Un político peronista suele calificar, jocosamente, de "síndrome Don Fulgencio" a la actitud de Néstor Kirchner de retroceder a su más tierna juventud a la hora de tomar posiciones o determinaciones políticas.
Es indudable que el expresidente parece creer que si el país ha logrado recuperarse en materia económica en estos años ello se debe a las políticas de controles de precios, agresión a empresarios y comerciantes y a las bravuconadas de Guillermo Moreno, entre otras lindezas.
También parece creer que concurriendo a la Plaza de Mayo, donde un grupo de cincuentones gritaba el sábado por la noche "Patria sí, colonia no" como en los tiempos en los que nos solazábamos con las historias del reciente "Mayo Francés", las aventuras de Regis Debray, la boina con estrella de cinco puntas del inefable Ernesto Guevara o las diatribas contra el "grupo Deltec" y los gritos para convertir en Hospital de Niños a un flamante hotel Sheraton.
Del ridículo es del único lugar que no se vuelve, solía repetir el líder del partido del cual hoy es el jefe Kirchner.
Las cacerolas del sábado por la noche deben haber provocado punzadas de dolor en los tímpanos del ex presidente y de su esposa. Dicen que fue entonces cuando decidieron movilizar el "aparato" del partido para armar una manifestación a la Plaza de Mayo para hoy miércoles. El aparato del partido y el dinero del país, claro está.
Y también parece ser que fue por eso que en el día de ayer ambos consortes dieron sendos discursos cargados de las consabidas resacas de dolor porque "ellos" no son como "nosotros".
El ex presidente estaba bastante nervioso cuando empezó su avanzada descalificatoria. En ella, la represión de la gendarmería pasó a ser un "llevarse a upa" a De Angeli, cuando en condiciones normales no hace falta llevarse por la fuerza a ningún dirigente al que se quiera detener. Duhalde mereció la pregunta de ¿qué presidente?, en una actitud "ningunera" de pésimo gusto hacia un ex presidente de la Nación, por otra parte genuino padrino político del patagónico. También invirtió su tiempo en hablar de negros y de blancos, como en los tiempos de los "cabecitas negras" y los "descamisados". Y adujo que a "ellos" les gusta golpear cacerolas y a "nosotros" ir a la Plaza, cuando es sabido que él personalmente y su partido en el gobierno virtualmente enviaron y toleraron las fuerzas de choque de los cobardones de D Elía para expulsar a la gente a palazos y trompadas hace apenas unas pocas semanas. Le faltó decir que a esa gente también le gusta ir a manifestarse a la Residencia de Olivos, de donde también fueron corridos por las patotas peronistas pagadas y sostenidas con dineros públicos y que actuaron en la "zona liberada" ad hoc.
Habría que saber, ya que estamos, si en los hechos de 2001 ninguno de los de "nosotros"·golpeó cacerolas, ¿No, Nestitor?.
La emprendió contra el periodismo y contra lo que "mostraron los canales de televisión" sin aludir a que el sábado "la televisión pública" directamente ignoraba los cacerolazos en todo el país, mientras que en ese momento, es decir cuando él estaba hablando, todos los medios de televisión de noticias y los canales abiertos estaban en cadena transmitiendo sus opiniones.
Luego sobrevino lo inaudito: ¡Kirchner aceptó contestar preguntas! Confesamos que viéndolo en tal actitud, lo primero que pensamos es que en lugar de haberle perdido el miedo a la prensa en realidad le tenía más miedo que nunca. Y por eso decidió contestar, siempre forzando el tonito irónico propio de quien está a la defensiva ante un ataque que no existía ni existe.
Sus menciones a los cortes de ruta permitidos y a los que de ninguna manera pueden aceptarse lo mostraron tan creíble como Guillermo Moreno defendiendo el Indec. Y la alusión a que si otros se movilizan es correcto pero si lo hacemos nosotros es una provocación, dejó un tufillo a acusación al voleo, cuando se sabe que un acto organizado por el Estado en favor del partido político gobernante es un acto fascista, y no una movilización.
La insistencia en que los actos de la gente del campo fueron "armados" se daban de bruces con el verdadero armado de un acto de tinte mussoliniano como el de hoy. Mientras centenares de miles de personas se movilizaron en estos tiempos para asistir al Monumento a la Bandera de Rosario o para tomar una cacerola y una cuchara y salir a las calles en todas las ciudades del país; un grupo de "punteros" pagados por el "aparato" pretenden equiparar un acto de adulación a un gobierno debilitado por su propia torpeza, arrastrando a grupos de trabajadores a los que se les paga y se les obliga a concurrir, como siempre ha sido en casos similares.
El paro de los ruralistas es un "lock out" que daña al país, el paro cegetista para concurrir a la ceremonia de adulación, no.
Rodeado nada menos que de Hugo Moyano pidió que se conformara una "nueva derecha", mientras desde algún lugar se supone que también lo observaba Scioli, y ambos Fernández, Aníbal y Alberto, claro.
Moyano, por su parte, es el secretario general de la CGT pagado con los dineros que coercitivamente aportan los afiliados a los sindicatos únicos por rama de actividad, desde el 45 en adelante. Y es también el "ala trabajadora" del movimiento justicialista. Al que le aportan por lo tanto todos los trabajadores "afiliados" obligadamente a la CGT. En este esquema, Kirchner pide que se respete la democracia, y de hecho el "acto" adulatorio está presentado como un acto de preservación del estilo democrático.
Don Fulgencio parece ser un acertado juego caricaturesco. Ver al ex presidente en la fría noche sabatina junto a sus ministros y al patotero Moreno (absurdamente custodiado por un simil boxeador) realmente movía a sonreír ante una patología. Lo cual no es halagüeño para nosotros, sino todo lo contrario.
¿Esta es la espontaneidad que desean contraponer estos empleados públicos para contrarrestar el "efecto cacerola"?. El infantilismo es evidente.
También pretendió rememorar el 16 de junio del 55 sin darse cuenta que ayer era 17. Lo hizo por dos veces por lo menos.
Y también lo hizo Cristina en su discurso posterior "en cadena". Pretendió aludir así al primer intento de derrocamiento de Perón en el año de su caída, con el "golpismo" que atribuye a los ruralistas. Otra chiquilinada más. Pero no sólo eso.
Aquella jornada violenta fue terrible y personalmente la recordamos con dolor y angustia. Eramos apenas niños de corta edad.
Pero también recordamos la violencia que ejercía el régimen del líder justicialista contra quienes no eran afiliados o adherentes al peronismo. Y especialmente recordamos a sindicalistas de extracción socialista, tranviarios para más datos, que debían esconderse en sótanos en la más oscura clandestinidad para no caer presos por "comunistas". Recordamos la etapa posterior a la confiscación del diario La Prensa, recordamos al bufetero del Dalmacio Velez Sarsfield de Avellaneda, que se quedó sin su bar en la avenida Mitre por no querer colgar retratos de Eva y de Perón en su negocio. Recordamos el silencio que nuestra madre le rogaba a nuestro padre, y también cómo el cafetero personal de Perón alguna vez fue mencionado por nuestra madre para evitar que un aspirante a jefe de manzana nos hiciera daño por alguna travesura infantil, invocando su pertenencia al "partido". Es que aquel cafetero era primo de nuestra madre. Cosas de la vida.
De aquellas horas aciagas para el país, recordamos muchas cosas. Tenemos todavía los libros escolares con las páginas agregadas del "segundo plan quinquenal de Evita y de Perón" y múltiples manifestaciones, como aquel discurso en el que Eva Perón dice "nosotros somos muy democráticos....ahora si ELLOS no son peronistas...." (discurso que puede oirse, dicho sea de paso, en la película "La República Perdida II") Tal para cual.
La presidenta también aludió a los cortes de ruta de la Sociedad Rural. Cortes de ruta que "pretenden derogar resoluciones", como aquellos otros cortes de ruta de Gualeguaychú pretendían y pretenden derogar pasteras de otro país, ¿no¿, ante la clara concupiscencia oficial.
Cristina se vio obligada a anunciar que presenta al parlamento para su aprobación o rechazo la criticada resolución de las retenciones móviles. Es decir que pese a que "la Sociedad Rural" no impone con "cortes de ruta" lo que el gobierno debe hacer, lo hace. Claro, es que no se trata de la Sociedad Rural, esto es claro. Esa entidad le sirve de "fronting" a la presi, es más criticable porque es más "de ricos". Pero la gente en las calles, en las rutas, en los pueblos, en todas partes, no son la Sociedad Rural.
No vale la pena seguir abundando. Nombremos sí, a algunos de los asistentes al "acto" de Cristina en el que disertó sobre lo ocurrido en aquella triste hora de junio de 1955, pero un día después del aniversario. Scioli, Gioja, Alperovich, Beder Herrera, Randazzo, Taiana, Ocaña, De Vido, Aníbal. Lino Barañao, Oscar Parrilli, Carlos Zannini. Guillermo Moreno. Díaz Bancalari, Balestrini, Hebe de Bonafini, Antonio Cafiero. Y en las inmediaciones el "kickboxing" guardaespaldas del patotero Moreno.
En un mismo lodo, todos manoseaos.
Héctor Trillo
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