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lunes, 18 de febrero de 2013

ALGO ESTÁ PODRIDO EN LA ARGENTINA6/1/13


El Ágora
 ALGO ESTÁ PODRIDO EN LA ARGENTINA


Supongo que no es tan difícil observar lo que nos pasa. El Poder Ejecutivo intenta avasallar a como dé lugar al Poder Judicial. El Poder Legislativo es literalmente una cargada. Las leyes no se cumplen. Los fallos judiciales tampoco.
No rige el Estado de Derecho y leyes inconstitucionales se convierten en constitucionales básicamente por medio del temor que se infunde a jueces perseguidos, corridos de sus lugares, obligados a renunciar o a ocultarse.
La presidenta miente de manera descarada incluso en foros internacionales. Su ministro de justicia organiza una choriceada en el Museo de la Esma. El canciller pretende argumentar que el hecho de sentarse con terroristas de un Estado teocrático que niega la verdad histórica llevará a resolver los crímenes perpetrados en nuestro país por organizaciones de fanáticos asesinos.
En la Argentina no hay inflación, no hay cepo cambiario. No hay violación de derechos. No hay ajuste.
Solamente hay un grupo multimedios que miente y nos sume a todos en una suerte de estado de pánico cuando la vida florece a nuestro derredor.
No hay corrupción y mucho menos en el entorno más cercano a la presidenta. No hay inseguridad porque los índices de criminalidad son menores a los de San Pablo.
La desocupación es muy baja y las ayudas y subsidios protegen a millones de personas que hoy por hoy no tienen trabajo pero ya lo tendrán.
Las empresas confiscadas intentan acuerdos con grupos internacionales que ahora sí vendrán a invertir a nuestra querida patria. Que antes no lo hicieron vaya uno a saber por qué. Porque sin duda no era por las tarifas congeladas luego de una década de alta inflación.
La compañía de aviación del Estado argentino pierde fortunas diariamente, pero nos permite volar con nuestra imaginación a todo el mundo.
El panorama es desolador.
Las exportaciones han caído mientras en toda la región aumentan. Las importaciones caen como resultado de las infinitas trabas impuestas por un funcionario de clara ilustración fascista. Avalado por la presidenta.
La AFIP hace lo que quiere y resuelve si viajamos o no. Si podemos comprar o no moneda extranjera. Cuánto, cómo, dónde y para qué.
Quienes protestan son de seguro vendepatrias, golpistas, “destituyentes”, neoliberales, gente bien vestida. Y también son una manga de estúpidos que se dejan llevar por los titulares de Clarín. No como ellos, que han descubierto la luz en la propaganda fascista de los canales oficiales.
La señora escracha por cadena nacional a quienes no presentaron declaraciones juradas. También inventa conversaciones con gente del común que luego se demuestra palmaria y grotescamente que se trata de punteros políticos.
El jefe de gabinete dice que la justicia es una mierda.
Nadie que ose contradecir a la señora será menos que eso.
Los saqueos “organizados” ahora resulta que se iniciaron por culpa de un intendente kirchnerista, al que, como corresponde, toda la caterva de genuflexos quiere destituir como sea. En este caso, por supuesto, no se trata de “destituyentes”.
Ni siquiera son capaces de resistir sus propios argumentos esbozados hace dos semanas. Y denunciados.
¿Y qué hace la oposición, aparte de votar la confiscación de YPF, la fascista ley de medios, la nueva ley de capitales y otras menudencias contrarias al sentido común que debería privar en un Estado de Derecho?: nada. A lo sumo intenta mimetizarse con el paisaje. O armar entrevistas para los suplementos dominicales de los diarios.
¿Qué paisaje? El de un país con eternos problemas escolares. Con una industria de la construcción en vías de extinción. Con funcionarios que viajan a Angola en aviones oficiales para vender “Saladas” con globos y calcetines con la leyenda “Clarín miente”. Los actos oficiales en los que se intenta arrimar gente pagándoles fortunas a “artistas” que liban del erario. Micros de escolares cubriendo la 9 de Julio. Banderas de organizaciones pagadas por el gobierno para hacer propaganda.
Dónde está la oposición. Dónde quienes debieran anteponer la república, la libertad, la propiedad privada y la justicia por encima de las consignas fascistas.
Por encima de la arbitrariedad hay más arbitrariedad.
Nadie se salva.
Suben impuestos, tasas, contribuciones. La plata no alcanza pese a que se emite a un ritmo del 40% anual.
La inflación trepa al 30% tranquilamente. No se emiten billetes de mayor valor y el de Evita es hoy por hoy casi una entelequia.
Nadie sale de su casa de noche y todo el mundo coloca alarmas, rejas, luces, perros o lo que sea. Mientras la Federal desaparece y la Metropolitana es un juego de niños.
Las mafias vendedrogas se descubren en los programas de televisión. Los ladrones están sueltos y los antecedentes sirven para corroborar lo obvio: que seguirán robando y matando.
Los expedientes de Ciccone desaparecen de manera torpe, burda, que no daría siquiera como argumento de una película de la mafia.
Las explicaciones de un juez para justificar un grotesco anillo de diamantes son francamente delirantes, contradictorias. Absurdamente inconsistentes.
A nadie se le mueve un pelo.
Algunos artistas que no liban de la dádiva pública parece que van tomando distancia. Ya era hora.
Pero los políticos no. Binner, Stolbizer, Juez, Alfonsín, y hasta el mismísimo Macri, parecen consentir el abuso. Y no pocos artistas, “intelectuales”,  “filósofos” y similares suelen hacer declaraciones tan imbéciles que asustan.
Nadie se opone a la dádiva, sólo pretende administrarla mejor. Nadie cuestiona el robo de las acciones de Repsol, o la payasada de la expropiación de Ciccone. Por el contrario, muchos las han apoyado en el Congreso.
Nadie parece tomar nota que estamos al borde del abismo energético. A nadie le importa resaltar que si la cosa sigue así todo estallará en cualquier momento.
El billete verde pasa los 7 pesos porque la arbitrariedad de un Estado torpe e intervencionista así lo ha decidido.
¿A quién en la oposición política verdaderamente le importa?
La presidenta de las Madres de Plaza de mayo amenaza con tirarle carpetas a los jueces de la Corte. Carpetas que sólo puede tener si se las pasa la SIDE. Pero esta señora amenaza con hacerlo, no lo hace. Muestra así la enorme putrefacción en que se sume la política argentina. Y la oposición no dice ni mu.
A nadie parece conmoverle que esa señora amenace a la Justicia, luego de su paso por la fundación “Sueños compartidos” cuya causa judicial se ha frenado. A nadie le importa que esta señora cuente con “carpetas” que mostrarían obviamente desvíos de los jueces de una Corte designada a dedo por el señor Kirchner. A nadie le importa que no lo haga.
¿Qué hacen los sectores supuestamente sanos de la sociedad para replicar y  atacar argumentalmente semejante grado de cinismo oficial? Nada que trascienda. Nada.
Confieso mi profundo desánimo. Lo hago como simple ciudadano que soy. Siento que todo está torpemente camuflado, que el discurso, convertido en “relato”, se ha vuelto estúpidamente cansino, inescrupulosamente autoritario, descaradamente fascista, sin que por todo ello la supuesta oposición, aunque más no fuera por oportunismo político, tome la posta y ponga algunos puntos sobre las íes, aunque más no sea.
La presidenta insulta a la Justicia. Sus adláteres más genuflexos también lo hacen. Un olor nauseabundo se percibe figuradamente desde cualquier voz oficial que salga replicar lo que la jefa le dice que tiene que decir.
Algo está definitivamente podrido en esta bendita Argentina.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   6 de enero de 2013

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