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sábado, 8 de agosto de 2009

TREINTA AÑOS DESPUÉS

Segunda Opinión

Treinta años después

La respuesta pública a la Sra. Fernández Meijide por parte del Dr. Eduardo Luis Duhalde exime de mayores comentarios. La manera en que intenta llegar a la cifra de 30.000 desaparecidos es tan falaz como ridícula. Ello así porque parte del criterio de llegar al número previsto, y no de demostrar que es tal.
Mientras la Sra. de Carlotto llega a hablar en su también respuesta pública de hasta 45.000 personas desaparecidas, el Sr. Duhalde no llega tan lejos, pero vuelve argumentar que ciertos sectores (a los que califica de epígonos) hacen de esto una cuestión aritmética y se regocijan porque así el crimen es menor.
Este contraargumento es utilizado, como hemos señalado en nuestro escrito, para justificar un número puesto por razones tácticas" (según la Sra. Fernández Meijide)
y que éste no pueda ser cuestionado.
Habrá quien tal vez se ponga contento de los crímenes no hubieran sido tantos. Seguramente. La pobreza intelectual no abarca solamente a un sector ideológico, sino más bien a ambos. Y precisamente por eso es que quienes al menos hasta donde se conoce inflan una cifra, pretenden argüir que los otros quieren bajársela para quitarle entidad al crimen.
Y la verdad es que quienes inflaron la cifra, si lo hicieron, son los responsables de haberla inflado. Y si no fue inflada, son los responsables de demostrar que no lo fue. Es a ellos a quienes les importó el argumento "aritmético", y luego tal vez a los otros, o a algunos de los otros.
Al final de este comentario transcribiremos el link para que quien quiera leer el texto completo de la extensa nota de Duhalde lo haga. Nosotros vamos a tomar algunos párrafos nada más:

El único registro fehaciente de la cantidad de víctimas asesinadas, su identidad y destino final solo está en poder de los asesinos. De aquellos que mientras pregonan que su accionar fue “justo y en defensa de la patria” ocultan todo dato, sabiendo que su proceder fue abiertamente criminal.

Bien sabe usted que no hay un censo nacional completo sobre el número de víctimas y que éste es irremisiblemente aproximativo.

Concluido el trabajo de la CONADEP y finalmente depositado el fondo documental en la entonces Subsecretaría de Derechos Humanos, algunos familiares continuaron haciendo sus denuncias aunque ya no estaba la motivación de expresarse ante la Comisión. La euforia que precedió al juicio de los ex Comandantes dio paso a la decepción más absoluta con el dictado de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los posteriores indultos que aseguraron la impunidad de los criminales por más de 20 años.

¿Tenía acaso sentido que los familiares de los detenidos –desaparecidos que no habían hecho su denuncia ante la CONADEP concurrieran a seguir haciéndolo ante un Estado que protegía a los criminales? Cuando 20 años después las leyes de la impunidad fueron derogadas y declaradas inconstitucionales, ya era tarde. Muchos de los padres de las víctimas habían fallecido o la resignación ante lo inevitable había mermado sus fuerzas para hacer su denuncia.

La trama argumental esgrimida entendemos que nos exime de comentarios. Denunciar a los familiares detenidos-desaparecidos dejó de hacerse porque “no tenía sentido”. Ni siquiera lo tenía para ser indemnizado por el Estado o para intentar recuperar los restos.

La línea de la respuesta del Dr. Duhalde apunta a descalificar la opinión de la Sra. Fernández Meijide. En parte porque ésta favorece o alegra a sectores recalcitrantes del estilo de Cecilia Pando, y en parte porque simplemente ella, que fuera integrante de la CONADEP no puede, por así decirlo, venir a escupir el asado.

Vayamos entonces a los datos concretos que sí aporta el respondiente:

La cantidad de centros de detención (unos 500), las estimaciones sobre la cantidad de detenidos en dichos centros, que supera con creces el número de 30.000. La estimación en torno al número proporcional de habeas corpus presentados en todo el país. El número de integrantes de las fuerzas de represión (que estima superaban los 150.000). El hecho de que los propios militares hubieran estimado el número de personas “a eliminar” en 30.000.

Hasta acá, evidentemente nada. Pretender fijar una cantidad de personas desaparecidas con estos argumentos es una entelequia. Y mucho más lo es si tomamos en cuenta aquellas que verdaderamente quedaron registradas en la CONADEP, que no llegan a la cuarta parte del total “estimativo”.

Pero luego hay un dato que nos parece interesante y que no conocíamos:

Los informes de la Embajada Norteamericana al Departamento de Estado, haciendo constar que en el año 1978 los jefes de la dictadura argentina informaron a la DINA chilena que las víctimas alcanzaban ya el número de 22.000. Debe recordarse que la dictadura continuó en su labor represiva ilegal de secuestros y asesinatos por cinco años más con posterioridad a ese informe y que aquella cifra de 22.000 correspondía a solo los dos primeros años de la dictadura.

¿Será posible conocer esos informes?. Estuvimos buscándolos esta mañana en la página de la Secretaría de Derechos Humanos y la verdad es que no los hemos encontrado. Y deberían estar ¿no? ¿Por qué no se distribuye esta información y no se copia de manera bien notoria en el llamado Parque de la Memoria? ¿Qué datos puede aportar la embajada de EEUU siendo que tenía al parecer esa información? Porque si la tenía debería tener nombres, por ejemplo.

Nos parece que cuando se reitera desde hace 30 años una cifra de desapariciones, y además se sabe que ésta cifra es y ha sido cuestionada por la propia CONADEP o por el Dr. Alfonsín (y no ya por los epígonos apologistas pro militares); cuando todo esto ocurre, nos parece elemental que se esgriman públicamente los argumentos que ahora presenta el Dr. Duhalde y con los cuales se pretende justificar una cifra. No hay que olvidar, de paso sea dicho, estas cuestiones se enseñan en las escuelas primarias a las que concurren nuestros hijos.

Y otra vez:

El carácter masivo, criminal y abyecto no se mide por un resultado aritmético, al menos para los que creemos que cuando se asesina un hombre se está asesinando a la humanidad.

Volvemos a lo mismo que señalamos en nuestro escrito anterior: acá se pretende que la cifra no sea cuestionada por nadie, pero no se explica de dónde sale con argumentaciones aritméticas porque éstas no son importantes. O se dan argumentaciones francamente estúpidas, como aquella de que los deudos perdieron interés.



El tal resultado aritmético intenta justificarlo el Dr. Duhalde 30 años después porque le salió un grano en salva sea la parte y dejémonos de joder. ¿Quiere decir este señor que a la Sra. Fernández Meijide le interesa corregir el resultado aritmético porque considera que si se asesina a menos gente no se asesina a la humanidad? El resultado aritmético, estimados, no importa pero importa. Esto es lo que nos dice a todos en definitiva el Dr. Duhalde.

Treinta años después.

Como decimos, que cada cual saque sus conclusiones:

http://www.perfil.com/contenidos/2009/08/04/noticia_0037.html

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