El Ágora
Anoche, al finalizar el
partido entre
Brasil y Croacia, la tele quedó encendida en el canal oficial,
que como se sabe
era el único que lo transmitía. De tal manera que un rato
después, me encontré
viendo el programa de propaganda gubernamental 6,7,8.
Si
bien no suelo ver
ese programa habitualmente, debo decir que por lo general nada
de lo que pone
en escena me sorprende. Pero
en este
caso me llamó la atención que los panelistas, en general
expertos en lanzar ataques
a periodistas o políticos no afines al régimen, ¡estaban
hablando de fútbol! No es un tema menor
–pensé-, la verdad es
que no le hacen asco a nada.
Pues bien, los panelistas hablaban
de fútbol, y más
específicamente del mundial que acaba de iniciarse en el país
vecino.
No miré el programa
demasiado tiempo,
debo decir; pero sí un rato, justamente porque me llamó la
atención el tema.
Supuse primero que hablarían de las revueltas por parte de los
grupos que en
Brasil se oponen al acontecimiento. Tal vez de la reacción
policial y militar,
la conocida represión. Pero no. Se ocuparon de mostrar imágenes
del penal que
el árbitro japonés cobró a favor del local en el partido contra
Bosnia, junto a
comentarios del periodista
Fernando Niembro
quien aducía que los árbitros siempre favorecen a las camisetas
amarillas, que
era “un bochorno” haber cobrado ese penal y etcétera.
Más allá del hecho
futbolístico en sí,
la intención era mostrar, claramente, que son muchos en la
“patria grande”
sudamericana, o latinoamericana (no estoy seguro) terminan
“hinchando” por
equipos “extranjeros”.
Así las cosas, los
integrantes del
programa fueron dando sus impresiones uno por uno, manifestando
su inquietud
por el hecho de que son muchos en la Argentina los que están más
que contentos
con que pierda Brasil, mostrando así, supongo, su desapego a la
región, su
falta de patriotismo regional, su desprecio por “la patria
grande” y, en definitiva,
su falta de nacionalismo, o panamericanismo.
Desde sectores
ideológicamente afines a
los propagandísticos oficialistas, hace algunos años sucedió
algo que vino a mi
mente y que me motivó para escribir estas líneas. En oportunidad de jugarse
el mundial de rugby
en el cual el seleccionado argentino hizo el mejor papel de toda
su historia en
ese deporte, a estos grupos les llamó la atención la forma en
que los jugadores
entonaban el Himno Nacional. Se notaba en ellos, y es cierto, un
verdadero
fervor patriótico. La imagen que daban era, realmente, la de los
soldados a la
hora de salir a combatir, o algo por el estilo. Muchos
recordarán entonces que
tal manera de entonar la canción patria dio lugar a severas
críticas, e incluso
a comparaciones y acusaciones a mi entender faltas de todo tino
o respeto. Se
acusaba a los rugbiers de simpatizar con la dictadura militar,
por ejemplo. Se
asociaba la manera de cantar el Himno con la actitud de un
régimen militar como
el que soportamos. Un verdadero oprobio, un insulto gratuito y
un proceder
faccioso, sectario, dogmático, descalificador, encasillador y
definitivamente
discriminador. Todo esto, para decir lo menos, es lo que se
merecen los
propagandistas de entonces. Y también se lo merecen los
propagandistas de
ahora.
Aquellos rugbiers
eran, según ese
prejuicio lamentable, promilitares, por mostrar su patriotismo.
Pero resulta
que ahora los latinoamericanos parece que tenemos que enarbolar
las banderas de
la patria grande y henchir nuestro pecho hasta que salten
nuestros corazones
con tal de que la copa quede en América. La idea es la misma.
Patria grande o
patria chica, está mezclándose un juego de fútbol o de lo que
fuera con un
país. O con cada país. Lo cual es un absurdo. Incluso es un
absurdo, si
cupiere, como método de propaganda.
Los equipos de fútbol
representan países, pero
son equipos de fútbol. Y
en el fútbol, como en la vida, uno tiende a
ir a favor del más débil. Y también tiende a ir en contra de
quien puede, en
una instancia posterior, enfrentarse al equipo del país propio,
con chances de
ganar.
Para decirlo
claramente: a la
Argentina le conviene no tener que enfrentarse con Brasil.
Punto. No hace falta
otra cosa para explicar lo obvio. Ni debería hacer falta decir
esto, siquiera.
Pero parece que sí, que acá hay que decirlo porque si bien
programas como 6,7,8
no son vistos por el gran público, se sabe de sobra que todo lo
que hacen,
muestran o dicen es producto de la “bajada de línea” oficial.
Escucharlos a
ellos es escuchar a la presidenta.
Si
ellos dicen eso, eso es lo que, con total seguridad, en la
intimidad dice la
señora de Kirchner. Como dice que hay que borrar a Colón de la
mente de la
gente, o hay que crear una secretaría de “pensamiento nacional”
o un instituto
de revisionismo histórico que rescate la historia “popular”.
Sigo: me resultó
particularmente patética
una integrante del panel sesisieteochezco, que afirmaba, como
queriendo
destacarse ante sus compañeros, que ella había ido a favor de
Brasil en el partido de
marras. Y daba
explicaciones y justificaciones acerca
de por qué. A cual más banal y fuera absolutamente del entorno
de un hincha de
fútbol.
Mezclar países y
nacionalidades con equipos para
luego salir a descalificar a quienes observan un campeonato de
fútbol como lo
que simplemente es, resulta un acto de bajeza bastante
incalificable. Pretender
que cualquier hincha del deporte más popular es un antipatria
porque va a favor
de un rival europeo es una soberana gansada. Pero decir
abiertamente que se va
a favor de un equipo latinoamericano e intentar explicarlo y
justificarlo
mediante argumentos nacionalistas de pacotilla es, simplemente, una puesta en
escena de malos actores
con peores libretos.
Esta gente nos tiene a
todos demasiado
acostumbrados a esta clase de calificaciones. Desde el ministro
Kicillof hasta
la propia presidenta o el inefable Capitanich. Pero no hay cosa
más ridícula
que intentar explicar un sentimiento que si se tiene no necesita
explicación.
Yo personalmente siempre
me he inclinado a
favor de Brasil en instancias en las que la Argentina no estaba
ya en
carrera. Siempre he
preferido que el
campeonato quedara en América. Me sale así.
Y lo digo pese a que tengo sangre española. Pero es obvio
que tratándose
del futuro del seleccionado argentino jamás podría saltar de
alegría de lo bien
que juega Brasil y de la posibilidad de tener que enfrentarlo. O
también, por
qué no, de la esperanza de obtener una mejor calificación que
nuestros vecinos
al final del campeonato.
Pretender un
latinoamericanismo a la
violeta intentando forzar a nuestro corazón futbolero para que
alentemos a Brasil
contra Bosnia es el colmo de la
sinrazón. Tal vez, la panelista a la que me refiero, no tiene la
menor idea de
lo que es ser hincha. Y si la tiene, su sentido de la proporción
de las cosas,
es bastante pobre. Y lamentablemente la de todo el panel de ese
programa,
también. Porque todos asentían.
En mis años de estudiante
siempre se
repetía aquello de que quienes más se autocalifican de populares
e inclusivos,
son los más elitistas y clasistas.
Siempre lo he observado así. Recuerdo en tiempos de
Alfonsín cuando la
Coordinadora había copado la radio de la Ciudad de Buenos Aires
y reemplazado
la tradicional música clásica de la emisora por música popular. Allí, alguna vez, pude
escuchar a un
integrante de esa agrupación (antecesora casi natural de “la
Cámpora”) afirmar
que a ellos se los criticaba por difundir música popular en
lugar de
clásica. Y su descargo
era que ellos
pasaban discos de Mercedes Sosa, no de “la Mona” Giménez. Más
sectarismo
imposible. Y confeso.
Salvando todas
las distancias
esto también se le parece. Si sos un buen argentino, si formás
parte del lado
bueno de la vida en sociedad, tenés que ser latinoamericanista,
y por lo tanto
hinchar por los países de ésta región, en todas las instancias y
siempre. De lo
contrario, merecerás el mote de antipatria, o antirregión. O antipueblo. Para el caso
es lo mismo.
Sentite bien
culpable, escondé
tus sentimientos si es fueran otros. Mostrá tu lado bueno
defendiendo “lo
nuestro”
Ese es el mensaje. Pero
yo también tengo
un modestísimo mensaje para esta gente: los comprendo, hagan la
propaganda y
bajen la línea que le piden. Incluso caigan en el ridículo de
considerar poco
amantes de la nacionalidad a quienes miran el campeonato de
fútbol como un
campeonato de fútbol y juegan sus fichas a lograr una mejor
posición o incluso
salir campeones. Pero no se quejen después si la gente les dice
cualquier cosa
en las redes sociales o por la calle. Porque la verdad es que se lo merecen, ¿saben?
Porque
cualesquiera sean las ideas de cada uno, nadie tiene por qué
salir a
descalificar a quienes ven al fútbol de una forma determinada
que no coincide
con la bajada de línea presidencial
Porque cada uno de
nosotros, en suma,
tiene todo el derecho del mundo de defender y apoyar lo que le
plazca, máxime
en materia de un juego de fútbol, sin tener que soportar la
tilinguería de ser
considerado antinacional ¿Podrán entenderlo? Espero sinceramente
que sí
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 13
de junio de
2014
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