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sábado, 30 de junio de 2012


El Ágora 29/4/12
UNA IDEOLOGÍA PREDOMINANTE
“El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca…Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública” Juan Bautista Alberdi (“Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina”)

Desde el momento en que la presidenta de la Nación resolvió, manu militari, confiscar a la empresa YPF algo ha cambiado definitivamente en la Argentina. El derecho de propiedad ha quedado relegado a un lejano segundo plano.
Lo que está ocurriendo con la empresa YPF demuestra a las claras que la dominante clase política no tiene límites y que opera impunemente al amparo de una cierta tendencia de la opinión pública que es “trabajada” desde todos los espacios de difusión político-ideológica que ha venido incorporando el gobierno mediante presiones de diverso rango. Porque, como puede verse, lenta y progresivamente el gobierno Nacional va acorralando a los medios de difusión independientes u opositores, aplicando todo tipo de trabas financieras; como por ejemplo el retiro de la publicidad oficial, la llamada “ley de medios”, el ataque ideológico-político a Papel Prensa S.A., la declaración legal de interés público para el papel de diario,  etc.
En efecto, el gobierno argentino ha ido avanzando sin prisa pero sin pausa sobre las instituciones, ha deteriorado progresivamente las defensas contra los abusos de poder, ha generado un estado de terror en empresas y empresarios, y ha condicionado las libertades públicas más elementales mediante recursos claramente coercitivos, basados en la difamación y la injuria.
El gobierno considera, a nuestro modo de ver muy torpemente, que el periodismo es el verdadero enemigo de “la causa” y que debe ser debilitado tanto como sea posible. E incluso extinguido. Cree que así dominará finalmente el “relato”. Y que con ello, el “modelo” tendrá su éxito final. Es obvio que ningún discurso cambiará la realidad. Y cuando el final inexorable llegue, la culpa la tendrán ocultos fantasmas del capitalismo salvaje o similares. Pero eso no es problema en este momento, según juzgan los gobernantes.
Es dable observar cómo los casos más ignominiosos pasan lentamente a un segundo plano, tapados por la vorágine vocinglera y los discursos cotidianos. Atrás ha quedado el affaire Schoklender, y muy lejos Skanska, Antonini Wilson, la bolsa de dinero de Miceli, o el enriquecimiento impresionante del matrimonio presidencial. Poco a poco la población toda ha ido aletargándose llevada de las narices hacia terrenos que han venido siendo alisados durante años y años.
Porque en la Argentina, la opinión pública en general pasa a un segundo plano todo tipo de tropelías en tanto y en cuanto cuente con recursos como para seguir tirando.  Nadie se escandaliza demasiado por la corrupción generalizada, que considera inherente a la clase política o a ciertos gobernantes inescrupulosos, a los que a lo sumo les pide que “roben pero hagan”.
En el caso de YPF, específicamente, la ideología predominante es que debe ser del Estado porque el petróleo debe serlo. Y no importa cómo se lleve a cabo la expropiación o confiscación de la principal empresa a cargo de su búsqueda, extracción y refinación.
Nadie parece haber tomado nota de que el petróleo nunca ha dejado de ser del Estado, que YPF es una concesionaria y que tranquilamente (como ha ocurrido) los gobiernos provinciales pueden quitarle las concesiones a las áreas en explotación en la medida en que la empresa no respete los contratos de inversión, exploración, explotación y extracción. Es decir, nadie parece haber caído en la cuenta de que la administración por parte de  la empresa petrolera no es más que eso, y que nada tiene que ver con la propiedad del petróleo.
Pero lo que fundamentalmente cuenta es que nadie parece dispuesto a detenerse en los métodos expropiatorios. En la violación de derechos elementales de propiedad. A nadie le parece relevante el cómo, a lo sumo se detiene en el qué.
Hemos visto  y oído declaraciones increíbles, como por ejemplo de parte del presidente del Colegio Público de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, que ha dicho que en realidad ninguna propiedad ha sido confiscada porque se trata de una simple concesión y que en definitiva sólo estamos hablando de acciones. De acciones que son títulos de propiedad, desde ya.
La votación en el  Senado arrojó 63 votos a favor del acto inconstitucional de haber tomado por la fuerza la sede de la empresa YPF, y sólo 3 votos en contra. Si ésta medida hubiera sido llevada a cabo por una dictadura militar, esos mismos votantes pondrían el grito en el cielo por el autoritarismo que encierra.  La clara consecuencia de esta manera de actuar es, simplemente, la de que el fin justifica los medios.
Pero no sólo eso. Porque YPF representa el 30% del mercado petrolero local. Además de eso, la expropiación planteada es de las acciones de Repsol y no de los restantes accionistas. Es decir que se trata de una gran patraña que pretende vestirse de un nacionalismo  en realidad retrógrado y fascista.
Apropiarse de lo que es de otros. Levantarse con el botín y repartirlo entre las “provincias petroleras”. Acceder a “la caja”. Y punto.
Y toda una masa ingenua vitoreando desde el llano, creyendo que ahora sí estaremos mejor y seremos más independientes y más soberanos.
El cambio que nosotros observamos y señalamos al comienzo, no es de la ideología predominante, que es esa que brevemente describimos. No. El cambio es el de que ahora sí la presidenta de la república podrá hacer literalmente lo que se le cante con cualquier empresa.
Si mañana declara de interés público a las hamburguesas, de inmediato con un DNU mandará  a la Gendarmería a apropiarse de Mc Donalds y de Burger King. Nadie está seguro de que lo suyo será respetado. De hecho no lo está siendo, especialmente en materia de medios de difusión.
Los espejitos de colores han dejado de ser los que llegaban del Asia Menor, prohibidos también por el puño levantado del inefable secretario de comercio. Ahora los espejitos de colores se conforman de un nacionalismo parecido al de los tiempos de la recuperación de las islas Malvinas por Galtieri y sus amigos. Falta que salga la gente a  poblar la Plaza de Mayo y haga sonar las bocinas de los autos.
El mismo gobierno que ha llevado adelante una política petrolera nefasta, que no reconoce los precios internacionales de los derivados petroleros para la producción local pero sí lo hace cuando se trata de importarlos; es el que ahora se encargará de producir la parte correspondiente a YPF. Con el  beneplácito de propios y extraños, personajes de baja calidad moral y apretadores estarán de alguna manera en  la conducción de la compañía. Ya lo están.
Es la ideología predominante. Es el abuso de poder ante la pasividad y el apoyo de vastos sectores, y el miedo de otros.
Podemos parafrasear a Hamlet al llegar a estas conclusiones: algo está definitivamente podrido en la Argentina. Y las consecuencias se verán más temprano que tarde.


HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   29 de abril de 2012

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