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lunes, 9 de junio de 2008

NEUSTADT (9/6/08)

Hablar de Neustadt no es fácil. Es asumir un rol que es políticamente
incorrecto en esta Argentina autoritaria y "progre" donde la
humildad y
la pobreza son virtudes de la boca para afuera. Donde la
solidaridad es
entendida como la presión para que los demás repartan mientras
nosotros
acumulamos. Donde los demás son contradictorios y nosotros somos
prístinos e impolutos idealistas.
Claro. Yo tengo por costumbre colocarme los botines y salir con los
tapones de punta si hace falta. Y voy a hacerlo apelando nada más
que a
mi memoria, porque como no soy periodista no tengo ordenados archivos.
Recuerdo a Neustadt en el campo de la cancha de Rácing, cuando
conducía
la revista de esa institución de fútbol que él mismo había fundado.
Tengo presente la casa donde funcionaba la redacción del diario El
Mundo
en la calle Río de Janeiro, cerca de las vías del Sarmiento, en la
cual
comenzó a trabajar en lo que sería su gran pasión teniendo 14 años.
Recuerdo sus programas radiales donde entre otras cosa inició eso
de las
llamadas telefónicas a entrevistados, que hasta ese entonces no se
usaba.
Su programa en televisión junto a Mariano Grondona que duró muchos
años
y por el cual pasaron prácticamente todos los políticos habidos y por
haber. Aún los más acérrimos opositores a la línea ideológica de
Neustadt. Aún quienes lo criticaban y defenstraban antes y después.
Recuerdo cuando en tiempos de Alfonsín le pusieron un programa
luego de
Tiempo Nuevo donde un par de genuflexos lo criticaban.
Recuerdo también su cara de pollo mojado cuando Oriana Fallacci le
espetó que los argentinos teníamos dentro de nosotros a un "enano
fascista". O cuando Yasser Arafat casi corta el diálogo cuando el
periodista intentó hacese el ingenioso hablando de "su dios, mi
dios, y
el dios de cualquiera". El fanático terrorista no pudo soportar la
idea
de que hubiera más de un dios, y no alcanzó a entender que en el
fondo
Neustadt no quería decir que hubiera varios dioses, sino visiones
diferentes del mismo dios. Al menos así lo entendí.
Recuerdo cuando su programa fue levantado finalmente del canal 13,
también en tiempos de Alfonsín, y debió emigrar al reprivatizado
canal 2.
También recuerdo agachadas suyas. Una vez hablando no me acuerdo
de qué
tema en la radio, dijo que él jamás en la tele había dicho no sé qué.
Yo, que en esos años grababa el programa en un simple grabador de
casetes (no tenía video) fui a buscar la cinta y pude escuchar que
efectivemente sí había dicho lo que 24 horas después negaba.
Nunca pude entender los comportamientos contradictorios de esta
gente.
Ni de Neustadt ni de nadie. Pero creo que podemos estar de acuerdo en
que todos tenemos contradicciones. Sin pretender ser esto una
excusa de
nada ni de nadie.
Todos los programas televisivos que se iniciaron copiando al viejo
PNP
(Perdona Nuestros Pecados) de Raúl Portal terminaron mostrando una y
otra vez la gran cantidad de contradicciones de políticos,
periodistas,
actores, locutores y todo cuanto parlanchín se presentara ante la
televisión. Algunos de ellos fueron todavía más soretongos, como por
ejemplo CQC que inició la retirada luego de que su conductor
contribuyó
a colocar a De la Rúa en el poder defenestrando a Menem, para después
afirmar que el programa no se haría nunca más, con despedida y
todo en
el teatro Ateneo, si mal no recuerdo.Para después volver cuando
comprobó
que su preferido era prácticamente un "Sr. Jardín".
El mote de "camaleónico" en general asignado a Neustadt le cabe con
mayor o menor grado de exactitud a centenares de personas que se
presentan en televisión. Basta buscar en los archivos para encontrar
contradicciones inconcebibles, muchas de las cuales ni se presentan
porque no son políticamente correctas tampoco, como el pasado
alfonsinista de González Oro en sus programejos de Radio del Plata.
Y ni hablar de los políticos. Sin solución de continuidad furibundos
menemistas (como el propio Kirchner), compañeros de ruta del pacto de
Olivos (como Cristina), hasta funcionarios "convertibles" como Martín
Redrado, o el propio Cavallo junto a los milicos, junto a Menem y
junto
a De la Rúa. Al De la Rúa promocionado por Pergolini, Eliaschev,
Pinti,
Gasalla, los conchabados de TVR y tantísimos etcéteras.
En otros tiempos que se juntan a los actuales, el veletismo de Jacobo
Timerman desde Primera Plana contra Illia, primero, defensor del
ERP PRT
22 de agosto, desde la Opinión, apoyatura del golpe del 76 desde le
mismo diario, luego preso político supuestamente torturado, premio
Pulitzer por eso, y la prolongación en su hijo, periodista televisivo
que supo acompañar a Mariando Grondona (sí, el compañero de tantos
años
de Neustadt) para finalmente recalar en el consulado argentino en
Nueva
York y ahora en la Embajada Argentina en EEUU, de la mano de Cristina
Fernández y el gobierno kirchnerista, pese a sus declamaciones de
"independencia" de tantos años.
Y cuántos periodistas se inciaron con Neustadt. El ya nombrado
Eliaschev, por ejemplo. Marcelo Longobardi y Nelson Castro, que
juntos
hacían un programa en Radio el Mundo de la mano de Mariano Grondona.
Por anda circulando en Internet la cartita de Delía apoyando a Menem,
los videos de Kirchner compartiendo escenario y alabanzas al
riojano....Un Kirchner que jamás dijo una palabra respecto de los
tiempos de la subversión y de los "derechos humanos", apoyó la
candidatura de Isabelita en el 83, se fotografió con los militares en
los tiempos de Malvinas, apoyó a Menem en el 89 y en el 95. Apoyó la
privatización de YPF, fue aliado de Duhalde y de Cavallo.
Y con esta reseña podríamos seguir, como todos sabemos, días y días,
hojas y hojas.
Diarios, revistas, publicaciones varias que adoraban a los militares
setentistas, que apoyaban la guerra de Malvinas ochentista, que se
cansaron de lamerse con la llamada "convertibilidad", y así siguiendo.
Pero el camaleón por excelencia fue siempre Neustadt. El chivo
expiatorio. El defensor de todos los gobiernos. Todos los demás no.
Todos los demás son impolutos.
Acá en tiempos del "proceso" las solicitadas con las listas de
desparecidos se publicaban solamente en dos diarios: el Buenos Aires
Herald y La Prensa. ¿Donde estaban los demás, incluida la revista
Humor?.
Creo que como /racconto/ de un pasado ominoso es bastante. Sigo
entonces
un poquito más con Neustadt.
Un tipo que tuvo mil defectos, contradicciones, mentiras, agachadas,
entusiasmos absurdos con violaciones de principios legales en los que
nunca estuvo solo. Acá un Casella llegó a decir que no podríamos
dejar de
hacer el plebiscito por el tema de las islas del sur por un "prurito
constitucional". Acá se apoyó desde todos los sectores un "plan
austral"
surgido de un decreto. Y se apoyó el juicio a las juntas que, guste o
no, fueron sacadas de sus fueros naturales. ¿Es así o no?
Acá hace 10 años que las autoridades aceptan cortes de rutas y
puentes,
enmascarados y empalados. Y un piquetero com DElía acaba de sacar a
trompadas a la gente de la Plaza de Mayo ante las cámaras de la
televisión para estar sentado luego al lado de la presidenta.
Neustadt
pudo haber aceptado, y efectivamente lo hizo, violaciones de normas
constitucionales. Pero, ¿y todos los que aquí voy nombrando qué
hicieron?
¿Fué o no fue Perón mismo el que acuñó la frase "al enemigo ni
justicia"?.
En un país donde todos los lobos parece que deberían aullar igual, un
Bernardo Neustadt hizo algo diferente. Y, con veletismos varios y
todo
lo que quieras, mantuvo una línea ideológica durante toda su vida. Y
creo que éste es el principal problema: Neustadt nunca dejó de ser
una
persona a favor de la libre empresa, un tipo que quería
privatizaciones,
un personaje "de derecha" para usar la clásica calificación francesa,
inglesa o norteamericana.
Eso, y su éxito, es lo que no le perdonaron nunca sus detractores.
En estos últimos tiempos los jóvenes periodistas y no tan jóvenes, le
venían pidiendo un "arrepentimiento". Recuerdo especialmente una
entrevista en el programa de televisión de Mariano Grondona con el
que
colaboraba Diego Valenzuela. Este último pretendía endilgarle que en
cada frase que Neustadt esbozaba, pretendía "meter ideología".
Bernardo
le respondió con una pregunta "¿y Ud. que ideología tiene?.
Valenzuela
no respondió.
Pero cualquiera que lo escuche en la radio o lo vea en TV, incluso
haciendo programas de historia argentina, podrá comprobar en pocos
minutos qué ideología tiene, porque él también "mete ideología" en
cada
frase. Claro, no la misma que la de Neustadt. Pero entonces ¿qué
es lo
que cuestionaba Valenzuela? ¿Que Neustadt metiera ideología o que la
ideología que metía no fuera la suya?
Y para terminar una frasecita que tiene un origen absolutamente
incorrecto políticamente, pero que me pareció un notable hallazgo
y por
eso voy a repetirla.
Cuando el cortejo fúnebre llegaba al cementerio alguien, un
movilero, se
acercó al expresidente Menem y le preguntó qué opinaba que Neustadt
hubiera fallecido justamente el día del periodista. El inefable
riojano
respondió al toque "fue una respuesta contundente a sus
detractores". Y
precisamente el diario Página 12 publicaba en el día de ayer que el
periodista debería haber "muerto en el día del lobbista".
En una sociedad democrática todos los periodistas deben estar.
Todos. De
la ideología que fueren, con los errores que tuvieren. Con lo que
se te
ocurra.
El día que aprendamos a vivir en un sistema donde, por ejemplo,
durante
meses y meses dos precandidatos presidenciales disputan en internas
abiertas quién será el candidato final del partido, como acaba de
ocurrir en EEUU, empezaremos a convivir democráticamente.
Tuve oportunidad de estar en EEUU hace un par de meses y vivir desde
dentro parte de esas internas. Allí había periodistas de todos los
colores, de todos los medios, de todas las líneas ideológicas. Todos
opinaban, discutían, se tiraban flores y garrotazos (metafóricamente
hablando). Los diarios tomaron partido, las radios, las cadenas de
TV.
Eso es la democracia. Eso tenemos que aprender. Y no buscar chivos
expiatorios para tratar de aparecer como impolutos etiquetando a
otros
cuando estamos llenos de mierda por todas partes.
Héctor Trillo

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