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viernes, 27 de junio de 2008

LOS HACEDORES DE MULETILLAS

No sé si se habrá observado que en general en política se ponen de
moda ciertas frases que luego todo el mundo repite como una cantilena
que en definitiva resulta impuesta con la proverbial "bajada de línea"
de la ¨"verticalidad" a la que estamos ya acostumbrados.
En estos días de caída en picada de la popularidad del oficialismo
como consecuencia de los hechos de todos conocidos, se han largado al
ruego algunas consignas, una de las cuales ha pegado notablemente en los
genuflexos escribanos del partido gobernante.
Esta es la que trasunta en la frase "mesa de los argentinos".
Efectivamente, cuando uno enciende una radio y oye una entrevista
con algún "legislador" rápidamente puede dilucidar si se trata de un
miembro del oficialismo o no. A los pocos segundos de oírlo expresarse,
verán Uds. que aparece la frasecita de marras. Dirá por ejemplo el
imaginario entrevistado: "no puede ser que esta gente con los cortes de
rutas estén impidiendo que llegue el pan a LA MESA DE LOS ARGENTINOS".
También puede ser que exprese las cosas de otro modo "los precios deben
ser accesibles para que el pueblo pueda llevar los alimentos a LA MESA
DE LOS ARGENTINOS". Para el caso cualquier expresión similar es lo mismo.
Se ha conformado así en este caso una nueva muletilla, así como esas
que suelen surgir especialmente en la farándula, y que varían según las
épocas: "de pronto", "nada", "de repente", etc. Los muchachos se
preocupan, según parece, de "la mesa de los argentinos", que parece ser
la única razón de ser, o en todo caso la más importante en la vida
cotidiana de todos.
Y sin embargo, las cosas no son así.
Y no son así porque en primer lugar en la Argentina habitan casi 3
millones de extranjeros, por ejemplo, que se supone que también habrán
de tener una "mesa". Y que esa "mesa" deberá ser cubierta por el "pan"
o, más genéricamente, por "la comida" al igual que la de "los argentinos".
Pero razonar esto implica pensar, y no están los escribanos del
poder puestos allí para semejante esfuerzo. Es la pura realidad.
Ellos están allí para repetir, como los loros, las frases que bajan
de la Casa Rosada, de la Residencia de Olivos, o de las modestísimas
oficinas de Puerto Madero. O incluso de la calle Matheu.
En verdad, si uno se pone a pensar, la frasecita en cuestión tiene
mucho que ver con esas expresiones que también son comunes al populismo
vernáculo y que implican una especie de muestra de ternura,
acercamiento, compasión por los que están en situación desventajosa.
Es común en tal sentido oir hablar de "abuelitos" para referirse a
las personas mayores, o también "pibes" para hablar de los chicos, es
bastante común en boca de los referentes del "bienestar social" oficial.
Y no hablamos, claro está, únicamente de la era actual en este sentido.
Estamos entonces ante una nueva muletilla impuesta por aquellos que
consideran que si no se utilizan palabras que resalten las carencias o
la necesidad, no tendrán el efecto suficiente. En efecto: hablar de
personas mayores, o de niños o de abastecimiento a secas no es
suficiente para generar la compasión humana. Lo mismo que en esos
penosos noticiarios televisivos en donde una musica de fondo de tono
dramático acompaña un accidente de tránsito o el llanto de una madre que
acaba de perder a un hijo.
Si acercamos un poco la lupa, veremos que por lo general quienes se
expresan de este modo suelen tener un más que buen pasar. Y también
puede observarse que hasta el día anterior no utilizaban estas
muletillas. Es decir que pasan a tomar el fraserío recurrente cuando se
ven puestos en escena y con necesidad de justificar su status.
También es común oir hablar de "humildes" cuando en realidad se
habla de "pobres". O de "excluídos" lo que implica que alguien es el
culpable directo de tal exclusión y obviamente no son ellos, los
hacedores de muletillas, los responsables.
En estos últimos días, de la eterna usina del gobierno de turno ha
aparecido nuevamente la distinción entre "negros" y "blancos". Primero
fue puesta en la boca del soretón piquetero de todos conocido, que desde
hacer rato viene siendo el globo de ensayo oficial. La "puta oligarquía"
es una vieja frase que alguien ha atribuido a Eva Perón, pero cuesta
realmente creer que la "señora" en aquellos años utilizara semejante
palabrota. También el soretón de marras la retornó al ruedo desde los
revolucionarios años 70, en los cuales los estudiantes univesitarios
salían a las calles repitiendo aquello de "y llora llora la puta
oligarquía porque se viene la tercera tiranía...". Bien, la frasecita no
tuvo demasiado éxito, excepto claro está en las usinas del resentimiento
progre, que dicho sea de paso suelen estar centradas en los barrios más
caros de la Capital.
La frasecita, junto con el agravio de parte del soretón al actor
Fernando Peña, pareció ser la punta del iceberg con el que desde las
oficinas gubernamentales se pretendió imponer el "observatorio de
medios", ese engendro fascista que tuvo entre otros como promotor al
increíble consejo directivo de la facultad de ciencias sociales. Sigue
sonando todavía la "reforma de la ley de radiodifusión" al tiempo que
desde el gobierno se promueve el ataque al grupo Clarín, con afiches y
manifestaciones donde unos cuantos cientos de personas salen a la calle
con carteles impresos todos iguales y del mismo color y tamaño con
afirmaciones tales como "Clarín miente". Claro, porque Kirchner, Moreno
y De Vido dicen la verdad, pero trataremos de no irnos por las ramas.
Atando cabos, tenemos entonces que cuando los medios se refirieron a
los "piqueteros" que atacaron a "la gente" que se manifestaba con
cacerolas en la plaza, estos incurrieron, según los empleados de la
facultad nombrada, en una "discriminación" hacia los primeros por
tratarse de gente de "otra condición". De allí siguió entonces eso de
los "negros" que es el término utilizado por el soretón para referirse a
sí mismo y distinguirse de la "puta oligarquía".
Finalmente apareció el propio "ex presidente en funciones" como lo
califica el periodista Nelson Castro a Kirchner, distinguiendo entre
"nosotros" y "ellos", sin que los genuflexos del INADI, ni los
"consejeros" de la facultad de marras hayan dicho una palabra que
sepamos. "Ellos prefieren las cacerolas y nosotros la plaza" dijo
patéticamente el Néstor.
Es un claro retorno a aquellas fórmulas clásicas de los
totalitarismos tan pasados de época hoy en día. Los "contras", los
"gusanos", los "comunistas", es decir, los "enemigos". Que pasan a ser
todos aquellos que no están de acuerdo con el poder de turno.
Vale la pena recordar aquí una anécdota de nuestra más tierna
infancia. Un amiguito nuestro tuvo la desgracia de caerse en un zanjón
mientras jugábamos en las calles de tierra de nuestro barrio. El chico,
el "pibe" para ser solidarios con la fraseología muletillera, se puso a
llorar amargamente, como es de suponer. Una señora acertó a pasar por el
lugar mientras nosotros tratábamos de ayudar a nuestro amigo, que estaba
embarrado hasta las orejas. Pero no se acercó a ayudarnos. No. Solamente
dijo: "déjenlo, que el padre es comunista". Obviamente no entendimos a
qué se refería, pero sí entendimos que esa vieja de mierda no se dignó
en asistir al pobre chico. Y decimos "vieja de mierda" porque todavía
nos dura la bronca, fíjense. Pero aparte porque realmente se lo merece,
donde quiera que esté.
Por supuesto nosotros no sabíamos de qué hablaba. De manera que
consultamos a nuestro padre. Quien a su modo nos explicó que el padre
"del Alberto" era un trabajador de la estiba portuaria y que estaba
afiliado a un partido político que no era el peronista. Claro, estaba
afiliado al partido comunista. Y eso era suficiente. O no.
Porque ocurre que en aquellos años del más rancio peronismo de los
años 50, los "contras" eran los comunistas, no "la puta oligarquía", y
mucho menos en Lanús Oeste, claro está, que es del barrio del que hablamos.
Los incipientes "jefes de manzana" eran los encargados de
"ficharlos", y el padre del Alberto estaba "fichado". Así que el pendejo
debía bancarse las consecuencias y comerse el barro podrido del zanjón.
La muletilla estaba impuesta. Y la segregación y la discriminación
que haría seguramente poner los pelos de punta a los amigos del INADI
también.
A esto es a lo que conducen los "nosotros" y los "ellos", no tengan
dudas.
Y siguiendo con las muletillas, digamos para terminar que no
solamente se colocan las que tienden a generar lástima y culpa, como las
que mencionamos respecto de abuelitos, pibes y mesas de argentinos...
Porque también hay muletillas para acusar a los otros: "los grandes
empresarios", "los pools de siembra", "el lock out patronal", "los
empresarios del campo", "los ricos", "los insolidarios" y, finalmente,
los "destituyentes", un verdadero hallazgo soretista.
Héctor Trillo

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