El Ágora
SE PRESUMEN
CULPABLES
“Cuando hay dinero de por
medio, pueden estar tocando trompetas que no les importa nada…
me hago cargo de
lo que digo, no tengo pruebas pero no tengo dudas” (Cristina
F. de Kirchner)
La
transcripción de lo dicho por la señora presidenta con relación
al sonado caso
Marita Verón muestra con contundencia la clara concepción
totalitaria que nos
ofrece el actual gobierno.
Claro,
el “me hago cargo” en boca de la presidenta suena a broma. Todo
el mundo sabe
que en esta Argentina
decadente y
corrupta los funcionarios en general no se hacen cargo de nada.
Y nadie está en
condiciones de hacer que se hagan cargo.
Pero
no deja de ser sintomático que la señora acuse a los jueces. Lo
ha hecho en
varias oportunidades y por diversos motivos. Lo ha hecho también
con referencia
a jueces de otros países, como el caso de Griesa en los EEUU, o
del juez de
Ghana.
La
presunción de inocencia, base del derecho moderno y del respecto
de los
derechos humanos cae así en saco roto sin que a nadie se le
mueva un pelo. A
nadie.
La
aseveración de que “hay dinero de por medio” es una acusación
gravísima que por
supuesto la señora no tendrá que demostrar, porque nadie osará
pedirle
explicaciones. Y si alguien lo hace, aparte de las consabidas
consecuencias que
sufrirá (“escraches”, inspecciones afipianas, persecución
ideológica, etc.),
deberá probar que no es culpable por haber incurrido en
semejante osadía.
Así
funciona esta Argentina colonial, de gobiernos megalómanos, de
funcionarios
corruptos, de legisladores cómplices. Y, por qué no, de
oposición inexistente o
difusa.
En
el caso de Marita Verón no se conocen todavía los fundamentos
del fallo que
absolvió a los acusados. Pero parece cuando menos sintomático
que los tres
jueces actuantes no se hayan dejado llevar por la comodidad de
dejar contenta a
la opinión pública por algunos millones de dólares. No es tan
fácil soportar el
asedio de un gobierno reacciona como se sabe que reacciona.
Todo
es posible, sin embargo. Aunque no parece demasiado probable.
¿Por
qué la señora asegura que hay dinero de por medio? Más allá de
la acusación
directa y totalmente irresponsable parece haber un trasfondo
basado en lo que
podría denominarse “el conocimiento de causa”. Algo así como si
dijera “se sabe
lo que ocurre en estos casos, aparece una oferta de dinero, y
los jueces fallan
a favor de los acusados”. ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo sabe la
presidenta que alguien
ha de haber ofrecido dinero, los tres jueces lo han aceptado, y
todos han
resuelto fallar de manera tan diametralmente opuesta a lo que
esperaba la madre
de la víctima y la opinión pública en general?
La
única respuesta posible para no juzgar a la acusación como vana
es que tuviera
algún dato. Pero resulta que ella misma dice carecer de pruebas.
Va
de suyo que si las tuviera debería acudir a la Justicia.
Uno
no puede dejar de estremecerse.
Acá
se ha fallado sobre el secuestro, la desaparición y la trata de
una persona en
particular. Por lo que se ha visto y oído hasta ahora existe una
duda razonable
respecto de la presunta culpabilidad de los acusados. Y sin ser
abogado
cualquiera sabe que no es posible condenar a alguien a ninguna
pena si no se
está razonablemente seguro de la culpabilidad.
Aquella
vieja película llamada “Doce hombres en pugna” exime de mayores
comentarios.
Pero
hay más. Existe un proyecto de ley sobre trata de personas que
ha perdido
estado parlamentario por falta de tratamiento en este año. La
proliferación del
proxenetismo es un dato de la realidad cotidiana que cualquiera
conoce. Incluso
se difunde por televisión en programas que utilizan las
denominadas cámaras
ocultas.
Por
decreto la señora prohibió el “rubro 59” (aquel de los anuncios
de oferta de
sexo) pero éste ha sido suplantado por otros en los que
disimuladamente se
ofrece lo mismo.
La
existencia de prostíbulos, prohibida por la ley desde hace
muchos años, abarca
situaciones claramente comprometedoras, como que un juez de la
corte haya
otorgado en alquiler varios departamentos a personas que los
utilizaban para el
negocio de la prostitución. Este tema nunca se aclaró
debidamente. Otro juez,
hoy muy famoso y mediático, supo estar acusado de frecuentar un
prostíbulo para
personas homosexuales que funcionaba a pocas cuadras del
mismísimo palacio de
Tribunales. Hasta se difundió un video grabado clandestinamente
donde se ve una
persona con evidente parecido físico al citado juez.
Ese
juez en particular, ha actuado en numerosas causas a favor del
gobierno y de
sus funcionarios, y ha sobreseído al matrimonio presidencial en
la famosa causa
por enriquecimiento ilícito hace unos años. Lo hizo entre otras
cosas por la
falta de apelación del fiscal obrante.
¿Por
qué en estos casos la señora presidenta no salió a dar un
discurso hablando de
dinero que hiciera tocar las trompetas a los jueces? Para el
caso daba lo
mismo, porque pruebas no le hacían falta, lo mismo que ahora.
La
presidenta no se quedó en la grave acusación que inicia este
comentario.
También se ocupó de lanzar la idea de “democratizar” la
justicia. ¿Qué
significa eso? Significa que los tribunales deberían ser
elegidos por el
pueblo, como lo son los legisladores y como lo es ella misma, en
su lugar de
presidenta de la Nación.
Precisamente
la concepción republicana apunta a que sean los jueces los
encargados de velar
por los derechos de las minorías. Son ellos los que deben
asegurar el respeto
de los derechos y garantías constitucionales. Son, de los tres
poderes que
conforman la República, el único “contrapoder”. El otro fiel de
la balanza. Ni
más ni menos.
Por
lo tanto, bajo el eufemismo de la “democratización” se esconde
claramente una concepción
totalitaria que cada día se hace más evidente.
Si
los tres poderes patean para el mismo lado, y ese lado es el de
la mayoría,
¿quién se ocupará de defender a la
minoría,
cuando la mayoría resuelva en su contra?
A
todo esto, los jueces tucumanos ya han sido etiquetados como
culpables y
coimeros. Nada de lo que digan en los fundamentos del fallo
cambiará esta
realidad.
Mandar
a las hordas a comerse las sobras de la libertad y de la
independencia de
poderes es un claro síntoma de la falta de respeto a la
República.
Lamentablemente.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 16
de diciembre de
2012
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