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miércoles, 10 de diciembre de 2008

LA PERSISTENCIA DEL RACISMO 6/12/08

Umberto Eco dice, en un interesante artículo publicado en La Nación de hoy sábado, que el presidente Berlusconi cometió una metida de pata histórica al referirse al electo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, diciendo que es un hombre "joven y apuesto, que luce un buen bronceado". Eco recopila las clásicas expresiones racistas utilizadas en los EEUU para referirse a la gente de raza negra, para finalmente terminar su comentario afirmando que Berlusconi, efectivamente cometió un grueso desliz al hacer la penosa referencia a un "bronceado" que obviamente no es tal en el sentido en el que hoy cualquiera de nosotros puede reconocer ese término.
El famoso periodista y escritor deambula un poco por la idiosincracia del pueblo italiano con lo cual, para quienes no estamos demasiado compenetrados en esa realidad, se nos escapan algunos detalles, esencialmente sobre cuestiones de urbanidad y dicencia.
Tal vez sobran un poco tantas explicaciones cuando en realidad el presidente italiano no hizo otra cosa que expresarse de un modo burlón a la condición racial de Obama.
La conducta racista, lo mismo que la xenofobia, no se modifica por la conformación de buenos modales. Las pautas culturales pueden modificar el comportamiento, pero no necesariamente el intrínseco sentimiento de las gentes. No es tan fácil la cosa.
Estados Unidos tiene aún demasiados problemas con el racismo. Así y todo, ni de lejos llega a tener la base xenófoba de la vieja Europa, o de la milenaria China, por ejemplo.
Italia no es la excepción, ni es Berlusconi un paracaidista extraterrestre. A lo mejor tiene el tupé, o la incontinencia verbal, de decir lo que ha dicho. Pero no es un marciano. La manera en que el país peninsular intenta desprenderse de los inmigrantes ilegales originarios de África o de Albania, por ejemplo, muestra a las claras que no se trata de un personaje de historieta, sino de un caso común. De hecho, la gran cantidad de referencias que Eco hace muestran un conocimiento cabal de las formas del racismo, conocimiento que sólo parece sustentarse en la propia experiencia de vida.
Hace algunos años, el cantante J.M. Serrat compuso una canción en la compara su propia forma de vida con la de un africano. Es curioso pero cuando la escuchamos por primera vez, nos preguntamos a qué podría deberse tanta autorreferencia comparativa. "Yo blanco y tú como el betún...", "no sé si me gusta más de tí, lo que te diferencia de mí, o lo que tenemos en común...". Inmediatamente pensamos en por qué no existe una canción de ese tipo entre nosotros, al menos que sepamos. Y rápidamente se nos ocurrió que es porque nosotros no le damos importancia a eso. Porque no lo vivimos de ese modo.
Es obvio que las diferencias que pueden existir entre un pueblo norafricano, el que fuere, y España, son bastante más notables que las que pudieran observarse entre los pueblos de la América del Sur, pero es evidente que el asunto es tomado de otro modo.
Para quienes tuvieron la oportunidad de vivir o pasear por Europa esto debe estar bastante claro.
Una vez, en oportunidad de nuestro primer viaje a Europa, un amigo inició una amistad con una señorita surinamesa que residía en Amsterdam. Surinam, como se sabe, es la ex Guayana Holandesa. La chica en cuestión tenía la ciudadanía holandesa, por añadidura. Pero tenía el inconveniente de ser "morena". Ser morena, para que ese entienda, era para los holandeses de esos años, algo así como tener el cabello castaño oscuro, como podría ser entre nosotros cualquier persona de origen árabe o sirio. Algo así.
La chica fue agredida de palabra en un bar en el que compartíamos unos cafés, nuestro amigo, ella y quien escribe. La agresión consistía en decirle "morena" pero de una manera despectiva en holandés. Algo parecido a lo que hacían los norteamericanos cuando llamaban "negro" a alguien de raza negra, pronunciando "nigro". En lugar de black, claro está.
¿Y por qué esa agresión? ¿Por qué ese afán insultante para una mujer joven que estaba en compañía de dos turistas latinos, además?. Tal vez la princesa Máxima pueda explicárnoslo hoy que lleva adelante su vida de la mano del príncipe heredero. Que un hombre joven encargado de un bar insulte de la forma que sea a una mujer también joven es, más que nada, una bajeza encomiable. Y más aún cuando la mujer no había hecho otra cosa que estar allí.
Nosotros no nos enteramos ahí mismo, porque la chica tuvo la prudencia de no decírnoslo en ese momento. Lo hizo después, cuando ya nos habíamos marchado y la cuestión había pasado. Se había "enfriado" lo suficiente, digamos. Porque demás está decir que no habíamos entendido.
Traemos a cuento esta historia porque probablemente algún cantante holandés haya volcado un cuento similar en sus canciones. No lo sabemos. Pero podemos imaginarlo como posible.
Siempre nos quedó en el recuerdo esta pequeña historia, ocurrida en 1980, para más datos. También en París y en otras ciudades vivimos situaciones parecidas, aunque sin estar directamente involucrados como en el caso que contamos.
Serrat se ha educado en un ambiente que reniega de "los moros" y de "los gitanos". Lo sabe cualquiera que haya visitado aquellas playas. Y por eso para él es importantísimo mostrar su disgusto. No está nada mal que lo haga. Pero uno, que está lejos, no puede menos que sentir una extraña sensación. Nosotros al menos así lo sentimos.
En estos lares, si bien existe xenofobia evidente con relación a nuestros vecinos especialmente, nadie está tan pendiente de las costumbres de las gentes como para escribir una canción en la que se describen hasta los gustos amorosos, como para recordar que "yo tengo una esposa y tú tienes un harem...", por ejemplo.
Los norteamericanos hablan de los "afroamericanos" o de los "hispanos", como si tal cosa. No notan en sus expresiones el racismo que las envuelve. Los anglosajones, los "wasp", (blancos anglosajones y protestantes, en castellano) no son "euroamericanos". No. Son "americanos" a secas.
Es obvio que todos somos americanos en tanto hayamos nacido en este continente. Las distinciones entre unos y otros tienen su fudamento en el racismo. Y si los ciudadanos de raza negra son "afro", pues entonces los "blancos" son "euro". No es tan defícil. Y sin embargo nadie parece haberlo notado NUNCA:
Berlusconi cometió una inconmensurable barbaridad. Pretendió hacerse el gracioso con el color de la piel de Obama, suponemos. Lo cual equivale a catalogarlo por su raza. Impresionante.
Tal vez muchos "americanos" (es decir, estadounidenses) no terminen de entender su racismo cuando se refieren a la "raza italiana" y cosas por el estilo. Pero Berlusconi es el presidente italiano, y no un ciudadano común. Su prudencia debería haber podido superar a su sentimiento.
Eco no parece estar convencido de que el pueblo italiano actúa del mismo modo en que lo hizo su presidente. Habrá excepciones, claro que sí. Pero Eco, desde el momento en que dedica su tiempo a un artículo "explicativo" de lo que es urbano y lo que no, muestra, al igual que el cantante catalán, que el tema del racismo le pesa. Y ahí está la diferencia esencial.
No pretendemos decir que uno o el otro tengan algo que ver con el racismo. Sí tienen que ver con una idiosincracia que al menos a nosotros no es ajena. No hace falta un sesudo artículo para explicar un término racista como el empleado por Berlusconi. Así de simple. No hace falta.
Héctor Trillo

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