Segunda Opinión
"Si queremos
que todo siga como
está, es necesario que todo cambie".
"¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado".
"…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está". (Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa)
"¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado".
"…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está". (Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa)
Los
resultados de las elecciones primarias obligatorias llevadas a
cabo el último
domingo han provocado, como era de esperar, todo tipo de
reacciones, tanto de
parte del oficialismo como de la oposición. Se tejieron en pocas
horas todo
tipo de conjeturas y la propia presidenta de la Nación, en un
encendido
discurso repartió culpas y acusaciones que lamentablemente no
contribuyen en lo
más mínimo a sosegar los ánimos, especialmente entre quienes
conducen hoy por
hoy los destinos de la República. Dentro de todas las
consideraciones negativas
e impropias proferidas desde el ámbito oficial, que a nuestro
juicio es el más
relevante, caben destacar, aparte de la mismísima Dra. de
Kirchner, las ofensivas
apreciaciones del funcionario
Axel Kicillof, que agravió gratuitamente, como lo ha hecho otras
veces, a
aquellos economistas que no comparten su visión de la realidad
No
es nuestra intención en este comentario avanzar sobre
consideraciones
políticas, aunque es imposible dejar de lado en enrarecimiento
del clima
político y social, por cuanto las decisiones en materia
económica siempre están
influenciadas por el contexto en el que se desarrollan.
Lo
cierto es que, siguiendo el dicho popular, aquellos vientos
trajeron éstas
tempestades.
El
gobierno está buscando medidas para revertir el evidente fracaso
electoral. La
idea es corregir en octubre lo ocurrido en agosto. Esto, en
nuestro modo de
ver, es como intentar ganar un partido que se pierde por dos o
tres goles, en
los últimos 5 minutos. A esto es a lo que nos referiremos a
continuación. A lo
que se dice, a lo que trasciende, porque información oficial,
como es
costumbre, no hay ninguna.
Al
menos por lo que se comenta en los medios económicos, el
gobierno está buscando
tomar medidas en los aspectos siguientes: (a) bajar las tasas de
interés para
reactivar el consumo y el crédito a las empresas (b) liberar
importaciones
industriales, (c) diálogo con los industriales para el control
de la inflación
y (d) aumento del mínimo no imponible en el impuesto a las
ganancias.
No
hace falta resaltar que una vez más, de ser cierto lo que se
anticipa, estamos
ante la política del parche atacando las consecuencias. Veamos:
(a) La
baja de tasas de interés sólo puede hacerse a expensas de
quienes dejan su
dinero en el sistema o a través de emisión monetaria. Quienes dejan el dinero a
tasas negativas
pierden parte de su patrimonio, que es trasalado así a quienes
reciben
préstamos a bajas tasas. El resto, la emisión de moneda resta
valor a aquella
que está circulando, con lo cual una vez más los bolsillos de
quienes tienen
algún dinero, sufren una pérdida de valor que va a parar a los
bolsillos de
quienes consumen o invierten. Y acá cabe recordar que varias
veces se nos dijo
desde las más altas esferas de este mismo gobierno, que había
que retacear la
financiación del consumo para
derivarla a la producción de bienes; cosa que objetamos siempre
porque nadie
producirá bienes para que luego no sean consumidos por falta de
crédito.
(b) Las
restricciones a las importaciones de insumos diversos se han
basado en
ridículas decisiones voluntaristas de personajes como el
secretario de comercio
Moreno, que han llevado a un deterioro creciente de la
producción industrial
allí donde resultan imprescindibles insumos importados. El
objetivo era el de
frenar el drenaje de divisas sin tomar en cuenta de que de tal
modo se
deteriora la producción y el empleo, entre otras cosas. La
medida inversa, que
ahora se anticipa, contradice lo hecho y deja en claro que un
superávit
comercial ficticio sólo puede sostenerse mediante artilugios que
afectan la
actividad industrial y el trabajo.
(c) El
diálogo con industriales para intentar frenar la inflación con acuerdos de precios, no es
más que una
reiteración agotadora de medidas conducentes a intentar atacar
las
consecuencias del flagelo inflacionario, dejando intactas las
causas. Y para
colmo dejando fuera a otros sectores de la economía nacional,
como claramente
ocurre con el sector rural.
(d) El
aumento del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias
es tan obvio
como insuficiente en materia tributaria. La falta de ajuste por
inflación de
los balances, y el increíble atraso de diversos pisos y topes en
los impuestos
nacionales (como por ejemplo gastos de sepelio, viáticos,
deducción de intereses
hipotecarios y otros) , que en muchos casos lleva la friolera de
20 años, deja
expuesta en toda su magnitud la enorme improvisación en la que
habrá de
incurrirse para intentar dejar contentos a los sectores trabajadores de la clase
media.
Es
obvio que la enumeración que hemos hecho muestra claramente una
endeblez
palmaria, y que no deja de ser una pátina de maquillaje para
intentar revertir
en lo posible el magro resultado obtenido por el oficialismo en
las elecciones
primarias. Pero con lo básico que todo esto resulta, no dejan de
sorprender en
el entorno político oficial, algunas otras apreciaciones.
Por
ejemplo, la ministra de industria señaló que existen propuestas
“que
representan intereses de quienes buscan la especulación
financiera, que la patria
importadora se vuelva a poner de
pie…”. Nos cuesta aceptar que la señora Giorgi no sepa de qué se
trata, como
profesional que es, y habiendo
sido
funcionaria varios años, incluso en el gobierno de la Alianza.
Por un lado, si
entendemos por “patria importadora” lo que parece indicar un
negocio para los importadores
per se, éste no tiene nada que ver con especulación financiera
ninguna. Y por
el otro, el negocio financiero sobrevive si existe oferta y
demanda de fondos
para determinadas actividades. Por ejemplo: el Estado Nacional y
los Estados
provinciales son enormes demandantes de fondos, son incluso
largamente los
mayores demandantes mediante la emisión de títulos públicos de
diverso calibre
y en su gran mayoría al portador (es decir, no nominativos,
característica que
está vedada a la emisión de acciones, por ejemplo) para la
financiación del
gasto público. La importación de bienes y servicios es una
actividad comercial
que requiere en la inmensa mayoría de los casos (sino en todos)
el pago al
contado porque prácticamente ningún país del mundo acepta
financiar un solo dólar
a los importadores argentinos. De manera que importación y
finanzas no van de la
mano, sino que casi se trata de
polos opuestos. A menos, claro está, que tales importadores
consigan financiación
local para importar, que es lo que pretende lograrse que se
consiga para
consumir, o para producir. Si esto fuera así, habría una notable
separación
entre los fines para los cuales se otorga financiación una vez
más, intentando
desalentar las importaciones, no porque éstas no sean
necesarias, sino porque
de ese modo se restringirían. Restringir la actividad equivale a
frenarla
mediante declaraciones juradas de importación, como hace Moreno,
con lo cual
volvemos a fojas cero y no entendemos cómo terminará entonces la
propuesta de “liberar
las importaciones industriales” a la que hicimos referencia más arriba.
Pero
hay más. Esta funcionaria ha dicho que si la “patria
importadora” se pone de
pie nuevamente, se producirá un desequilibrio fiscal que luego
llevará a la “devalueta”
(sic). Un par de cosas para no cansar: el desequilibrio fiscal
nada tiene que
ver con las importaciones, que a lo sumo pueden generar un
desequilibrio
comercial. Esto para no abundar. Por otra parte la “devalueta”
viene
produciéndose desde el Banco
Central
todos los días. Hablamos del cambio oficial, que en estos
momentos viene
depreciando al peso argentino a una tasa de entre el 25 y el 30%
anual. Pero
hay algo de cerrazón intelectual en todo esto: la moneda
argentina pierde valor
no como consecuencia de los tira y aflojes empresariales, sino
como resultado
de una política monetaria expansiva y sin respaldo. La “devalueta” no fue
necesaria por años y
años, y nadie la pretendía, ni la postulaba, ni manejaba
supuestas oscuras
herramientas para lograrla. La razón por la cual la devaluación
es necesaria y el
gobierno la convalida todos los días, es
la pérdida de competitividad producto del atraso cambiario
evidente. Por eso el
dólar blue. Por eso el contado con liquidación. Por eso el cepo.
Por eso el 20%
de recargo al dólar turista. Por eso las increíbles
restricciones a la compra
de moneda extranjera.
Entonces
tengamos en claro en dónde estamos. El gobierno y sus
funcionarios intentan
tomar medidas a las apuradas para intentar frenar el drenaje de
votos hacia
fuerzas más o menos opositoras. Y en medio de esta vorágine, se
confunden
tantos y roles, se mezclan conceptos y recurre a viejos
discursos de poca monta
intentando recurrir a exhaustos recursos dialécticos en la
búsqueda de
culpables.
Nadie
es culpable de la política monetaria. Nadie es culpable de los
abusos de
funcionarios como Moreno. Nadie es culpable de la
discrecionalidad o de la
arbitrariedad de decisiones económicas. Nadie es culpable de que
a la Argentina
nadie quiera venir a invertir. Nadie que no sea el propio
gobierno. El culpable
es uno solo, y no es otro que aquel que toma tales medidas, que
acepta tales
métodos, que incluso los promueve desde el discurso oficial.
Así
las cosas, vale entonces la pena recordar a Lampedusa: nada de
lo que está
trascendiendo que se hará, cambiará nada. Todo seguirá igual, o
incluso
peor. El intento de
aplicar parches sobre
las consecuencias no hace sino mantener el rumbo, que por otra
parte es lo que
los mismos funcionarios oficiales han afirmado una y otra vez.
“El modelo sigue”,
dijo Moreno. “Ni un paso atrás” dijeron los dirigentes de esa
oscura agrupación
llamada “La Cámpora”. La presidenta impulsa el diálogo con lo
que ella entiende
son “los dueños de la pelota” para
contener
los precios que el mismo “modelo” impulsa hacia arriba.
Esta
no es más que una de las
batallas que se
libra para que todo siga como está. Gatopardismo puro.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 17
de agosto de 2013
No hay comentarios.:
Publicar un comentario