egunda opinión
ECONOMÍA: IMPROVISACIÓN Y
BARBARIE
Las
abrumadoras novedades que va
conociendo la población por estas horas en materia de política
económica,
muestran a las claras que no todo venía marchando sobre ruedas
como solían
manifestar, corrientemente, diversos representantes del
oficialismo.
A las
medidas represivas y
persecutorias adoptadas en materia cambiaria, rápidamente le
siguieron los
burdos intentos para frenar importaciones de los últimos días,
con exigencias
claramente incumplibles que en parte debieron ser anuladas por
la reacción de
los operadores, impedidos como se encontraron, de la noche a la
mañana, de
cumplir con sus compromisos.
El
mercado exportador se ha encontrado
también envuelto en reclamos de todo tipo para que proceda a
ingresar y
liquidar divisas. Las petroleras y la mineras, como se sabe, ya
no podrán dejar
parte de los ingresos de sus operaciones en el exterior como se
había fijado
durante el gobierno de Néstor Kirchner. Ahora están obligadas a traer al país el producido
de todas sus
ventas al exterior.
Tenemos
información de que la AFIP ha
iniciado procesos de inspección a quienes han solicitado la
compra de dólares y
no contaban con la “validación” correspondiente, aún teniendo
sus cuentas en
orden. Ello aparte de haber negado en primera instancia la
posibilidad de
adquirir la moneda extranjera. Es decir que el contribuyente
deberá esperar que
la AFIP se expida, por así decirlo. Un procedimiento
absolutamente anómalo y
contrario a derecho. Pero absolutamente posible en la Argentina
que nos toca
vivir políticamente hoy por hoy.
La
línea ideológica que se observa es
siempre la misma: intervencionismo, arbitrariedad y negación de
la realidad
económica.
Todo el
mundo sabe que el INDEC es
un organismo absolutamente devaluado desde
la intervención política a comienzos de 2007. Pero todo parece
indicar que los
gobernantes sí creen los datos que surgen de este organismo. Así
las cosas, mientras
la tasa de inflación, los indicadores de crecimiento o los
índices de pobreza
van por un lado, las políticas “activas” de un gobierno volcado
a pleno al
voluntarismo más autoritario, van por otro. Pero nada es nuevo,
incluso dentro
del régimen kirchnerista.
En
efecto, ya durante el gobierno de
Néstor Kirchner el Dr. Lavagna hacía referencia
a premios y castigos en materia de derechos de
exportación a quienes
hicieran “buena letra” con los precios locales. Luego de la
salida del poderoso
ministro, se produjeron las increíbles prohibiciones de
exportaciones cárnicas
y trigueras mediante “resoluciones” ministeriales. Lo dicho:
arbitrariedad,
autoritarismo y voluntarismo. Desde las usinas del Poder se
habla, y se habla,
de “disciplinar los mercados”. Más claro agua.
Es obvio
que si se incrementa la salida de
capitales (que lleva más de cuatro años, dicho sea de paso) por
algo es que lo
hace. Es natural que si la gente se vuelca a comprar más
dólares, también es
por algo que ello ocurre. A su vez hay motivos para que suban
las tasas de
interés, que más que se duplicaron el pocos días. La autoridades
contestan a
estos problemas con medidas prohibitivas, restrictivas,
disciplinarias.
La
rusticidad es un elemento distintivo
del autoritarismo, y por ende lo es también dentro del “modelo”
económico reinante. No ha servido de mucho
comprobar el desastre
al que llevaron las mismas políticas en materia de carne vacuna,
como podemos
comprobar actualmente cada vez que concurrimos a la carnicería o
al
supermercado. Tampoco ha sido suficiente corroborar que algo
parecido está
ocurriendo con el trigo, que cada vez se utiliza más para
alimentar hacienda en
feedlots porque no es posible venderlo y mucho menos exportarlo.
La
exigencia a los bancos para que las
tasas de interés no superen el 20% es al mismo tiempo un dato autoritario y
ridículo. El costo del
dinero no se determina es el que el mercado paga. Lo mismo
ocurre con el precio
de todos los bienes y servicios. Los topes y los congelamientos
conducen a los
resultados de sobra conocidos: precios por las nubes, mercados
negros,
hiperinflaciones.
Ahora
bien, hablamos de autoritarismo
porque ello es evidente. Pero no
dejamos
de preguntarnos por qué no se designa gente idónea para el
manejo de la economía.
No tenemos una respuesta,
excepto que al parecer a la presidenta le gusta que las cosas
sean de este
modo.
Es
evidente que en las últimas medidas ha
privado no solamente el autoritarismo y su correlato la
rusticidad, sino que
también se ha colado la improvisación. El carro se ha puesto
delante de los
caballos, claramente.
La
destrucción del mercado cárnico ha sido
el producto de pretender sostener precios bajos prohibiendo
exportaciones. Y lo
mismo ha estado ocurriendo en materia energética o en la
comercialización del
trigo.
La
realidad económica, y en términos mucho
más generales, la realidad; indican que las prohibiciones y los
miedos no hacen
sino ratificar que existen problemas. Lo mismo que los controles
de precios
(que también son prohibiciones) o los cierres de importaciones
(que también lo
son) y así en cada sector y rubro. Las gentes en general no
comen vidrio y
difícilmente se queden tranquilas esperando que las
prohibiciones dejen de
existir por haberse convertido en abstracciones. Y en nuestra
opinión eso está
ocurriendo ahora.
Quien hoy
por hoy se ve en la necesidad
de hacer operaciones en pesos porque no puede hacerlas en
dólares, difícilmente
tome como precio el del dólar controlado por el gobierno.
Buscará un precio de
referencia libre. Y si éste no existiere porque la represión
oficial impide que
se lleven a cabo operaciones; la cuestión pasará a medirse en
términos
comparativos con referencia a valores libres, como pueden ser
los bienes o
títulos cuyos mercados funcionan bajo la ley de la oferta y la
demanda. Y tales
mercados tomarán en cuenta la devaluación teórica de la moneda
en un mercado
libre, por ejemplo en Uruguay. Pretender que esto no ocurra será
imposible,
como lo es disimular el verdadero índice de inflación en la
carrera de los precios
y los salarios.
Está
demasiado claro que ni la
improvisación ni la barbarie (que no otra cosa es la rusticidad
que se aplica)
no podrán llegar muy lejos. Lamentablemente.
Sería
bueno intentar no perder esta
oportunidad para hacer las cosas razonablemente bien. Pero
sinceramente no
podemos esperar que ello vaya a ocurrir. Ojalá estemos
equivocados.
ESTUDIO
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 20 de noviembre de 2011
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