El Ágora
OTRA VEZ HERMENEGILDO
SÁBAT
“La parodia no tiene verosimilitud” (CSJ
de la Nación,
caso Tato Bores)
La
Legislatura
porteña, por iniciativa del bloque kirchnerista, denunció al
reconocido
dibujante Hermenegildo Sábat por la denominada “violencia de
género” a raíz de
una caricatura publicada en la que aparece la presidenta de la
Nación con un
ojo morado.
Es
la segunda vez
que el gobierno kirchnerista acusa al eximio artista del
dibujo-editorial por
una caricatura de la señora de Kirchner; la anterior fue en el
año 2008 cuando
la dibujó con un par de tiras en la boca en forma de cruz, como
pidiéndole
silencio.
Ahora
se acusa al
artista de haberse hecho eco de una política “sexista y
misógina”. Siguiendo el
particular criterio de interpretación del uso del idioma, debió
haber dicho
“generista y misógina”. Pero no vamos pedirle peras al olmo. El
mal uso del
idioma no es de exclusividad de los jóvenes, como se pretende.
Las enseñanzas
bajan siempre de los adultos.
Es
interesante
recordar que en el año 2008, Sábat hizo ese dibujo pretendiendo
señalar algo
así como que lo mejor sería que la presidenta se callara la boca
durante la
recordada discusión por el tema de la resolución 125. En aquel entonces, la
señora calificó la
caricatura de “un mensaje cuasi mafioso”, expresión que le valió
el repudio
generalizado de la prensa todavía no cooptada por el régimen. A
tal punto que
según recordamos, hubo un intento de acercamiento mediante un
pedido de
encuentro entre la presidenta y el artista, al que éste se negó.
Tanto
en un caso
como en el otro, el exceso está a la vista. En esta oportunidad,
la caricatura
pretendió reflejar, claramente, que la señora salió con un ojo
en compota en el
enfrentamiento con el llamado grupo Clarín.
Quienes
conocen
medianamente la trayectoria del artista, saben muy bien que sus
dibujos son
verdaderos editoriales. Y como tales, es razonable que al
autoritarismo
reinante le moleste sobremanera.
Pero de
allí a acusarlo de
“sexista” y de
“mafioso” hay un exceso notable.
Cada
vez que se
ataca a los artistas,(sean estos músicos, poetas, escritores,
dibujantes,
cantantes o actores) es porque claramente se pretende hacerlos
callar porque
molestan. En este caso,
el
extraordinario dibujante editorialista uruguayo es víctima de un
gobierno de
tinte claramente autoritario que se aprovecha de una
interpretación claramente
equívoca de la llamada “violencia de género”. Es evidente que no
es ese el
sentido del dibujo en cuestión. Es más, aún forzando la idea,
bien podría ser
que el ojo en compota de la señora podría haberse debido a un
trompis aplicado
por otra mujer. Y esto no es para escaparle a nada. Es la
sencilla conclusión
de que, dadas las causas metafóricas
que
persigue la idea, no importa realmente qué sexo tiene el que
golpea. Y naturalmente,
dicho golpe no es más que una figuración.
Es
bueno
preguntarse por qué los legisladores porteños establecen una
relación entre un
ojo negro producto de un revés judicial en la disputa ante el
grupo Clarín y un
componente sexista. Máxime en los tiempos en los que se ha
generalizado como
deporte el boxeo femenino.
La
verdad de esta
historia es que una vez más se ha atacado a un dibujante de
enorme trayectoria.
Un eximio observador de la realidad que en sus mágicos trazos
sintetiza una
idea que todo el mundo entiende como tal. Menos, parece ser, la
propia
presidenta de la Nación o los legisladores porteños.
Buenos
Aires, 21 de diciembre
de 2012
HÉCTOR
BLAS TRILLO
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