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lunes, 18 de febrero de 2013

SE PRESUMEN CULPABLES 16/12/12


El Ágora
 SE PRESUMEN CULPABLES

“Cuando hay dinero de por medio, pueden estar tocando trompetas que no les importa nada… me hago cargo de lo que digo, no tengo pruebas pero no tengo dudas” (Cristina F. de Kirchner)


La transcripción de lo dicho por la señora presidenta con relación al sonado caso Marita Verón muestra con contundencia la clara concepción totalitaria que nos ofrece el actual gobierno.
Claro, el “me hago cargo” en boca de la presidenta suena a broma. Todo el mundo sabe que  en esta Argentina decadente y corrupta los funcionarios en general no se hacen cargo de nada. Y nadie está en condiciones de hacer que se hagan cargo.
Pero no deja de ser sintomático que la señora acuse a los jueces. Lo ha hecho en varias oportunidades y por diversos motivos. Lo ha hecho también con referencia a jueces de otros países, como el caso de Griesa en los EEUU, o del juez de Ghana.
La presunción de inocencia, base del derecho moderno y del respecto de los derechos humanos cae así en saco roto sin que a nadie se le mueva un pelo. A nadie.
La aseveración de que “hay dinero de por medio” es una acusación gravísima que por supuesto la señora no tendrá que demostrar, porque nadie osará pedirle explicaciones. Y si alguien lo hace, aparte de las consabidas consecuencias que sufrirá (“escraches”, inspecciones afipianas, persecución ideológica, etc.), deberá probar que no es culpable por haber incurrido en semejante osadía.
Así funciona esta Argentina colonial, de gobiernos megalómanos, de funcionarios corruptos, de legisladores cómplices. Y, por qué no, de oposición inexistente o difusa.
En el caso de Marita Verón no se conocen todavía los fundamentos del fallo que absolvió a los acusados. Pero parece cuando menos sintomático que los tres jueces actuantes no se hayan dejado llevar por la comodidad de dejar contenta a la opinión pública por algunos millones de dólares. No es tan fácil soportar el asedio de un gobierno reacciona como se sabe que reacciona.
Todo es posible, sin embargo. Aunque no parece demasiado probable.
¿Por qué la señora asegura que hay dinero de por medio? Más allá de la acusación directa y totalmente irresponsable parece haber un trasfondo basado en lo que podría denominarse “el conocimiento de causa”. Algo así como si dijera “se sabe lo que ocurre en estos casos, aparece una oferta de dinero, y los jueces fallan a favor de los acusados”. ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo sabe la presidenta que alguien ha de haber ofrecido dinero, los tres jueces lo han aceptado, y todos han resuelto fallar de manera tan diametralmente opuesta a lo que esperaba la madre de la víctima y la opinión pública en general?
La única respuesta posible para no juzgar a la acusación como vana es que tuviera algún dato. Pero resulta que ella misma dice carecer de pruebas. 
Va de suyo que si las tuviera debería acudir a la Justicia.
Uno no puede dejar de estremecerse.
Acá se ha fallado sobre el secuestro, la desaparición y la trata de una persona en particular. Por lo que se ha visto y oído hasta ahora existe una duda razonable respecto de la presunta culpabilidad de los acusados. Y sin ser abogado cualquiera sabe que no es posible condenar a alguien a ninguna pena si no se está razonablemente seguro de la culpabilidad.
Aquella vieja película llamada “Doce hombres en pugna” exime de mayores comentarios.
Pero hay más. Existe un proyecto de ley sobre trata de personas que ha perdido estado parlamentario por falta de tratamiento en este año. La proliferación del proxenetismo es un dato de la realidad cotidiana que cualquiera conoce. Incluso se difunde por televisión en programas que utilizan las denominadas cámaras ocultas.
Por decreto la señora prohibió el “rubro 59” (aquel de los anuncios de oferta de sexo) pero éste ha sido suplantado por otros en los que disimuladamente se ofrece lo mismo.
La existencia de prostíbulos, prohibida por la ley desde hace muchos años, abarca situaciones claramente comprometedoras, como que un juez de la corte haya otorgado en alquiler varios departamentos a personas que los utilizaban para el negocio de la prostitución. Este tema nunca se aclaró debidamente. Otro juez, hoy muy famoso y mediático, supo estar acusado de frecuentar un prostíbulo para personas homosexuales que funcionaba a pocas cuadras del mismísimo palacio de Tribunales. Hasta se difundió un video grabado clandestinamente donde se ve una persona con evidente parecido físico al citado juez.
Ese juez en particular, ha actuado en numerosas causas a favor del gobierno y de sus funcionarios, y ha sobreseído al matrimonio presidencial en la famosa causa por enriquecimiento ilícito hace unos años. Lo hizo entre otras cosas por la falta de apelación del fiscal obrante.
¿Por qué en estos casos la señora presidenta no salió a dar un discurso hablando de dinero que hiciera tocar las trompetas a los jueces? Para el caso daba lo mismo, porque pruebas no le hacían falta, lo mismo que ahora.
La presidenta no se quedó en la grave acusación que inicia este comentario. También se ocupó de lanzar la idea de “democratizar” la justicia. ¿Qué significa eso? Significa que los tribunales deberían ser elegidos por el pueblo, como lo son los legisladores y como lo es ella misma, en su lugar de presidenta de la Nación.
Precisamente la concepción republicana apunta a que sean los jueces los encargados de velar por los derechos de las minorías. Son ellos los que deben asegurar el respeto de los derechos y garantías constitucionales. Son, de los tres poderes que conforman la República, el único “contrapoder”. El otro fiel de la balanza. Ni más ni menos.
Por lo tanto, bajo el eufemismo de la “democratización” se esconde claramente una concepción totalitaria que cada día se hace más evidente.
Si los tres poderes patean para el mismo lado, y ese lado es el de la mayoría, ¿quién se ocupará de defender a  la minoría, cuando la mayoría resuelva en su contra?
A todo esto, los jueces tucumanos ya han sido etiquetados como culpables y coimeros. Nada de lo que digan en los fundamentos del fallo cambiará esta realidad.
Mandar a las hordas a comerse las sobras de la libertad y de la independencia de poderes es un claro síntoma de la falta de respeto a la República. Lamentablemente.

HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   16 de diciembre de 2012

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