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lunes, 2 de junio de 2008

UNA CUESTIÓN DE TAMAÑO 26/5/08

Volver a repetir las mismas cosas resulta tan absurdo que avergüenza. El juego de actos políticos que ha tenido lugar nada menos que el 25 de Mayo ha entrado en la historia como una patética muestra del lugar al que hemos llegado como pueblo.
El partido oficial; esto es: el gobierno y sus socios y favorecedores (y favorecidos) llevó a cabo un acto político en una de las ciudades más lindas de la Argentina, mientras el genéricamente denominado "campo" puso literalmente la carne en el asador en el rimbombante monumento a la bandera de la populosísima ciudad de Rosario.
Ya antes, Néstor Kirchner había organizado una "plaza" frente a la casa Rosada en Buenos Aires, para buscar "apoyo", festival mendiante con los dineros de todos los argentinos en un 25 de Mayo.
Mientras los voceros del gobierno se desgañitaron estos días mencionando al acto de Rosario como un acto "político", pretendieron, suponemos, hacer creer que el acto en Salta no era un acto político sino la celebración de la fiesta patria. Es tan ridícula la puesta en escena que también da vergüenza tener que salir a aclarar lo obvio.
La presidenta, lo mismo que antes marido, le temen al Cardenal Bergoglio. Esto es una obviedad tan grande que no se le escapa a nadie. Bergoglio ha tenido muchas veces palabras críticas contra la manera autoritaria de conducir el país del matrimonio Kirchner.
Y es sabido que los Kirchner no soportan las críticas. Entre otras cosas esa es la razón de su miedo a enfrentar a periodistas, por ejemplo. Les da terror tener que salir a explicar desde los fondos de Santa Cruz hasta la valija de Antonini.
Igualmente les da terror enfrentar a los piqueteros, por eso los han convertido en funcionarios y mediante la aceitada "caja" los mantienen a raya sin demasiados contratiempos. Y además los utilizan, contra las estaciones de servicio o en la propia Plaza de Mayo ante una manifestación opositora.
Los ruralistas tomaron conciencia de su fuerza. Finalmente parece que le han hecho caso al artífice del modelo inflacionario: Roberto Lavagna, y terminarán conformando un partido político.
Claro que los productores rurales no son políticos. Y las líneas morales, si bien pueden ser bajas en toda la sociedad, no llegan a ser tan bajas como en la clase política. Dicho de otro modo: poner enfrente a un De Angeli ante un Moyano o un Fernández (elijan el que quieran), no es moco e pavo.
Lo que pasó con Blumberg es más que sintomático en este sentido. A la tonta mentira sobre su título de ingeniero puede tomársela, en realidad, como la frutilla de la torta. La inmoralidad de usurpar un título no es mayor que la de no rendir cuentas sobre fondos públicos, claro está. Tampoco es mayor que la multiplicación del patrimonio en 4 años con un sueldo de 3.000 pesos y siendo la Dra. Kirchner "monotributista". Pero sirve para mostrar dónde estamos parados cuando intentamos enfrentar al "aparato" mafioso que entre otras cosas contribuyó a sacar de su cargo al inepto De la Rúa, "saqueos" mediante.
A todo esto se suma el grotesco de "ganar la plaza" o mostrar en un acto que "somos más". El demostrar quién la tiene más grande es otro síntoma de la inmoralidad social en que nos encontramos.
Acá no se miden fuerzas intelectuales ni razones. Se miden tamaños. Y eso, hay que decirlo, golpea fuertemente a los "muchachos" kirchneristas.
Desde siempre estos grupos apoyaron "escraches" y amontonamientos de gente. Para ellos la verdad es la gente amontonada en las plazas. Llevada como ganado en micros escolares con la correspodiente paga, o como sea.
Recordamos los años en los que a los actos se llegaba "gratis" porque no se pagaba boleto en trenes y subtes, por ejemplo. Aparte de que tales "actos" se celebraban en horas laborales cosa de arrear literalmente al ganado sacándolo de las fábricas y metiéndolo en los micros. Y antes en los camiones, como puede verse todavía en los viejos noticieros cinematográficos adornados con la inolvidable voz del locutor D Agostino.
El acto de los ruralistas tuvo la virtud de ser eso: un acto. Cosa que no tienen los "actos" oficialistas por las razones apuntadas.
Lo mismo había ocurrido cuando la gente se volcó a la plaza Lavalle cuando la convocatoria de Blumberg.
Es indudable que la multitud reunida hoy en Rosario tiene la valía de haber llegado allí porque deseó estar presente, por las razones que fueren. Nadie la arreó con dineros públicos o privados. Nadie le puso a su disposición micros y comida. No.
Este detalle no es menor y es valorado por la población. Pero no es suficiente. Ni es demostrativo de ninguna otra cosa como no sea la bronca de un sector en un momento dado.
Los comunistas suelen asociar "actos" a "pueblo" y por eso juntan gente en las plazas, como lo hizo siempre Fidel Castro en Cuba. Es sabido que en una dictadura cerrada de partido único donde para comer hay que presentar la tarjeta de racionamiento ante el jefe de manzana, nadie habrá de negarse a concurrir a la "plaza de la Revolución" cada vez que el "comandante" la convoque. Sin embargo no son pocos entre nosotros, como el periodista Pedro Brieguer, que sostienen una y otra vez que en Cuba la población no tiene razones para quejarse y que concurre porque lo desea a los "actos" convocados por el "partido".
Creerse la propia mentira es otro de los síntomas de desapego moral, por decirlo de algún modo. Es la negación freudiana. Si no lo veo, no existe.
Los grupos "progres" entre nosotros suelen volcarse a ese tipo de cosas. Mussolini hacía lo mismo. Y Perón también. O el propio Hitler. Amontonar gente, inventar un símbolo, una forma de saludar, un grito o apodo, y a cobrar. Se trate de la mano alzada, de "compañeros" o "camaradas", de "descamisados" o de "camisas negras". Da igual. El "saludo" puede ser una mano levantada, o ambas juntas sobre los parietales. O un puño cerrado.... Claro, se dirá que los "progres" no son la misma cosa. Hasta por ahí. Digamos que si no lo son, al menos tienden seriamente a ser funcionales a eso. Los "escraches" tienen mucho en común con las estrellas de David que pintaban los nazis en los comercios de judíos. O las svásticas. Y en verdad, el propio Hitler provenía del "partido de los trabajadores" alemán a partir del cual conformó el "nacional socialismo". Tienen en común la historia, aunque no les gusta que se les diga eso.
Capuchas, palos, aprietes, manoplas, miedo. ¿Qué otra cosa son los grupos de D Elía?. Si hasta se puso la camisa negra. Seguramente es una coincidencia, pero un buen psicoanalista no se la dejaría pasar así nomás.
¿No es acaso puro racismo el que expresa D Elía cuando habla de la "oligarquía" a la que mataría sin miramientos?. El disfraz de la "lucha de clases" esconde el racismo y la xenofobia. Quien no quiera verlo que no lo vea. Pero cuando este impresentable se despachó con su odio a la "puta oligarquía" y a los autos y bienes del actor Fernando Peña quedó perfectamente demostrado y en evidencia de qué estamos hablando. ¿Es nuevo esto?. Claro que no. Por eso D Elía frecuentó Irán y apoyó abiertamente al presidente Ahmadineyad, cuyo objetivo de máxima es la destrucción final del Estado de Israel y asegura que en su país no existe la homosexualidad. ¿Qué otra cosa que no sea un acto antisemita hicieron los del grupo "Quebracho" cuando impidieron el paso a una manifestación de apoyo a ese país en el Centro porteño?. La distancia que existe entre el clasismo, la xenofobia, el racismo y el antisemitismo es mínima. El sectarismo y el amiguismo son los compañeros de ruta.
Y la otra parte de esta historia son los ruralistas, entonces. Los caminos de la inconducta se copian fácil y rápidamente. De Angeli y su gente salieron primero a cortar rutas y ahora es obvio que la posibilidad de que los cortes vuelvan es una realidad. Cortar rutas se ha convertido en una forma de reclamo.
El partido oficial ha salido, por medio de sus voceros y del propio matrimonio presidencial, a distinguir entre unos cortes y otros.
Cortes "de la abundancia" espetó la presidenta en uno de sus primeros discursos de combate. Y Néstor se encargó de reiterar que hay cortes que él "entiende" y otros que no. ¿Y cuáles "entiende"?, los de "los pobres o desocupados". Y suponemos que también "entiende" los de los puentes internacionales con el Uruguay, pero eso se cuidó y no lo dijo. ¿La gente compra la mentira cuando es dicha con semejante descaro?. No lo creemos.
El discurso según el cual "de alguna forma hay que quejarse" cuando se cometen injusticias tiene entonces el límite impuesto por el matrimonio presidencial. El derecho ha dejado de ser derecho y pasado a ser "torcido". Cuando reclamamos algo podremos cortar rutas si el matrimonio está de acuerdo. Si no, no.
Los ruralistas se han enfrentado a un gobierno que reconoce como "pueblo" a los grupos pagos que llegan a las plazas que él convoca, y como "oligarcas" y "golpistas" a quienes llevan gente a actos por cualquier otro motivo. Cualquier protesta les duele a estos gobernantes que una y otra vez manifiestan su ancestral miedo a las preguntas, a las críticas, a las disputas de espacios.
La intención declarada de Néstor Kirchner de "poner de rodillas" al campo es una tontería. Es más, es una apreciación enfermiza.
Kirchner vive del campo. El gobierno vive del campo. El país vive del campo.
Acá no hay tal cosa como un modelo "progresista"· y distribucionista que ha hecho crecer al país al 9%. En absoluto. Lo que hay son precios internacionales de los alimentos por las nubes. Y nada más.
Ninguna medida cargada de mentiras y odios tomada por el gobierno kirchnerista ha servido para otra cosa que para paralizar.
Ni los controles de precios, ni las prohibiciones de exportaciones, ni los aprietes de Moreno contribuyeron a que alguien ponga un mango. Esto, que es tan obvio, siempre hay que recalcarlo.
El kircherismo se asusta con la prensa. La ataca, la odia. La compra. Como se asustan las dictaduras. De cualquier signo y color. Siempre.
Los tiranos les temen a los críticos. Siempre. La historia lo ha demostrado hasta el cansancio. ¿Son tiranos los Kirchner?. No exactamente. Pero pretenden manejar al país con el autoritarismo que es la antesala de la tiranía. Tal como lo hiciera Perón.
¿Quieren una tiranía realmente?. Es una buena pregunta. Seguramente no. Lo que quieren es conservar el poder comprando voluntades, manejando la "caja", sucediéndose mutuamente. Por eso se los compara con el caso mexicano.
El miedo de enfrentar a la prensa es sintomático y la prueba cabal de que para muchas cosas no hay respuesta posible. No la hay para el enriquecimiento, no la hay para los fondos de Santa Cruz, no la hay para Skanska, no la hay para el modus vivendi de D Elía, no la hay para la valija de Antonini, no la hay para la mentira del Indec, no la hay para los fondos manejados discrecionalmente, no la hay para la mentira de armar presupuestos con un crecimiento menor al esperado para disponer de la diferencia a voluntad, no la hay para explicar el caso de Borocotó, no la hay para explicar las elecciones de octubre pasado y la falta de boletas, no la hay para los aprietes a Aerolíneas, a Suez....Y podemos seguir así hasta el cansancio. No hay respuestas, no hay explicaciones. No las hay. Entonces los gobernantes guardan silencio. Mandan al frente a los Fernández a explicar lo inexplicable, con palabras soeces uno y vacías el otro. Alberto ha llegado a decir que los productos que computa el Indec para sus índices no son los que consume la gente. Esta enormidad sería reproducida hasta el cansancio en un país sin bajada de línea ni programas pagos en lugares como TVR o CQC. Pero en la Argentina kirchnerista eso no ocurre. No.
Acá las boludeces son tomadas como revelaciones, como en aquella obra de Henry Koszinsky titulada en castellano "Desde el jardín", donde el protagonista es un jardinero opa cuyas frases sin sentido son tomadas como geniales.
Y entonces, lo que finalmente queda es el tamaño. El tamaño de los actos. La cantidad de gente. Porque para estos politicastros, ese es el "pueblo". El público de un acto para esta gente es el "pueblo". Sí.
Lo mismo que para los grupos comunistas y similares. Ellos, son el "pueblo". Los demás son oligarcas, vendepatrias, fascistas, "contras", neoliberales, burgueses...en fin, según las épocas. O "gusanos", o "mafia de Miami", o lo que Ud. quiera. Son algo malo, incomprensiblemente perverso y bastardo. No son "pueblo".
Por eso los ruralistas no pueden cortar rutas, porque no son "el pueblo" sino los "empresarios" que no hacen una huelga sino un "lock out". Ellos "desabastecen", las bravatas de Moreno no. Los cortes de las rutas producidos por piqueteros como los conocidos durante más de 10 años no. Los petroleros en el sur o los camioneros de Moyano cortando supermercados tampoco. Los ruralistas son "empresarios", no son "pueblo". Este es el concepto que rige estos cerebros vacíos de criterio. Lo decimos con toda crudeza porque estamos hartos de escuchar tanta sanata. Hartos de las violaciones al Estado de Derecho en nombre del derecho.
Hay gente que no puede pensar como quiere. Y si igualmente piensa, será cuestión de que no lo diga. Y mucho menos que obre en consecuencia. Igual que en las dictaduras donde el símbolo del partido único es de un dramatismo conceptual escalofriante.
Precisamente porque señala, en el colmo de la estupidez, que los demás partidos no pueden existir. No deben existir. Ergo, no existen.
Héctor Trillo

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