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sábado, 15 de octubre de 2011

UN ACTO DE FILIACIÓN FASCISTA 1/5/11

El Ágora

UN ACTO DE FILIACIÓN FASCISTA





El acto organizado por la C.G.T. el viernes 29 en el centro de Buenos Aires, tiene la impronta de un movimiento político que no puede negar, ni aún proponiéndoselo, su origen y militancia fascista.

El dirigente Hugo Moyano se hizo presente en representación de los trabajadores, afiliados compulsivamente todos ellos a sindicatos en general únicos por rama de actividad, y elaboró un discurso de claro corte oficialista. Detrás de él, un palco cargado de funcionarios y políticos adictos al gobierno, más alguno que otro dirigente empresario, como el presidente de la Unión Industrial, Ignacio de Mendiguren, completaban el triste panorama.

No pretendemos analizar aquí en detalle del elaborado discurso que se basó en loas al difunto ex presidente Kirchner y a la actual mandataria, su viuda Cristina Fernández. Pero sí poner sobre el tapete una vez más su origen y razón de ser.

El Sr. Moyano es el secretario general de una confederación de trabajadores que legalmente es la única que cuenta con la denominada personería gremial, y por lo tanto es la única que oficialmente tiene el derecho y el deber de defender a todos los trabajadores agrupados en sindicatos y federaciones. El entramado legal de esta concepción del sindicalismo proviene de un decreto de año 1945 ratificado al poco tiempo por la ley de asociaciones profesionales 14.250.

Según esta concepción, los sindicatos deben contar con personería gremial, otorgada por supuesto por el Poder Ejecutivo, con la fundamentación de que debe ser asignada tal personería a aquella organización con mayor número de representantes. No es que no puedan organizarse otros sindicatos, sino que no contarán con tal privilegio y por lo tanto su representación está limitada, no puede negociar convenios ni participar en convenciones colectivas. Es decir, que si se organiza tal sindicalismo, tendrá voz pero no voto.

Por supuesto que desde el año 1945 hasta el presente, mucha agua ha corrido bajo el puente y ya no se sostiene tan alegremente que esta concepción, basada en la Carta del Lavoro de Benito Mussolini, es democrática y pluralista.

La OIT y la Corte Suprema se han expresado en el sentido de la necesidad de reconocer mayor libertad a la existencia de sindicaciones de trabajadores y sus organizaciones superiores. Es conocida, por ejemplo, la lucha de la Confederación de Trabajadores Argentinos (C.T.A.) que hace años viene bregando por obtener tal “personería”.

Todo este introito es necesario para señalar, en definitiva, que un acto de la C.G.T. no es un acto político sino un acto gremial. Y de tal forma, no es cierto que los centenares de miles de trabajadores afiliados compulsivamente no necesariamente son oficialistas o kirchneristas.

De tal manera, el despliegue de un discurso partidario se corresponde claramente con las más rancias prácticas fascistas.

Entiéndasenos, no intentamos descalificar a nadie en particular sino definir los hechos. Y esto lo decimos porque hemos recibido muchas veces quejas en este sentido.

Estamos acostumbrados a este tipo de cosas, como argentinos. Sabemos que la mayoría de la población ni siquiera se las cuestiona, como sí por ahí cuestiona los cortes y las capuchas. Pero es obvio que se trata de acciones fascistas, encaminadas a unificar detrás de una bandería política a millones de personas afiliadas por obligación a sindicatos únicos por rama de actividad con aportes compulsivos que son descontados e ingresados obligatoriamente por los empleadores.

Si prendemos vivir alguna vez en un Estado democrático, es obvio que debemos terminar con la prepotencia autoritaria de los grupos fascistas, representados entre nosotros por lo más rancio del movimiento peronista, al que parece que adhieren ahora los autoproclamados intelectuales de Carta Abierta y otros especímenes por el estilo, que no trepidan en intentar censurar a escritores ganadores del premio Nobel de Literatura, ni tampoco se privan de concurrir a goebbelianos programas de televisión oficial al servicio oprobioso y genuflexo del régimen imperante. Donde sus conductores ganan fortunas que pagamos todos los habitantes de esta sufrida Nación.





Héctor Blas Trillo 1º de mayo de 2011

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