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miércoles, 29 de mayo de 2013

YA VAN A VENIR POR USTEDES

El Ágora
YA VAN A VENIR POR UDS.
“Sr. Coto, ¡no le meta la mano en el bolsillo a la gente!” Néstor Carlos Kirchner


Hay que decirlo con total crudeza: la Argentina está viviendo una de sus horas más aciagas desde el retorno de la democracia formal.
Detenerse a observar qué ocurre y reflexionar sobre ello puede ser una tarea muy penosa, pero a la vez clarificadora.
Ya no se trata de referirse a la mentira de los índices oficiales de inflación o de pobreza.  Tampoco de posar los ojos sobre el cepo cambiario. O de analizar lo que se ha hecho y se hace con la Justicia. Mucho menos de recordar las respuestas de la presidenta a los estudiantes de Harvard.  O de las excusas y violaciones de diverso calibre con las que se ha pretendido aplicar la llamada “ley de medios”, mostrando la verdadera trama del autoritarismo más retrógrado.
Tampoco es cuestión de ponerse a listar la increíble cantidad de “medidas” espantosamente pueriles tomadas al socaire de ese “mandamasismo” de tertulia, tomadas por un surrealista secretario de comercio. Ni de analizar los dichos de la presidenta sobre la diabetes. O en su momento del hoy vicepresidente sobre que la inflación afecta a los ricos.
No es cuestión tampoco de sufrir recordando las increíbles acusaciones que vierte el poder ejecutivo nacional sobre gobernadores o intendentes díscolos. Ni siquiera de amargarse recordando las confiscaciones de empresas, para colmo cargadas de argumentos nacionalistas llenos de falacias, plagados de mentiras, sesgados hasta lo impropio.
Todo parece girar en torno de una inmensa improvisación, un total desprecio de todas las instituciones, un increíble aparato de propaganda que incluye la persecución y acusación a los medios gráficos, radiales o televisivos que no se avienen al “relato” oficial.
Programas en la televisión estatal de un berretismo propagandístico increíble. Amenazas de todo tipo contra periodistas no adictos al régimen. Insultos, ofensas y descalificaciones incluso a compañeros de ruta, como es el caso de Daniel Scioli, que sufre diariamente las más inconcebibles diatribas de parte de los genuflexos referentes del poder central.
A todo esto y mucho más se suma el nombramiento del cardenal Bergoglio como nuevo Papa, que es en estas horas motivo de todo tipo de acusaciones en muchos casos ridículas y cargadas de una inquina producto de la impotencia ante una realidad palpable: el hombre fue designado sucesor de Pedro por el Vaticano y eso no puede modificarse. Y mucho menos por un régimen político que exhibe de manera tan obvia su autoritarismo, su arbitrariedad, su prepotencia y el increíble grado de sumisión al que ha llevado a sus adeptos.
A estas alturas son muy pocos los que ponen en duda el sesgo autoritario de un gobierno que no muestra ningún apego institucional, y que simplemente carga a como dé lugar contra quienes de algún modo lo critiquen o no compartan su criterio. Criterio que por lo demás es absolutamente cambiante, como queda de sobra demostrado con el caso de los llamados “fondos buitre”, a los que no se les iba a pagar un dólar y ahora resulta que parece que al menos sí quiere pagársele lo que surge del canje de 2010.
Pero la gota que verdaderamente rebalsó el vaso es la de la prohibición de publicar avisos en los diarios de parte de cadenas de supermercados y de electrodomésticos. No se trata aquí de analizar las razones que pudiera esgrimir (si es que esgrime alguna) el gobierno, se trata de que las empresas han recibido llamados telefónicos amenazándolas con prohibirles importar algunos productos o mandándoles inspecciones. Según se dice los llamados fueron de parte de funcionarios del gobierno. Sea como fuere, lo cierto es que los avisos desaparecieron hace ya algunas semanas. El perjuicio a los medios independientes es inmenso.
Como se sabe, el gobierno discrimina la publicidad oficial y asigna enormes recursos publicitarios a medios que prácticamente no tienen circulación, mientras que ahoga financieramente a los medios opositores, como son los diarios Clarín o La Nación a nivel nacional. Pero que también abarca a otros medios y no solamente gráficos sino también radiotelevisivos.
Toda esta aberración autoritaria, de clarísimas características fascistas, no ha generado una reacción como hubiera correspondido. Muy por el contrario. Se ha producido un silencio a gritos.
Las empresas han quitado la publicidad generando un perjuicio económico tal vez fatal para muchos medios. La afrenta a la libertad de expresión es evidente, y está palmariamente a la vista.
Sin embargo, el silencio y la complicidad de muchos se ha puesto en evidencia. Nadie dice nada. Salvo algunos periodistas o algún comentario editorial.
Los empresarios saben muy bien que el daño que están haciendo con su proceder es enorme. Y saben también que ese daño se vuelve en contra de ellos, que notablemente ven afectadas sus ventas.
El ajuste que no es ajuste pero es ajuste se pone claramente sobre el tapete. La falta de publicidad, aparte de ahogar financieramente a los diarios díscolos, contribuye a bajar las ventas de supermercados y cadenas de electrodomésticos. Una verdadera carga contra el consumo, y por lo tanto una merma de la demanda de modo que la presión sobre los precios sea menor. El resultado está a la vista: bajaron las ventas, y el índice de precios al consumidor de febrero fue menor y no solamente el mentiroso calculado por el gobierno.
El silencio de estos empresarios es un silencio de vieja data. Recordamos hace ya varios años aquella oportunidad en que el ex presidente fallecido Néstor Kirchner acusó a Alfredo Coto de meterle la mano en el bolsillo a la gente. Es decir, de robar. El silencio del conocido supermercadista  fue elocuente, y a la vez realmente humillante, se diga lo que se dijere. Quien calla otorga. Y, salvo que no nos hayamos enterado de su respuesta, el Sr. Coto otorgó.
Hacer buena letra con un gobierno autoritario no contribuye a mejorar el cuadro general de una democracia enclenque como la argentina. Al contrario, la deteriora y cada día más.
Y lo más triste de todo esto es que ninguno de los habitantes de esta bendita tierra puede decir que está a salvo. Empresarios, comerciantes, periodistas, profesionales, sindicalistas, trabajadores y gente común. Todos estamos en la misma bolsa.
Fueron contra las AFIP, contra Aguas Argentinas, contra Repsol, contra el campo, contra los sindicalistas más amigos, contra gobernadores, contra intendentes, contra Shell…Nadie puede decir que no irán en contra de él.
Por eso, y a riesgo de abusar del desasosiego de tantos, hay que decirlo. Señores empresarios, tengan mucho cuidado, porque el día menos pensado habrán de venir por ustedes. Y podemos agregar que pensamos que vendrán más temprano que tarde.



HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,  15 de marzo de 2013

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