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sábado, 10 de julio de 2010

MONOS CON NAVAJA 26/6/10

El caso del ex embajador en Venezuela Alberto Sadous muestra una vez más el estado de putrefacción reinante en el gobierno argentino y, si nos apuran, en la clase dirigente en general y en una parte tal vez demasiado significativa de la ciudadanía.
Sadous es un embajador de carrera, bien conceptuado históricamente en la cancillería, abogado y según se afirmó en su momento (diario La Nación del 23/4/10) " muy formal, trabajador y serio"
Fue desplazado de su cargo en mayo de 2005, luego de haber sido designado durante la presidencia de Eduardo Duhalde en octubre de 2002. Por lo que se dijo en su momento, al parecer Hugo Chávez lo acusaba de "coquetear" con los partidos opositores al régimen venezolano.
Hemos tenido oportunidad de ver copias de la documentación firmada por el entonces embajador, cuando aún estaba en su cargo, en las cuales advertía sobre ciertos manejos no claros para él de fondos de un fideicomiso.
No somos periodistas y nos basamos esencialmente en publicaciones periodísticas que arrancan en aquellos años (y no de ahora, cuando al parecer todo el periodismo se le puso en contra al gobierno, según reiteradísimas expresiones de la presidenta, de su esposo, de sus ministros y de los medios de propaganda oficial pagados por el gobierno con el dinero de todos).
En definitiva todo cuanto hasta acá hemos dicho está en los diarios, no es nuevo, y fue escrito cuando todavía el gobierno kirchnerista era amigo de Clarín y de la fusión de Multicanal y Cablevisión. Y de la "ley de medios de la dictadura", también.
Sadous fue, entonces, embajador en Venezuela la friolera de 24 meses con Néstor Kirchner en la presidencia de la república.
Las insólitas declaraciones de Julio de Vido luego de la postergadísima inauguración de la central términa de Timbúes en Santa Fe nos hicieron saltar de la silla y acercarnos a la computadora para escribir este comentario.
Dijo el ministro de planificación que el ex embajador se la pasaba "de copetín en copetín", era un "pésimo" diplomático que dijo "estupideces" ante el juez Ercolini. También afirmó que si existía una "embajada paralela" ello se debió a "todo lo que tuvimos que hacer porque él no hacía nada..."
Cuesta entender en primer lugar en razón de qué se conservó en el cargo a Sadous durante los dos primeros años del primer gobierno kirchnerista siendo que era un inútil. Cuesta entender por qué se decidió "cubrirlo" y pagarle en definitiva gruesos honorarios para que se la pasara de copetín en copetín y sin hacer nada. Cuesta entender que un gobierno democrático de un país soberano no ponga en orden su embajada en un país amigo y con relaciones comerciales importantes y, en cambio, acepte una suerte de representación informal. Y cuesta entender, sobre todas las cosas, por qué razón el ministro De Vido no dijo antes lo que dice ahora, luego de 5 años.
Por supuesto que tampoco podemos afirmar que la conducta de Sadous fuera buena, decente y coherente. Pero se trata, en definitiva, de un empleado del gobierno argentino y las noticias que relatamos al comienzo dicen que no fue despedido por su inoperancia o su ineficiencia, sino porque al pintoresco líder venezolano no le gustaban sus vínculos con los opositores.
Insistimos, estamos relatando hechos y dichos de los diarios. En largos 5 años el señor ministro nunca dijo nada. Hace unos días negó la existencia de una "embajada paralela" y ahora, a fin de cuentas, terminó admitiéndola.
Todo el mundo medianamente informado sabe el tratamiento dado a los bonos de deuda argentina adquiridos por Venezuela en su momento. Aquellos famosos mil millones de dólares al 15% anual en dólares vendidos a ese país también por fuera de los carriles normales, lo cual podría también ser interpretado como que no solamente Sadous era inoperante, sino el ministerio de economía y el propio Banco Central. Sin embargo no fue así. Luego de la venta de esos bonos la Argentina salió a recomprar para cubrir las posiciones y evitar en lo posible pagar semejante tasa. Esto también está en los diarios.
Todo el mundo sabe también el caso de Antonini Wilson y su famosa valija llena de dólares. Y también sabe de su presencia en la Casa Rosada al día siguiente de su intento de ingreso al país de tales dólares. Presencia negada hasta el hartazgo por el ministro más dirachachero de la historia de la República Argentina durante un par de años por lo menos. Presencia finalmente corroborada por videos y fotografías publicadas en los medios.
Todo el mundo sabe que el tal Antonini salió del país sin pena ni gloria y que su causa está, al menos hasta donde es conocido, definitivamente parada y sus compañeros de ruta (desde el ex funcionario Claudio Uberti hasta su secretaria) duermen en sus casitas normalmente y como si nada.
El flamante canciller Héctor Timerman dijo hace un par de días y en virtud de que Sadous iría al Congreso a declarar, que había cosas que debían mantenerse en secreto dado el compromiso de confidencialidad. Y que ésto se lo había dicho al ex embajador al reunirse con él en su primer acto como ministro designado.
Además al parecer también le dijo que contaba con la colaboración de la cancillería.
(¿Hacía falta recordarle a un embajador de carrera sus obligaciones formales con la Nación? ¿Hacía falta decirle que contaba con la colaboración ministerial? La verdad es que no nos parece).
La sensación que nos queda de todo esto es que los escándalos con el gobierno bolivariano siguen sucediéndose sin solución de continuidad. También nos parece que el ministro De Vido ha actuado de una manera bastante más que insólita al admitir la existencia de una embajada paralela por inoperancia del embajador. Nos parece también muy inconsistente que el entonces presidente Kirchner no desplazara muchísimo antes a tal embajador.
Realmente todo esto nos parece el accionar de proverbiales "monos con navaja". Negar para terminar corroborando, afirmar para terminar negando. Actuar fuera de los reglamentos, de las leyes y del accionar diplomático para luego justificarlo acusando al resposnable de inútil después de 5 años y luego de 2 de haberlo mantenido en su cargo.
Y la sensación que además nos queda es la de que a estos tipos no solamente no puede creérsele lo que hacen con el INDEC o con la llamada ley de medios. Tampoco puede creérseles en nada de lo que hacen.
Verdaderos y genuinos monos con navaja, ni siquiera toman nota de que lo que dicen es realmente inadmisible e incomprensible. Y sin olvidar que en definitiva Alberto Sadous fue un funcionario del gobierno kirchnerista. Como Uberti, como Lavagna, como Redrado, como Felisa Miceli, como tantos otros.
Héctor Trillo

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