Hay momentos en la vida en que cada uno de nosotros puede sentir que ciertas cosas llegaron a un límite que resulta intolerable.
A cualquiera eso puede ocurrirle.
Todo puede ser discutible, opinable y discernible según el cristal con que se mire. Pero hay cuestiones, dichos, especificidades, en donde realmente resulta muy difícil que alguien pueda discutir ciertos hechos. Hay comentarios que resultan grotescos y poco importa si son a favor o en contra de quien fuere.
Y hay actitudes ante la vida que solamente pueden ser calificadas de una forma, a menos que quiera buscarse algún tipo de excepcionalidad generalmente vinculada a cuestiones psicológicas y cosas así.
Por ejemplo: si afirmamos que los patoteros son cagones habrá quien pueda decir que no es verdad que siempre sea así, pero en realidad cuesta imaginar que alguien que se rodea de fuerzas de choque para irla de guapo, es un cagón. O quien pone un arma sobre la mesa para amedrentar a quien a mano limpia se sienta a discutir con él, es un cagón.
Insistimos, habrá quien piense que no. Seguramente el personaje del ejemplo pensará que él no es cagón, sino que hace lo que hace por montones de razones por ejemplo patrióticas. Pero la verdad es que tiene un cagazo padre y si no contara con el poder detrás pobrablemente lo que tendría detrás es una mancha marrón en salva sea la parte.
Estas reflexiones vienen a cuento de ciertos trascendidos que provienen de una denuncia hecha por el consejero de Papel Prensa Carlos Collaso, que representa nada menos que al Estado Nacional en esa empresa de capital mixto. En efecto, este buen señor llamó un escribano y levantó un acta en la que dice que en una reunión llevada a cabo en la Secretaria de Comercio el 14 del corriente, el titular de la misma Guillermo Moreno profirió amenazas de grueso calibre. La reunión al parecer fue organizada con motivo de que la denominada ley de medios deja fuera a los medios gráficos, y para poder llevar a cabo la "tarea" de atacar a la prensa en todos su flancos, el botín requerido por el Poder Ejecutivo sería Papel Prensa, donde el Estado tiene una participación minoritaria (27,46%).
Papel Prensa fabrica el papel para diarios y suministra el insumo a por lo menos 170 publicaciones en el país. Si el gobierno controla a los medios audiovisuales mediante la ley que seguramente será votada en estas horas en el Senado, controla la publicidad oficial, controla los contenidos de tales medios y controla el alcance, cantidad de abonados, horarios de difusión, pertenencia por localidad, etc, etc. sólo le falta controlar el papel para hacer la gran Perón, digamos.
Y como está en eso y para eso hace falta amedrentar, parece ser que ha puesto al Secretario Moreno al frente de la patota una vez más.
Y según Collaso el tal Moreno dijo algo así como que la reunión en cuestión era privada y que sus "muchachos" eran "verdaderos expertos en partirle la columna y hacerle saltar los ojos al que hable". Claro, diríase que no nos consta si esto es verdad. La frase es patotera por excelencia. Mafiosa. Y quienes se encargarán de la tarea de partir columnas y sacar los ojos serán "los otros", no él. Típico.
Simultáneamente y por estas horas presentaron sus renuncias al directorio de Papel Prensa los señores directores por el Estado Mauricio Mazzón y Juan Drucker, que se apresuraron a negar que su decisión hubiera tenido que ver con la reunión con el Sr. Moreno que estamos comentando. No negaron haber asistido a la reunión, tampoco lo corroboraron, pero consideron su "ciclo" cumplido.
Si las casualidades no llegan solas, hay que llamarlas, ¿no?.
Según se comenta la intención de Moreno es debilitar a esta empresa para obligar a sus actuales propietarios junto con el Estado, los diarios La Nación y Clarín, a vender sus partes al propio Estado dándole así el poder de decidir qué hacer con el papel de diario. Una pinturita democrática y progresista, realmente. Si es que esto es cierto, claro. Pero a juzgar por la barrabasada de la ley de medios, lo consideramos más que probable.
A lo mejor la denuncia del consejero Collaso demora un poco las cosas, porque en definitiva si nadie avala sus dichos, los mismos no serán sino la palabra de uno contra la de otro.
Todos estos hechos, de carácter francamente patético, llevaron a diversos políticos a expresar sus opiniones. Y en general todos han coincidido en cuanto a la animalada descripta y a la finalidad del matrimonio gobernante. Claro, hablamos de políticos opositores, porque los oficialistas tienen la actitud que ya conocemos y que no insistiremos en recalcar. Para ellos lo obvio no es obvio y lo increíble es verdad revelada.
Hubo un diputado que adhiere al oficialismo, Ariel Basteiro, que en materia de comentario respecto al tema se lleva a nuestro juicio todos los laureles plantados y por plantar a lo largo de toda la historia de esa planta en todo el mundo.
Este muchacho, que es diputado por un denominado "Encuentro Popular y Social" (la verdad es que para alguien que se dice "socialista" con llamarse "Encuentro" sería suficiente -como el canal-, ya que los otros dos términos son redundantes porque NUNCA faltan en sus denominaciones), este diputado, insistimos, ha dicho que "la metodología (de Guillermo Moreno) es incorrecta e imprudente. Pero hay que ver si hay aval presidencial" ¿Pero qué te pasa Basteiro? ¿Estás nervioso? La "metodología" es patotera, cagona y fascista ¿De qué incorrección hablás pedazo de caradura? Dejémonos de joder.
La verdad es que en esta Argentina que nos toca vivir hay, desde hace una punta de años, una falta de bolas impresionante. Esa es la verdad.
¿Hay que ver si cuenta con el aval presidencial este patotero que junto con D Elía son los paladines de la cobardía que aparecen en cuanto acto público se les pida su asistencia junto a la presidenta de la república? ¿Quién lo puso y lo sostiene allí a Moreno, mi querido diputado socialista del Encuentro?
Podemos seguir diciendo cosas pero realmente creemos que no vale la pena. Cuando alguien no tiene bolas, no las tiene y punto.
Esa es la realidad.
Y estos diputaditos que liban con el Estado desde siempre y que son los encargados de levantar las banderas de lo popular, lo social, lo originario y toda la gama de palabritas de moda, son los más turros y los que más se esconden.
Héctor Trillo
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