El Ágora
LONGOBARDI Y
LA PERVERSIDAD
KIRCHNERISTA
Lo
que acaba de ocurrir con el periodista
Marcelo
Longobardi es una clara señal de la manera en que se maneja el
autoritarismo reinante en esta Argentina decadente.
En
efecto, como se recordará hace algunos meses el empresario
Daniel Hadad vendió
sus emisoras de radio y su canal de noticias al empresario amigo
del poder
Cristóbal López, regenteador del juego con concesiones
multimillonarias por una
importante suma de años.
Este
empresario no tiene absolutamente nada que ver con el periodismo
ni con los medios
audiovisuales, y su ingreso con esta compra se ha debido a las
presiones
sufridas por Hadad, tal como éste último le manifestara al aire
a González Oro
en Radio 10 en oportunidad de cerrar la operación de venta del
grupo (“tuve que
vender, Negro”).
La
política seguida por el gobierno tiene dos o tres patas en la
materia: obligar
a vender a propietarios de medios independientes ideológicamente
del poder.
Hacer que los compradores sean los grupos amigos que liban del
poder (Cristóbal
López, Spolsky, Gvirtz, etc.), y sostener luego a los medios
cooptados mediante
una verdadera panzada de publicidad oficial.
Un
paréntesis para señalar que, según tenemos entendido, la llamada
“ley de medios”
impide que sean compradores de radios y canales de TV a quienes
sean
concesionarios del Estado. Si esto es así, ese sería el caso de
Cristóbal
López, licenciatario del juego entre otras cosas.
Siempre
según informaciones publicadas en diversos diarios y portales de
Internet,
Longobardi había sido sostenido en su puesto por el empresario
citado. Incluso
se le había ampliado el contrato que mantenía con la radio hasta
el año 2016.
Es decir, se habían dado pasos concretos para evitar que el
periodista dudara
de su continuidad.
Sin
embargo, a pocas horas de terminar el año; exactamente el
viernes 21 a las
14:30 hs, Longobardi recibió el llamado crucial: “te vas”, le
dijeron; lo cual
significó que de inmediato cesara la
participación del periodista en su exitoso programa de la mañana
de Radio 10, y
también su participación televisiva en C5N en las noches de los
martes.
Según
lo informado, Cristóbal López había tomado esa determinación
debido a que,
afirmó, el periodista y él, tienen “visiones distintas” de la
realidad.
Más
allá de lo deplorable de semejante afirmación, si es que
existió, resulta evidente
la perversidad aplicada. Porque avisarle a Longobardi que no
será de la partida una
semana antes de terminar el
año y cuando los demás medios ya han armado la grilla para el
año próximo
constituye un claro intento de dejarlo fuera del aire. De otra
manera no puede
interpretarse. Dejarlo sin trabajo, de eso se trata.
Es
que además, que había “visiones distintas” entre ambos no es
para nadie una
novedad. Pero mientras hasta el viernes esas distintas visiones
no habían sido
obstáculo incluso para ampliar el contrato, a partir de ese
momento se han
convertido en una barrera infranqueable.
El
criterio seguido por estos mezquinos empresarios amigos del
poder consiste en
dejar fuera a los periodistas justo al final del año, para que
no tengan
posibilidad de conchabarse en otros medios y por lo tanto no
joder el año
siguiente. Año electoral, además.
Lo
mismo pasó con Nelson Castro cuando Sposlky compró Radio del Plata. Y también había
pasado algo parecido
con el periodista José Eliaschev, que trabajaba en radio
Nacional y fue avisado
de que no continuaría el último día hábil del año.
En
el caso de Longobardi, además, está muy claro que la intención
ha sido dejarlo
fuera a él, pero no a los demás integrantes del programa radial
(María I.
Sánchez, Rolo Villar, Diego Brancatelli y Alberto Cormillot). Es
decir que aún
en el caso de que el periodista consiga aire en otra radio, se
verá minada su
audiencia por tratarse de una emisora que no es la líder y que
además no cuenta
con un equipo de semejante trascendencia. La perversidad es
elocuente. Ello más
allá de que probablemente Radio 10 caerá dramáticamente en la
audiencia
mientras que Mitre o la mismísima Continental se afianzarán en
caso de mantener
una línea crítica del gobierno medianamente independiente.
Pero
además, lleva a la reflexión sobre las verdaderas intenciones
del engendro
fascista conocido como “ley de medios audiovisuales”, que una y
otra vez ha
demostrado que no tiene otra intencionalidad que la de terminar
con el
periodismo libre.
La
salida del aire de Longobardi es un nuevo baldón para quienes
todavía sostienen
que el gobierno ha perseguido con esa ley la “democratización”
de los medios.
Claramente ha ocurrido todo lo contrario y sigue ocurriendo.
Las
“visiones diferentes” son las que enriquecen las audiencias, no
las que las
limitan. Pero para los actuales gobernantes, es impensable
imaginar un canal “público”
con todas las voces, o una emisora de radio de amigos del poder
que permita la
libre expresión de periodistas críticos. La estructura fascista
cierra así su
círculo, y queda demostrado, por si cupiera, cuáles son las
verdaderas intenciones
de un grupo de (y en el) poder
que ha
demostrado hasta el cansancio que si algo no le importa es
respetar la libertad
y el estado de derecho.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 25
de diciembre de
2012
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