EL SINKICHNERISMO
La muerte de Néstor Kirchner ha desencadenado, en estas horas, una verdadera catarata de opiniones de todo tipo y color. Hemos leído unas cuantas, y confesamos que es todavía prematuro entrar a lucubrar respecto de lo que ocurrirá con el gobierno de la ahora viuda Cristina Fernández.
No dejamos de reconocer, sin embargo, que la trascendencia del desgraciado hecho excede cualquier intento de prudencia, que es lo que debería primar.
Por nuestra parte, nos limitaremos a escribir unas pocas líneas respecto del pasado y también del presente, dejando el futuro para cuando la situación decante lo suficiente y, por lo menos, se enfríe el cuerpo, como suele decirse, del infortunado ex presidente.
Tal como está armado el escenario, y a juzgar por las pocas expresiones públicas de algunos funcionarios cercanos al gobierno, lo que vemos es una gran desorientación que seguramente será seguida de una feroz pelea por ocupar espacios de poder.
Kirchner era el líder natural del llamado Frente para la Victoria. Era él quien tomaba las decisiones importantes. Él subía o bajaba el pulgar.
El peronismo no se ha caracterizado históricamente por responder a una ideología determinada. Excepto por esa cuota de fascismo que tiene como “falla de origen”, que es en rigor la base de una metodología de poder, el resto ha variado sustancialmente entre los distintos caciques y caciquejos que desde hace 65 años han venido regenteándolo.
Todos lo sabemos. Los buenos ayer hoy son pésimos. Los mejores de la historia de hace poco más de una década, llevaron al difunto años más tarde a tocarse un testículo ante las cámaras de la televisión en el Congreso Nacional.
De las barbaridades tenemos que hacernos cargo, porque de la negación no surge jamás la luz.
Amigos y colaboradores de uno, pasan como si tal cosa a ser amigos y colaboradores de otro, quien a su vez antes adoraba a uno, y ahora lo aborrece de todas las formas posibles.
El peronismo es eso.
La negación de datos históricos se ha encaramado de los planes oficiales de enseñanza, donde las verdaderas enormidades autoritarias del propio Perón son tomadas como “errores” en el muy improbable caso que se hable de ellas.
Eso nos recuerda, salvando las distancias por supuesto, aquello de los “excesos” de la dictadura militar, que en realidad no eran tales, sino que era la metodología. Aquí también se trata de eso: de una metodología.
Néstor Kirchner se ha caracterizado por esa especie de fanatismo apenas recortado por discursos amistosos de vez en cuando. Su manejo de la hacienda pública fue absolutamente discrecional y estuvo siempre dirigido a apoyar o a ayudar a quienes le devolvían sus favores. Atacó por igual a gobernadores e intendentes díscolos, que lo hizo con la prensa no sometida, los empresarios, los religiosos, los militares y hasta los dibujantes de caricaturas políticas. Su esposa hizo lo mismo. Sea por órdenes de él, como en la mayoría de los casos, sea por decisión propia.
Lo mismo hicieron Perón y Eva Duarte mientras estuvieron juntos. “Al enemigo ni justicia” era el lema del difunto militar. Con estas palabras cualquier análisis sobra. O sos como yo quiero que seas o sos mi enemigo. Y si sos mi enemigo, preparate. Y nada más. Haré con vos lo que me dé la gana en tanto pueda. La propia Eva Duarte llegó a decir en público que ellos (los peronistas) eran muy democráticos, lo que ocurría era que los otros no eran....peronistas.
Lo ocurrido durante el velatorio del Dr. Kirchner muestra a las claras ese infantilismo retrógrado y maniqueo. Alguien decidía quién podía saludar a los deudos y quién no. Así, por lo que hemos podido leer en los diarios y no ha sido desmentido, el vicepresidente Cobos fue aconsejado para que no asistiera. Y lo mismo ocurrió con el ex presidente Duhalde, y también con otras personalidades de la política que fueron amablemente disuadidas.
¿Por qué? Es inconcebible que ante una situación irreparable como la que acaba de ocurrir y que nos afecta a todos como habitantes de esta tierra, alguien mezquinamente pretenda mover los hilos de la urbanidad, la cortesía y el respeto por el muerto.
El tufillo que dejan estos actos es deplorable. Porque lo que cabe esperar de esta clase de comportamientos es más de lo mismo. Sólo que ahora no estará el jefe, lo cual empeora todavía más las cosas.
Entendemos que corresponde que todos reflexionemos. Hay enfrentamientos, hay tránsfugas, hay cambios de opinión y de bando como los ha habido siempre, especialmente dentro del mismo peronismo, que ha sido y es refugio de caciques pseudo sindicales de penosos antecedentes (alguno está preso, incluso), y también de personajes autocalificados de “progresistas” o “defensores de los derechos humanos” que solamente se interesan por los intereses de aquellos que forman parte de su facción.
Néstor Kirchner ya no está. Y su impronta no podrá ser repetida de la misma forma por su sucesora, por la simple razón de que no hay dos personas iguales, y no fue ella quien llegó al poder por medios propios.
Si para nosotros el intervencionismo, el reparto de favores, el “capitalismo de amigos” y el robo de las AFJP son acciones denigrantes de la condición humana, pero para otros son virtudes; eso puede resultar casi irrelevante. Cristina no será lo mismo. Porque el poder gestado alrededor de la “caja” –que esa es la verdadera impronta del caudillo fallecido- debe sostenerse con el apoyo de los beneficiarios, y éstos están absolutamente desorientados por la realidad. Se acercarán entonces a quien mejor les pueda garantizar un futuro de prebendas. ¿Ese alguien será Cristina Fernández o será cualquier otra persona?.
El sinkirchnerismo está en marcha. Y creemos que la viuda es la primera en saberlo.
Héctor Trillo
No hay comentarios.:
Publicar un comentario