y mucho menos el actual Papa, pero es lo que ha ocurrido siempre.
Los países que más crecen en el mundo son aquellos que tienen mayor libertad económica. Basta ver esa foto satelital que muestra la península de Corea, con el norte a oscuras y el sur brillando.
En fin, aquí concluyo diciendo una vez más que solo la libertad de comercio, tal como está expresada en el artículo 14 de la Constitución Nacional es el mejor camino que ha existido en el mundo entero. Ser solidarios o no, depende de cada uno de nosotros, pero el progreso económico no depende de eso, depende de la existencia y respeto irrestricto de las garantias constitucionales, del cumplimiento de los contratos, del respeto de la propiedad privada, del mantenimiento del valor de la moneda, y en suma del Estado de Derecho. No de las eternas apelaciones de religosos a la bondad humana. Así son las cosas.