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sábado, 27 de octubre de 2012

EL FENÓMENO DE JORGE LANATA 1/7/12


El Ágora
EL FENÓMENO DE JORGE LANATA


¿Por qué razón un programa periodístico como el de Jorge Lanata alcanza hoy un rating del orden del 20% los días domingo a las 11 de la noche?
¿Dónde podemos encontrar una explicación de este verdadero fenómeno mediático?
Este periodista tiene un pasado que no siempre ha sido prístino profesionalmente hablando. Llegó a justificar el atentado a las Torres Gemelas e incluso a publicar una carta abierta a Graciela Fernández Meyjide cuando él regenteaba la revista Veintitrés, en la cual le explicaba que muchas veces había conversado con ella la negativa a suministrar cierta información cuando ella constituía “darle pasto a la derecha”. También es recordada aquella oportunidad en la que recibió un puñetazo y se colocó un vendaje a todas luces exagerado para aparecer como periodista golpeado.
Pero este periodista, tiene hoy la valentía y el ingenio suficientes como para enfrentarse al aparato propagandístico del gobierno mejor que nadie. Lo hace desde la sorna, desde la ridiculización, mechadas ambas de datos ciertos, muchos de ellos antiguos, pero ciertos. Lo hace de alguna manera copiando el estilo de Tato Bores, aunque el fallecido cómico no utilizaba sus libretos para acusar a determinados gobernantes, sino que bromeaba con todos sin distinciones ideológicas. Por eso, sus verdades eran completas y no a medias.
Lanata no hace eso. No habla de todos los políticos. No avanza en esa dirección. Lo suyo es más reconcentrado, por decirlo así. Y por eso mismo, puede y debe ser tomado como parcial.
Es decir, en la medida en que le cabe aquello de no dar pasto a tal o a cual, es, como periodista, al menos alguien que falta a la verdad objetiva, que oculta información cuando no le conviene a sus propósitos. No es un dato que lo exalte profesionalmente sino antes bien todo lo contrario.
¿Por qué entonces se ha convertido en el fenómeno que hoy es? Podemos ensayar una respuesta a eso.
En los medios televisivos no existe una figura opositora de tanta relevancia y con tantos buenos argumentos a su vez tan jocosamente expresados. Lanata ironiza, se burla, “gasta” a los gobernantes. Lo hace con gracia, con soltura. No es que no haya en el medio televisivo otros periodistas que por ahí tampoco tienen pelos en la lengua para criticar. Pero no tienen esa vis cómica que sí tiene él y que lo convierte en una especie de sordina que retumba en los oídos y en las sienes de funcionarios, diputados, senadores y amigotes del gobierno.
Y eso hace la diferencia. La gente está harta de la propaganda goebbeliana oficial. Está cansada de los discursos en cadena con referencias personales y grititos al mejor estilo de Susana Giménez. Está harta de que se justifique todo, de que se tape todo. De que sea tomada como rehén de disputas palaciegas.
Hablamos de la gente que no congenia con esta forma de gobernar. No de quienes adhieren fanáticamente a lo que la señora presidenta llama “el modelo” y que en verdad no es más que un rejunte de dádivas, prebendas, prepotencias, controles, prohibiciones e insultos.
La gente que se siente dañada por ese accionar claramente fascista, encuentra en Jorge Lanata a su defensor a ultranza. Se venga de palabra. Siente que con él al gobierno le ha salido un grano en salva sea la parte.
Y no son pocos que entienden el por qué de los intentos gubernamentales de apropiarse de la prensa para ponerla en manos de sus amigos. No son pocos los que finalmente están comprendiendo el fin primero y último de la llamada “ley de medios”: digitar los contenidos, convertir a los medios en difusores de la propaganda oficial, como en las dictaduras, como en los años 50 en esta misma Argentina.
Lanata es un faro para la oposición, es un tipo que no parece temerle a ninguno de los insultadores oficiales. . No parece tenerle miedo a Moreno, ni a Boudou, ni a la señora Cristina, ni a Kunkel, ni a Rossi, ni a PIchetto, ni a “La Cámpora”, ni a Kicillof, ni a De Vido. Ninguno de ellos puede quitarle nada porque él no es un empresario. Ningún patotero oficialista puede hacer otra cosa que cargar contra él y tal vez darle una paliza, o escupirlo, como suelen hacer en otros casos. Pero no lo hacen porque son ellos los que le temen.
Lo vilipendian, lo insultan, le inventan chanchullos, o los sacan a la luz, no sabemos. Gastan horas del programa fascista por excelencia en el canal oficial.  Pero no lo tocan. Porque saben que tocarlo se les volverá en contra.
Intentan sí, mermar el poder del “grupo Clarín”. Si consiguen eso, podrán doblegar al canal donde trabaja. Pero no es fácil.
Y aún si lo hicieran, bastaría con que Lanata armara un blog o un programa en Internet para lograr tanta audiencia y difusión como la que logra en un canal de aire.
En los regímenes autoritarios siempre ocurre algo parecido.  Un simple disidente puede tener un alcance internacional impresionante. Puede hacer temblar a los peores dictadores.  Ocurrió con Chamorro en la Nicaragua de Somoza, con la doctora Hilda Molina ante el régimen castrista, con la revista “Humor Registrado” en la Argentina de la dictadura militar.
No pretendemos comparar la situación de los países que nombramos con la Argentina actual, sino a lo sumo trazar un parangón respecto de cómo aparecen esas lucecitas que se van agrandando como el pasto que crece entre los adoquines en alguna calle cortada. Y que eso ocurre inexorablemente cuando priva el autoritarismo, la arbitrariedad, los ataques a la libertad de cualquier índole.
Nos está pasando lo que ya nos ha pasado. Cuando a comienzos de los años 50 Perón expropió el diario La Prensa pensó que así se sacaba de encima a sus enemigos. Mejor dicho, a los que para él eran sus enemigos. Pero años más tarde se dio cuenta de que debía permitir que sus opositores se expresaran en la radio. Así, poco antes de caer, figuras como Alfredo Palacios, Arturo Frondizi o Vicente Solano Lima pudieron dar discursos en las emisoras del Estado. Perón comprendió, tardíamente, que no es acallando como se gana la batalla ideológica, sino demostrando que lo que se presenta como mejor, es realmente mejor.
¿Por qué el empecinamiento de estos gobernantes actuales contra la prensa opositora si pese a ella, la señora Cristina alcanzó la reelección con el 54% de los votos? ¿No es acaso la clara demostración de que la batalla se gana con hechos y no con periodismo adicto? Parece que no. Tal vez está en la naturaleza peronista, como en la del escorpión: que no puede evitar picar a la rana en la mitad del río, sucumbiendo con ella.
El fenómeno de Jorge Lanata está mostrando la intrínseca debilidad del autoritarismo. La fractura cultural entre la esencia de la democracia y el patoterismo de “las juventudes” seguidoras del “modelo”.
Como decía el poeta, la realidad tiene más de 25 renglones por foja. Esa  realidad la comprendió Perón, pero no la comprendió Cristina Kirchner. Todavía.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   1ª de julio  de 2012

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