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sábado, 30 de junio de 2012

FALTA EL BAÑO DE REALISMO 9/6/12


Segunda Opinión
ACTUALIDAD ECONÓMICA:  FALTA EL BAÑO DE REALISMO



Cada hora que pasa son más evidentes las dificultades que tiene el actual gobierno para manejar la situación económica. También la social, pero no el tema al que queremos referirnos, al menos de manera directa.
Nuestros gobernantes han instalado la idea, y no pocos referentes y comunicadores la han hecho propia, de que en la Argentina existe una “cultura dolarizada”.  Partiendo de esa premisa, a nuestro modo de ver falsa, se concluye que es necesario empezar a “pensar en pesos”, “por las buenas o por las malas”, como dijo el titular de la UIF, José Sbatella días pasados.
La realidad es que en la Argentina hace muchos años que no existe una moneda sólida. Una unidad de cuenta confiable. Y no existe porque sucesivos gobiernos se han servido de la emisión espuria para financiar crecientes déficit fiscales de todo tipo  y origen.
Desde el crecimiento exponencial de la burocracia administrativa nacional, provincial y municipal, hasta la verdadera maraña de subsidios, planes, promociones, asignaciones universales y demás cuestiones que implican una cifra que claramente supera los 100 mil millones de pesos anuales que el Estado gasta para mantener dentro de ciertos parámetros los datos de pobreza y de inflación.
Como todo eso no alcanza, se le miente a la gente sobre los índices desde hace cuando menos 5 años, se apodera el Estado de los fondos de las AFJP, se modifica la Carta Orgánica del Banco Central para poder emitir pesos a gusto, y finalmente de intenta “pesificar” la cabeza de una sociedad abrumada por la evidencia.
Las prohibiciones sobre importaciones, el cepo cambiario, el sistema delator de control de movimientos entre los propios habitantes de la Nación (existen más de 60 regímenes de información fiscal), las dificultades para adquirir moneda extranjera para viajar al exterior y la realidad de que existe un mercado cambiario que se maneja con valores muy superiores a los oficiales; son datos que ponen de relieve la verdadera situación en la que nos encontramos.
Mientras el gobierno intenta por todos los medios controlar todo lo que hacemos y niega que se trate de evitar operaciones en negro, por el otro, abiertamente, repite una y otra vez que lo que hace falta es “desdolarizar” la economía. Con lo cual comparten el mismo podio ambas realidades: el control fiscal como causa y motivo de los controles cambiarios, y la falta de dólares como elemento determinante de las prohibiciones para lograr que la gente pase a operar en pesos.
Existen operaciones legales hasta el momento, como el denominado “contado con liqui” que colocan el  dólar a valores superiores a los $ 6,20. Ni siquiera estamos hablando de “arbolitos”.
Ante este cuadro de situación, la presidenta de la Nación, atacada por la evidencia de que ella misma y muchos funcionarios tienen ahorros en moneda extranjera, ha salido a ponerse de ejemplo y a anunciar que ella habrá de pesificar sus ahorros. Una verdadera figura surrealista más propia de una fantasía animada, porque ninguna pesificación de depósitos cambia la situación de fondo: los dólares en cajas de ahorro o plazos fijos están conformando los encajes y las reservas del Banco Central, y esta situación sólo cambia si el titular de esos ahorros retira esos dólares, no se resuelve pasarse a pesos.
No es la primera vez que una presidenta (o presidente, en su caso) se pone al frente de estas verdaderas cruzadas para la tribuna, según las cuales pasan a ser ejemplos de lo que se debe hacer o no. No hace mucho ocurrió algo similar con la renuncia a los subsidios a los servicios públicos (tema que al momento aparece congelado absolutamente).  El papel de “modelo a seguir” tiene muchos antecedentes. Baste recordar, por ejemplo, aquellos tiempos en los que los funcionarios no debían ir de vacaciones a Punta del Este.
La cruda realidad, volviendo al tema que nos ocupa, es que nadie va a vender a  $ 4,50 lo que vale $ 6,20. De igual modo que salvo algunos compelidos por la necesidad de figurar en algún listado para no perder privilegios, renunció a los subsidios.
Un sistema jurídico-político no se construye sobre la base del voluntarismo o apelando a la “solidaridad”, sino con leyes que deban ser cumplidas por todos, sean buenos o malos, dioses o demonios.
El país vive momentos de “precrisis”, en los que se observa una disparada inflacionaria, una retracción en las actividades económicas, un “parar para ver” en casi todos los órdenes de la economía.
Las dificultades en las importaciones y en las exportaciones, la prepotencia oficial encarnada en el secretario de comercio, la carga de trabajo de infinitos controles, presentaciones, pedidos de permiso, etc no hacen sino corroborar que acá estamos entrando en un cuadro estanflacionario que ya se ha iniciado y que será difícil detener.
Los conflictos sociales son evidentes. Las huelgas, los cacerolazos, las movilizaciones, los cortes de rutas y puentes,  la reacción de los ruralistas ante un nuevo impuestazo, etc.
La confiscación de YPF fue, en nuestro modo de ver, una especie de frutilla de la torta. Porque ha significado no una violación de un contrato de concesión, sino simplemente la “toma” lisa y llana de un patrimonio privado sin resarcimiento alguno. Los gobernantes y buena parte de la oposición ha seguido adelante en este asunto, nombrando un directorio, encaramando a un afamado ingeniero, anunciando intentos de acuerdos con inversores internacionales y OLVIDANDO que tienen que pagar por lo que confiscó. Quizás justamente lo más alarmante, dentro del cuadro de evidente violación del derecho de propiedad, sea esto último. Esa suerte de “pelito pa la vieja” que se hizo. Y todos lo más campantes. Lo mismo que cuando se declaró el default, nuestra dirigencia política festeja la apropiación de lo ajeno.  Y, como si tal cosa, espera que las consecuencias sean favorables.
La verdad es que se observa una especie de negación de la realidad que se extiende a todos los  terrenos. La justicia opera lenta y a destiempo en casos más que sonados en los que están involucrados funcionarios o socios de ellos. No existe  referencia oficial acerca de la  necesidad de combatir una inflación que ya es alarmante. La continuidad en sus cargos de funcionarios prepotentes y francamente ridículos que hacen propaganda contra medios de comunicación con globos y con calcetines.
Y un caso verdaderamente incomprensible es el de la ex Ciccone Calcográfica, que por lo que se sabe ha sido autorizada a imprimir billetes de 100 pesos, cuando se desconoce quiénes son sus verdaderos dueños, que se encuentran amparados por el anonimato de un oscuro fondo de inversión. Una empresa a la que se le ha levantado la quiebra por pedido de un ministro de economía  al titular de la AFIP, que consintió hacerlo y otorgó un plan de facilidades con una tasa de interés del 6% anual en pesos. Un ministro de economía que hoy es vicepresidente de la Nación y que se encuentra denunciado de formar parte de una manera o de otra del entramado por el cual un monotributista, de apellido Vanderbroele, se hizo cargo de la dirección.
En esta realidad que brevemente resumimos ¿Alguien puede creer seriamente que los habitantes de esta Nación seremos convencidos de que debemos pensar en pesos?
Sólo queda esperar que en algún momento  la dirigencia política tome el toro por las astas y se dé un baño de realismo. Pero sinceramente dudamos que ello ocurra.




HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   9 de junio de 2012

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