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sábado, 27 de octubre de 2012

LA ÉTICA DE LOS FALTOS DE ÉTICA 12/8/12


El Ágora
LA ÉTICA DE LOS FALTOS DE ÉTICA



Es una constante en el actual gobierno el ataque a la prensa opositora, calificada genéricamente como “hegemónica” y también como “monopólica”. También lo es el ataque a periodistas con nombre  y apellido, de parte de los propios funcionarios del poder político o  a través de organizaciones más o menos armadas al socaire del dinero público.
Siguiendo esta línea, la señora presidenta atacó personalmente al periodista Marcelo Bonelli, ligado desde hace muchos años al grupo Clarín, ello en virtud de que su esposa y un socio de ésta recibían de YPF una suma de $ 240.000 por la prestación de servicios “que no sabemos si son periodísticos”.
El ataque a personas físicas o jurídicas desde la cadena nacional de radiodifusión, y especialmente el ataque a través de acusaciones o divulgaciones de datos de familiares de periodistas es de una gravedad que no hace falta describirla aquí.  La inusitada violencia que la señora presidenta ejerce contra la prensa opositora probablemente no sea tomada en su justa dimensión por la ciudadanía. Como si todos y cada uno ya nos hubiéramos acostumbrado a semejante enormidad.
En este caso en particular, y según los dichos del propio Bonelli, al parecer a la señora presidenta le había enojado sobremanera que el periodista hubiera difundido un trascendido sobre la voluntad de renunciar del director de YPF, Miguel Galuccio, al parecer descontento con la sanción de un decreto de intervención y autorregulación total del mercado petrolero y gasífero.
Del mismo modo que días pasados, en otro discurso en cadena, la presidenta acusó a un agente inmobiliario de no haber presentado declaraciones juradas impositivas por varios años, molesta porque en una nota periodística ésta persona había señalado que la actividad inmobiliaria se había paralizado desde el momento en que arreció el llamado “cepo cambiario”.
El objetivo de este comentario es referirnos al periodismo y su libertad de actuar, de manera que el segundo ejemplo lo traemos a cuento solamente para mostrar el procedimiento, por llamarlo de algún modo, con el que la señora abusa de su poder, obtiene información personal que debe preservar el secreto fiscal, y hace difusión pública en cadena nacional por la cual se obliga a todos los medios radiales y televisivos a difundir.
Luego de este ataque al periodista mencionado y la referencia a su esposa, la señora dedicó unos cuántos párrafos a hablar de ética pública y de la necesidad de sancionar una ley de ética periodística.
Desde el vamos, la utilización de medios audiovisuales (es decir, periodísticos) para difundir datos privados de periodistas y de sus familiares es una acción innoble reñida con la más elemental concepción de la ética que pueda tener un individuo. Pero hay más.
La señora, que toma el micrófono y parece no querer largarlo jamás, se explayó respecto de periodistas que al parecer reciben dinero de empresas, queriendo señalar de ese modo que tales profesionales perciben una suerte de coima por mantener o difundir determinado tipo de noticias o ideas, y no otras. En otras palabras, hay periodistas estrella que son “comprados” por empresas para difundir lo que éstas últimas quieren. La señora no usó éstas palabras, claro está, pero la alusión a que “reciben dinero de empresas” no parece tener otra connotación. Porque si se tratara de un sueldo o un honorario, esto es lógico, legal, y carece de sentido (aún en el marco autoritario en el que se mueve el actual gobierno) traerlo a cuento.
Nosotros pretendemos defender la libertad de prensa, y no a periodistas ni a periódicos. Y entonces nos preguntamos varias cosas.
En primer lugar, teniendo como tiene la señora presidente tantos informantes y “sabuesos” investigando el pasado de todo el mundo (como ha quedado de sobra demostrado), cómo es que no sabe en concepto de qué la señora del periodista citado y su socio recibían una paga de YPF.
En segundo lugar, si la señora sabe y conoce los montos que perciben los periodistas que trabajan en los medios oficiales sostenidos con el erario, y si ello le parece ético, en tanto y en cuanto tales medios solamente se limitan a llevar adelante propaganda oficial.
En tercer lugar, y siguiendo la misma línea de razonamiento, si le genera algún prurito que el dinero público utilizado para sostener programas como “Fútbol para todos” donde los relatores y comentaristas reiteran alusiones políticas o consignas partidarias a favor del partido gobernante.
En cuarto lugar, si el reparto de publicidad oficial, violando incluso fallos de la justicia, como es el caso del periódico Perfil, no le parece una ominosa prueba de la falta de ética a la que se refiere.
En quinto lugar, si le parece conducente al logro de los objetivos éticos, la utilización del “escrache” de clara raigambre fascista.
Creemos que con estas preguntas dejamos claramente expuesta nuestra visión, y en aras de la brevedad, no abundaremos en otras cuestiones, que bien podríamos hacerlo.
La ética puede ser definida como aquella parte de la filosofía que trata de la moral de las obligaciones de los seres humanos. Es, por lo tanto, un concepto integral, abarcativo de todas las acciones del hombre.
No es factible no ser éticos en una cosa y serlo en otras. O se es ético o no se lo es.
Por lo tanto establecer tribunales especiales o como se les llame para deducir si una persona actúa éticamente en su profesión o en lo que sea, es un acto reñido con el principio general de que las personas deben ser juzgadas en sus actos por los tribunales naturales surgidos de la Constitución. Y no por sus pares, y muchísimo menos por individuos dedicados a la política, cuyos intereses contrapuestos con quienes son críticos de su accionar son más que obvios.
La señora aludió a esto, pero dijo que el proyecto de ley de ética debería ser presentado por periodistas, porque si lo presentan los políticos rápidamente serían tildados de pretender amordazar  o censurar a la prensa. Perdónenos, señora, no es que serían acusados de tal pretensión, es que tal pretensión es la única posible. Y endilgarle la “tarea” a periodistas para que conformen un “foro” de ética es exactamente lo mismo. Y lo es porque en estos momentos el periodismo se encuentra dividido entre el sostenido por el dinero público, que es mayoría, y el que conserva aún el ámbito de la actividad privada, que resulta más creíble y es más leído, escuchado y visto por televisión y por eso se sostiene pese a las diatribas públicas reiteradas por Ud misma y por sus funcionarios y colaboradores.
Armar un foro de periodistas implica constituir un grupo  de individuos, integrarlos significa nombrar en él a profesionales que “reciben dinero de empresas” o del Estado, como ocurre con los medios oficiales u oficialistas ¿Esto le parece que conducirá a una mayor ética periodística en la Argentina?
La ética y la moral la señalan las personas que eligen lo que les parece. La mejor ley de ética es la que no existe. Y la ética es un concepto demasiado amplio como para dejar la calificación en manos de un grupo de individuos de una determinada profesión.
Si a cualquiera de nosotros se nos declara faltos de ética en nuestra profesión, por ese sólo hecho dejamos de ser personas éticas en nuestra vida, ante nuestras familias y ante nuestros semejantes.  Casi podría decirse que semejante propuesta proviene de la liviandad o del enojo que le produce por lo general a la clase política la libre difusión de ideas.
Si los periodistas son acusados, como Ud. Lo hizo, de faltos de ética por recibir dinero de empresas. Y si los periodistas son acusados, aunque Ud omitió hacerlo, de recibir dinero del Estado para hacer propaganda política del gobierno, entonces estamos hablando de otra cosa.
Nos recuerda a ese “revisionismo  histórico” “nacional y popular” que pretende poner “las cosas en su lugar” cuando desde el mismo origen ya tiene la camiseta puesta desde su propia creación.
Es la gente la que elige leer Clarín o Tiempo Argentino. O La Nación, o Página 12. El gobierno nacional puede distribuir solamente los diarios nombrados en segundo término en los vuelos de Aerolíneas Argentinas, pero no puede impedir que la gente adquiera los diarios nombrados en primer término. Ahora bien, y dicho sea de paso, ¿le parece ético que la aerolínea de bandera solamente entregue periódicos oficialistas recargados de “entregas de dinero” en propaganda oficial?
Hablamos a nombre personal, pero nos parece que para pedir ética, primero debemos revisar si nuestro propio comportamiento es ético. De lo contrario parece mejor dejar que la gente decida, ¿no?




HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   12 de agosto de 2012

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