El Ágora
Supongo que muy
pocos argentinos
se han tomado el trabajo de leer íntegramente la última “carta
abierta”,
llamada “la diferencia”, elaborada
por
el grupo de personas que se califican a sí mismas de
“intelectuales” y
conforman en verdad un grupo afín al actual gobierno, por lo que
al excluir al
resto de los “intelectuales” que pudieran querer formar parte de
este grupo, están
circunscribiendo la intelectualidad al pensamiento único. Lo
cual de
intelectual tiene bastante poco.
Yo hice el
esfuerzo de leerla
íntegra, y debo confesar que lo conseguí parcialmente. Porque
hay partes en las que
literalmente me distraje de
tal forma que vinieron a mi mente aquellos dulces años de
escuela secundaria
donde concentrarme en más de una página me resultaba imposible.
Sobre todo si
desde la ventana de mi cuarto veía pasar alguna señorita más o
menos pulposa
por la vereda.
La “carta” está
cargada de
neologismos y de elaboraciones semánticas lo suficientemente
densas como para
hacerla, en algún punto, inentendible. Tal vez eso forme parte
de la
intencionalidad subyacente. Por lo general quienes se
autodefinen como “intelectuales”
muestran “chapa” de complejidad al tratar de expresar las cosas
más simples. La
complejidad parece ser sinónimo de conocimiento, de
inteligencia. Cuando es
exactamente al revés.
Voy a llamar a
sus autores “el
grupo”, no en el sentido lunfardo del término “grupo”, sino en
el sentido de
que se trata de una cantidad de personas que firman un documento
con el cual
todos coinciden. Y por supuesto para simplificar.
Despierta mi
curiosidad, desde
el vamos, que el Grupo se refiera nuevamente a la acción del
gobierno
kirchnerista en lo que se refiere al llamado terrorismo de
Estado. Como es sabido,
el gobierno de los Kirchner
ha adoptado una política en tal sentido tendiente a juzgar a los
militares que
ocuparon el poder, y exculpar a quienes aplicaron métodos
violentos y
terroristas desde bandas armadas sostenidas y apoyadas por otros
Estados.
Aparte de esto, resulta llamativo que ponga la justicia en manos
de un
matrimonio político la cuestión, cuando como sabemos depende del
Poder Judicial
de la Nación.
Luego se hace
una referencia a
que el kirchnerismo es un
sentido de la
historia (sic) basado en el
“igualitarismo
político, social y de género (sexo)”. La
verdad es que cuando menos en el plano económico, y simplemente
con observar
las declaraciones juradas de ciertos funcionarios, el tal
“igualitarismo” no
está implícito y mucho menos explícito. Más bien todo lo
contrario. Dan vergüenza
ajena las multiplicaciones de
fortunas que hemos podido ver en los diarios.
Desde el punto
de vista social,
la igualdad no se consigue con reparto de dádivas sino con
generación de
trabajo genuino e inversiones a gran escala. Es obvio que tal
reparto no hace
sino anquilosar la pobreza y genera dependencia del poder
político; humillante de
parte de la población menos
pudiente. Todos hemos visto miles de veces a las personas que
acompañan las “marchas”
y “piquetes” por un mendrugo. Ni qué hablar de los actos
públicos de los
políticos o de los sindicalistas.
Por supuesto no
voy a analizar
toda la carta porque sería más cansador que leerla. En general
tiene una
tendencia parecida a la de los ejemplos que he elegido y que son
los iniciales
de la carta. Es decir,
no es que
seleccioné párrafos a lo largo de todo el texto, sino que tomé
el principio. Y
en pocas líneas puede verse que, por un lado se habla de la
política seguida en
materia de condenas a los militares, obviando absolutamente la
situación de los
grupos de tareas terroristas amparados por otros Estados; y de
inmediato se
habla de un “igualitarismo” que no existe, a menos que se
pretenda que es tal
cosa el matrimonio entre personas del mismo sexo, que pretende
que es igual lo
que en verdad no lo es. Y no digo peyorativamente ni muchísimo
menos. Un hombre
no es una mujer y una mujer no es un hombre, y por lo tanto
pretender lo
contrario es generar confusión y sumar controversias inútiles.
¡Y esto
justamente mencionado en una “carta” que se titula “la
diferencia!.
Para que se
tenga una idea de la
pesadez de un texto francamente difícil de desentrañar, tomo un
párrafo que
sigue a continuación. Es decir, nuevamente sin seleccionar, sino
casi a renglón
seguido.
Brecha, pausa, fisura, hendija,
diferencia. Quedémonos con
esta última palabra, aunque las demás son parecidas. En todos
los casos se
desea significar la figura de una innovación en la espesura de
hechos, y como
se ha dicho, de una peculiaridad irreductible que subsiste en
el movimiento
político que gobierna el país a pesar de que se lo quiere ver
inmerso en el
manejo de arbitrariedades, como disuelto en retrocesos y
pequeñas maniobras de
subsistencia.
Para el Grupo,
el kirchnerismo
es un modo de tomar decisiones “ante severas circunstancias
políticas”. Se
pretende que es el kirchnerismo el que ha venido a “desfondar el
núcleo…de
creencias” que produjo
una dañina “revolución
conservadora indefendible”.
Nadie tiene
dudas de que el
Grupo es ultra oficialista y representa y defiende, como tal,
los intereses de
los actuales gobernantes. Sobrevuela todo el texto de esta
“carta” la sensación
de que el gobierno si tiene culpas es porque no le quedó más
remedio; y si no,
lo único que tiene son virtudes. Y enfrente, lo que llama la
“revolución conservadora”
y luego, confundiendo conceptos
y términos, “neoliberalismo”. Enfrente está el Averno, más o
menos.
El Grupo apunta
a una reforma
constitucional que establezca una “barrera antineoliberal”
(concepto que en
ningún momento define), un reconocimiento de la
multiculturalidad (sic), la
reconstrucción de la geometría (sic) del Estado, la “inclusión
de nuevas formas
de propiedad”, y otras
cuestiones más o
menos por el estilo. Un genuino galimatías.
También habla
por allí del “bonapartismo
mediático” (claramente aludiendo a los llamados “medios”
opositores) , de las “acciones
desestabilizadoras que son un acecho permanente” y que “las
fuerzas del
conservadurismo” y sus
“agentes de la
repetición” habrán de
conjurar lo
actuado, a menos que el kirchnerismo gobierne también entre 2015
y 2019.
Todo un magma
semántico de mala
calidad y sumamente encarajinado (si se me permite) para
terminar diciendo que
lo que quieren es modificar la Constitución Nacional para
posibilitar la
reelección de Cristina Fernández. Porque es obvio que el
kirchnerismo, como
tal, no requiere que la misma persona vuelva a ser presidenta.
El resto de las
cuestiones que
intenta este Grupo incorporar como “debate” para tal reforma, es
en realidad un
intento de imponer la idea de que el kirchnerismo es lo bueno y
el resto es lo
malo. Por eso las barreras, por eso la negación de la existencia
de otras
vertientes ideológicas.
Y todo esto en
nombre de la
intelectualidad, que se confunde con sabiduría, o pretende
confundirse, para
ser más preciso.
Observen por
favor la manera que
tiene este Grupo insólito de decirnos que hay que abrir el
camino de la
reelección. Y espero que no se les crucen los ojos durante la
lectura:
Los pueblos y los gobiernos de
Suramérica son navíos en la
tormenta que asumen la responsabilidad de rediseñar las magnas
normas para que
coincidan con los procesos de transformación que suceden en
varios países de la
región viabilizando, en algunas de esas experiencias populares, la eventual
continuidad democrática de
liderazgos cuando estos aparecen
como condición de esta inédita etapa regional. Ello
configura un “momento
constitucional”, apropiado para ligar las transformaciones en
curso y el
andamiaje legal. No se trata de imponer normas, sectorizar
gobiernos, arbitrar
en causa propia en cuestiones de grave significación
institucional, sino de
pensar en forma completa el decurso de una historia. Si las
formas más
relevantes de los cambios deben ser protegidas, un armazón
novedoso de normas
debe legislar a una escala constitucional admisible y nueva
las relaciones
entre el Estado y la sociedad, entre la producción y el
consumo, entre la
economía y la política, entre la república y la nación, entre
los derechos particulares
y los derechos sociales.
Dicho cortito y
al pie: me
nefrega lo que está escrito y votado por esta misma presidenta
en 1994 cuando
era legisladora. Me importa un rabanito todo: la corrupción, la
inseguridad
jurídica, la patología discursiva en cadena, etc. Todo me
importa nada. Hay que
“viabilizar” la “eventual continuidad democrática”. Chan chan.
Esta tendencia
a no soportar lo
que piensa el otro, a intentar descalificarlo acusándolo de
cualquier cosa.
Intentando borrar sus ideas de la faz de la Tierra. Buscando
anular de raíz la
participación democrática, intentando eternizar a una persona en
el poder (podemos
recordar, ya que estamos, a Violeta Parra y su “miren cómo se
olvidan que son
mortales”). Todo el conjunto de parrafadas vacuas, complicadas,
inconsistentes,
no definitorias con pelos y señales sobre lo que se quiere
decir. Esta tendencia es
la que más me asusta.
Borrar de la existencia el disenso, terminar con quien piense
que es mejor ser
conservador, neoliberal o lo que fuera. Acabar de una vez por
todas con el
diferente, es lo que lleva el sugestivo título de LA DIFERENCIA.
Una pintura de
la época que me toca vivir, a mí y a todos Uds.
El maniqueísmo
politiquero. La
cerrazón intelectual a cargo de “intelectuales”. La negación de
lo evidente
bajo el disfraz de lo conveniente.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 3
de setiembre de
2012
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