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domingo, 24 de noviembre de 2013

GATOPARDISMO 17/8/13

Segunda Opinión
ACTUALIDAD ECONÓMICA: GATOPARDISMO
"Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". 
"¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado".

"…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está".  (Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi  di Lampedusa)

Los resultados de las elecciones primarias obligatorias llevadas a cabo el último domingo han provocado, como era de esperar, todo tipo de reacciones, tanto de parte del oficialismo como de la oposición. Se tejieron en pocas horas todo tipo de conjeturas y la propia presidenta de la Nación, en un encendido discurso repartió culpas y acusaciones que lamentablemente no contribuyen en lo más mínimo a sosegar los ánimos, especialmente entre quienes conducen hoy por hoy los destinos de la República. Dentro de todas las consideraciones negativas e impropias proferidas desde el ámbito oficial, que a nuestro juicio es el más relevante, caben destacar, aparte de la mismísima Dra. de Kirchner,  las ofensivas apreciaciones del funcionario Axel Kicillof, que agravió gratuitamente, como lo ha hecho otras veces, a aquellos economistas que no comparten su visión de la realidad
No es nuestra intención en este comentario avanzar sobre consideraciones políticas, aunque es imposible dejar de lado en enrarecimiento del clima político y social, por cuanto las decisiones en materia económica siempre están influenciadas por el contexto en el que se desarrollan. 
Lo cierto es que, siguiendo el dicho popular, aquellos vientos trajeron éstas tempestades.
El gobierno está buscando medidas para revertir el evidente fracaso electoral. La idea es corregir en octubre lo ocurrido en agosto. Esto, en nuestro modo de ver, es como intentar ganar un partido que se pierde por dos o tres goles, en los últimos 5 minutos. A esto es a lo que nos referiremos a continuación. A lo que se dice, a lo que trasciende, porque información oficial, como es costumbre, no hay ninguna.
Al menos por lo que se comenta en los medios económicos, el gobierno está buscando tomar medidas en los aspectos siguientes: (a) bajar las tasas de interés para reactivar el consumo y el crédito a las empresas (b) liberar importaciones industriales, (c) diálogo con los industriales para el control de la inflación y (d) aumento del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias.
No hace falta resaltar que una vez más, de ser cierto lo que se anticipa, estamos ante la política del parche atacando las consecuencias. Veamos:
(a)    La baja de tasas de interés sólo puede hacerse a expensas de quienes dejan su dinero en el sistema o a través de emisión monetaria.  Quienes dejan el dinero a tasas negativas pierden parte de su patrimonio, que es trasalado así a quienes reciben préstamos a bajas tasas. El resto, la emisión de moneda resta valor a aquella que está circulando, con lo cual una vez más los bolsillos de quienes tienen algún dinero, sufren una pérdida de valor que va a parar a los bolsillos de quienes consumen o invierten. Y acá cabe recordar que varias veces se nos dijo desde las más altas esferas de este mismo gobierno, que había que  retacear la financiación del consumo para derivarla a la producción de bienes; cosa que objetamos siempre porque nadie producirá bienes para que luego no sean consumidos por falta de crédito.
(b)   Las restricciones a las importaciones de insumos diversos se han basado en ridículas decisiones voluntaristas de personajes como el secretario de comercio Moreno, que han llevado a un deterioro creciente de la producción industrial allí donde resultan imprescindibles insumos importados. El objetivo era el de frenar el drenaje de divisas sin tomar en cuenta de que de tal modo se deteriora la producción y el empleo, entre otras cosas. La medida inversa, que ahora se anticipa, contradice lo hecho y deja en claro que un superávit comercial ficticio sólo puede sostenerse mediante artilugios que afectan la actividad industrial y el trabajo.
(c)    El diálogo con industriales para intentar frenar la inflación con  acuerdos de precios, no es más que una reiteración agotadora de medidas conducentes a intentar atacar las consecuencias del flagelo inflacionario, dejando intactas las causas. Y para colmo dejando fuera a otros sectores de la economía nacional, como claramente ocurre con el sector rural.
(d)   El aumento del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias es tan obvio como insuficiente en materia tributaria. La falta de ajuste por inflación de los balances, y el increíble atraso de diversos pisos y topes en los impuestos nacionales (como por ejemplo gastos de sepelio, viáticos, deducción de intereses hipotecarios y otros) , que en muchos casos lleva la friolera de 20 años, deja expuesta en toda su magnitud la enorme improvisación en la que habrá de incurrirse para intentar dejar contentos a los sectores  trabajadores de la clase media.

Es obvio que la enumeración que hemos hecho muestra claramente una endeblez palmaria, y que no deja de ser una pátina de maquillaje para intentar revertir en lo posible el magro resultado obtenido por el oficialismo en las elecciones primarias. Pero con lo básico que todo esto resulta, no dejan de sorprender en el entorno político oficial, algunas otras apreciaciones.
Por ejemplo, la ministra de industria señaló que existen propuestas “que representan intereses de quienes buscan la especulación financiera, que la patria importadora se vuelva a poner de pie…”. Nos cuesta aceptar que la señora Giorgi no sepa de qué se trata, como profesional que es, y  habiendo sido funcionaria varios años, incluso en el gobierno de la Alianza. Por un lado, si entendemos por “patria importadora” lo que parece indicar un negocio para los importadores per se, éste no tiene nada que ver con especulación financiera ninguna. Y por el otro, el negocio financiero sobrevive si existe oferta y demanda de fondos para determinadas actividades. Por ejemplo: el Estado Nacional y los Estados provinciales son enormes demandantes de fondos, son incluso largamente los mayores demandantes mediante la emisión de títulos públicos de diverso calibre y en su gran mayoría al portador (es decir, no nominativos, característica que está vedada a la emisión de acciones, por ejemplo) para la financiación del gasto público. La importación de bienes y servicios es una actividad comercial que requiere en la inmensa mayoría de los casos (sino en todos) el pago al contado porque prácticamente ningún país del mundo acepta financiar un solo dólar a los importadores argentinos. De manera que importación y finanzas  no van de la mano, sino que casi se trata de polos opuestos. A menos, claro está, que tales importadores consigan financiación local para importar, que es lo que pretende lograrse que se consiga para consumir, o para producir. Si esto fuera así, habría una notable separación entre los fines para los cuales se otorga financiación una vez más, intentando desalentar las importaciones, no porque éstas no sean necesarias, sino porque de ese modo se restringirían. Restringir la actividad equivale a frenarla mediante declaraciones juradas de importación, como hace Moreno, con lo cual volvemos a fojas cero y no entendemos cómo terminará entonces la propuesta de “liberar las importaciones industriales” a la que hicimos referencia más  arriba.
Pero hay más. Esta funcionaria ha dicho que si la “patria importadora” se pone de pie nuevamente, se producirá un desequilibrio fiscal que luego llevará a la “devalueta” (sic). Un par de cosas para no cansar: el desequilibrio fiscal nada tiene que ver con las importaciones, que a lo sumo pueden generar un desequilibrio comercial. Esto para no abundar. Por otra parte la “devalueta” viene produciéndose desde el  Banco Central todos los días. Hablamos del cambio oficial, que en estos momentos viene depreciando al peso argentino a una tasa de entre el 25 y el 30% anual. Pero hay algo de cerrazón intelectual en todo esto: la moneda argentina pierde valor no como consecuencia de los tira y aflojes empresariales, sino como resultado de una política monetaria expansiva y sin respaldo.  La “devalueta” no fue necesaria por años y años, y nadie la pretendía, ni la postulaba, ni manejaba supuestas oscuras herramientas para lograrla. La razón por la cual la devaluación es necesaria y el gobierno la convalida todos los días, es la pérdida de competitividad producto del atraso cambiario evidente. Por eso el dólar blue. Por eso el contado con liquidación. Por eso el cepo. Por eso el 20% de recargo al dólar turista. Por eso las increíbles restricciones a la compra de moneda extranjera.
Entonces tengamos en claro en dónde estamos. El gobierno y sus funcionarios intentan tomar medidas a las apuradas para intentar frenar el drenaje de votos hacia fuerzas más o menos opositoras. Y en medio de esta vorágine, se confunden tantos y roles, se mezclan conceptos y recurre a viejos discursos de poca monta intentando recurrir a exhaustos recursos dialécticos en la búsqueda de culpables.
Nadie es culpable de la política monetaria. Nadie es culpable de los abusos de funcionarios como Moreno. Nadie es culpable de la discrecionalidad o de la arbitrariedad de decisiones económicas. Nadie es culpable de que a la Argentina nadie quiera venir a invertir. Nadie que no sea el propio gobierno. El culpable es uno solo, y no es otro que aquel que toma tales medidas, que acepta tales métodos, que incluso los promueve desde el discurso oficial.
Así las cosas, vale entonces la pena recordar a Lampedusa: nada de lo que está trascendiendo que se hará, cambiará nada. Todo seguirá igual, o incluso peor.  El intento de aplicar parches sobre las consecuencias no hace sino mantener el rumbo, que por otra parte es lo que los mismos funcionarios oficiales han afirmado una y otra vez. “El modelo sigue”, dijo Moreno. “Ni un paso atrás” dijeron los dirigentes de esa oscura agrupación llamada “La Cámpora”. La presidenta impulsa el diálogo con lo que ella entiende son “los dueños de la pelota”  para contener los precios que el mismo “modelo” impulsa hacia arriba.
Esta no es más que una de las batallas que se libra para que todo siga como está. Gatopardismo puro.



HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   17 de agosto  de 2013

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