El viernes oíamos por radio al embajador argentino en la ONU, Argüello,
explicarle a un periodista que no podía definir exactamente qué cosa era
el terrorismo en el mundo actual. La cuestión venía a cuento de que el
periodista le preguntaba acerca de si el Estado argentino consideraba a
la organización islamista Hamas como terrorista.
Siguiendo el esquema que ha venido sosteniendo la entente kirchnerista
respecto, por ejemplo, de las FARC, el embajador dio a entender con sus
palabras que terrorismo era todo o no era nada. Pero no lo dijo
abiertamente, fiel a sí mismo. No se animó a decirlo. Nunca se anima
esta gente, che.
Lo decimos nosotros entonces. Si el Estado de Israel es terrorista por
su incursión en Gaza o por lo que fuere, entonces hay que decirlo. Y si
ambos bandos, por así decirlo, son terroristas, entonces Hamas es
terrorista. En su propia salsa se cocina la cobardía ideológica.
Embajador Argüello: Ud. sin proponérselo afirmó que Hamas es terrorista,
sólo que como Israel también lo es, están en la misma bolsa. O, caso
contrario, no lo es ninguno de los dos, de manera que en tal caso no
sabemos qué será del futuro del vocero oficial de claras inclinaciones
antisemitas Luis D Elía. La verdad es que como embajador lo suyo no
parece un lujo, si nos permite.
Todo aquel que quiera saber qué pasa en la región puede recurrir a
diversas fuentes de información, de un sector y del otro.
Desde su fundación en 1948 el Estado de Israel ha venido sufriendo los
embates de sus vecinos. Ninguno de ellos aceptó durante décadas
reconocer oficialmente al Estado Judío. Los ataques se sucedieron en el
tiempo y fueron respondidos siempre por Israel hasta que en 1967, el
intento de invasión de parte de Egipto terminó en un desastre para
Nasser y sus súbditos de proporciones extraordinarias. Siguió años más
tarde la denominada "guerra del Ion Kipur" que derivó en los acuerdos de
Camp David con la devolución de territorios ocupados en 1967 a Egipto y
a Siria, y que a su vez derivaron en el posterior asesinato del líder
egipcio Anwar Sadat por parte de los fundamentalistas que se oponían, se
oponen y se opondrán a cualquier acuerdo que signifique reconocer la
existencia de Israel.
Mucho se ha discutido, dicho y redicho respecto de los acuerdos
iniciados en 1917 con la declaración de Balfour, que aprobaba la
instalación de un estado judío en la región Palestina.
Seguir relatando la historia no creemos que conduzca a nada nuevo. Pero
esencialmente no creemos que sirva para explicar excesos o guerras de
ninguna de las partes. La guerra es siempre "mala y bárbara", "torpe y
regresiva". Así de simple.
Pero acá lo que está jugando en la opinión pública es otra cosa. Es otra
guerra. Es la guerra de las culpas. La guerra que significa difundir
imágenes de chicos mutilados, gente llorando, familias deshechas...Todo
lo cual sirve para cargar de culpa al otro.
Cuando los ingleses desembarcaron en Malvinas en 1982, utilizaron un
buque hospital como camuflaje. Algo equivalente ocurre hoy en Gaza,
donde los combatientes de Hamas se refugian bajo las casas de sus hijos.
Algo parecido ocurría en Vietnam. A la misma técnica se recurre en las
guerras de todo tipo. Y la guerra de guerrillas es todavía peor. Porque
los combatientes se mimetizan con la gente, se visten de mujeres
embarazadas....lo que sea. Como ocurrió en la Argentina con las
agrupaciones terroristas en los años 70. Quieras que no.
El peor enemigo es la culpa. Porque te ata las manos. Y a eso se
recurre con harta frecuencia en el mundo.
Pero en esta lucha lo que priva es todavía otra cosa. Es el
antisemitismo y el antinorteamericanismo.
Los malos son los yanquis y los judíos. Son los poderosos, los que
tienen el dinero, los que no trepidan en matar inocentes. Esto es lo que
se difunde y es lo que más exacerba el odio antisemita. Es curioso pero
quienes "marcan" a los israelíes como "nazis" son aquellos que quieren
destruir el Estado de Israel recurriendo a la metodología nazi,
justamente. Matanzas en escuelas, en patios de comidas, en omnibus
escolares, en embajadas, en asociaciones mutuales. Indiscriminadas,
absurdas, inútiles, como los misiles arrojados durante años sobre
población civil.
Estamos muy lejos para asignar transparentemente culpas. Pero estamos
todos lejos. No solamente algunos. Todos lo estamos.
Los israelíes no muestran sus muertos, como no los mostraron los yanquis
cuando el ataque a las Torres. Para ellos eso es síntoma de debilidad, o
de morbosidad.
No sabemos exactamente y probablemente ellos tampoco lo sepan bien. Pero
sí sabemos que durante años Israel ha sido atacado de mil maneras, y que
los judíos han sido atacados y perseguidos durante dos mil años. Y
ahora que han armado una estructura para defenderse y lo hacen, ahora
son atacados también de mil maneras, con mil calificativos, con
insultos, con todo tipo de ofensas.
No podemos asegurar que todo lo que se dice sea verdad o que sea
mentira. Sabemos que sufrimos en carne propia dos ataques de islamistas,
en la AMIA y en la embajada israelí en Buenos Aires. Sabemos que los
criminales jamás dieron la cara. Y sabemos que el Estado iraní ha sido
acusado por eso, y que su respuesta fue que la justicia argentina es
cualquier cosa. Sabemos además que Ahmadineyad dice que quiere
exterminar el Estado de Israel, que en su país no hay homosexuales, y
que el Holocausto no ha existido. Y es obvio que no es verdad que en un
país no exista la homosexualidad a menos que todo homosexual, hombre o
mujer, sea exterminado; y también sabemos que no es cierto que el
Holocausto no hubiera existido. Sin embargo, Ahmadineyad cuenta con el
respaldo de fuerzas de choque oficiales en la Argentina, encabezadas por
Luis D Elía.
Quienes defienden a este verdadero psicópata iraní tienen sobre sí la
mácula de la prepotencia, de la brutalidad, del ataque artero y del
sostén del Estado argentino entre nosotros.
No ha habido en la Argentina ataques de israelíes contra embajadas de
paises islámicos. Pero sí ha habido a la inversa.
El mundo se ha acostumbrado a protegerse del terrorismo, a revisar hasta
el culo a la gente en los aeropuertos. Pero Argüello dice que no sabe
qué cosa es terrorismo, en nombre del gobierno argentino.
Si durante años en Gaza se construyeron túneles y se arrojaron miles de
cohetes sobre Israel, sobre sus ciudades y sobre población civil,
Argüello o quien fuere nada han tenido para decir. Pero si ahora Israel
sale a defenderse, tal vez de manera "desproporcionada" como se dice,
ahora sí el gobierno argentino tiene algo para decir.
Cuánta hipocresía, realmente. Cuánta falsedad ideológica. Cuánta
cobardía, finalmente.
Ojalá pronto se termine este desastre. Ojalá los regímenes autocráticos
y teocráticos que rodean a Israel terminen negociando alguna forma de
recomponer las cosas, por el norte y por el sur, con Hezbollah o con
Hamas o con quien fuere.
Pero esto de que salgan las Naciones Unidas a pedir el "cese del fuego"
entre un grupo terrorista y un estado constituido y miembro de ellas, es
una tontería más fr las que nos tiene acostumbrados esta burocrática
organización. ¨Tal vez por eso nuestro benemérito embajador se define
por un triste "ni". Vaya uno a saber.
Es difícil imaginar un mundo sin sangre y sin antisemitismo. O sin
terrorismo. Pero tenemos que creer que es posible. Claro que para que
sea posible lo primero que hay que hacer es terminar con la hipocresía y
la cobardía ideológicas. Reconocerse antisemita y defensor de
terroristas es bastante jodido para quienes están en esa esquina de la
vida. Siempre lo ha sido.
Los terroristas siempre actúan cobardemente. Lo hacen cuando atacan
arteramente y lo hacen en todos los órdenes de la vida. Jamás van de
frente. Jamás dicen "yo lo hice y me la banco". Y no van a hacerlo
porque está en su naturaleza ser cobardes.
El problema es cuando devienen políticos, u ocupan funciones de
gobierno, como ocurre en la Argentina actual. Pero el mundo
afortunadamente no es la Argentina.
Y en otras latitudes, con sus pros y sus contras, las cosas se dicen con
todas las letras. No como acá.
Héctor Trillo
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