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jueves, 17 de septiembre de 2009

NACER PARA PITO (12/9/09)

Segunda Opinión

Nacer para pito

“No hay caso, el que nace para pito, nunca llega a corneta” (Alberto Almada, cómico uruguayo al personaje del Toto Paniagua, que representaba Ricardo Espalter, otro cómico de la misma nacionalidad en un famoso scketch televisivo)



Lo que acaba de ocurrir en las oficinas del diario Clarín pinta de cuerpo entero no solamente a los Kirchner y hasta diríamos que al peronismo en su conjunto. Pinta en verdad a la argentinidad. Y podríamos agregar que a la argentinidad al palo, como dice la popular canción.

Muchas veces nos hemos referido al complejo andamiaje autoritario que mueve al argentino medio. A la idiosincrasia de este pueblo de inmigrantes convertido en cuasi xenófobo y clasista. Capaz de segregar al díscolo hasta expulsarlo socialmente.

Es inútil tratar de encontrar chivos expiatorios: el ejército de inspectores impositivos contra el diario de mayor circulación de la Argentina es obra del gobierno. El resto son tristes detalles de cobardes. De cobardes y arteros personajes del submundo de la política, tipo Aníbal Fernández o el propio Néstor Kirchner. De personajes que no son capaces de asumir su propia inmoralidad, porque a la larga es también eso. Falta de huevos, diría la popu.

La idea de que una operación de tal grado de imbecilidad podría ofrecer algún rédito político es tan inconcebible que solamente puede caber en mentes afiebradas de terror a la libertad. Y no otra cosa son las de los integrantes del matrimonio presidencial, que en incontables ocasiones han utilizado la tarima para enarbolar discursos insultantes, ofensivos, descalificantes no solamente contra medios, sino contra periodistas, acusándolos inclusive de morbosos pasados que quedó demostrado que no se sostenían con los hechos, como el caso de Joaquín Morales Solá hace algún tiempo.´

Cuando nosotros sostenemos que el intento de regular la libertad de expresión por parte de un grupo de energúmenos no es otra cosa que una visión de poca monta de la realidad argentina y mundial, no estamos diciendo nada descabellado o fuera de lugar, pese a que se nos ha acusado en tal sentido.

Veíamos días pasados al Premio Nobel de La Paz, Adolfo Pérez Esquivel, aquel eterno hacedor de huelgas de hambre de 24 horas, expresar, como si se tratara de un descubrimiento esencial de su intelecto, aquello de que la libertad de prensa no es lo mismo que la libertad de empresa. Lo cual quiere decir en cualquier romance que la libertad de empresa debe ser coartada para de ese modo concebir entonces la verdadera libertad de empresa.

Como nos gusta ir al nudo de las cosas y no quedarnos en la peronística forma de atacar a la prensa independiente, incluso con formaciones autocalificadas de intelectuales que en realidad responden a igual mentalidad totalitaria, intentaremos al menos incursionar un poco en estas afirmaciones de nada menos que un Premio Nobel.

Antes diremos que sería bueno que el tal Pérez Esquivel llevara a cabo un elemental curso de idioma castellano, dado que la forma en que se expresa y los errores y horrores semánticos en que incurre son en muchos casos inadmisibles para una persona “suficientemente leída y escribida”, como diría el poeta. Si bien nadie tiene por qué se perfecto, eliminar vicios como el dequeísmo o el queísmo en un personaje público no estaría nada mal. Es verdad que no es más que un detalle que en todo caso nos choca porque proviene de un individuo que estamos hartos de oír que pertenece a “los intelectuales”·.

Bien, s in pretender convertirnos en etimologistas, es obvio que el término “empresa” proviene del verbo emprender, es decir que empresa es en sí mismo el acto de emprender algo. La acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo, dice la Real Academia.

¿Esta libertad debe ser cercenada, Pérez Esquivel? ¿Sobre la base de qué argumentos?

Dejemos de lado que la propia Constitución establece en su artículo 14 la libertad de ejercer toda industria lícita. ¿Es acaso limitable la libertad de empresa? Y en tal caso ¿en qué medida, cómo y por qué razones?

Este personaje cuasi mediático y de características particularmente rastreras cuando se trata de sincerar su ideología no lo aclaró en su discurso. Trataremos de hacer algo al respecto nosotros. Por un lado su expresión define el sentir totalitario de toda la caterva de supuestos defensores de derechos humanos agrupados en organizaciones que fraguan su verdadera intencionalidad política cubriéndose de supuestos sentimientos humanitarios de los que abiertamente carecen a poco que se hurga en lo que hacen con quienes no piensan como ellos. En realidad, de lo que se trata es de que las empresas tengan las libertades que ellos consideran que deben tener, lo cual equivale una vez más a establecer un rango entre los humanos que los pone a ellos en la propiedad de la ética, y al resto en la comunidad de los mortales egoístas y arteros que sólo defienden intereses espurios. Esto, o más o menos esto, es lo que pretenden, ¿o no? Y esto se llama totalitarismo, señores. Acá y en donde sea.

Así las cosas, el engendro de 160 artículos elevado de apuro al Congreso para intentar “sacar” la ley de regulación de los “medios audiovisuales” luego de 6 años de gobierno en los cuales el matrimonio de sobra podría haberlo hecho, pone de relieve el verdadero fondo de la cuestión: atacar a medios y multimedios para quitarles poder luego de habérselo otorgado y de haberlo sostenido e incluso soliviantado (como en el caso de la fusión de Cablevisión y Multicanal). No se trata de abrir el espacio a otros, se trata de cerrárselo a quienes están.

La evidente visión antidemocrática de estos grupos es tan elocuente y tan manifiesta que a medida que recrudece el tema de fondo se hace todavía más patética. No son los medios que se defienden, son los inadmisibles adláteres matrimoniales que atacan.

Todo el mundo sabe, incluso él mismo, que Aníbal Fernández es tan creíble como el difunto José de Zer y sus platos voladores, pero que salga a decir que el operativo contra Clarín fue montado por el propio multimedios es una farsa impresentable. Si esto es así, Fernández debería hacer la denuncia y demostrarlo, cosa que no hará. Entiéndasenos bien, no hará la denuncia y aún si la hiciere no podrá demostrar nada. Es un farsante y punto. Y lo sabe y lo sabemos todos. Igual que el tal Guillermo Moreno.

Bien. Hemos dicho desde siempre que el peronismo no es un movimiento democrático o defensor de la libertad de prensa. Carlos Menem fue una rara avis que sin embargo tenía lo suyo también. Pero el peronismo no está solo. Los grupos filocomunistas de la facultad de Ciencias Sociales, de Filosofía y similares sienten y viven las cosas de parecida forma.

El griterío a que fue sometida la médica cubana Hilda Molina en el Congreso por parte de la patota defensora de la dictadura exiliadora y asesina más vieja del mundo lo demuestra. Tal griterío no merece reprobación del INADI ni de los muchachos de Ciencias Sociales, ni de los intelectuales de “Carta Abierta” ni del dequeísta hacedor de huelgas de hambre de 24 horas Pérez Esquivel. Así de sencillo.

Y ni qué hablar del Observatorio de Medios, denominación felliniana que más se acerca al nombre de una especie de vigilancia divina sobre las acciones de los hombres (y de las mujeres, para que no se nos ofenda la reina).

¿Y por qué? ¿Por lo que representa HIlda Molina? No. Es por lo que ataca. Ataca al patrón de estancia que rige los destinos de la isla desde hace medio siglo junto con su hermano, ambos enfundados en un ridículo uniforme verde detrás de un autotítulo militar que se autoasignaron.

Hilda Molina es el grano en el culo que le ha salido al castrismo. Igual que Clarín es el grano en el culo que le salió a Néstor. ¿Qué duda cabe?

La democracia es el grano en el culo que les ha salido a ambos. Y la tecnología es el grano en el culo que les ha salido a todos quienes quieren abolir o cercenar la libertad de pensar.

Es tan patético ver el fútbol en la “televisión pública” con carteles de propaganda política kirchnerista que verdaderamente da lástima. Da lástima verla a la reina tomar la “cadena nacional” para dar mensajes irrelevantes.

Porque la realidad, que tiene más de 25 renglones por foja, hace rato que viene poniéndolos al descubierto. Y el Sr. Mariotto, interventor de un organismo fascista creado al amparo de la dictadura de Lanusse forma parte de esa realidad, por más que pretenda ocultarse torpemente en el entramado de discursos que acusan a la actual ley de radiodifusión de haber sido concebida durante la dictadura de Videla. Ellos, todos juntos, todos revueltos, forman parte del mismo lodo totalitario. Esa es la verdad. La “libertad de empresa” no debe existir, debe existir sí la libertad de ellos para cercenarla. Eso sí.

No estamos tan seguros de que hubieran nacido para pito y que por ello no llegarán nunca a corneta. Más bien creemos que todos nosotros nacemos de alguna forma neutros, y luego nos convertimos al calor de la formación que recibimos.

Y los que no se bancan la opinión de los demás están a la vista. Y está a la vista a que grupos pertenecen.



El dequeísta decía entre otras cosas que él personalmente nunca aparece en los medios, mientras que otros personajes lo hacen siempre ¿Se refería a la televisión pública, a la radio de las madres o al canal Encuentro? ¿Y por qué en esos canales y radio no aparecen los opositores al matrimonio? ¿Y por qué la inimputable doña Hebe dice las enormidades que dice a quien quiera oirla sin que ninguno de estos entes perversos tenga una palabra para decir? No hablamos de prohibir, ojo. Porque estas basuras son tan proclives a pretender que uno dice lo que no dice que hay que salir siempre al cruce. Hablamos de decir algo, viejo. Algo.

Algo habrán tenido en común todos estos personajes: su esencia fascista y autoritaria. No es reprueban lo que dice Hilda Molina mediante un comunicado o lo que sea, no, le gritan para que no se oiga lo que dice. No es suficiente con afirmar que “Clarín miente” o “está nervioso”, sino que hay que acallarlo definitivamente. Como hiciera Perón con el diario La Prensa y con tantos otros.

¿Tendremos que volver a Radio Colonia (la uruguaya cuna de los cómicos ya fallecidos con los que iniciamos estas líneas) para poder informarnos? Seguramente no. Hoy en día la tecnología es la verdadera enemiga de todos estos energúmenos, aun habiendo nacido para pito, nunca llegarán a corneta.





HÉCTOR BLAS TRILLO Buenos Aires, 12 de setiembre de 2009


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