El Ágora 18/3/12
Anoche,
mientras
observábamos en la tele el partido entre Boca Juniors y San
Martín de San Juan
nos sorprendió el anuncio que hizo un, para nosotros, ignoto
relator: dijo que
después del partido estaría presente, en el estudio, el
viceministro de economía,
Kiciloff, quien palabras más palabras menos había recibido un
ataque antisemita
y nazi por parte de los diarios Clarín y La Nación.
Por
supuesto que sabemos
lo que es el canal 7, sabemos lo que es el programa 6,7,8 y
también sabemos por
qué razón el gobierno kirchnerista se apoderó del llamado
“Fútbol para todos”,
pero no podemos dejar de admitir que semejante anuncio nos
produjo un real y
sostenido desasosiego.
Porque
con todo lo
que significa el régimen de propaganda oficial instaurado a
partir del año
2003, no deja de ser en algún sentido más de lo mismo respecto
de lo que
ocurría en años anteriores. Pero que un ignoto relator de un
partido de fútbol
tenga la obligación de acusar a los dos principales diarios
argentinos de
antisemitas y de nazis realmente es grotesco y tragicómico, si
no exhibiera el
perfil dramático que solamente pueden sentir quienes están en la
cubierta del
Titanic y no precisamente tocando con la orquesta.
La
propaganda
acusatoria y descalificante es un símbolo, un dato trágico y
agobiante de lo
que son capaces de hacer quienes están desesperados por una
realidad que los
supera.
Porque
ni siquiera
se trata de copiar y reproducir los dichos de la propia
presidenta, quien días
pasados lanzó acusaciones de igual tenor pero contra dos
periodistas, uno de
cada medio de los mencionados. Y no contra los medios
propiamente dichos (no
desconocemos que muchas veces ha atacado ella y sus seguidores
más conspicuos a
esos medios de manera directa, pero en este caso tal vez por
algún resto de
pudor debe haber considerado que era demasiado y no lo hizo)
A
este hecho se suma
el ocurrido hace menos de una semana con el periodista Marcelo
Longobardi en el
programa que conduce por C5N. Como se sabe fue sacado del aire
de manera
abrupta mientras entrevistaba al ex ministro Alberto Fernández.
Las
explicaciones que dieron en el canal, a
las que se sumó el propietario Daniel Hadad, fueron cuando menos
estúpidas.
El
hecho de que el
programa no se repitiera en la madrugada siguiente, como ocurre
habitualmente,
da muestras claras del origen del problema. Pero a todo esto se
suma lo
declarado por el periodista mexicano Alberto Padilla, quien
explicó claramente
que se habían recibido en la emisora, llamados del ministro De
Vido,
desesperado por sacar del aire lo que estaba aconteciendo.
Padilla estaba
esperando su turno para ser entrevistado luego de Alberto
Fernández.
Hace
algunos días el
ministro De Vido, a los gritos, le endilgó al senador radical
Morales haber
sido culpa del gobierno delarruista que los ferrocarriles
estuvieran en el
estado en el que están. Este mismo ministro ha salido varias
veces a gritar e
insultar contra, por ejemplo, el jefe de gobierno Macri. Y la
ministra Nllda
Garré pasó a descubrir, de repente, que los piquetes son
extorsionadores y “destituyentes”.
La
presidenta
también arremetió contra los maestros y la cantidad de horas que
trabajan
durante su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias en el
Congreso. Y las
acusaciones de “mafioso” al señor Magnetto, CEO del grupo
Clarín, por parte del
vicepresidente Boudou, deberían
ser
llevadas a la justicia por lo menos: amén de explicar por qué
razón hasta hace
4 años este mismo señor concurría con asaz frecuencia a almorzar
a la quinta de
Olivos junto a Cristina Fernández y su esposo.
Mientras
el
pintoresco funcionario Guillermo Moreno traba las importaciones
y provoca
broncas de propios y extraños (éstos últimos los gobernantes de
países
limítrofes, especialmente), el surrealista viaje a Angola en un
avión lleno de
globos con la leyenda “Clarín Miente” rodeado de “empresarios”
que participan
del mercado de La Salada resulta casi la frutilla de la torta.
Un país
atrasadísimo y con escasas posibilidades de comerciar con el
nuestro, fue el
elegido para montar una verdadera mise en
scene, casi como en un cuento del escritor colombiano
Gabriel García
Márquez.
El
affaire de la
empresa Ciccone Calcográfica y todos los pormenores que
involucran a Boudou, un
supuesto amigo y testaferro, el secretario de ingresos públicos
Etchegaray, y
otros oscuros y desconocidos personajes, sale cada vez más a la
luz. Al punto
que, al silencio inicial durante algunas semanas de parte del
funcionario, se
pasó a la defensa incoherente en diversos medios, con argumentos
tan
incomprensibles como poco serios, tal como por ejemplo negar la
existencia de
intervención directa del entonces ministro de economía, que
quedó corroborada
porque no sólo existió tal intervención, sino que se hizo por
escrito para que
la AFIP dispusiera un plan de pagos especial por las deudas de
la imprenta de
marras, para poder levantar la quiebra que antes había pedido.
La
presidenta
también arguyó que se derogaría la ley de convertibilidad (“que
tanto daño hizo”)
pero en verdad lo que llegó al Congreso es una modificación de
la ley tendiente
a disponer de las reservas del Banco Central, atadas hoy por hoy
a la
circulación monetaria, según reforma producida durante la
presidencia de Néstor
Kirchner, tal como lo señaló el ex
ministro Alberto Fernández antes de que lo sacaran del
aire “por exceso
de formalismo” (Hadad dixit)
Que
se insista en
que si hubiera habido menos gente en el tren accidentado hubiera
habido menos
muertos es de un grado de patetismo casi soez. Que se argumente
que ahora hay
más trabajo y por eso viaja más gente es, además, casi una
falsedad, dado que
en 1998 la desocupación alcanzaba al 12,6% contra
aproximadamente el 9,5%
actual si no computamos como ocupados a quienes en verdad no lo
están
(beneficiarios de planes, personas ocupadas una hora durante la
semana anterior
a la encuesta, etc). Pero no solo eso, sino que argüir que si
hubiera menos
trabajo en lugar de 50 muertos y 700 heridos hubiera habido,
digamos, 40
muertos y 600 heridos, es realmente insoportable.
En
todos estos
ejemplos, que elegimos al azar, se observa una verdadera
desesperación de parte
de todos estos actores por tratar de mantener el método de que
la culpa la
tienen los demás, cuando el círculo se ciñe cada vez más sobre
ellos mismos.
A
todo esto se suma
el “vamos por todo” que se le ha visto expresar a la presidenta
en el acto en
Rosario por el 200º aniversario del nacimiento de Manuel
Belgrano. Un “ir por
todo” que puede llevar a no obtener nada. Porque de eso se
trata.
Y,
volviendo al
principio, que un canal oficial de características francamente
goebbelianas, se
dedique a exigir a relatores de fútbol que acusen a los dos
diarios más
importantes del país de nazis y antisemitas es una verdadera
insolencia a la
inteligencia. Un grotesco, un vodevil. Un insoportable y pantagruélico festín de
la incapacidad
intelectual.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos
Aires, 18 de marzo de
2012
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