Segunda Opinión
Días pasados el
presidente de
Techint, Sr. Paolo Rocca, hizo una referencia negativa respecto
de la situación
económica del país. En
efecto, durante
una presentación en la Academia de Ingeniería, el empresario
hizo referencia a
la “pérdida de rumbo” de la economía a partir del año 2008. Dijo
que la
Argentina está “muy mal gestionada” y que “la competitividad
empezó a caer”.
También hizo referencia a la crisis energética,
a que no hay inversiones importantes, y
a que no existe una política industrial “vertical”.
Como suele
ocurrir en el país en
los últimos tiempos, la dura crítica de Rocca dio lugar a todo
tipo de réplicas
de parte de diversos funcionarios y de la propia presidenta de
la Nación.
Nosotros
pretendemos analizar,
brevemente, el ataque que lanzó el llamado viceministro de
Economía, Axel
Kicillof, es la opinión de un economista y tiene, a nuestro
juicio, bastante
más importancia que la cadena de improperios que hemos oído y
leído.
Empecemos por
lo más grave de
todo: éste privilegiado funcionario dijo textualmente que
“podríamos fundir a
Rocca si quisiéramos, pero no lo vamos a hacer…” Tamaña amenaza
nos exime de
cualquier comentario. Que
de un gobierno
que se dice democrático surjan este tipo de frases y las diga
una persona que
ocupa un cargo relevante o no en él, es cuando menos de una
gravedad inusitada.
Tuvimos
oportunidad de ver el
comienzo del programa de la televisión oficial dedicado a la
política, 6, 7, 8,
en el cual se mostraban recortes de periódicos (mientras el
funcionario de
marras observaba, presente en el estudio) haciendo referencia al
salario
horario de un obrero industrial en la Argentina comparado con el
que está
pagándose hoy en países como México o Brasil.
Los locutores
hacían
afirmaciones criticando, como suelen hacer, a un diario en
particular, ya que
éste no había comentado que en la Argentina tal salario horario
ronda los 24
dólares, mientras que en México o Brasil no supera los 11
dólares. La idea era presentar
a ese diario como ocultando la realidad y solamente haciendo
referencia a la
falta de competitividad a la que aludió el empresario.
Esto no fue,
que sepamos,
cuestionado por Kicillof, quien pareció sentirse muy a gusto con
esa
afirmación. Agregó, entre otras cosas, que en la Argentina
existe hoy un
proceso explosivo de inversiones, que le resultaba raro que
nadie lo advirtiera
y que en realidad el Sr. Rocca es quien ha perdido el rumbo
porque no ve los
números de su propia empresa. Dijo que Techint no quiebra porque
el gobierno
nacional protege su industria, la subsidia, etc. Afirmó, entre otras cosas,
que si el gobierno
dejara entrar chapas (como las que fabrica Techint) la empresa
se fundiría.
Y bueno, como
decimos, lanzó la
amenaza que comentamos más arriba, digna del más rancio
autoritarismo. Y
además, absolutamente contraria a cualquier política de
promoción de
inversiones.
Vamos a
analizar brevemente el
tema, dejando de lado en lo posible la cuestión política.
Si el salario
es tan alto en la
Argentina es porque está medido al tipo de cambio oficial,
porque si se
utilizara el tipo de cambio de la
operatoria
conocida como “contado con liquidación” los 24 dólares horarios
serían alrededor de 16. Pero como la empresa (ésta o cualquiera
otra) solamente
puede vender al tipo de cambio oficial, corresponde medir el
salario con esos
valores.
Ahora bien,
durante varios años se
siguió una política de “tipo de cambio alto”, como tantas veces
hemos señalado,
con el objeto de hacer al país más competitivo. Precisamente y
entre otras
cosas, por reducir los costos en dólares, y en particular el
salario en esa
moneda.
Es obvio que la
suba de los
costos en dólares tiene que ver con el atraso cambiario
producido en los
últimos años.
Se deduce de
todo esto que efectivamente
se ha producido una merma de la competitividad, porque de otra
manera no se
explica el cierre de importaciones, el llamado cepo cambiario y
la caravana de
medidas restrictivas de todo tipo para evitar la fuga de
divisas.
Alguien podrá
afirmar que, pese
a los altos salarios en dólares, el país es competitivo, pero si
esto fuera así
carecen de sentido (en la propia visión de nuestros gobernantes)
las
restricciones cambiarias y comerciales con el Exterior.
Otra obviedad
es que si no ha
mermado la competitividad, que ingresen chapas de todas partes
no afectaría a
la empresa local. Solamente podría resultar afectada si tales
chapas ingresan a
precios menores a los que se dan localmente.
Pero si esto fuera así, es porque no estamos siendo
competitivos y el
empresario tiene razón.
Tampoco dijo
Kicillof, que si su
amenaza se cumple, el efecto en la desococupación y también en
la salida de
divisas por la importación de chapas afectaría a la propia
política del
gobierno.
La verdad es
que el Sr. Rocca
dijo algo que muchos argentinos observan cotidianamente. Cuando
sale más barato
cenar en Nueva York o en París que en Buenos Aires, algo pasa. Y
lo que pasa es
que efectivamente no estamos siendo competitivos, el cambio está
atrasado y la
situación económica no es la mejor.
Durante años se
prohibieron
importaciones y hasta exportaciones con el ánimo de mantener
incólume “la mesa
de los argentinos” con “precios locales” diferenciados de los
internacionales
porque acá resultaba imposible pagar los precios de Europa o de
los EEUU.
Exactamente al revés de lo que pasa hoy, donde los viajeros al
exterior se
multiplican y todo el mundo sabe que comprar electrónicos en
Miami o en
Santiago de Chile es sensiblemente más barato que hacerlo
localmente.
Las
distorsiones de precios son
consecuencia de la alta inflación que pretende ocultarse y del
evidente retraso
cambiario. Es posible
que el empresario
o la empresa objetada hubieran tenido una determinada política
de buenas
relaciones con el gobierno
Sería bueno que
el superfuncionario
abandonara su rol amenazador, intentara ser más coherente y
debatiera estos
temas en donde corresponde que lo haga, en lugar de prestarse a
la
“requisitoria” de un programa de televisión armado especialmente
para hacer
propaganda del gobierno.
ESTUDIO
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 7 de setiembre de 2012
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