El Ágora 31/3/12
UNA REALIDAD
INEXCUSABLE
La advertencia que le hiciera la Organización Mundial
de Comercio a la
Argentina por la restricción de las importaciones puede aparecer
como una
declamación política y tal vez lo sea en algún modo. Pero es
evidente que
existe un malestar creciente por la actitud del gobierno de
Cristina Fernández
en la materia.
La realidad es que ningún importador tiene hoy la
seguridad de que
podrá realizar sus operaciones sin inconvenientes, incluso una
vez cumplidos
los pasos formales que se le requieren.
La necesidad de pedir permiso para importar lo que sea
es una traba al
libre comercio reñida con el derecho constitucional de disponer
de la
propiedad. Y también el de la libertad de comerciar. Más allá de
que ciertas
restricciones sean aplicadas en otras partes del mundo, lo
cierto es que
estamos en un país en el que en teoría debería regir la libertad
de comerciar y
por supuesto la de disponer de la propiedad. Ello no ocurre y no
es nuevo.
Tampoco es nuevo que los países que se ven afectados tomen algún
tipo de
represalias contra una Argentina que burdamente intenta tapar el
Sol con un
dedo.
Según el documento de la OMC, desde 2008 ha aumentado
sistemáticamente
la lista de productos que requieren autorización para ingresar
al país. También
señala que desde enero de este año las regulaciones requieren un
registro
previo, y el correspondiente estudio, y finalmente la aprobación
de cualquier
transacción. “Muchas compañías afirman haber recibido llamadas
telefónicas del
gobierno argentino para advertirles de la necesidad de aceptar
ese nuevo
sistema antes de recibir autorización para importar bienes”.
Impresionante.
El documento también señala que muchas veces los
permisos son denegados
sin ninguna explicación o justificación.
La secretaria de Negociaciones Económicas
Internacionales de la
Cancillería, Cecilia Nahón, manifestó en Ginebra su profunda
sorpresa y
malestar…por considerar que el reclamo no está sustentado en
datos objetivos,
sino que busca generar un hecho de naturaleza política, que
estigmatiza a
nuestro país y pretende “presionarnos para revisar las legítimas
políticas en
curso”
Lo cierto es que el documento crítico hacia la
Argentina fue presentado
en Ginebra y aprobado
por los 27 países
que integran la Unión Europea y 13 más. Un total de 40.
Seamos claros antes de seguir: no se trata de que esos
países, u otros,
no apliquen a su vez restricciones de diversa índole y calibre.
Se trata de
observar que evidentemente la Argentina aparece como
extralimitándose y por lo
tanto se anticipan las reacciones.
El documento habla de la falta de transparencia, y eso
es algo que
seriamente nadie puede negar. Acá se llama por teléfono y se
amenaza a
empresarios. Lo sabe todo el mundo, está filmado y grabado
varias veces. Se
recurre al apriete a tal punto, que por estas horas
trascendieron declaraciones
de uno de los vicepresidentes de la UIA sobre la prohibición de
importar libros
por supuestos problemas
con la tinta con
que se los imprime que son verdaderamente lamentables.
La restricción de importaciones es un acto
inconstitucional, lo
reiteramos. Una cosa es establecer aranceles, impuestos, lo que
fuere. Podremos
allí discutir si está bien o mal. Pero cuando se prohíbe el
ingreso de
productos y se lo hace literalmente a dedo, estamos en una
situación de
evidente falta de seriedad y de absoluta arbitrariedad.
A este panorama se suman las restricciones cambiarias,
la política de
trabar el reparto de dividendos y otras cuestiones a las que la
Argentina ha
adherido y forma parte de un entorno legal por el cual aún hoy
sigue formando
parte del llamado G 20.
Estamos en una situación que empeora día a día. Los
datos estadísticos
no son confiables, se oculta información al FMI del cual somos
miembros, se
aplican prohibiciones al giro de divisas, a la compra de moneda
extranjera, a
la libre disponibilidad de las utilidades, etc.
Que la Cancillería salga a afirmar que “el reclamo no
está fundamentado
en datos objetivos” es un chiste de mal gusto. Y que termine
diciendo que
se “busca generar un
hecho de naturaleza
política” trasladando al plano internacional la clásica teoría
conspirativa que
tan hondo ha calado en el gobierno argentino, es bastante más
que una patética
defensa de lo indefendible.
Todos sabemos en la Argentina quién es quién. Sabemos
el rol que cumple
Guillermo Moreno, o Ricardo Echegaray. O el mismísimo ministro
De Vido. Acá
nadie come vidrio. Pero afuera tampoco, señores.
Hace unos días, cuando Barack Obama firmó la quita de
trato
preferencial para exportaciones argentinas a los EEUU por el
incumplimiento de
nuestro país a los fallos del CIADI, también se alzaron las
voces de protesta y
condena, pero lo cierto es que estamos ante un hecho consumado y
del cual somos
responsables porque formamos parte de un sistema al que hemos
adherido.
La verdad es que el gobierno argentino se ha manejado
con prepotencia y
arbitrariedad crecientes, y estas cosas trascienden y se saben
finalmente en
todo el mundo. Se sabe del temor de los empresarios a abrir la
boca, a
contradecir los discursos presidenciales, a lo que sea.
No hay excusas. El régimen está mostrando cada día más
la hilacha.
Embretado en una encrucijada, las prohibiciones de todo tipo son
un último
recurso para intentar salvar la caja, pero inevitablemente se
sufrirán las
consecuencias, porque las represalias son inevitables.
Héctor Blas Trillo
Buenos
Aires, 31 de marzo de 2012
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