El secretario de comercio Guillermo Moreno no tuvo mejor idea que prohibir la venta de tomates en el Mercado Central por el término de una semana. ¿La razón? (si es que en estas lides puede hablarse de razón) el precio que alcanzó el rojo fruto en las verdulerías y mercados.
Finalmente la Corporación del Mercado Central, seguramente por las presiones recibidas, acordó vender el cajón de 20 kg. a $ 40.-, y el tomate "especial" hasta $ 80.- la misma cantidad.
Analizar la actitud del mencionado secretario ya es ocioso. Lo sorprendente es en todo caso que siga ocupando el lugar que ocupa en el gobierno.
Muchas veces hemos dicho que esta gente tiene como marco conceptual la prohibición y la censura. Basta ver lo ocurrido en el mercado de carnes, donde finalmente parece que hubo de resignarse, pero con 12 millones de cabezas menos de ganado. ¿Dónde está la "carne para todos"?. ¿Dónde el pan a $ 2,50 el kg.? La ridiculez es tan evidente que ni vale insistir en esto.
Pero sí cabe señalar una vez más que los tomates no se reproducirán lo suficiente como para que todo el mundo pueda acceder a ellos a 4 o 5 pesos el kg. y alcanzar para todo el mundo. Es tan obvio que resulta conmovedor. Si así fuera nunca hubiera llegado a $ 15 o 16 el kg. como llegó en estos días.
Los tomates bajarán su precio cuando la oferta aumente, cosa que ocurrirá luego de un breve período porque se trata de un producto estacional y esto ocurre todos los años en mayor o menor medida. Mientras tanto tal vez haya largas colas en supermercados "amigos" que no quieren represalias y prefieren hocicar y perder unos mangos regalando los tomates, como seguramente hace la Corporación del Mercado Central. Tal vez un quilo o dos por persona, como pasaba con el azúcar. En fin.
La inflación no se resuelve prohibiendo la venta de tomates, señores funcionarios. ¿No es obvio?
¿Es posible que nuestros gobernantes no puedan entenderlo? A juzgar por el discurso de la presidenta en la ONU parece que no.
Para Cristina Fernández la culpa de lo que pasa en el mundo parece que la tienen en buena medida las consultoras. Es decir, el mensajero. Tal vez por eso jueces jóvenes como Catania han decidido recabar datos de periodistas que hubieran hablado de inflación...desde 2006 a la fecha. Antes no. ¿No es increíble? ¡Un juez de la Nación violando la expresa norma constitucional de respeto a la libertad de imprenta! ¿Cómo habrán de sentirse los periodistas que pudieran resultar "informados" y puestos en la respectiva lista negra?...Claro, dirán que no es negra...¿No es negra? ¿Alguien se animará a seguir hablando de la inflación en la Argentina?. Si hasta el CELS salió a criticar esta incomprensible medida judicial. Así que es fácil darse cuenta. Recordemos que de esa institución salió en algún momento aquella información que llevó a la jueza Servini de Cubría a prohibir un programa de Tato Bores, si no nos falla la memoria.
Listados, prohibiciones, denuncias penales, controles de precios, planes "para todos"...¿Han resuelto el problema inflacionario o mejorado la producción de los sectores afectados? ¿O más bien y rotundamente la han deteriorado?
Pero, como decimos siempre, hay algo más que está en el fondo de todo este engranaje esquizofrénico: el autoritarismo. La violación de la Constitución Nacional por medio de llamados telefónicos o simples listas sin membrete en el Mercado de Liniers con precios máximos, como ha ocurrido antes de que la realidad le tapara los argumentos a este funcionario que nombramos al comienzo.
¿Y se acuerdan de aquel "va a llover gasoil"? A lo sumo llovió granizo en cantidades importantes...pero gasoil, no. Al contrario.
¿Cuánto cuesta un quilo de lomo? ¿Cuánto un quilo de pan? ¿Y la "mesa de los argentinos"?
Bien, nos dirán que así y todo la presidenta tiene la capacidad de obtener el 50% o más de los votos y es cierto. ¿Podemos hablar ahora también del "voto cuota" o eso lo dejamos reservado para los tiempos de Carlos Menem?
El secretario técnico del INDEC, Iztcovich, recomendó a la gente que "camine" y en todo caso que coma ensaladas de otra cosa que no sea tomate. ¿Hace falta esa recomendación? ¿No es la misma que hacía la odiada y tantas veces burlada Lita de Lázzari en los años 90?
Por sus frutos los conoceréis.
Cualquiera que haya vivido en la Argentina de estos años podrá recordar perfectamente lo que aquí enumeramos brevemente. Cualquiera si cruza por la calle al inefable secretario de comercio podrá decirle con justa razón: TOMATElás...
Héctor Trillo
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