El ágora
Actualidad económica: Poco importan las reservas
El verdadero Juego de la Oca en que se ha convertido la controversia por la utilización de las reservas del Banco Central para pagar deuda externa ha adquirido ribetes francamente insólitos.
No queremos abusar relatando lo acontecido. Ríos de tinta han corrido respecto de las idas y venidas con esta cuestión. Y miles de horas de programación radio televisiva han sido dedicadas casi con exclusividad al tratamiento de las distintas novedades.
Insultos, acusaciones y descalificaciones por parte de representantes del gobierno que de tan repetidas ya ni tragicómicas resultan.
Pero la verdad de la milanesa en esta historia en la que tanto se emula al “reino del revés” de María Elena Walsh, es que todos y cada uno de nuestros representantes parecen dispuestos a utilizar las reservas del Banco Central para gasto corriente; ya sea que se trate de obra pública, pago de deuda, reparto a las provincias o lo que fuera.
En otras palabras , el problema que tenemos los argentinos no pasa ni siquiera por la posición de la señora Fernández de Kirchner o su incomprensible esposo. Tampoco tiene mucho que ver la postura de personajes verdaderamente funestos como puede ser Aníbal Fernández u otros.
Ni siquiera parece tener validez alguna ya la permanente acusación insultante a los destituyentes, golpistas, pillos, vendepatrias y tanta parafernalia tan usual en el mundo de la subnormalidad política. A punto tal que ahora aparecen también entelequias tales como el partido judicial (sucesor directo del partido mediático) y otras lindezas que de tan reiteradas en tan poco tiempo mueven a risa. Sobre todo cuando uno observa azorado que cualquier diatriba que lanza desde alguna tribuna ad hoc el diputado Néstor Kirchner es repetida casi al instante, con un grado de genuflexión realmente impresionante, por toda la caterva que lo rodea.
Si hasta Aníbal Fernández ha llegado a decir que el presidente del Banco Central, Martín Redrado, es un estúpido. Un estúpido que ha sido el funcionario de mayor jerarquía del Banco encargado entre tantas otras cosas de asegurar el valor de la moneda y que ha estado al frente por designación del propio gobierno kirchnerista. El pez por la boca muere, francamente.
Del lado de la izquierda inmoral, la cantinela del no pago de la deuda ilegítima, ha vuelto a sonar con estridencia. Nunca, desde comienzos de los años 70, se ha podido revelar con mediana exactitud qué cosa es deuda ilegítima, a cuánto asciende y quiénes resultan ser los ilegitimarios En general se ha sostenido que tal deuda ilegítima es la resultante de los llamados autopréstamos, lo cual es en sí mismo una torpe falsedad. El dinero informal colocado en el Exterior debe ser rendido impositivamente y se encuentra dentro de la ilegalidad al no estar declarado. Pero tomar un préstamo con garantía de ese dinero negro, no es indicativo de que el tal préstamo sea ilegítimo.
Este es un tema que no ha sido analizado lo suficiente, al menos en los medios especializados a nivel periodístico. Que una deuda de un argentino que ha ingresado un autopréstamo no se pague por tener éste dinero negro en el Exterior, equivale a aplicar una sanción absolutamente ajena al marco legal. La deuda debe pagarse y reclamarse con las armas legales que hoy sobran (U.I.F. incluida, presunciones, etc.) el pago de los impuestos evadidos por el causante. Ni siquiera debe devolver el dinero al país, sino que debe enfrentar la ley, pagar lo que debe y, si corresponde, ir preso por delito tributario. Pero la simpleza y el infantilismo de sectores ajenos al mínimo conocimiento empírico de los hechos, se han cansado de repetir consignas vacuas.
Hemos señalado en otras oportunidades que la llamada clase política argentina ha tenido y tiene un sólo objetivo común: gravar con más impuestos, dejar de pagar obligaciones, postergar las devoluciones impositivas, agregar tributos nuevos y disponer de los fondos de AFJP, jubilados, Banco Central, Banco de la Nación y bancos provinciales varios, de todo cuanto dinero se pueda. En este aspecto siempre se han de poner de acuerdo.
No importa el robo a las AFJP, como no importó antes el robo a las cajas de jubilaciones de tiempos del líder histórico Juan Perón. No importa generar una inflación galopante y dejar en bolas a millones de pobres carcomiéndole los pocos pesos que tuvieran en sus bolsillos. No importa disponer de los fondos depositados vía rodrigazos, planes bónex, corralitos, corralones, pesificaciones asimétricas o lo que fuere. No importa. Nada importa. Basta con quedarse con el dinero de la gente. Unos y otros han hecho lo mismo. Una y otra vez. Siempre.
El punto es importar una buena excusa. Siempre hay que ayudar a alguien. Siempre hay que ocuparse de los pobres abuelitos, o de las amas de casa, o de los niños cuyos padres trabajan en negro (justamente porque se hace insostenible la carga tributaria al trabajo). Los desposeídos son millones. Y más millones y más y más millones. Campañas de abaratamiento, autos económicos, pan porteño, compre nacional, caja de PAN, plan Trabajar, planes jefas y jefes, y miles de etcéteras más. Todo sirve para comprar votos y clientela.
Las provincias tal vez recurran una vez más a las llamadas cuasi monedas, el Estado se apropiará de algunas empresas más con argumentos pueriles y decididamente fascistas (emulando al payaso venezolano y por qué no al líder histórico), aparecerán nuevas gabelas como antes, como ahora y como siempre.
¿Qué garantías de estabilidad tiene hoy por hoy el Banco Central? La justicia se entromete y arma un partido propio, como antes lo hicieron los ruralistas, o los empresarios de las privatizadas, o todos y cada uno de los empresarios (excepto los amigos del gobierno) que osó levantar la voz.
Ahora se les prometerá a las provincias darles una tajada de las reservas, como antes se les dio una tajada del yuyo. Y mañana se les dará una tajada de las ART, o de la ANSES, o de vaya uno a saber qué.
Estuvimos tentados de titular este comentario con una sola palabra. Pero preferimos no hacerlo para no aparecer como agoreros. No lo somos si describimos la realidad, por eso en el final de este comentario, luego de observar cómo ya parece estar decidida la suerte del presidente del Banco Central de la forma más abstrusa, torpe y regresiva imaginable, nos animamos a utilizar esa palabra. Es una invocación, un pedido: ¡Rajemos!
HÉCTOR BLAS TRILLO Buenos Aires, 28 de enero de 2010
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