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sábado, 28 de noviembre de 2020

CONTRACORRIENTE: LA INFLACIÓN ES UN PROBLEMA MONETARIO

 Contracorriente

 LA INFLACIÓN ES UN PROBLEMA MONETARIO

     No es que si sube el dólar tendremos más inflación. Es que tenemos más inflación y por eso sube el dólar

 

 

      Cada vez que se produce una crisis en la Argentina, las explicaciones que suelen escucharse apuntan sin demasiada novedad a la suba de los precios. Gobernantes, funcionarios e ideólogos de diversas tendencias se muestran muy preocupados por controlar la suba de los precios, establecer precios máximos y desarrollar programas del tipo “precios cuidados” o similares. A eso se suma el congelamiento de las tarifas, el precio de los combustibles e inclusive una penosa intromisión en los contratos entre los particulares, como por ejemplo los alquileres.

      La historia se repite, primero como tragedia y luego como comedia. Y en eso parece que estamos.

      En el contexto de la pandemia que está sufriendo el mundo entero, la cuarentena que se aplica con diversas variantes desde el 20 de marzo pasado, ha producido un verdadero parate en materia económica. En todos los órdenes. La demanda de bienes y servicios ha caído dramáticamente como consecuencia del encierro relativo al que todos debimos someternos en estos meses.  A su vez, el gobierno optó por emitir moneda para otorgar diversos tipos de subsidios y ayudas tendientes a paliar la situación de quienes no tienen posibilidades de contar con recursos para subsistir.

      No es el objetivo de este comentario analizar si se hizo lo mejor en la actual coyuntura. Sí lo es analizar brevemente las consecuencias.

      La baja de la producción y la caída de la demanda de bienes y servicios ha significado un incremento relativo de enormes proporciones en la cantidad de moneda circulante. Si bien cerca de la mitad de la moneda emitida desde marzo, ha sido reabsorbida por el Banco Central mediante la colocación de Leliqs (Letras de Liquidez, que solamente pueden adquirir los bancos), lo cierto es que la cantidad de moneda en poder de toda la población ha crecido más que considerablemente.

      Por su parte la demanda de bienes y servicios se ha ceñido fundamentalmente a los artículos de primera necesidad cuyo consumo es, obviamente, imprescindible. Comida, medicamentos y bebidas conforman los rubros cuya demanda es relativamente inelástica. Puede caer un poco la demanda, puede variar la calidad de lo que se consume, pero indudablemente es imposible la supervivencia sin su consumo.

     Cuando se emite moneda sin la correspondiente creación de bienes y servicios, se produce un excedente monetario que provoca la pérdida de valor de esa moneda. La suba de los precios no ocurre de manera inmediata o simultánea. Generalmente suben primero los precios de los bienes de demanda más inelástica pero de gran necesidad (comida, bebida, remedios) y lo hacen luego los demás productos que conforman la vida económica.  No todos al mismo tiempo y no todos en la misma proporción.

      Existen otros factores que ralentizan o aceleran la suba de los precios. Uno de los más importantes es la llamada velocidad de circulación de la moneda. Esto es: cuánto tiempo tiene cada individuo los pesos  en su billetera. O dicho de otro modo, qué tan rápido se desprende de tal moneda.

     En el medio tenemos toda la gama de controles de precios. Y los congelamientos, que intentan evitar los efectos de haber emitido moneda sin respaldo.

      Los congelamientos significan,  en términos económicos, poner en cabeza de los productores de bienes y servicios, el costo que deberían pagar los consumidores. 

     Con estos elementos podemos entrar entonces a resumir cómo afecta la inflación a los precios.

     Por un lado los precios suben por la pérdida de valor que surge del exceso de moneda emitida, como queda dicho.  Por otro lado también suben si hay una aceleración de la circulación de la moneda. No suben o lo hacen menos cuando los gobernantes congelan tales precios, lo cual en buen romance no significa que no suban, sino que se socializan las pérdidas que produce la devaluación de la moneda (con subsidios, por ejemplo) O se le cargan directamente al productor de los bienes, que de este modo soporta un serio desaliento para aumentar su producción o realizar nuevas inversiones. 

    Ahora bien, ¿por qué razón sube el dólar? Lo hace fundamentalmente porque al ser un bien fungible de gran liquidez, constituye la reserva de valor por excelencia. Podríamos decir que lo mismo ocurre con cualquier moneda fuerte que adquiriéramos. El euro, por ejemplo. Pero normalmente entre nosotros la moneda fuerte  que elegimos generalmente es el dólar.

    Por todas estas consideraciones es que  decimos que no es la suba del dólar la que provoca inflación, sino que es la inflación la que provoca la suba del dólar. Detrás de ella, sigue la suba de los precios de los demás bienes.

    Pretender que el dólar no suba mediante medidas restrictivas, como el llamado cepo, no hace sino producir el efecto de la tapa de una olla a presión. Es atacar la consecuencia de la inflación y no la causa. Igual que ocurre con cualquier congelamiento de precios. El dólar es una cosa, lo mismo que puede serlo una lata de tomates. Que invirtamos el dinero en dólares o en latas de tomates es una opción personal. Pero las latas de tomates son de difícil realización a la hora de necesitar dinero para comprar cualquier cosa. Mientras que el dólar se convierte en pesos en cuestión de minutos. O inclusive podemos pagar con esos mismos dólares.

    Un párrafo dedicaremos ahora a explicar cómo funciona el índice de precios.  El INDEC utiliza un método basado en una canasta de bienes y servicios en promedio que consume una familia tipo cada mes.  Se integran en un índice ponderado que incluye ese consumo estimado promedio. Cada tanto se modifican los modelos de ponderación porque el consumo promedio varía de acuerdo a las innovaciones tecnológicas, cambio de hábitos de alimentación, o cualquier otro factor.

   Cuando los gobiernos congelan precios o tarifas, el índice de precios al consumidor no sube lo que debiera, porque tal índice no toma en cuenta que existe una diferencia entre el precio congelado y el que debería ser.  En otras palabras: no es que no exista inflación o que ésta sea menor, sino que no se la mide. Tampoco se incluye en dicho índice el precio del dólar o las variaciones de los salarios. Es un índice que antes se conocía como Costo de Vida, porque eso es lo que es.  Los más grandecitos seguramente recordarán la llamada “inflación cero” del ministro de Juan Perón, José Ver Gelbard, que derivó en el estallido llamado “rodrigazo” en recuerdo de sucesor de Gelbard, Celestino Rodrigo, que fue el que se vio necesitado de destapar la olla. El índice de Costo de Vida, en suma, señala cuánto nos cuesta vivir con el dinero de nuestro bolsillo.

     Los congelamientos no son solo de precios, también suelen serlo del tipo de cambio. La “tablita” de Martínez de Hoz estalló de la mano de Lorenzo Sigaut y el recordadísimo “el que apuesta al dólar pierde”. Finalmente, el supercongelamiento del precio del dólar llamado “convertibilidad” también estalló de la mano del ministro de Duhalde: Remes Lenicov.

    Este análisis pretende simplemente arrojar un poco de luz sobre la realidad económica, por encima de quiénes sean los gobernantes y dejando de lado consideraciones políticas o ideológicas. Simplemente se trata de intentar comprender un poco mejor cómo funcionan las cosas y tener bien presente que si se atacan las consecuencias, nunca se corrigen las causas. Pero está bien claro que las causas se producen por el manejo de la política monetaria, especialmente para sostener un nivel de gasto insostenible, el conocido de todos déficit fiscal, que se financia con emisión o con endeudamiento. Éste último es emisión futura. También con el incremento de la presión tributaria que venimos sufriendo desde hace décadas.

   

 

 

 

Buenos Aires, 1º de octubre de 2020                                                     HÉCTOR BLAS TRILLO

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