La inconcebible defensa que ha hecho el gobierno en estos días en favor de la ministra Miceli y de la secretaria de medio ambiente Romina Picolotti, supera todo lo imaginable. En el primer caso los funcionarios se dieron "por satisfechos" con las incoherentes explicaciones de la ministra respecto del origen y destino de los fondos encontrados en un baño privado del mismísimo ministerio de Economía. Lo de Picolotti fue sensiblemente peor. El ministro Alberto Fernández atacó en realidad al periodista que investigó el caso del manejo de los fondos de la secretaría a cargo de la nombrada Picolotti. Lo hizo con la virulencia propia del impotente. Utilizando todo tipo de agravios. El pésimo gusto fue reemplazado incluso por la mala calidad. Fernández intentó refutar lo publicado por el periodista Claudio Savoia en Clarín atacando al mensajero. Trató de argumentar diciendo que en realidad la secretaría en cuestión no contrató a 350 nuevos empleados, como decía el informe periodístico, sino 306. Casi una tomadura de pelo. Dijo que Savoia es un "seudoperiodista de investigación"., un "seudoinvestigador", y consideró a la investigación difundida como "una imbecilidad".
Claro, por lo que se sabe prácticamente todo lo afirmado por el periodista en cuestión es cierto, detalles más, detalles menos. Uso de aviones privados, duplicación del personal afectado (la secretaría tenía 422 empleados originalmente), nombramiento de amigos y parientes, etc.
Pero para el gobierno todo es una invención. Es inventada la inseguridad. Es inventada la crisis energética. Es inventado el índice de inflación y por eso se interviene el Indec. Son inventados los casos de corrupción (que en realidad son "entre privados").
El Poder Ejecutivo debería investigar los casos de corrupción apuntados, no tratar de matar al mensajero como hace. Fernández no respondió preguntas de los asistentes en oportunidad de lanzar sus diatribas contra el periodista de Clarín.
Y para completar el panorama nefasto en que nos encontramos, el presidente de la Nación nombró a Alberto Fernández interventor en Papel Prensa, la fabricante de papel propiedad de Clarín, La Nación y el propio Estado Nacional. Una intervención a todas luces innecesaria y evidentemente originada en el hecho de que Clarín ha dejado poco a poco de ser "vocero" del gobierno.
Fernández, lo mismo que Moreno, o el otro Fernández, cumplen al pie de la letra con las órdenes del jefe. Ellos son los encargados de decirnos qué periodismo es bueno y qué periodismo es malo. Y no se salva nadie, ojo.
Acá no se trata de la ideología que pueda tener tal o cual hombre de prensa (o mujer de prensa, a ver si se nos enoja Filmus). ¡cuántas veces nos ha arengado el señor presidente para decirnos qué debemos leer y qué no, a quién debemos creerle y a quién no, quiénes tienen pasado y quiénes no!.
Claro, cuando después Elisa Carrió les dice que tienen un comportamiento fascista se enojan. Es probable que como tantos perdonavidas con claras inclinaciones en tal sentido se ofendan porque ignoran el verdadero origen y sentido del fascismo. O porque les conviene, qué más da. Quien es autoritario y mandamasista lo sabe y punto. Que lo reconozca o no es anecdótico.
¿Era necesario que el jefe de gabinete saliera a descalificar al periodista Savoia en un remedo de conferencia de prensa como lo hizo?. No lo era. Pero era un calco de lo que hace Kirchner: acusa e insulta a periodistas y diarios pero jamás se les enfrentó en una conferencia de prensa. Ni lo hará en su vida. Él que la va de guapo. Cada cual que saque sus conclusiones. Si el funcionario Fernández hubiera explicado qué ocurre exactamente en la secretaría de medio ambiente, si hubiera respondido a las críticas formuladas, si hubiera contestado las preguntas de los periodistas, no sería funcionario del gobierno, señores. Así de sencillo.
La "nueva" política kirchnerista no se banca la crítica. Se ofende. Se enoja. Ataca con el grupo de macartistas buscacarpetas. Insulta. Descalifica.
¿Qué hacen los perdonavidas tipo José Pablo Feinmann o el mismísimo Filmus?. Lo mismo. ¿Qué hacen Claudio Morgado o Fontova?. Lo mismo.
¿Qué hizo Mercedes Sosa con el pueblo tucumano? Lo mismo. ¿Qué hizo el banquero Heller durante la campaña de la Capital? Lo mismo. Atacan y descalifican.
Los que critican y no los votan, "no piensan", son "fascistoides", son "la derecha", quieren "mano dura", sólo defienden "su bolsillo".
El reaseguro del periodismo no puede hoy ser coartado como lo hacía el líder histórico del movimiento al que pertenece Kirchner. Atrás quedaron las confiscaciones de diarios de Perón. Lejos están las frases del estilo de "nosotros somos muy democráticos, lo que pasa es que ellos no son peronistas..." (Evita dixit). El mundo se mueve por Internet, y ni los comunistas chinos pueden pararlo. Ni hablar de los cubanos o del golpista Chávez.
Héctor Trillo
La libertad de prensa no se declama, se practica.
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