Segunda opinión
“Recuperar”
Seguramente quienes lean éstas líneas y sean a su vez seguidores del fútbol por televisión habrán notado que, desde que el Estado se ha hecho cargo de las transmisiones se ha conformado una homogénea manera de denominar al otrora denominado “tiempo suplementario”, o también “adicional” o “de descuento”. En efecto, tal tiempo de descuento ahora es llamado “tiempo recuperado”.
Puede parecer una cuestión absolutamente menor, pero a nuestro juicio dista de serlo. Y trataremos de explicarnos.
Por alguna razón alguna autoridad ha dispuesto unificar la manera de denominar a esos minutos que se adicional al final de cada tiempo de 45 minutos en virtud de demoras o suspensiones que pudieron producirse durante el desarrollo del juego. Y, amén de unificar tal denominación, ha resuelto cambiarla.
De resultas de ello, por lo menos diez relatores, otros tantos comentaristas y no sabemos cuántos ayudantes desde el campo de juego, o desde los vestuarios o de donde sean, utilizan el verbo “recuperar” cuando se refieren al tema.
Dejemos de lado el hecho de que como se trata de un verbo que nunca se ha utilizado, que sepamos, con este fin, suele dar lugar a confusiones en su uso por parte de todos quienes participan de las transmisiones. No es fácil adaptar una acepción que en el mejor de los casos está referida a la compensación de tiempo no trabajado al juego del fútbol. Sobre todo porque tampoco se utiliza el verbo compensar, que bien podría también aplicarse.
Dejemos de lado todo lo que queramos dejar de lado y centrémonos en el fondo de la cuestión: ¿Quién y con qué criterio dispuso utilizar ese verbo de manera uniforme en todas las transmisiones, por parte de todos los relatores, de todos los comentaristas, de todos los ayudantes desde el campo de juego, de todos los ayudantes desde los vestuarios y en definitiva de TODOS? ¿No resulta desde el vamos una curiosidad que alguien se detenga en semejante nimiedad y le dé carácter de universal para todos los fines cuando de fútbol se habla en la llamada “televisión pública”?
Hay allí relatores y comentaristas cuya trayectoria la verdad es que desconocemos (como siempre nunca se sabe muy bien quiénes terminan siendo contratados por los medios en manos del Estado). Pero hay otros que tienen una vastísima trayectoria, como es el caso por ejemplo de Julio Ricardo, que ha de llevar no menos de 40 o 50 años en la profesión. Que sepamos este comentarista jamás ha usado ese verbo para referirse al tiempo suplementario.
Sólo cabe imaginar que alguien con suficiente poder ha decidido que había que “innovar” en las transmisiones de fútbol y decidió buscar en qué cosas era imposible hacerlo. Y encontró ESA. Y luego decidió obligar a todos los participantes de las transmisiones a hacerlo. Y también obligó a colocar el susodicho verbo en todos los carteles que aparecen en pantalla referidos al tiempo de juego.
¿Es posible imaginar qué cosas pasan por la mente de semejante personaje? Sinceramente nosotros no podemos entender y dejamos librados a nuestros amables lectores para que saquen conclusiones.
Pero sí podemos concluir una cosa. Alguien, desde el Estado, alguien contratado para estos menesteres con el dinero aportado por todos nosotros dedica su tiempo a decidir semejantes cosas, y además, ordena que se cumplan. Y todos, incluyendo reconocidos comentaristas, las cumplen. Y tales órdenes son soberanas gansadas, para ser suaves.
Y millones de personas, centenares o miles de periodistas, otros tantos medios, replican estas "novedades", y no dicen una palabra sobre el fondo de la cuestión. Alguien decide que todos deben hacer tal cosa, la que sea. Y todos han de hacerlo, o deberán irse a su casa. Esta es la verdad.
¿Es así o estamos equivocados? No queremos personalizar en nadie. Como nombramos a Julio Ricardo nos apresuramos a decir que tal vez estuvo de acuerdo, que incluso la idea pudo haber sido suya. Todos podemos estar de acuerdo en algo. Pero, y aún así, ¿no es posible que tengamos la libertad de usar el verbo que queramos? ¿y encima tratándose de la “televisión pública”?
Lo que queremos señalar, además, es que en la Argentina, las pequeñas decisiones que encierran un alto grado de autoritarismo evidente, son tomadas como naturales y a nadie se le ocurre siquiera comentarlas. Y alguien invierte su tiempo y su esfuerzo a buscar estas cosas para decidir que son importantes e innovadoras. Es realmente notable.
Tenemos que decir también que, en realidad, la utilización del verbo no es incorrecta. Pero que la orden de uniformidad nos resulta francamente preocupante. Y el mal uso de la conjugación, bastante frecuente, no sólo es consecuencia del poco conocimiento gramatical de parte de algunos periodistas, sino también de la simple falta de costumbre.
Alguien está en estas pavadas. Alguien se detiene en estas cosas. Decide sobre ellas y obliga a todos a unificar un cambio en el lenguaje. Y todos obedecen. Y nadie lo critica. Ni de dentro ni de fuera.
Alguien que tiene poder y lo usa para eso. Alguien que tiene esa mentalidad. Y alguien la acepta. O muchos. O todos.
Quien tiene necesidad de trabajar puede resultar afectado y debe aceptar las reglas de juego o quedarse sin trabajo. ¿Y el resto de los habitantes de la República? ¿a nadie le ha llamado la atención?
A estas alturas la verdad es que no lo sabemos. Tal vez sí. Y tal vez alguien tuvo miedo de hacer algún comentario. Tal vez para evitar ser tildado de destituyente (palabra sí inexistente en nuestro idioma).
Sabemos que el tal Marcelo Araujo (se trata de un nombre artístico, por eso lo de "tal") tiene mucho poder en esto. Sabemos que siempre ha tenido una tendencia a "innovar" en estas cuestiones francamente más que menores. Desde el tiempo adicionado al reglamentario, hasta el tiros desde el punto del penal, o el final del primer acto. ¿Será él el responsable de esta novedad y de la obligación de la uniformidad al respecto? Eso no lo sabemos. Sabemos sí de esa tendencia a la búsqueda de "novedades" donde francamente no las hay. Tanto como para decir "tengo un estilo propio" digamos. ¿Habrá tenido que ver con esto? ¿Le importaría, si es que tiene la autoridad que suponemos, explicar por qué se obliga a todo el mundo en la "televisión pública" a usar un verbo y ningún otro? Porque está claro que es una obligación.
Resaltamos una vez más. No nos importa en absoluto que cada cual innove en lo que sea. Lo que nos produce verdadero escozor es la uniformidad. Y la falta de críticas a tal uniformidad, que nos parece infinitamente peor.
HÉCTOR BLAS TRILLO Buenos Aires, 21 de noviembre de 2009
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