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lunes, 28 de julio de 2014

LAS DEUDAS SIEMPRE SE PAGAN 6/7/14

El Ágora
LAS DEUDAS SIEMPRE SE PAGAN

Intentar analizar de manera más o  menos desapasionada la situación  de la deuda externa impaga en poder de los bonistas que no aceptaron los canjes propuestos por la Argentina puede no ser una tarea agradable o que cuente con aceptación general, pero es absolutamente indispensable a estas alturas.
Es de suponer que muchos habrán oído hablar de la denominada cláusula RUFO, que es un condicionante que se ha impuesto en la negociación de la deuda en el año 2005 por el entonces ministro Roberto Lavagna.  Se trata de la sigla de  Rights Upon Future Offers, que literalmente significa: derechos sobre futuras ofertas. Es decir, que si la Argentina hace alguna oferta mejor a los bonistas, tal oferta debe ser aplicada también a todos los que aceptaron el canje de la deuda.
La cláusula tiene una fecha de vencimiento, que es el 31 de diciembre de este año, y vale tanto para el canje de 2005, como para el de 2010.
Siendo que la República Argentina estableció en el año 2005 el carácter de definitiva a la negociación y dejó fuera de la discusión a los bonistas que no aceptaron las condiciones propuestas (a tal punto que incluso el Congreso votó una ley denominada cerrojo y que directamente anuló cualquier reclamo de los demás acreedores) lo primero  que cabe preguntarse es para qué se puso la cláusula RUFO. En otras palabras: si no hay nada más que hablar y el resto de los acreedores (cerca de 25.000 millones de dólares en el año 2005) no existen más, de dónde podrá surgir que  a alguno se le ofrezcan mejores condiciones en cuanto al reconocimiento de la deuda. Unos aceptaron, y el resto no existe más.
Este fue el “modelo” elegido por Lavagna y Kirchner en ese año.
Bien, ¿por qué se puso esta cláusula? Los benevolentes dicen que fue para convencer a quienes entraron en el canje de que no iba  a haber una oferta mejor. Lo cual en el marco de lo que estamos diciendo resulta absurdo. A menos que, claro está, alguien estuviera pensando que los demás acreedores no iban a quedarse de brazos cruzados y que el hecho de que la Argentina hubiera decidido borrarlos de un plumazo no significaba que ellos iban a aceptar semejante despojo así porque sí.
Es curioso que se negocie mostrando una mano dura cuando al mismo tiempo se pone en evidencia la blandura de quien no cree en lo que está diciendo y haciendo. Pero así fue.
Como decimos, en el año 2010 el canje fue reabierto y todos los acreedores a los que se  les había cantado el “pelito para la vieja” tuvieron una nueva oportunidad. Allí sí, claro, privó loa cláusula RUFO, de tal modo que quienes entraron al nuevo canje lo hicieron en iguales condiciones que quienes habían aceptado la propuesta anterior.  Pero nuevamente operó la llamada ley cerrojo, y un año más tarde el tema fue cerrado nuevamente, y quienes tampoco ingresaron en esta segunda oportunidad, fueron borrados del mapa de deuda argentina.
Bien, cabe entonces hacerse al menos un par de preguntas adicionales: ¿no era que quienes no habían ingresado ya no eran acreedores de la Argentina según lo dispuesto por Kirchner, Lavagna y el Congreso Nacional? Durante esos 5 años la deuda argentina informada por el Estado excluyó específicamente el monto que significaban los bonistas dados de baja.  ¿Existía en 2010 alguna razón para suponer que ésta vez sí la ley cerrojo funcionaría y los acreedores restantes simplemente se resignarían? No, por supuesto, existían y existen planteos y reclamos varios y no solamente ante la justicia neoyorkina. Y el mono original estimado de deuda en poder de los llamados holdouts es de unos 7.000 millones de dólares, que con los intereses caídos luego de más de 12 años obviamente supera el doble de esa cifra.
Entonces es bien claro: tenemos un problema que debemos solucionar. Y no es apropiado decir que no lo haremos, que a nadie se le va a reconocer un mayor valor que a quienes aceptaron porque lo digamos nosotros.  Porque para que semejante postura sea válida, debe ser aceptada por los acreedores, no impuesta por la Argentina como se ha pretendido.
Así las cosas, los argumentos utilizados por el gobierno nacional, especialmente por la propia presidenta de la Nación y fundamentalmente por el ministro de economía son francamente ridículos e inconsistentes, aparte de insultantes y descalificadores.
La Argentina aceptó la jurisdicción de Nueva York porque eso le permitía obtener préstamos en mejores condiciones. Aceptó poner cláusulas como la RUFO para asegurarles a los acreedores que nadie iba a recibir un trato mejor y así convencerlos. 
Un asunto que requiere especial interés es el del recurso utilizado hasta el cansancio por nuestros funcionarios respecto de que los fondos “buitre” compraron por monedas los bonos y hoy pretenden cobrar el 100% de su valor.  Y resulta que Griesa les ha dado la razón.
Veamos: los bonos argentinos valían muy poco en el año 2005 porque la Argentina no pagaba su deuda, estaba en cesación de pagos desde hacía casi 4 años y hubo acreedores que prefirieron vender sus bonos aunque sea al 10 o 15% de su valor original, recuperar algo y a otra cosa mariposa. ¿Por qué razón esos bonos valían tan poco? Porque la Argentina no pagaba. Pero, ¿por qué no valían nada de nada? Porque existía la posibilidad de que sí la Argentina pagara al menos una parte. 
Existen hoy mismo bonos que no entraron en el canje y que están en poder de ahorristas que no están litigando ni lo han hecho en Nueva York, que tienen otras jurisdicciones. ¿Esos bonos no valen nada o sí valen algo? Naturalmente que valen, porque siempre existe la posibilidad de que la Argentina termine reconociendo al menos el valor que se le ha reconocido a quienes sí entraron en el canje.
Entonces, ¿a santo de qué los improperios y los insultos de un irreverente ministro de economía contra la justicia norteamericana, contra los propios EEUU, contra el “sistema financiero internacional” y contra cualquiera que se  le ocurra criticar la posición del gobierno argentino?
Veamos: antes el enemigo declarado de la Argentina era el FMI ¿no es cierto? Ahora se le pagó toda la deuda al FMI y por lo tanto se le ha impedido auditar las cuentas argentinas con el argumento casi infantil de la soberanía. Pero resulta que como el FMI ya no puede aparecer en la palestra como el gran responsable de todos los males, entonces ahora hay que hablar del “sistema financiero internacional”
¿Sabe el ministro, la presidenta y todo el entorno que tal sistema financiero está prestándole dinero a Bolivia o a Uruguay a tasas del 4% anual?  ¿Sabe que incluso acaba de prestarle U$S 2.000 millones a Ecuador a una tasa en torno del 7% anual? ¿Sabe que Uruguay, que estaba en una situación muy similar a la nuestra a comienzos de la década del 2000 sin embargo no cayó en default y renegoció su deuda, y que algo parecido hizo Brasil?
En el año 2001, la deuda externa argentina representaba una cifra en torno del 45% del PBI. Un valor absolutamente exiguo si se toman los parámetros internacionales. Países como Japón, o los EEUU, o la gran mayoría de los países europeos deben muchísimo más que eso.
¿Por qué declaramos la cesación de pagos y la celebramos a los gritos en el Congreso Nacional? ¿Por qué durante años el ex presidente Kirchner se jactó de habernos hecho “ahorrar” 67.000 millones de dólares?
En estas horas se lee en diversos foros y medios afines al gobierno cuestiones vinculadas con el desgastado tema de la “distribución de la riqueza”, de los niños que pasan hambre en el mundo, de las grandes riquezas en manos de unos pocos y toda la retahíla de reclamos ante el “orden injusto” que rige al mundo.  Pues bien, ningún “orden injusto” ni distribución inapropiada ni cuestiones que se le parezcan tienen que ver con que la Argentina haya declarado el “pelito para la vieja” y resuelto hacer lo que se le canta, incluso insultando a la justicia norteamericana a la que libremente eligió como árbitro en caso de controversias.
Y el tal orden injusto, el capitalismo, la distribución de la riqueza y demás deudos existen en el mundo también para Brasil, para Colombia, para Chile, para Bolivia o para el Uruguay, por citar a nuestros vecinos. Y ninguno de ellos tiene que salir a vociferar y agredir con el dedo índice levantado a quienes quieren cobrar aquello que se les dijo que se les iba a pagar.
Es triste y doloroso pero es así. Y es lamentable que gente inexperta y poco profesional siga batiendo el parche y buscando apoyo en organismos como la OEA o incluso la ONU para conseguir declaraciones de todos aquellos que se cubren por las dudas porque pueden ser los próximos algún día.
¿Saben qué? ¿Por qué no han puesto en los bonos una cláusula que dijera que en caso de default se pagará lo que se pueda y el que no lo acepta que se embrome? ¿Saben por qué o hay que decírselo? Bien, digámoslo: Porque si ponen una cláusula semejante no les presta dinero ni el loro. Asúmanlo, negocien y paguen, y terminen con  esta increíblemente triste página de nuestra realidad económica.
Y un parrafito final para los fondos llamados “buitre”: nadie tiene por qué esperar que en el mundo no haya especuladores. Nadie tiene por qué esperar que no haya pescadores que intenten sacar ventaja en el río revuelto. Nadie puede alegar su propia torpeza. ¿O no es así?
Uno se queda pensando si todos estos fuegos de artificio lanzados por el actual gobierno no tienen que ver con preparar el terreno para que la propia tropa acepte el final inexorable de que lo que se debe se paga. Que ya estamos pagándolo. Que seguiremos pagándolo. Porque no conseguir dinero a tasas razonables en el mundo, ES PAGARLO. Estar escondiendo aviones, bienes o fragatas, también lo es. Ser considerados poco serios y hasta aprovechadores también. ¿O estamos equivocados?
¿No fue acaso la Argentina la que al no pagar hizo que los bonos valieran monedas y por lo tanto embromó a sus tenedores? ¿O solamente resultan “buitres” los que tratan de recuperar el valor original y no quienes lo destruyeron?

                

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   6 de julio de 2014

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