Segunda Opinión
EL G 20, LA CRISIS Y LOS PARAÍSOS FISCALES
Los acuerdos del denominado G 20 incluyen muchos aspectos cuya relevancia es mayor o menor. Pero todos ellos se fundamentan el el rol de los Estados a la hora de ayudar mediante créditos y salvatajes varios a quienes están en problemas.
Nunca hemos creído que para resolver la crisis internacional lo que hacía falta era promover el crédito. Y nunca lo creímos porque entendemos que la falta de crédito es una consecuencia de la crisis, y no la causa de ella.
Hemos comentado en trabajos anteriores que lo que a nuestro entender provocó la llamada crisis de las hipotecas que luego derivó en este verdadero tsunami económico y financiero global, tuvo relación directa con el otorgamiento de créditos a bajas tasas para la adquisición de viviendas. Es decir, en el expansionismo crediticio como resultado de una política tendiente a incentivar la construcción y el acceso a la vivienda propia de millones de personas.
Los fines altruistas que tales decisiones políticas pudieran tener, no invalidan la realidad de que cuando las señales que llegan al mercado muestran que conseguir dinero es muy barato, mucha más gente se vuelca a tratar de conseguirlo. Mucha más gente construye casas, mucha más gente las compra, y todo ello da como resultado un mayor valor de las propiedades. Dicho todo esto de un modo bastante simplificado, pero real.
Las hipotecas fueron descontadas por los bancos mediante la utilización de bonos, que fueron adquiridos por fondos de inversión en general y que, claro está, al contar con el respaldo de una garantía real, eran rápidamente demandados y por consiguiente también subían su precio.
Todo esto lo hemos dicho en otras oportunidades y lo repetimos ahora porque, según nuestra modesta visión, parece que no hubiera sido del todo asimilado, y no ya por quienes no tienen por qué estar inmersos en la cuestión, sino más bien por quienes sí deberían saber de qué se trata.
Los propietarios de las viviendas hipotecadas obtuvieron nuevos créditos, que tenían como garantía el mayor valor de sus propiedades y así siguiendo se gestó la famosa burbuja que ahora se ha reventado salpicando a todo el mundo.
Confesamos que cuando vemos a los bancos centrales bajando tasas de interés e inyectando moneda para favorecer el crédito nos parece estar en el país del Nunca Jamás. Nos resulta esa historia repetida hasta el cansancio de la famosa novela de Bioy Casares llamada La invención de Morel.
La confusión es muy grande. La intención de corregir el problema puede ser muy digna, pero nos resulta equivocada.
Asistimos también a la persecución de los llamados paraísos fiscales. Es decir, los países que no entran en las normas de control bancario de Basilea y que también son llamados eufemísticamente por las leyes tributarias argentinas países de baja o nula tributación. Claro que en el marco de lo que se pretende respecto de la resolución de la crisis, no parece tener mucho que ver una cosa con la otra.
Los países considerados paraísos fiscales son aquellos que no cumplen con las normas de la O.C.D.E. (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y que aplican un tratamiento favorable a personas físicas o empresas que no son residentes. Los que siguen son los puntos liminares que fija esta organización para calificar como paraíso fiscal:
1. Si la jurisdicción no impone impuestos o éstos son sólo nominales. La OCDE reconoce que cada jurisdicción tiene derecho a determinar si imponer impuestos directos. Si no hay impuestos directos pero sí indirectos, se utilizan los otros tres factores para determinar si una jurisdicción es un paraíso fiscal.
2. Si hay falta de transparencia.
3. Si las leyes o las prácticas administrativas no permiten el intercambio de información para propósitos fiscales con otros países en relación a contribuyentes que se benefician de los bajos impuestos.
4. Si se permite a los no residentes beneficiarse de rebajas impositivas, aun cuando no desarrollen efectivamente una actividad en el país.
Pero esto no es todo, ya que puede haber países considerados dentro de esta categoría porque algunas normas tributarias no encajan dentro de alguno de estos cuatro puntos. Por ejemplo:
* Reino Unido es un paraíso fiscal para personas con domicilio en el extranjero, incluso aunque sean residentes en el país (residencia y domicilio son conceptos legales separados en el Reino Unido), pues no pagan impuestos sobre los ingresos extranjeros que no se remitan al Reino Unido. Parecidas situaciones se encuentran en otros pocos países, incluyendo Irlanda.
Nos interesa especialmente aclarar estos puntos porque entendemos que se ha generado una gran mezcolanza conceptual, probablemente porque muchos de los que se refieren a estos temas no comprenden exactamente de qué se trata. Es que se ha insistido en la abolición del llamado secreto bancario cuando determinadas actividades corresponden a la vida privada y por lo tanto no son susceptibles de ser dadas a conocer a menos que existieran razones judiciales concretas.
Ahora bien, por qué razón se intenta avanzar sobre estos países en el llamado G 20 no queda del todo claro. Porque el intercambio de información con fines fiscales entre unos países y otros no puede ser violatorio del llamado principio de habeas data. En otras palabras: es necesario que exista una investigación y razones suficientes como para que tal información sea suministrada, del mismo modo que ocurre cuando se produce la extradición de una persona. De lo contrario estaríamos ante un régimen internacional de tipo policial que simplemente haría público todo en todas partes.
Entonces cuando el G 20 anuncia que los tiempos del secreto bancario ya pasaron, no queda muy en claro a qué se refiere.
Si el problema es el lavado de dinero, por ejemplo, existen normas precisas del G.A.F.I. para intentar controlarlo y a ellas tenemos entendido que se han sometido todos los países del mundo en estos momentos. Pero, y otra vez hay que decirlo, la investigación de operaciones no transparentes o sospechosas tiene un marco regulatorio especial y no se trata de poner en Internet los movimientos de todas las cuentas de todos los habitantes y empresas del planeta para que todos podamos ver lo que cada uno de nuestros compañeros de ruta en este mundo hacen con su dinero.
Es por eso que al momento de escribir estas líneas asistimos a una especie de desilusión respecto de esta cuestión que dejamos enmarcada someramente. Es que la creación de una suerte de nuevo orden financiero es pensada, sobre todo por muchos políticos, como la puesta bajo control de los funcionarios de los Estados de los bienes y haciendas de todo el mundo. Y eso, señores, se llama fascismo.
Yendo específicamente a la situación de la Argentina en este entuerto, es sabido que nuestros actuales gobernantes interpretan que ellos deben intervenir masivamente en lo que suele llamarse el mercado, de manera continua, permanente y arbitraria. Y así las cosas no son pocos los que suponen o quieren suponer, que así debería funcionar el mundo entero y que a eso se apunta desde el G 20.
Es curioso porque a su vez se presenta la contradicción de pretender que el F.M.I. preste dinero, aportado esencialmente por los grandes países industriales, pero no aplique ningún tipo de controles ni exigencias sobre los receptores de los préstamos. Parecido a las hipotecas a bajas tasas, ¿no?.
En verdad, si estamos de acuerdo en que los Estados deben intervenir en la operatoria comercial y financiera del orbe en su conjunto no se entiende por qué no deberían hacerlo los organismos internacionales como el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Parecería ser que solamente podrían, o deberían intervenir cuando lo hacen aplicando las normas que nosotros pensamos que son las correctas, y que no deben hacerlo cuando las normas que aplican las consideramos, o incluso han demostrado estar, equivocadas.
Es obvio que todo esto ha generado una gran confusión. Pero también es obvio que países o gobiernos como el argentino pretenden que todo poseedor de riqueza esté bajo el control de sus funcionarios, so pena de resultar neoliberales o cosa por el estilo. Y atado a esta concepción de la vida económica viene pegada la persecución de los paraísos fiscales.
No queremos pegar golpes debajo de la línea de flotación pero a paraísos fiscales supo ir el dinero de Santa Cruz cuya rendición clara y concreta de cuentas todavía estamos esperando.
La verdad de la historia es que los paraísos fiscales existen porque son una necesidad para el mundo y también un negocio. Desde que existe el sistema bancario existen zonas que no están bajo control ni podrían estarlo. Podemos exigir que no existan cuentas numeradas y que quienes depositan o mueven dinero en el sistema estén claramente identificados. Pero eso es todo.
Porque el mundo mueve ingentes sumas de dinero negro. No solamente la Argentina lo hace. Una buena parte de la población activa del mundo entero trabaja fuera del circuito legal. Hay estimaciones que hablan de 1.800 millones de personas. Si esa gente trabaja en el circuito negro es de suponer que la producción se vende también en ese circuito. Las cifras son monumentales.
Pero, y a esto queremos llegar, ¿es el dinero negro en el mundo lo que ha generado la crisis? Por supuesto que no. Entonces ¿a santo de qué traer a cuento estas cuestiones cuando pretendemos hablar de superar la crisis?. Nos apresuramos a decir que no pretendemos justificar ninguna operatoria ilegal, de ningún tipo, incluyendo en ello valijas repletas de dinero en aviones oficiales, por ejemplo. Pero también es cierto que es necesario discutir seriamente si queremos terminar al menos en buena medida con el dinero negro o si simplemente pretendemos ponerlo bajo nuestro control. Porque ambas cosas son muy diferentes, como ocurre en estos días con el blanqueo. Hasta el cansancio hemos oído en la radio publicidades oficiales mencionando a países que en los últimos años han recurrido a alguna forma de blanqueo. Y la pregunta ociosa es si con publicidades sobre blanqueos de capitales lograremos que deje de existir el mercado negro de capitales o en verdad estamos estimulándolo.
El tema de la droga requiere un extenso capítulo de análisis y habría que pensar seriamente si vamos a seguir por el mismo rumbo de las prohibiciones y encarcelamientos al estilo de la famosa ley seca norteamericana o en algún momento nos pondremos a discutir algún camino alternativo que permita que el negocio deje de ser tan rentable y obligue a blanquear la operatoria. Mientras no se busque un camino lógico y coherente para meter en caja esta actividad, el problema no se resolverá. Y más bien se agravará. Creemos que todos somos conscientes de que la batalla contra las drogas la ganan por lejos éstas últimas.
Sin embargo no ocurre lo mismo con el tabaco. Producto que merced a campañas de difusión ha perdido adherentes paulatina y rápidamente.
Queremos ser claros: una cosa es el marco de discusión internacional con sus claroscuros y sus interpretaciones, y otra muy distinta es la realidad argentina. Decir por ejemplo que Obama ha leído a Perón y lo ha copiado es un blooper inadmisible. Pero es producto de una concepción casi pueblerina de la realidad.
Días pasados oíamos al embajador en EEUU, Héctor Timerman, en un reportaje radial donde expresaba su particular manera de ver las cosas. Como generalmente ocurre, entre los funcionarios del actual gobierno lo political correct es atacar al neblinoso neoliberalismo y a la década del noventa. Si bien la reiteración del cliché ya tiene bastante cansados a todos, parece una especie de neurosis de parte de tales funcionarios que se renueva todos los días. Así, conspicuos kirchneristas otrora neoliberales (para utilizar sus mismas etiquetas), vuelven una y otra vez sobre sus gastadas e inexplicadas consignas. Y esto es lo que hacía este periodista devenido embajador nada menos que en Washington.
Entre otras cosas Timerman recordaba los tiempos en los que en la Argentina se hablaba de privatizar el Banco de la Nación y el hecho de que este banco oficial era el más importante a la hora de otorgar créditos, siendo que precisamente lo que el mundo necesita son créditos. Hacía hincapié en el hecho de que los bancos privados no estaban dando créditos, y los bancos oficiales sí lo harían.
Es tan obvio que resulta pesado tener que repetir que los bancos que no otorgan créditos no es que no deseen hacer negocios, sino que es más negocio no prestar el dinero o, siéndolo, no existen tomadores. Y luego, reemplazar una realidad por un banco oficial que presta dinero a tasas bajas o negativas es la antesala de la nueva burbuja en el plano internacional. Y en el plano local es la antesala de los préstamos a los amigos que jamás devolverán. Recuérdese la Circular 830 del Banco Hipotecario de los años 80, por ejemplo. O los préstamos a ciertos grupos económicos vinculados con el gobierno en tiempos del Dr. Menem. E inclusive del Banco de la Provincia en tiempos del Dr. De la Rúa, cuya salida de clearing pedida por Pedro Pou fue evitada echando a este último de la presidencia del Banco Central e iniciando así la salida de capitales que terminó con el corralito.
Claro, uno se pregunta a estas alturas para qué hace falta que el embajador argentino en EEUU salga a hablar de un tema que evidentemente no domina en absoluto y lo hace de manera tan equivocada. No tenemos la respuesta.
Pero sí sabemos que sus declaraciones no han producido ninguna reacción, que sepamos. NI del gobierno, ni de la oposición, ni de los medios periodísticos. Este buen señor dice algo que absolutamente contrario a la realidad y conduce a más de lo mismo, siendo encima embajador en la principal potencia de la Tierra, y al parecer es lo mismo que si hubiera hecho mención a algún resultado de un partido de fútbol.
¿Cuál es la razón, en nuestra opinión casi neurótica, por la que Timerman sale a atacar el intento de privatización del Banco de la Nación cuando debe saber que los préstamos de ese banco llegan no adonde deberían llegar, suponiendo que debieran llegar a alguna parte, sino a los amigos del poder? ¿Qué es lo que lo lleva a marcar como una equivocación digna de ser recordada 15 años después, si en realidad se trataba de una opinión como otra cualquiera y digna de ser contemplada en un tren de igualdad con la suya, por ejemplo?
Respondemos: lo que Timerman viene a querer decir es que quienes pretendían privatizar el Banco de la Nación eran neoliberales que estaban profundamente equivocados, tal como queda demostrado ahora con las conclusiones del G 20. Y que menos mal que no pudieron llevar adelante sus nefastas intenciones porque de lo contrario nos hubiera ido muy mal.
Teniendo en cuenta lo que hemos venido explicando acerca del crédito blando, los préstamos subsidiados y la incobrabilidad subsecuente, ¿no sería más prudente que el embajador en Washington se dedicara a sus quehaceres diplomáticos y dejara la economía y las finanzas para los economistas y financistas? También respondemos: no, porque los economistas están todos equivocados y encima son pagados por espurios intereses. No lo dijo esta vez, pero lo ha dicho otras. Incluso cuando trabajaba en televisión con el colega por años del neoliberal por excelencia del periodismo argentino recientemente fallecido: Bernardo Neustadt. Es decir, cuando era coequiper de Mariano Grondona.
Si en la Argentina nadie resiste un archivo, el amigo embajador menos que ninguno. Pero además, tampoco nos parece que vaya a resistir alguna enciclopedia.
¿Dónde están los préstamos del Banco de la Nación de sobra difundidos por Mercedes Marcó del Pont el año pasado? ¿Dónde los préstamos para construir o comprar viviendas y dejar de ser inquilinos de Guillermo Moreno? ¿Dónde los préstamos subsidiados para comprar 100.000 automóviles? ¿Dónde terminaron los préstamos de la circular 830 de Aníbal Reynaldo en tiempos de Alfonsín?
Terminaremos nuestro comentario con una cita al llamado Consenso de Washington, hoy vapuleado por diversas cumbres tendientes a establecer un nuevo orden económico que se oponga y corrija los errores de tal consenso.
El consenso fue formulado originalmente por john Williamson en su What Washington Means by Policy Reform (lo que Washington quiere decir por política de reformas) en 1989. Y los diez puntos que comprende son los siguientes:
1.Disciplina fiscal
2. Reordenamiento de las prioridades del gasto público
3. Reforma Impositiva
4. Liberalización de las tasas de interés
5. Una tasa de cambio competitiva
6. Liberalización del comercio internacional
7. Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
8. Privatización
9. Desregulación
10. Derechos de propiedad
Lo opuesto de estos conceptos es fácilmente enunciable. Podemos por ejemplo decir que no queremos disciplina fiscal, o que nos oponemos al derecho de propiedad. Hay aspectos en los que naturalmente muchos podremos estar de acuerdo y muchos no. O podemos estarlo parcialmente. Todo es opinable en definitiva. Hay aquí varios puntos con los que el gobierno actual coincide plenamente, por ejemplo el 1. y el 5. Suponemos que no se opondría al 2. y al 7. Y en cuanto al punto 3. estaba en la plataforma de Néstor Kirchner aunque al parecer fue abandonado. El punto 9. fue el que le permitió al gobernador de Santa Cruz sacar los 500 millones de dólares de las regalías petroleras en los años 90.
Obviamente que tanto el punto 8. como el punto 9. hoy son prácticamente demonios, pero no lo eran cuando el Dr. Menem era el mejor presidente de todos los tiempos.
Hay un punto que no mencionamos hasta ahora. El 4. Las tasas de interés libres no se han dado prácticamente nunca. Siempre los gobiernos han intervenido para que las tasas no fueran libres, distorsionando la oferta y la demanda, hasta el punto de provocar la crisis económica y financiera mundial probablemente más grande de la historia. ¿Lo entenderán alguna vez?
HÉCTOR BLAS TRILLO Buenos Aires, 8 de abril de 2009
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