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miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿OBAMA EL GANADOR? (1/11/08)

Todas las encuestas muestran al candidato Barack Obama como el ganador de las elecciones norteamericanas del próximo martes. Como hace un tiempito escribimos un artículo en el que decíamos que hay que tener cuidado, básicamente, con el frente externo y con lo que harían demócratas y republicanos con tal frente, especialmente en las guerras u ocupaciones de países del Medio Oriente, nos parece útil llevar adelante algunas apreciaciones a escasas horas del comicio más importante del planeta.
Nosotros no hacemos demasiado hincapié en las condiciones histriónicas o declamatorias de los candidatos, y tampoco nos resulta que digamos muy seria esa competencia entre "a ver quién da más". En realidad, nuestras apreciaciones son de principios, y en materia económica tanto demócratas como republicanos han caído en las últimas décadas en una tendencia a ofrecer de un modo demagógico la panacea de la solución económica sin demasiado esfuerzo para todos aquellos que la necesiten. Una utopía irrealizable, y antes bien gestora de pobrezas varias, y no sólo materiales. Antes que lo contrario.
La reiterada tendencia a considerar que quienes más tienen deben pagar impuestos más que proporcionales respecto de quienes tienen menos es no solamente violatoria de la condición de igualdad y del principio de la equidad, es, en términos prácticos, la instauración del principio de que debemos vivir con ingresos acordes a lo que necesitamos, y producir de acuerdo con nuestras capacidades. Un principio absurdo por medio del cual se fomenta el producir menos y la generación de necesidades para recibir más. En lugar de producir más para vivir mejor y por lo tanto esforzarnos en tal dirección.
En los debates entre los candidatos presidenciales tuvo primacía esta conceptualización cuasi económica. Y no se fue al fondo de la cuestión en materia de defensa ante los ataques bélicos de los enemigos de los EEUU. El eje de la discusión pasó a ser entonces la retracción económica provocada por el déficit generado por las guerras, y no si tales guerras resultan o no positivas para garantizar la seguridad del pueblo norteamericano.
No conocemos los detalles de la campaña pero nos pareció que a lo largo de ella, el candidato Mc Cain "fue al pie" y cayó en la discusión banal basada en el argumento no menos contundente del "es la economía estúpido" antes que poner delante de tal afirmación aquella que dice que "sin vida no hay nada".
Como nos parece más relevante lo que pueda ocurrir en materia internacional, es que tenemos una tendencia casi irreverente a enfrascarnos en las posibilidades en ese sentido. Mientras Obama planea retirar las tropas yanquis de Irak en un lapso más o menos prolongado según se mire, y apuntar sus cañones a Afganistán, la posición de Mc Cain es un tanto difusa porque de alguna manera siente la culpa de lo ocurrido durante el gobierno de Bush. Un gobierno que a pocos meses de asumido se encontró con los atentados más impresionantes de la historia, que como es obvio fueron gestados durante los años de gobierno demócrata.
Hemos dicho en nuestro anterior trabajo que nos parece fundamental tomar en cuenta este aspecto. Porque implica un serio descuido en la defensa interior por parte de la administración Clinton. No pretendemos desmerecer su gestión, sí decir que el plano de la defensa fue seriamente descuidado y, en materia económica, la disminución del déficit hasta su eliminación fue consecuencia de un plan acordado entre republicanos y demócratas varios años antes. Si así no hubiera sido, tal corrección seguramente no hubiera sido posible.
Bien, dicho todo esto entramos de lleno en las encuestas que muestran una intención de voto mayoritariamente demócrata. Como en EEUU rige el sistema de electores por Estado, es decir el federalismo anulado en la Argentina por el pacto entre Alfonsín y Menem de 1994, no es suficiente con obtener mayor número de votos sino que es necesario obtener mayor número de electores. Y eso depende de en qué Estados logre el triunfo un partido o el otro.
En un interesantísimo trabajo publicado en la edición de Internet del semanario Perfil puede verse en qué estados ganarían los republicanos y en cuáles otros lo harían los demócratas. También puede analizarse una interesante comparación entre lo ocurrido en las elecciones de 2004, 2000 y 1996. Vale la pena revisar algunos números.
La página, para quienes tienen interés es
http://especiales.perfil.com/eeuu2008/pronosticos.html
Si la tendencia de los votantes se traduce en votos concretos el ganador será Obama. Para ello es necesario que quienes manifiestan sus intenciones de voto digan la verdad y además vayan efectivamente a votar.
La experiencia muestra, sin embargo, que lo "políticamente correcto" es una cuestión bastante universal Y en muchos casos ante la pregunta de los encuestadores es preferible expresar una verdad a medias.
Ninguno de los dos candidatos parece tener las condiciones necesarias para asumir la presidencia del país más poderoso de la Tierra. Al menos es lo que surge de sus discursos, bastante falsetes, innecesariamente pueriles.
Probablemente tanto con un candidato como con el otro debamos asistir a un período de transición con incertidumbre e intervencionismo económico, en el cual ni demócratas ni republicanos tomarán medidas drásticas respecto de lo que ocurre en el Medio Oriente. El viejo proverbio de que del dicho al hecho hay mucho trecho, habrá de jugar un rol fundamental.
Otro aspecto que se menciona es el del pedigrí de los candidatos. La cuestión racial por decirlo de otro modo. Si los blancos, si los "afroamericanos" (¿si los negros son "afroamericanos", los blancos no deberían ser "euroamericanos"?) si los "hispanos" tienen o no el voto definido, y por quién. Y qué harán y por qué.
Pero la historia norteamericana muestra que sus presidentes en general no tienden a hacer la "gran Evo Morales" en la materia. Si bien nunca hubo un presidente de color, la defensa de los intereses de EEUU está bastante por arriba de sus discursillos de atril. A ninguno de los dos les desvive Latinoamérica, por ejemplo.
Y baste recordar que Lincoln era republicano, y Kennedy, el gran inquisidor de Vietnam, era demócrata. Y que fue además el padre de la reacción de la crisis de los misiles en Cuba y el hacedor del ataque a la Bahía de los Cochinos.
Quienes crean que entre demócratas y republicanos existen diferencias tan notables como las que pudiera haber entre monárquicos y republicanos en la España prefranquista, están en el Limbo decididamente.
Los datos indican, pues, que los electores de Obama le darán la presidencia si no ocurre un golpe de timón de último momento. Y el golpe de timón puede partir de (a) que muchos hispanos o gente de color no concurra a votar, (b) que los sectores más intelectuales tiendan a creer que es preciso asegurarse de que no caerán otras torres, (c) que las dádivas impositivas con dineros de quienes más producen no constituyen un criterio positivo y moral para desarrollar la vieja idea del propio Lincoln respecto de preservar al rico para mejorar al pobre. Y hay más, pero no queremos extendernos.
Es decir que aún en este marco, aún tomando en cuenta la posición de Mc Cain y su discurso recordatorio y acusador, al que suma su afán de demostrar experiencia y que sabe hacer las cosas (algo similar a lo que hacía entre nosotros Duahlde en 1999), consideramos que la elección no está terminada. Y aún en el caso en el que efectivamente Obama se alce con un triunfo, veremos en los próximos meses que muchas de sus promesas pasarán a ser letra muerta. Porque no parece comer vidrio el muchacho.
Esperemos entonces, tan solo faltan unas pocas horas.
Héctor Blas Trillo

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