> Decir que en la Argentina se habla y se escribe cada vez peor, no es una
> novedad. Cada vez son más los errores de dicción, de redacción, de
> ortografía.
> A veces uno leyendo un título o un encabezado supone una cosa, y cuando
> comienza a leer el texto comprende que se trata de otra. Y no nos
> referimos a esos títulos "gancho" que son puestos a propósito.
> En este tren de cosas, hemos comprobado con las reiteradas apariciones
> en los medios del candidato Filmus, que verdaderamente le caben las
> generales de la ley en cuestiones de idioma.
> Es corriente oírle decir "ventiún" horas, "cincuentitrés" veces. Como
> también "adentro mío" o la "primer" vez. Estos errores son muy comunes
> entre los argentinos, pero un ministro de educación la verdad es que no
> debería cometerlos. Una persona de más de 50 años, con títulos
> universitarios (obtenidos en serio, y no truchos, por lo que se dice)
> debería tener la inquietud por lo menos de mejorar su idioma. Filmus no
> sabe no contesta al respecto. Es hasta curioso, porque aún el menos
> avezado puede tener la inquietud de aprender, o gente de su círculo
> áulico encargada de corregirlo. No lo hemos escuchado utilizar mal los
> verbos impersonales, porque simplemente no lo hemos escuchado nosotros.
> Pero es muy probable que también hable de "hubieron" varios, o de "van"
> a haber unos cuántos.
> Pero hay un error que Filmus comete que en nuestra opinión es atribuíble
> a esa especie "de esnobismo no discriminador" que resulta pésimo
> idiomáticamente. No sabemos qué piensa hacer con el llamado "cupo
> femenino", que por lo menos en el ámbito nacional discrimina a la mujer
> asignándole un 30% de posibilidades. Pero lo suponemos, como nadie
> levanta polvareda con eso, no pensó nada seguramente.
> El ministro-candidato, cada vez que se refiere a los habitantes de la
> ciudad de Buenos Aires, habla de "los porteños y las porteñas". Es obvio
> que esta clase de expresiones responden al esquema de no dejar fuera a
> las mujeres, pero desde el punto de vista idiomático, es una soberana
> ridiculez. Propia de gentes que lamentablemente no escarban en el
> conocimiento de una materia determinada antes de lanzarse a hablar de
ella.
> Veamos:
> ¿Corresponderá decir que ¿el hombre desciende del mono y la mujer de la
> mona?
> ¿Deberemos decir "la gallina y el gallo" para referirnos al genérico de
> la especie?
> ¿Tal vez al hablar de ganado vacuno deberemos hablar de "las vacas y los
> toros"?
> ¿"La rana y el "rano"?, ¿la jirafa y el "jirafo"?...
> Como puede verse en estos ejemplos grotescos, salvo en el primero el
> genérico es femenino: la gallina, el águila, la jirafa, la codorniz, la
> vaca y tantos otros animales tienen al femenino como denominador. En
> otras especies, como la nuestra, el genérico es el masculino: "el hombre".
> Pero esta gente en su esnobismo olvida o desconoce las reglas básicas
> del idioma. Y para peor mete al burro (y la burra) adelante: Porteños y
> porteñas en lugar de porteñas y porteños, por aquello de la
> caballerosidad de "las damas primero".
> Héctor Trillo
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