El Ágora
CÓMO LES DUELE VARGAS LLOSA
Todo lo ocurrido en torno de la figura del reciente Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas LLosa, y su paso por la Feria del Libro de Buenos Aires, ha marcado a fuego la impronta totalitaria de no pocos seguidores del grupo gobernante en la Argentina.
Señalamos en su momento la actitud inteligente y diríamos que visionaria de la presidenta Cristina Fernández de retar públicamente el Director de la Biblioteca Nacional por la torpeza de haber escrito una carta en la que pedía, también de forma pública, que la invitación cursada al escritor peruano para llevar a cabo el discurso de apertura de la citada Feria, sea dejada sin efecto.
Este novel censor se llama Horacio González y está considerado un “intelectual” en diversos sectores vinculados a las letras y a las artes. Y en razón del descrédito producido por la negativa presidencial ha salido a defenderse primero desde los espacios de propaganda que el gobierno sostiene en los canales públicos y luego desde la mismísima Feria del Libro. Ello sin renunciar a su cargo en la Biblioteca Nacional, que es lo mínimo que hubiera correspondido que hiciera.
González se hizo concurrió a la Feria para presentar su libro titulado “Kirchnerismo, una controversia cultural”. Se lo vio emocionado he hizo mención del hecho de que suele concurrir a presentar un libro ante 80 personas, siendo que en esta oportunidad se encontró con más de 300. Claro, más allá de que González hablara de Kirchnerismo o del Teorema de Pitágoras, era obvio que su presencia convocaría a quienes son sus adictos y también a algunos curiosos de esta realidad, si es que todavía quedaran.
González consideró ante una pregunta periodística que cuando Vargas LLosa habló de “comisarios políticos” no se daba por aludido y afirmó que “no se puede resumir la historia con tanta liviandad”. Para él, el peruano debió haber profundizado sus conceptos e incluso haber explicado los distintos momentos históricos que tuvo la inquisición (sic). Dijo entonces que la referencia era torpe y “para marqueses” (sic), y finalmente, que Vargas Llosa termina siendo como un monarca”.
Damos fe que, en nuestras cortas luces, hemos tratado de exprimir al máximo estos párrafos tratando de justificar o explicar que Vargas LLosa no dijo lo que quiso decir, y que por lo tanto dijo banalidades cortesanas, por calificarlas de algún modo. En otras palabras, en lugar de contestar mínimamente por qué razón considera que su actitud no es la de un comisario político, se dedicó a intentar descalificar al escritor que él mismo intentó meter en el calabozo. Realmente notable. Y más aún si se piensa que hubo gente para aplaudirlo.
La realidad es que Horacio González sacó tanto como pudo la pelota afuera, y puso en el centro de la escena los dichos de Vargas Llosa para descalificarlos en este punto e intentar también la descalificación del escritor por ello. Pero resulta que lo que el peruano hizo fue responder al agravio que significó que un personaje como González hubiera intentado quitarlo del medio por sus ideas políticas y por sus opiniones sobre el gobierno argentino.
González no se privó de afirmar que el escritor “dio a entender que acá hay censura, que hay inquisición, que hay comisarios políticos”. Con sólo recordar lo que pasó con la médica cubana Hilda Molina en la Feria del año pasado debería ser suficiente. Pero también podemos agregar la discriminación de la publicidad oficial hacia los medios amigos, los canales oficiales de difusión que son dedicados exclusivamente a propaganda panfletaria del gobierno y sus gobernantes, la pasividad policial ante actos de vandalismo impidiendo la distribución de diarios y revistas, el “escrache” a periodistas o las pegatinas con frases insultantes jamás investigadas ni aclaradas, la penosa imagen que viene dando la agencia oficial de noticias Télam y mil etcéteras parece que indican lo que el señor González prefiere negar.
La verdad es que la negación freudiana no cambia la realidad. Y la ideologización enceguecedora y sectaria parece encaminada hacia zonas francamente deleznables de la mente humana. Negar lo obvio es más peligroso que aceptarlo y asumir que hay que intentar corregirlo.
Conviene recordar a nuestros amables lectores que en oportunidad de la inauguración de la Feria del Libro el año pasado, los disertantes fueron Teresa Parodi y Víctor Heredia, que lo hicieron bajo el lema “Festejar con libros 200 años de historia” y que leyeron en esa oportunidad textos de autores argentinos. Es decir, no textos propios.
Sin pretender destacar o criticar ningún aspecto en particular, parece bastante más adecuado para un acontecimiento de la envergadura de esta Feria, que el encargado de inaugurarla sea nada menos que el Premio Nobel último, siendo que además es americano y habla y escribe en nuestra lengua.
Tal vez González sea un eximio escritor y un exquisito lector, pero lo ha podido el prurito ideológico totalitario.
Cada vez que algún extranjero ha hablado mal cuestiones que tengan que ver con los argentinos, aparecen estos especímenes mostrando las uñas para intentar acallarlo.
Otro que tuvo que salir a escribir sobre el asunto fue el increíble Aníbal Fernández. Es tan paupérrimo su discurso casi de barricada que ni vale la pena citar algún detalle.
Pero sí que Fernández es el jefe de gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, que fue la que descalificó al comisario político censor González.
Y pensar que toda esta parafernalia de pelotudeces podría haber sido obviada si un energúmeno hubiera tenido el pedacito de lucidez necesario para callarse la boca...
Héctor Blas Trillo 24 abril de 2011
No hay comentarios.:
Publicar un comentario