El Ágora
ALGO ESTÁ
PODRIDO EN LA ARGENTINA
Supongo
que no es tan difícil observar lo que nos pasa. El Poder
Ejecutivo intenta
avasallar a como dé lugar al Poder Judicial. El Poder
Legislativo es
literalmente una cargada. Las leyes no se cumplen. Los fallos
judiciales
tampoco.
No
rige el Estado de Derecho y leyes inconstitucionales se
convierten en
constitucionales básicamente por medio del temor que se infunde
a jueces
perseguidos, corridos de sus lugares, obligados a renunciar o a
ocultarse.
La
presidenta miente de manera descarada incluso en foros
internacionales. Su
ministro de justicia organiza una choriceada en el Museo de la
Esma. El
canciller pretende argumentar que el hecho de sentarse con
terroristas de un
Estado teocrático que niega la verdad histórica llevará a
resolver los crímenes
perpetrados en nuestro país por organizaciones de fanáticos
asesinos.
En
la Argentina no hay inflación, no hay cepo cambiario. No hay
violación de
derechos. No hay ajuste.
Solamente
hay un grupo multimedios que miente y nos sume a todos en una
suerte de estado
de pánico cuando la vida florece a nuestro derredor.
No
hay corrupción y mucho menos en el entorno más cercano a la
presidenta. No hay
inseguridad porque los índices de criminalidad son menores a los
de San Pablo.
La
desocupación es muy baja y las ayudas y subsidios protegen a
millones de
personas que hoy por hoy no tienen trabajo pero ya lo tendrán.
Las
empresas confiscadas intentan acuerdos con grupos
internacionales que ahora sí
vendrán a invertir a nuestra querida patria. Que antes no lo
hicieron vaya uno
a saber por qué. Porque sin duda no era por las tarifas
congeladas luego de una
década de alta inflación.
La
compañía de aviación del Estado argentino pierde fortunas
diariamente, pero nos
permite volar con nuestra imaginación a todo el mundo.
El
panorama es desolador.
Las
exportaciones han caído mientras en toda la región aumentan. Las
importaciones
caen como resultado de las infinitas trabas impuestas por un
funcionario de
clara ilustración fascista. Avalado por la presidenta.
La
AFIP hace lo que quiere y resuelve si viajamos o no. Si podemos
comprar o no
moneda extranjera. Cuánto, cómo, dónde y para qué.
Quienes
protestan son de seguro vendepatrias, golpistas,
“destituyentes”, neoliberales,
gente bien vestida. Y también son una manga de estúpidos que se
dejan llevar
por los titulares de Clarín. No como ellos, que han descubierto
la luz en la
propaganda fascista de los canales oficiales.
La
señora escracha por cadena nacional a quienes no presentaron
declaraciones
juradas. También inventa conversaciones con gente del común que
luego se
demuestra palmaria y grotescamente que se trata de punteros
políticos.
El
jefe de gabinete dice que la justicia es una mierda.
Nadie
que ose contradecir a la señora será menos que eso.
Los
saqueos “organizados” ahora resulta que se iniciaron por culpa
de un intendente
kirchnerista, al que, como corresponde, toda la caterva de
genuflexos quiere
destituir como sea. En este caso, por supuesto, no se trata de
“destituyentes”.
Ni
siquiera son capaces de resistir sus propios argumentos
esbozados hace dos
semanas. Y denunciados.
¿Y
qué hace la oposición, aparte de votar la confiscación de YPF,
la fascista ley
de medios, la nueva ley de capitales y otras menudencias
contrarias al sentido
común que debería privar en un Estado de Derecho?: nada. A lo
sumo intenta
mimetizarse con el paisaje. O armar entrevistas para los
suplementos
dominicales de los diarios.
¿Qué
paisaje? El de un país con eternos problemas escolares. Con una
industria de la
construcción en vías de extinción. Con funcionarios que viajan a
Angola en
aviones oficiales para vender “Saladas” con globos y calcetines
con la leyenda
“Clarín miente”. Los actos oficiales en los que se intenta
arrimar gente
pagándoles fortunas a “artistas” que liban del erario. Micros de
escolares
cubriendo la 9 de Julio. Banderas de organizaciones pagadas por
el gobierno
para hacer propaganda.
Dónde
está la oposición. Dónde quienes debieran anteponer la
república, la libertad,
la propiedad privada y la justicia por encima de las consignas
fascistas.
Por
encima de la arbitrariedad hay más arbitrariedad.
Nadie
se salva.
Suben
impuestos, tasas, contribuciones. La plata no alcanza pese a que
se emite a un
ritmo del 40% anual.
La
inflación trepa al 30% tranquilamente. No se emiten billetes de
mayor valor y
el de Evita es hoy por hoy casi una entelequia.
Nadie
sale de su casa de noche y todo el mundo coloca alarmas, rejas,
luces, perros o
lo que sea. Mientras la Federal desaparece y la Metropolitana es
un juego de
niños.
Las
mafias vendedrogas se descubren en los programas de televisión.
Los ladrones
están sueltos y los antecedentes sirven para corroborar lo
obvio: que seguirán
robando y matando.
Los
expedientes de Ciccone desaparecen de manera torpe, burda, que
no daría
siquiera como argumento de una película de la mafia.
Las
explicaciones de un juez para justificar un grotesco anillo de
diamantes son francamente
delirantes, contradictorias. Absurdamente inconsistentes.
A
nadie se le mueve un pelo.
Algunos
artistas que no liban de la dádiva pública parece que van
tomando distancia. Ya
era hora.
Pero
los políticos no. Binner, Stolbizer, Juez, Alfonsín, y hasta el
mismísimo
Macri, parecen consentir el abuso. Y no pocos artistas,
“intelectuales”, “filósofos”
y similares suelen hacer
declaraciones tan imbéciles que asustan.
Nadie
se opone a la dádiva, sólo pretende administrarla mejor. Nadie
cuestiona el
robo de las acciones de Repsol, o la payasada de la expropiación
de Ciccone. Por
el contrario, muchos las han apoyado en el Congreso.
Nadie
parece tomar nota que estamos al borde del abismo energético. A
nadie le
importa resaltar que si la cosa sigue así todo estallará en
cualquier momento.
El
billete verde pasa los 7 pesos porque la arbitrariedad de un
Estado torpe e
intervencionista así lo ha decidido.
¿A
quién en la oposición política verdaderamente le importa?
La
presidenta de las Madres de Plaza de mayo amenaza con tirarle
carpetas a los
jueces de la Corte. Carpetas que sólo puede tener si se las pasa
la SIDE. Pero
esta señora amenaza con hacerlo, no lo hace. Muestra así la
enorme putrefacción
en que se sume la política argentina. Y la oposición no dice ni
mu.
A
nadie parece conmoverle que esa señora amenace a la Justicia,
luego de su paso
por la fundación “Sueños compartidos” cuya causa judicial se ha
frenado. A
nadie le importa que esta señora cuente con “carpetas” que
mostrarían
obviamente desvíos de los jueces de una Corte designada a dedo
por el señor
Kirchner. A nadie le importa que no lo haga.
¿Qué
hacen los sectores supuestamente sanos de la sociedad para
replicar y atacar
argumentalmente semejante grado de
cinismo oficial? Nada que trascienda. Nada.
Confieso
mi profundo desánimo. Lo hago como simple ciudadano que soy.
Siento que todo está
torpemente camuflado, que el discurso, convertido en “relato”,
se ha vuelto
estúpidamente cansino, inescrupulosamente autoritario,
descaradamente fascista,
sin que por todo ello la supuesta oposición, aunque más no fuera
por
oportunismo político, tome la posta y ponga algunos puntos sobre
las íes,
aunque más no sea.
La
presidenta insulta a la Justicia. Sus adláteres más genuflexos
también lo
hacen. Un olor nauseabundo se percibe figuradamente desde
cualquier voz oficial
que salga replicar lo que la jefa le dice que tiene que decir.
Algo
está definitivamente podrido en esta bendita Argentina.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 6
de enero de 2013
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