Alguna vez Eduardo Duhalde dijo en un programa de televisión que la dirigencia política argentina estaba "llena de hijos de puta". Repitió el concepto en dos oportunidades y finalmente agregó: "y me incluyo", como dándose cuenta de que no podía quedarse fuera de semejante afirmación´.
Por su parte, el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo pasó a la historia en vida no por su labor en el llamado sindicalismo o en la política, sino por haber expresado, también en un programa televisivo que los argentinos deberíamos "dejar de robar dos años" para sacar al frente al país.
Una vez, el padre del condenado Luque por el crimen de María Soledad Morales lanzó una pregunta que heló la sangre de todos los bien nacidos de esta bendita tierra: dijo algo así como que si su hijo hubiera sido el asesino, "¿Uds. creen que el cadáver aparecería?"
Seguramente hay otras frases que nos provocan verdadera repulsión, de dirigentes de distinta extracción política. O de mutantes.
Pero la frase utilizada ayer por la señora Hilda de Duhalde en uno de los actos por la "lealtad peronista" supera, a nuestro juicio, a todas las anteriores juntas.
La esposa del hacedor del kirchnerismo hizo una comparación inenarrable: afirmó que el hecho de que Néstor Kirchner celebrara el día de la lealtad peronista era como si Schoklender celebrara el día de la madre.
Lamentamos tener que ser tan duros pero decir semejante cosa nos parece un acto de bajeza superior. Para colmo y casi con toda seguridad, la frase no resultó improvisada, sino que estaba prevista, tal vez inducida incluso por algún "asesor de imagen".
Los hermanos Schoklender, como se sabe, asesinaron a sus padres siendo ellos dos adolescentes hace ya unos cuantos años. No querríamos incursionar en terrenos que no nos corresponden pero es indudable que las razones patológicas de origen psicológico que llevan a dos jóvenes a cometer un acto de parricidio semejante están tan alejadas de constituir un acto de deslealtad que resulta inconcebible una comparación como la que hizo la senadora Duhalde. Comparar las dos situaciones y ponerlas en un plano de igualdad es también un acto de profunda ignorancia. Y de desprecio.
La senadora seguramente pretendió sacar provecho de la actividad política que hoy tiene Sergio Schoklender, quien está asociado como se sabe a las Madres de Plaza de Mayo y recibe las dádivas y bendiciones del gobierno kirchnerista. Pero este hecho, con todo lo censurable que pudiera resultar desde cualquier punto de vista con que se lo mire, no tiene nada que ver con la desgracia del crimen cometido por Sergio junto a su hermano Pablo.
Lo que hizo la señora de Duhalde es agredir a una persona que en definitiva es víctima de lo que le pasó, que es simplemente tan terrible como espantoso. Agredirla porque está en la vereda de enfrente, muy cerca del matrimonio presidencial.
Un crimen no es un acto de deslealtad. Un crimen es otra cosa. Y el crimen de los padres por parte de dos adolescentes es un acto patológico que inhibe desde el vamos cualquier comparación con actitudes políticas de la índole que fueren.
Insistimos, analizar un parricidio nos excede largamente. Como nos exceden en general los crímenes de todo tipo provengan de quien provinieren.
Los actos de lealtad o de deslealtad les quedan mal en general a todos los políticos, cuya manifiesta "borocotización" es de una evidencia estremecedora. Si hasta el propio Antonio Cafiero (otro célebre por sus frasecitas) dijo ayer que "el peronismo es polifacético. Se presenta en distintos lugares. Peor sería que no estuviera en ningún lado", con lo cual nos está diciendo que es malo pero que podría ser, efectivamente, peor. Pensamos muy modestamente que peor resulta hoy por hoy casi imposible.
La realidad es que las frases que traemos a cuento en este comentario son una demostración más que palpable de dónde estamos y de quiénes nos dirigen.
Héctor Trillo
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