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sábado, 30 de junio de 2012


El Ágora 18/3/12
LA DESESPERACIÓN


Anoche, mientras observábamos en la tele el partido entre Boca Juniors y San Martín de San Juan nos sorprendió el anuncio que hizo un, para nosotros, ignoto relator: dijo que después del partido estaría presente, en el estudio, el viceministro de economía, Kiciloff, quien palabras más palabras menos había recibido un ataque antisemita y nazi por parte de los diarios Clarín y La Nación.
Por supuesto que sabemos lo que es el canal 7, sabemos lo que es el programa 6,7,8 y también sabemos por qué razón el gobierno kirchnerista se apoderó del llamado “Fútbol para todos”, pero no podemos dejar de admitir que semejante anuncio nos produjo un real y sostenido desasosiego.
Porque con todo lo que significa el régimen de propaganda oficial instaurado a partir del año 2003, no deja de ser en algún sentido más de lo mismo respecto de lo que ocurría en años anteriores. Pero que un ignoto relator de un partido de fútbol tenga la obligación de acusar a los dos principales diarios argentinos de antisemitas y de nazis realmente es grotesco y tragicómico, si no exhibiera el perfil dramático que solamente pueden sentir quienes están en la cubierta del Titanic y no precisamente tocando con la orquesta.
La propaganda acusatoria y descalificante es un símbolo, un dato trágico y agobiante de lo que son capaces de hacer quienes están desesperados por una realidad que los supera.
Porque ni siquiera se trata de copiar y reproducir los dichos de la propia presidenta, quien días pasados lanzó acusaciones de igual tenor pero contra dos periodistas, uno de cada medio de los mencionados. Y no contra los medios propiamente dichos (no desconocemos que muchas veces ha atacado ella y sus seguidores más conspicuos a esos medios de manera directa, pero en este caso tal vez por algún resto de pudor debe haber considerado que era demasiado y no lo hizo)
A este hecho se suma el ocurrido hace menos de una semana con el periodista Marcelo Longobardi en el programa que conduce por C5N. Como se sabe fue sacado del aire de manera abrupta mientras entrevistaba al ex ministro Alberto Fernández. Las explicaciones que dieron en el canal,  a las que se sumó el propietario Daniel Hadad, fueron cuando menos estúpidas.
El hecho de que el programa no se repitiera en la madrugada siguiente, como ocurre habitualmente, da muestras claras del origen del problema. Pero a todo esto se suma lo declarado por el periodista mexicano Alberto Padilla, quien explicó claramente que se habían recibido en la emisora, llamados del ministro De Vido, desesperado por sacar del aire lo que estaba aconteciendo. Padilla estaba esperando su turno para ser entrevistado luego de Alberto Fernández.
Hace algunos días el ministro De Vido, a los gritos, le endilgó al senador radical Morales haber sido culpa del gobierno delarruista que los ferrocarriles estuvieran en el estado en el que están. Este mismo ministro ha salido varias veces a gritar e insultar contra, por ejemplo, el jefe de gobierno Macri. Y la ministra Nllda Garré pasó a descubrir, de repente, que los piquetes son extorsionadores y “destituyentes”.
La presidenta también arremetió contra los maestros y la cantidad de horas que trabajan durante su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso. Y las acusaciones de “mafioso” al señor Magnetto, CEO del grupo Clarín, por parte del vicepresidente Boudou,  deberían ser llevadas a la justicia por lo menos: amén de explicar por qué razón hasta hace 4 años este mismo señor concurría con asaz frecuencia a almorzar a la quinta de Olivos junto a Cristina Fernández y su esposo.
Mientras el pintoresco funcionario Guillermo Moreno traba las importaciones y provoca broncas de propios y extraños (éstos últimos los gobernantes de países limítrofes, especialmente), el surrealista viaje a Angola en un avión lleno de globos con la leyenda “Clarín Miente” rodeado de “empresarios” que participan del mercado de La Salada resulta casi la frutilla de la torta. Un país atrasadísimo y con escasas posibilidades de comerciar con el nuestro, fue el elegido para montar una verdadera mise en scene, casi como en un cuento del escritor colombiano Gabriel García Márquez.
El affaire de la empresa Ciccone Calcográfica y todos los pormenores que involucran a Boudou, un supuesto amigo y testaferro, el secretario de ingresos públicos Etchegaray, y otros oscuros y desconocidos personajes, sale cada vez más a la luz. Al punto que, al silencio inicial durante algunas semanas de parte del funcionario, se pasó a la defensa incoherente en diversos medios, con argumentos tan incomprensibles como poco serios, tal como por ejemplo negar la existencia de intervención directa del entonces ministro de economía, que quedó corroborada porque no sólo existió tal intervención, sino que se hizo por escrito para que la AFIP dispusiera un plan de pagos especial por las deudas de la imprenta de marras, para poder levantar la quiebra que antes había pedido.
La presidenta también arguyó que se derogaría la ley de convertibilidad (“que tanto daño hizo”) pero en verdad lo que llegó al Congreso es una modificación de la ley tendiente a disponer de las reservas del Banco Central, atadas hoy por hoy a la circulación monetaria, según reforma producida durante la presidencia de Néstor Kirchner, tal como lo señaló el ex  ministro Alberto Fernández antes de que lo sacaran del aire “por exceso de formalismo” (Hadad dixit)
Que se insista en que si hubiera habido menos gente en el tren accidentado hubiera habido menos muertos es de un grado de patetismo casi soez. Que se argumente que ahora hay más trabajo y por eso viaja más gente es, además, casi una falsedad, dado que en 1998 la desocupación alcanzaba al 12,6% contra aproximadamente el 9,5% actual si no computamos como ocupados a quienes en verdad no lo están (beneficiarios de planes, personas ocupadas una hora durante la semana anterior a la encuesta, etc). Pero no solo eso, sino que argüir que si hubiera menos trabajo en lugar de 50 muertos y 700 heridos hubiera habido, digamos, 40 muertos y 600 heridos, es realmente insoportable.
En todos estos ejemplos, que elegimos al azar, se observa una verdadera desesperación de parte de todos estos actores por tratar de mantener el método de que la culpa la tienen los demás, cuando el círculo se ciñe cada vez más sobre ellos mismos.
A todo esto se suma el “vamos por todo” que se le ha visto expresar a la presidenta en el acto en Rosario por el 200º aniversario del nacimiento de Manuel Belgrano. Un “ir por todo” que puede llevar a no obtener nada. Porque de eso se trata.
Y, volviendo al principio, que un canal oficial de características francamente goebbelianas, se dedique a exigir a relatores de fútbol que acusen a los dos diarios más importantes del país de nazis y antisemitas es una verdadera insolencia a la inteligencia. Un grotesco, un vodevil. Un insoportable  y pantagruélico festín de la incapacidad intelectual.





HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   18 de marzo de 2012

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