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viernes, 21 de mayo de 2021

CONTRACORRIENTE: LA SUERTE ESTÁ ECHADA

 

Contracorriente

ECONOMÍA: “LA SUERTE ESTÁ  ECHADA”

   La frase fue pronunciada en latín por Julio César al ordenar a su tropa cruzar el río Rubicón. El sentido histórico de la expresión es el de iniciar una empresa de consecuencias impredecibles de la que no podrá volverse atrás.

           ¿Qué cosa es el mercado?, una definición a nuestro juicio bastante plausible sería:  “el lugar teórico donde se encuentran la oferta y la demanda de productos y servicios y se determinan los precios”. Así aparece cuando colocamos la palabra en el buscador de Google.  La RAE por su parte entre varias acepciones nos dice que se trata del “conjunto de actividades realizadas libremente  por los agentes económicos  sin intervención del poder público”  Puede parecer abusivo de nuestra parte entrar en un concepto tan básico como la definición de “mercado”.

           Pero ocurre que a lo largo de muchas décadas y en los más variados gobiernos y países, son muchas las personas que luchan por eludir las respuestas del mercado a las decisiones que toman los políticos desde sus oficinas y cargos.  Se intervienen los mercados para intentar torcer los resultados que provocan las intervenciones previas, y que a su vez arrojan daños colaterales que originan nuevas intervenciones y así una y otra vez en una rueda que gira sin descanso.

          Muchas veces se utilizan explicaciones y hasta eslóganes que intentan justificar la acción de los gobernantes en la materia.  Se trata de que el mercado es “inhumano”, o se recurre a  un clásico: “la fría ley del mercado”. O también “los fríos números del mercado” que por supuesto son inhumanos y que es necesario corregir según las siempre buenas intenciones  de los gobernantes.

         Obsérvese que conceptos tales como “frío” o “inhumano” pretenden dar fuerza a la idea de que los seres humanos, a la sazón gobernantes, son quienes deben corregir desde la ética, la solidaridad y la “justa distribución de la riqueza”  las injusticias que en el mundo produce el malhadado mercado.

        Si pasamos a nuestro país, podemos ver cómo a lo largo de muchísimos años esta línea de ideas que describimos se utiliza de manera recurrente. Nos hemos referido a este asunto demasiadas veces.

       En estos momentos, con un gobierno de raíz populista, el intervencionismo y los controles de precios arrecian de manera dramática Todo ello corregido y aumentado por la pandemia que estamos soportando. 

       Se ha vuelto a la llamada “ley de abastecimiento” que pretende obligar a las empresas a producir al máximo para vender al precio que el Estado dice. El Estado emite la moneda de cambio, que pierde irremediablemente su valor por la emisión espuria que requiere el financiamiento del déficit fiscal. A su vez se prohíben los despidos de personal, o se recurre  a fórmulas tales como la doble indemnización. También se fijan las tasas de interés y los salarios  y se aplican nuevos y variados impuestos para intentar mejorar la recaudación fiscal . Se practican insólitas “retenciones a las exportaciones” que orillan el 35% del valor bruto. Y luego se recurre a la intervención del tipo de cambio de tal manera que finalmente un exportador de soja, por ejemplo, sólo podría adquirir con el producido de su venta, el 38% de los dólares que recibió originalmente.  Luego deberá pagar, claro está, todos los demás impuestos y tasas, entre ellos el impuesto a las ganancias.

        Se establece una metodología para los contratos de locación, se prohíben los desalojos, se fijan pautas de ajuste anual de los contratos que reniegan de la inflación pura y finalmente tratándose de leyes llamadas de orden público impiden a los particulares acordar entre ellos condiciones que se aparten de tales leyes.

        Estos ejemplos que muy a vuelapluma transcribimos, son apenas la punta de un  iceberg monumental que permite ir a los orígenes de la decadencia argentina. A esto podemos sumarle el constante cambio de las reglas de juego y las eternas fijaciones de precios máximos. Pasando por las insólitas cargas impositivas a la moneda extranjera  y el denominado “cepo” que niega al hombre común adquirir dólares al precio oficial. Aún aquellos afortunados que pueden comprar 200 dólares por mes, pagan por su compra el precio oficial más un 65% de carga tributaria. Pero si luego desean vender esos dólares, tendrán que hacerlo al precio oficial, pero sin devolución de lo pagado en concepto de impuesto. El absurdo en su máxima expresión. Más y más restricciones, más y más controles, más y más intervenciones, y la pobreza aumenta de manera alarmante, y nadie está dispuesto a invertir en el país bajo estas condiciones.

       Cabe preguntarse cómo es que esperan nuestros gobernantes que todo esto funcione y promueva actividad alguna. Todos vemos que, más allá de la pandemia que origina restricciones que afectan gravemente a la economía, las empresas cierran sus puertas, se van del país, se declaran en quiebra y el deterioro se hace asfixiante.

       Los gobernantes entonces renuevan su fe en el intervencionismo, aplican sanciones, reparten dinero entre millones de personas que no trabajan porque no pueden o porque no quieren. Dinero que el Estado emite sin respaldo alguno provocando oleadas inflacionarias que luego intenta reprimir entre otras cosas con más controles de precios, más sanciones, más restricciones, más “cepos”. Esta escalera infinita hacia la nada es lo que podemos llamar, sin temor a equivocarnos, el empecinamiento terapéutico. Aumentar la dosis de la misma medicina que ha probado de sobra y durante décadas su ineficacia.

       Tenemos así cada vez más pobres, cada vez más gente pidiendo dinero en marchas comandadas por oportunistas punteros políticos que viven y se nutren de la miserabilidad  más rastrera: quedarse con una tajada de lo que reciben de ayuda los postergados que son obligados a marchar.  Cada vez menos empresas, cada vez menos actividad económica, cada vez más gente que quiere irse del país, cada vez más autoritarismo, cada vez más cerrazón mental buscando culpables y cada vez más acusaciones vacuas a comerciantes y empresarios de ser los representantes del “frío mercado”, que se supone se cierne sobre nosotros si no aparece la ética de nuestros políticos que, desinteresadamente y con capacidad infinita, nos marcarán el camino hacia un “capitalismo moralmente justo”

      Hemos cruzado el Rubicón, señores. La suerte está echada.         

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HÉCTOR BLAS TRILLO                                                                     Buenos Aires, 2 de mayo  de 2021

CONTRACORRIENTE: LA PRIVATIZACIÓN DE LAS VACUNAS

 

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LA PRIVATIZACIÓN DE LAS VACUNAS

 

             La constante en la vida argentina es la politización de cualquier cuestión que salga a la palestra, por la razón que sea, en el tiempo que sea.  El resultado es siempre negativo

           Empecemos por señalar lo obvio: no es nuestro tema la salud pública y no podemos interferir en cuestiones sanitarias que de plano escapan a nuestro conocimiento. Pero hay algo que desde que tenemos uso de razón nos ha resultado muy claro: cuando algo se prohíbe es imprescindible, antes de juzgar la prohibición, analizar las posibles consecuencias de la interdicción. En otras palabras: quien prohíbe algo, espera evitar las consecuencias de no hacerlo.

         Como consecuencia de la pandemia que estamos atravesando, se ha presentado un debate acerca del hecho de que en diversos países del orbe, la fabricación, comercialización y distribución de las diversas vacunas, está en casi todos los casos en manos de las administraciones estatales. No está permitido, salvo honrosas excepciones, que sean los particulares empresas o personas quienes se ocupen de comprar y vender vacunas libremente.

         Las explicaciones para esta clase de prohibición son diversas. Las hay estrictamente políticas, que son, como de costumbre, las menos serias por no decir que directamente son tragicómicas; y una gama de razones científicas y técnicas. En esta última consideración se encuentran realmente argumentos que tienen a nuestro modo de ver, necesidad de ser considerados adecuadamente.  

         Se dice que en esta etapa que todavía es experimental, es necesario tener en cuenta las consecuencias que pueden tener la aplicación de vacunas aprobadas en emergencia y todavía sin conocer a ciencia cierta su efectividad, duración o posibles efectos colaterales sobre las personas. Como argumento es válido. Lo que no parece tanto es el hecho de que para evitar las consecuencias  deba prohibirse la intervención privada. Muchas actividades en esta vida son altamente riesgosas y sin embargo están a cargo de empresas privadas. Simplemente es preciso que cuenten con la solidez necesaria y contraten los seguros del caso dentro de la reglamentación de cada país. No parece, por lo tanto ser un argumento que justifique la inhibición, sino antes bien se trata de un argumento que requiere instrumentación.  Si en lugar de instrumentar prohibimos, cabe suponer que hay algo más.

        Algunas autoridades nacionales se oponen visceralmente a la intervención privada en el asunto. Y en particular el ministro de salud de la provincia de Buenos Aires, acaba de expresar que un permiso a la actividad privada significaría que se vacunen “los ricos” en detrimento de “los pobres”. La dicotomía de siempre. “Si no es por nosotros, que somos éticos a carta cabal, los humanos se pasan de la raya”, parece querer decirnos el ministro.

        Sin embargo, la realidad suele tener más de 25 renglones por foja, como dice el poeta.

            Si empresas particulares se encargan de comprar y distribuir vacunas entre quienes las compran o entre quienes trabajan en las empresas de que se trate, eso no influye en que los Estados compren y distribuyan a su vez las vacunas entre la población en general.  Algo así es lo que ocurre con las diversas vacunas que se aplican actualmente para prevenir todo tipo de enfermedades en muchísimos países.

           Si las vacunas las compra y distribuye el Estado, eso implica que los “ricos” del argumento ministerial se vacunarán gratis, cuando tranquilamente podrían pagar su vacuna y así aliviar las exhaustas arcas de nuestro Banco Central.

           Y no podemos dejar de lado el hecho de que en la Argentina, en la que el Estado se ocupa de todo porque los particulares parece que no somos éticos como sí lo son los funcionarios, ya sabemos lo que ha pasado con las pocas vacunas que han llegado a estas playas.

          Hay un aspecto que se arguye al menos en otras latitudes, que es el de la escasez. La escasez es la que hace que los países más pobres no puedan acceder a las vacunas tan rápidamente como sí pueden hacerlo los países ricos.  Eso no es lo más deseable pero es cierto. Un detalle a considerar es que no solamente es necesario tener el dinero para comprar las vacunas, sino un aceitado mecanismo de distribución y vacunación que parece fallar en buena parte del planeta.

           Nuestro país no está consiguiendo las vacunas que se necesitan ni remotamente. Las explicaciones de nuestros funcionarios no aclaran por qué razón no se ha llegado a acuerdos con Pfizer por ejemplo. Tampoco explican por qué razón el primer viaje a Moscú fue hecho en secreto.

          Con todo, el eterno prejuicio de clase que parecen tener muchos de nuestros funcionarios, está impidiendo que quienes podrían negociar y traer vacunas rápidamente a algún precio, no puedan hacerlo. Y además, subyace en esto la insólita política pública de subsidiar a quien no lo necesita, como ocurre habitualmente con las tarifas de gas y de electricidad, con los combustibles en general o con los transportes públicos de pasajeros.

         Lamentablemente, la política se ha metido de lleno en la salud pública. Y las consecuencias están a la vista.        

www.hectorblastrillo.blogspot.com

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                                     Buenos Aires, 19 de marzo de 2021

 

CONTRACORRIENTE: APUNTES SOBRE LA INFLACIÓN

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APUNTES SOBRE LA INFLACIÓN

                     "La inflación es en todo lugar y en todo momento un fenómeno monetario” (Milton Friedman)

                   A esta altura de la soirée, nos atrevemos a decir que excepto el gobernador Kicillof y tal vez algunos trasnochados que pretenden que la realidad se adapte a sus creencias, nadie tiene dudas de que la emisión de moneda sin respaldo produce inflación. El aumento de la cantidad de moneda sin el correlato del aumento de los bienes y servicios disponibles produce la pérdida de valor de la moneda y su consecuencia: la suba de los precios.

                La moneda es en sí misma una fiducia, un pagaré. Un trozo de papel que sostiene su valor si la gente confía en él. La confianza se gana a lo largo de años y se pierde en un instante. La razón por la cual los argentinos preferimos ahorrar en dólares y no el pesos, es justamente esa. Los pesos los gastamos tan rápido como podemos, sea para comprar bienes o dólares. Así de sencillo.

             Por eso, las explicaciones del tipo de que en los EEUU se emite moneda y sin embargo no sufren de inflación son falaces por donde se las mire.  Por un lado no es que EEUU no tenga inflación, sino que tiene baja inflación. Y ha habido años en los que la inflación fue muy alta, especialmente luego de la crisis del petróleo en los años 70.

           En el año 1971, una onza troy de oro costaba 35 dólares. Hoy cuesta 1.850. Obvio que es incomparable con la pérdida de valor de las sucesivas monedas argentinas, pero es un número.

           Lo que ocurre con el  dólar, o con el euro, el yen y cualquier otra moneda “dura”, es que la gente confía en que mantiene su valor.  Esta explicación, tan simple, no tiene, al menos hasta donde pudimos oír en la Argentina, una argumentación válida de parte de soñadores de formación marxista que quieren imponer el valor de la moneda de prepo. Y quieren, además, obligar a la gente a “ahorrar en pesos”, lo cual constituye un absurdo monumental.

          Lo que ha ocurrido en nuestro país desde el inicio de la pandemia, para no ir más atrás, es que el gobierno ha emitido una cantidad exorbitante de moneda para intentar ayudar así a quienes han sufrido y sufren los efectos de la cuarentena.  La cantidad de circulante más que se duplicó.

         Cualquiera que se interese por la economía, habrá leído o escuchado a economistas de diversa extracción explicar que mientras el país estuvo cerrado, no se demandaban bienes sino a lo sumo dólares, y por esa razón los precios no acompañaban con la suba la depreciación por la gran emisión. Sí se demandaban dólares, por eso en un año el billete verde pasó de $ 60 a $ 150.- Apenas se aflojaron las restricciones, la enorme masa de billetes emitidos se volcó  a la compra de bienes. Porque encima le restringieron aún más la posibilidad de comprar dólares. Los bienes no aumentan sus precios todos al mismo tiempo o en la misma proporción. Los bienes que aumentan su precio primero son los más fungibles, y también los más demandados.  Es decir: el dólar y los alimentos.  Lo primero que la gente sale a comprar son alimentos, luego ropa. Los que tienen capacidad de ahorro compran dólares. También materiales de construcción o renuevan electrodomésticos. Y así siguiendo una escala de preferencias.

                 Por eso, cuando oímos al mismísimo presidente de la Nación decir que no hay motivos para que suban los alimentos, o que no existen razones atendibles para que suba el precio de la carne, no podemos sino suponer que está desenfocado porque, o no entiende el problema o está asesorado por gente que considera que el Estado omnímodo puede fijar el valor de la moneda y conservarlo porque así lo deciden los funcionarios, y no porque logran la confianza en ella.

               Ahora bien, cómo se mide la inflación. Se mide por el índice de precios al consumidor (IPC) que calcula el INDEC. Ese índice surge de una canasta de bienes y servicios que proviene de una ponderación respecto de a qué cosas destina una familia tipo su dinero.

              Cuando el gobierno fija precios máximos, no sube el IPC. Cuando el gobierno subsidia las tarifas, tampoco. Pero que no suba el IPC no significa que la inflación no siga su curso. Y dónde se refleja primero, en los bienes fungibles y en aquellos que son de primerísima necesidad. Por eso suben los alimentos y por eso sube el dólar antes que nada.

             El gobierno interviene en el mercado de cambios mediante artilugios tales como vender bonos en dólares con tasas del 20% anual en esa moneda. Algo que no existe en el mundo y que es absolutamente impagable. Por eso el  llamado “riesgo país” es tan elevado. Porque ese riesgo es un cálculo matemático que refleja la diferencia de tasa de interés que paga un bono argentino versus la que paga un bono de la reserva federal norteamericana, multiplicado por 100. Si la tasa de interés en EEUU es un 2% y un bono argentino paga el 20%, la diferencia son 18 puntos, multiplicados por 100, nos dan los 1.800 puntos de riesgo país.  Aclaramos esto porque suelen hacerse observaciones tales como que el altísimo riesgo país tiene que ver con las consultoras y se presenta como algo hecho adrede. No es así.  Hoy el riesgo país está en torno de los 1.500 puntos. Llegó a estar hace muy poco en 1.650 puntos. Esto es así porque se hace un cálculo con todos los bonos argentinos y no sólo con los que rinden el 20%, por eso, el promedio de rendimiento está hoy en torno del 15%, o sea 1.500 puntos. Esta es la cruda realidad matemática. Tan matemática como la inflación.

             El Estado argentino ha tenido déficit fiscal en 95 de los últimos 100 años. Ese déficit se financia con deuda y con emisión de moneda. La deuda, es emisión de moneda futura. Esa es la causa madre de la inflación.

            Los precios altos no son en sí mismos la inflación. Es la suba sostenida de los precios lo que refleja la  pérdida de valor de la moneda. Nada más.

           Y ahora hablemos un poquito de los salarios. Los salarios caen porque la producción cae. La producción cae por la cuarentena y por la pandemia, esencialmente. Por eso caen los salarios, tanto del sector público como del privado. Tanto las jubilaciones y pensiones como las distintas formas de subsidio. No hay otra cosa.

          Y mientras la producción caiga, caerán los salarios, habrá más desocupación, y todos seremos un poco más pobres.

          Es imprescindible que quienes nos gobiernan hagan un diagnóstico correcto para evitar errores como los del presidente, que parece desorientado y pretende una vez más explicarle a la gente que la inflación recrudece porque los empresarios y los comerciantes son malos y perversos. Habrá gente mala siempre, en todas partes, y en el gobierno ni hablar. Pero el negocio es vender. La carne ha visto mermar su demanda a sus mínimos históricos.  Eso es porque la gente prefiere el pollo o el cerdo, mucho más baratos hoy por hoy.

         Y siempre es bueno recordar que si todos los precios suben, y suponemos que la demanda de bienes y servicios se mantiene más o menos estable, eso es porque HAY MÁS MONEDA CIRCULANDO. De lo contrario, si suben los precios de algunas cosas, habrán de bajar los de otras. En una economía de trueque, como en la antigüedad, la inflación jamás podría existir.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                                     Buenos Aires, 18 de mayo  de 2021

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CONTRACORRIENTE: UN PAÍS INVIABLE

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UN PAÍS INVIABLE

   "Cuando adviertas que para producir necesitas la autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada." (Ayn Rand)

                    Seguramente varios de quienes se toman el trabajo de leer nuestros comentarios, conocerán el párrafo con el que damos comienzo a éstas líneas.

                    Ayn Rand, la reconocida filósofa de origen ruso nacionalizada estadounidense,  muestra a través de su pensamiento y de  su obra, cuál es la verdadera filosofía del llamado capitalismo.  Lo hace con crudeza, con frialdad, con esa especie de máquina de pensar que parece alejada de todo sentimiento. En realidad, si acercamos un poco la lupa con la que observamos la vida, veremos quela señora Rand tenía bien presentes los sentimientos que mueven al mundo, y en especial al mejoramiento de la calidad de vida a través de la ciencia, la tecnología y la producción y multiplicación  de la  riqueza.

                    Es muy triste observar que nuestro país se ha vuelto inviable. Y más aún lo es ver que cada día que pasa, la cuchilla segadora de la iniciativa privada y de la creatividad actúa con más vehemencia. La pobreza está en el orden del 42% según las mediciones oficiales. Pero tales mediciones no contemplan que los subsidios de todo tipo que perciben los individuos, al ser recursos no generados por ellos mismos, no constituyen en sí riqueza genuina, sino que son la forma de tapar el nicho de pobreza que no pueden cubrir con su esfuerzo personal. Dicho de manera más simple: quienes reciben ayudas son pobres aunque sus ingresos superen los mínimos determinados por la estadística.

                   La Argentina es, efectivamente, un país inviable. Lo es por muchas razones. Pero esencialmente lo es por la mentalidad, porque el consenso general de opiniones acepta que las cosas sean así, sigan siendo así, y hasta se perfeccionen en la misma dirección. Muchas veces nos han preguntado qué es lo que deberíamos hacer como país para dejar de caer en el magma de la miseria más abyecta. Podemos esbozar, desde nuestra perspectiva, las cuestiones más relevantes que podrían encauzar un futuro mejor. Las enumeraremos, partiendo de la base de que antes que cualquier otra cosa,  lo que debe ocurrir en esta bendita tierra es que debe ser respetada la Constitución de 1853/60.

1.       La corrupción generalizada, a la que hace referencia la señora Rand, es naturalmente lo primero que debería corregirse para que el país por lo menos dejara de devorarse a sí mismo.

2.       Es imprescindible que funcionen las instituciones para que ningún delito, el que fuere, resulte impune.

3.       El sistema de coparticipación federal debe ser abolido. Las provincias deben sostenerse con sus recursos. Y si requieren algún tipo de ayuda, ésta debería ser otorgada en calidad de préstamo, con un fin específico y debidamente auditada en forma independiente del Estado.

4.       El sindicalismo organizado sobre la base de la afiliación cuasi compulsiva, debería ser reemplazado por un sindicalismo democrático, donde las afiliaciones fueran voluntarias y los pagos de las cuotas de afiliación estuvieran a cargo de los trabajadores, y no de los empleadores.

5.       Debería abolirse el concepto de personería gremial para el sindicato “más representativo” a juicio del Poder Ejecutivo. La personería debería ser válida para cualquier asociación gremial, como lo es para cualquier sociedad civil.

6.       Deberían abolirse las corporaciones, los colegios de profesionales con matriculación compulsiva.

7.       Los impuestos deberían ser a los consumos. Siendo el ahorro la base de la fortuna, castigar al que ahorra con impuestos es un contrasentido.

8.       Si transitoriamente fuera necesario establecer impuestos sobre las ganancias, éstos no deberían ser de proporcionalidad diferente según sea mayor o menor la ganancia. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas. Si el impuesto es un determinado porcentaje, debe ser igual para todos.

9.       Si ha de existir un Banco Central éste debe ser verdaderamente autónomo del poder político. Si no, es mejor que se lo disuelva.

10.    El Estado no puede ser deficitario. Las cuentas públicas deben estar ordenadas.

11.    La libertad de comercio debe regir plenamente, lo mismo que las demás libertades que establece la Constitución.

12.    Las aduanas pueden servir para controlar la calidad de lo que se ingresa al país, pero los impuestos deben ser pagados cuando se comercian los productos. Las aduanas suelen ser verdaderos antros de corruptelas de todo tipo. Es necesario modificar de raíz el sistema.

13.    Debe ser estrictamente respetado el derecho de propiedad. Siempre, en todos los casos y sin excepción.

14.    Deben respetarse los contratos entre partes, debe aceptarse la libre competencia aún en los llamados “servicios públicos”. Las tarifas deben ser libres.

15.    Las licitaciones públicas deben ser transparentes, internacionales, abiertas a quien quiera participar, libremente.

16.    Los planes de estudio no deben ser elaborados por los gobernantes. Sí es factible partir de conceptos generales, pero hay que dejar libradas a las instituciones educativas de todo tipo la profundización de conocimientos. Es imprescindible evitar el adoctrinamiento.

17.    Es básico contar con una moneda sana y confiable, para lo cual es imprescindible no emitir billetes sin respaldo.

18.    Deben abolirse las indemnizaciones por despido. Pueden ser reemplazadas por un seguro de desempleo por el cual pagarían los trabajadores con parte de su salario.

19.    Los poderes republicanos deben ser verdaderamente independientes.

20.    Cualquier ciudadano debe poder presentarse como candidato si se cumplen las condiciones básicas de edad, nacionalidad y residencia. La partidocracia vigente limita el acceso de mucha gente bien intencionada que no tiene cabida en los partidos constituidos

21.    Debe abolirse toda forma de nepotismo, de amiguismo y de clientelismo. Debe respetarse el principio de la idoneidad.

22.    Deben abolirse los privilegios de la clase política (jubilaciones, pensiones, viáticos, y demás canonjías)

23.    El dinero público debe gastarse de manera eficiente. Debe ser auditado de manera independiente por entes privados conformados por profesionales de probada trayectoria.

24.    Debe limitarse seriamente la cantidad de cargos y empleos públicos, en todos los órdenes y reparticiones del Estado.

25.    Debe reformularse el Estado para que sea eficiente. Reducir o eliminar incluso la burocracia es una forma efectiva de hacer eficiente la producción de bienes y servicios.

26.    El sistema tributario debe reformularse de manera que sólo rijan unos pocos impuestos. Y éstos deben gravar el consumo, como decimos más arriba.  Especialmente deben eliminarse las tasas municipales cuyo destino específico hace rato que ha dejado de ser tal. Y los impuestos denominados “en cascada” como es el caso de los Ingresos Brutos.

27.    Debe reducirse dramáticamente la carga tributaria sobre los salarios. De cada 100 pesos que percibe un trabajador, el empleador debe abonar 65 pesos adicionales.

28.    Las llamadas Obras Sociales deben ser libres, y no deben ser administradas por sindicatos. Los aportes no deben ser coercitivos.

29.    El sistema jubilatorio debe ser libre, y estar a cargo de los individuos forjar su futura vejez. Es absurdo que mientras un chico de 16 años está en condiciones de elegir un presidente de la República, un adulto de 40 años no puede ser dueño de su futuro.

30.    El federalismo debe respetarse, debe regresarse al colegio electoral de manera de evitar que el reparto de dádivas en el conurbano bonaerense haga ganar elecciones a inescrupulosos de todo tipo.

31.    Deben eliminarse de una vez y para siempre las denominadas “listas sábana”.

32.    Los sistemas de ayuda a personas desvalidas deben reducirse en tiempo y forma en caso de ser imprescindibles. No es razonable asistir de por vida a las personas en tanto éstas puedan y deban valerse por sí mismas.

33.    Las escuelas son para educar a los niños y jóvenes, no para darles de comer.  Si ha de haber comederos, éstos no deben formar parte de las escuelas.

34.    En términos generales, toda ayuda que se dé debe ser controlada y asegurarse de quien la recibe verdaderamente la necesite. Es sabido que son muchísimos los casos en los que las personas se aprovechan de la gratuidad pese a no necesitarla.

35.    Es necesario que se acabe el vandalismo de los cortes de calles, rutas y puentes. Deben terminarse las ayudas y “planes” que están destinados a mantener organizaciones facciosas de origen político que viven a costa del dinero público.

36.    Es imprescindible reducir el número de legisladores, asesores, concejales, ministerios, secretarías, etc.

37.    El Estado está para administrar justicia, para ocuparse de la salud, de la educación, de la seguridad y de la defensa. No para ser empresario. Las empresas deben estar a cargo de particulares y en libre competencia.

38.    Debe eliminarse el concepto de “servicio público” que pone en manos de los gobernantes regulaciones especiales que terminan destruyendo el sistema por razones políticas. Hemos sufrido durante décadas la destrucción de los ferrocarriles, del sistema energético, del transporte público de pasajeros, del sistema de aguas corrientes y demás, todo como consecuencia de regular tarifas y valores  que impidieron la reinversión y el mejoramiento tecnológico.

39.    La educación privada complementa a la pública y por eso recibe subsidios del Estado. Pero tanto tal educación como la pública, la abonan todos los habitantes del país a través de los impuestos. El Estado debería entregar “vouchers” para que los estudiantes y sus padres pudieran elegir a qué colegio enviar a sus hijos.

40.    Los gobernantes son nuestros mandatarios, no nuestros mandantes. Debe quedar en claro de que la ley está hecha para que el Estado no avance sobre los derechos de las personas y no al revés.

        Muy bien, con todo esto tenemos para empezar. Por supuesto que habrá  cuestiones con las que unos u otros no estén de acuerdo. Toda opinión es siempre respetable. Pero más allá de eso, es fácil concordar con muchas de las cuestiones que aquí se enumeran. Una enumeración, que vale recalcar, de ninguna manera es taxativa o excluyente.  Si se toma el camino de la libertad, de la independencia de los poderes republicanos, de la igualdad ante la ley, y de la seguridad jurídica dentro del Estado de Derecho, habremos emprendido el camino correcto. De lo contrario, la inviabilidad se acrecentará día a día, como hace varios años está ocurriendo.

 

 

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                                     Buenos Aires, 16 de mayo  de 2021

 

CONTRACORRIENTE: LA PENOSA REALIDAD

 Contracorriente

LA PENOSA REALIDAD

 

             Describir la realidad sólo puede llenarnos de escepticismo.

 

           La tristísima situación que vive hoy la Argentina no ofrece perspectivas de mejorar. Y no tanto porque tenga el país la inmensa cantidad de dificultades que hoy tiene, sino porque cada día las cosas se agravan un poco más.  Y el agravamiento tiene como principales responsables a quienes hoy nos gobiernan. Hagamos un repaso general.

           El inicio de la segunda ola de la pandemia nos encuentra sin vacunas, sin arreglo con el FMI, con pilas de irregularidades genéricamente conocidas como “vacunagate”. Nos encuentra además con serias dificultades en materia de importación de insumos, con medidas intervencionistas de todo tipo, con amenazas a los exportadores, con intentos de aplicación de la llamada ley de abastecimiento.  Los controles de precios arrecian mientras la inflación sigue su curso ascendente. La búsqueda de culpables está a la orden del día, como en otros tiempos de triste recuerdo.

         Tanto el presidente de la Nación como el gobernador de la provincia de Buenos Aires y su ministro de Salud, están enfrascados en acusar a la oposición macrista de todos los males. Pareciera que no hubiera siquiera un atisbo de revisión de sus propios actos. La ex presidenta está ocupada en tratar de cambiar la justicia para liberarse de sus múltiples procesamientos.  Miles de fábricas quiebran. Miles y miles de negocios de todo tipo cierran sus puertas. Las empresas extranjeras abandonan una tras otra el país. Los empresarios más encumbrados han debido también tomar el rumbo incierto del exilio.

         Mientras la quiebra se generaliza, el sector público no ha ajustado un solo peso. Ninguna oficina pública, ningún político, ningún  funcionario ha tenido, que se sepa, un recorte en su ingreso mensual.  Todo lo contrario. El Estado asigna partidas inconcebibles en cosas tales como destruir el idioma con el llamado “lenguaje inclusivo” y se desentiende de una funcionaria que ha sido acusada públicamente de irregularidades con una empleada doméstica.

           Las relaciones exteriores no son mejores. Estamos peleándonos con nuestros vecinos, con Europa, con gobiernos con los que deberíamos tener al menos un trato diplomático de nivel por encima de sus lineamientos políticos. No es así en la práctica. El enfrentamiento con el presidente Bolsonaro está vivito y coleando. El desplante a Lacalle Pou por parte de Alberto Fernández sigue haciendo un estruendoso ruido en el  Mercosur.  Con el presidente chileno apenas se calmaron un poco las aguas para volver a agitarlas haciendo poco serias comparaciones respecto de la vacunación.  Nos acercamos a regímenes como el venezolano o el nicaragüense, pasando como siempre por la eterna dictadura cubana.  La simple mención de Nicolás Maduro ofreciendo al mundo su “gotica milagrosa” nos exime de otros comentarios. Un grotesco digno de una película de Woody Allen o de los Hermanos Marx.

           Nuestro gobierno no ha empezado siquiera a comprender que las relaciones con el mundo son algo más que afinidades ideológicas.  Y peor aún es la cosa cuando las afinidades parecen acercarnos a los regímenes totalitarios y hasta ridículos del planeta, casi sin red. Venezuela, por ejemplo, debería tener los estándares de vida de los Emiratos Árabes, dada la riqueza petrolera bajo el río Orinoco. Y cuenta en su haber con millones de emigrantes, y tajantes informes de Michel Bachellet como alta comisionada de la ONU en cuestiones de derechos humanos.

          China y Rusia son hoy por hoy el epicentro de nuestras apetencias presentes y futuras. La propia vicepresidenta lo dijo cuando días pasados hizo referencia a las vacunas de esos orígenes. Y también parece ahora que la vacuna cubana será la panacea. Una vacuna que está aún en fase experimental.

           ¿Cuál puede ser la razón de semejante cerrazón ideológica? La verdad es que no lo sabemos. No somos politólogos. Pero lo vemos. Todos los días.

            Otras veces nos hemos referido a las relaciones que debemos sostener a toda costa especialmente con Brasil. Es evidente que nuestros gobernantes no tienen el menor interés en aplicar la pura lógica de que  los negocios son los negocios y los gobiernos pasan. No se trata de compartir posturas ideológicas, se trata de mantener relaciones positivas con nuestros vecinos ante todo, y con  Europa y EEUU enseguida.

           El tema de la pandemia ha dividido una vez más las aguas. El presidente habla demasiado, se contradice más de la cuenta y bien haría en armar sus discursos por escrito para no dejarse llevar por proverbiales rabietas o compromisos con su agrupación política.

          Estamos ahora con una nueva cuarentena intentando parar los contagios crecientes.  Se supone además que intentando acercar más vacunas. Pero hemos cerrado las puertas durante todo este tiempo a las vacunas que podríamos llamar occidentales. Y sólo por anteojeras políticas.

         El país sigue arrastrándose hacia un precipicio cuya profundidad aún nos es desconocida.    

         La búsqueda de culpables es una constante. El macrismo es el principal destinatario. Pero también lo son las empresas, los medios de difusión, los periodistas, la justicia, los artistas críticos, los escritores disidentes. Todos y cada uno tienen la culpa. Todos menos quienes tienen la responsabilidad real de gobernar y encarar soluciones viables.

        Es imposible pensar en alguna forma de acuerdo político. Y no sólo en el país, sino por lo visto también en el mundo.

        El señor Fernández ha avalado públicamente a líderes sindicales de más que dudosa trayectoria. Ha alabado a gobernadores que mantienen postradas a sus provincias a lo largo de décadas. Se dedica a levantar el dedo acusador y no ha repasado una sola vez su pasado político. Pareciera que todo lo que decía hasta hace un par de años, hubiera sido borrado de su memoria, como un disco rígido que vuelve a configurarse desde cero.

        Ante un futuro incierto, en medio de una pandemia que nadie alcanza aún a descifrar su final, estamos enfrascados en un chiquitaje político de bajísima calidad. Imbuidos, como siempre, de un ideologismo banal de y pésima factura

 

      

          

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HÉCTOR BLAS TRILLO                                                                     Buenos Aires, 18 de abril de 2021

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