El Ágora
"Los argentinos tienen un enano
fascista adentro"
(Oriana Fallaci)
.
El video difundido en estas horas en
el que se ve al candidato a diputado (FPV) Juan Cabandié
amenazar de manera
francamente insólita a una agente de tránsito que le labra una
infracción por
no contar con el seguro del auto que conduce, es una pintura de
cómo se utiliza
en nuestro país la “chapa”, el cargo, el poder con que se
cuenta. Según se
dijo, el incidente se produjo en el mes de febrero pasado.
Cabandié es hoy mismo diputado nacional, y su
candidatura en el primer
lugar de la lista es una decisión evidente de la propia
presidenta de la
Nación, ya que como sabemos en la Argentina hace muchos años que
prácticamente
no existe la democracia partidaria, si es que alguna vez
existió.
Lo primero que vino a mi mente al ver esa imagen
prepotente, autoritaria y
notablemente poco educada, fue el diálogo que sostuvo en su
momento el también
diputado oficialista Andrés Larroque con el periodista del canal
oficial Juan
Miceli. Como se recordará, Larroque increpó y hasta interrogó al
aire al
periodista porque éste tuvo la osadía de preguntarle por el uso
de pecheras de
la organización “La Cámpora” para el reparto de donaciones
anónimas a los
damnificados por la inundación en La Plata.
Tanto en un episodio como en otro, quienes
tuvieron la osadía de intentar
cumplir con su deber fueron finalmente separados de sus
funciones.
El caso Miceli es de dominio público y su salida
de Canal 7 es un hecho,
mientras que la agente de tránsito al parecer perteneciente al
municipio de
Lomas de Zamora ha sido despedida hace un par de meses.
La prepotencia de un funcionario como Guillermo
Moreno es de todos conocida
y no necesita siquiera ser recordada. Y a lo largo y a lo ancho
del país entero
se ven y se conocen historias de abuso de poder, incluyendo
claro está, el
recordado abuso sobre la Suprema Corte santacruceña en tiempos
de Néstor
Kirchner gobernador. Y de allí en adelante hasta el día de hoy.
Otro hecho trágico por el grado de autoritarismo y una insoslayable muestra
de estupidez es el
video que muestra al presidente de Aerolíneas, Mariano Recalde,
haciendo
comentarios increíbles sobre la empresa LAN y sobre los
legisladores
nacionales. A la empresa de aviación, Recalde la denomina
“pinochetista”, y a
los legisladores, “zánganos”. Lo hace en un micrófono, en un
acto público, ante
centenares de teléfonos celulares con cámaras que pueden
filmarlo.
Traigo a cuento actos y hechos vinculados con el
oficialismo porque
entiendo que son más relevantes, porque muestran la cara tal vez
más ominosa
del gobierno nacional. Y porque se trata del gobierno nacional,
justamente. No
porque sea una excepción.
Podría extenderme en los abusos y las violaciones
de la Constitución Nacional,
en el desconocimiento de leyes y de fallos, en la
discrecionalidad con la que
se dispone del dinero del erario y un millón de etcéteras. Pero
todos sabemos
cómo son las cosas. Todos conocemos desde hace mucho tiempo todo
lo que nos
pasa.
Acá no se trata, en mi modo de ver, de militares o
de civiles. Se trata de
otra cosa. El trasfondo autoritario está en el origen de todo.
La falta de
educación cívica. La negación del respeto de la ley. El abuso, la prepotencia
como forma de
gobierno.
De allí a la corrupción, a la creencia de que los
bienes del Estado son del
partido gobernante, el nepotismo o el amiguismo sólo hay un
paso. La corrosión
es una consecuencia natural.
Sin entrar a profundizar en el análisis político,
supongo que la presidenta
sabe muy bien a quién otorga poder y por qué. El ejemplo del
citado Moreno es
mucho más que paradigmático. Y los otros casos no son menores,
desde ya.
¿Por qué la presidenta promueve, alimenta y
sostiene a estos personajes en
posiciones de importancia? ¿Por qué los apoya incluso
públicamente luego de
conocidas sus más vergonzosas tropelías? ¿Por qué, en
definitiva, les da el
poder que tienen?
No son éstas, preguntas menores. Porque una cosa
es que a alguien se le “suelte
la cadena” o tenga un mal día, y otra es la actitud patotera que
muestran estos
individuos. Esto merece
una respuesta, y
la respuesta la supo dar la periodista italiana con la que
inicio estas líneas.
Uno no es sociólogo ni nada, pero hay cuestiones
que tienen que ver con la
formación o falta de formación de las personas.
Un hombre que se abusa de su condición de poder y
“chapea” (por más que
intente negarlo) a una empleada municipal de sólo 22 años que
tiene el tupé de
querer labrarle una infracción de tránsito no es un hecho menor.
Entra casi en el rubro
“violencia de género”,
como se le llama ahora al abuso por sexo. Y vuelvo al caso Cabandié
porque es el hecho
que tomó estado público en estas horas.
Si uno observa lo que este joven utiliza como
argumento para librarse de
una sanción, no puede menos que sorprenderse. Su origen como
hijo de
desaparecidos, su supuesta lucha contra “los hijos de puta que
quieren arruinar
el país” (en realidad dice que “los banca”, lo cual es un
increíble lapsus que
deberán explicar los psicólogos), y hasta su llamado en el mismo
acto a un tal “Martín”
para que aplique un “correctivo” a la joven funcionaria. Todo
muestra a un
cobardón, a un deplorable abusador que aprovecha su rango para
meter miedo.
Ahora resulta que ese tal Martín es Insaurralde,
el intendente de Lomas de
Zamora y candidato también del oficialismo. Esto fue ocultado
por Cabandié en
el programa de propaganda oficial en el Canal 7, donde afirmó
que hablaba de
otra persona.
¿No es intimidatorio para un empleado que cumple
su trabajo llamar por
teléfono a alguien “de arriba” para que aplique un “correctivo”?
Intimidatorio,
prepotente, abusador y hasta digno de ser considerado “violencia
de género”.
Todo junto.
Y luego la negación, la mentira. Que es, hasta
diríase, lo más indignante.
Porque el diputado, mientras ante la joven funcionaria se jacta
de “poner
huevos”, muestra su hilacha más pendenciera al mentir y negar
públicamente que
el tal Martín fuera el intendente, o incluso al afirmar de
manera tragicómica
que “quisieron coimearlo”. Como si en lugar de denunciar tal
hecho lo que
corresponde hacer en tales casos es prepotear, amenazar, sacar
la tarjeta de
diputado, y llamar por teléfono a un superior de la chica para
aplicarle “correctivos”.
Por lo demás, confieso que este último término me ha dejado casi
fuera de
combate. En muchos años
de trabajo no
recuerdo haber escuchado nunca ese adjetivo para referirse a
acciones
disciplinarias contra empleados o funcionarios.
Es de suponer que éste video ha sido dado a
conocer porque existen serias
diferencias internas en el partido gobernante, es decir que se
trata de una “operación
política”. Puede ser, claro está. Se dice que son muchos los que
no “se bancan”
a los jóvenes de “La Cámpora” y que el “aparato” de la provincia
de Buenos
Aires está enfrentado con la presidenta por la designación a
dedo de estos
jóvenes prepotentes y sin “trayectoria”.
Es muy posible que así sea.
Ahora bien, ocultar este video para darlo a
conocer por razones políticas,
es tan o más rastrero todavía. Muestra la profunda crisis moral
en la que se
debate este desgraciado país. Es lo mismo que los remanidos
“carpetazos” que se
tiran entre sí los políticos, incluida la propia presidenta de
la Nación,
cuando por ejemplo sale a escrachar a periodistas, funcionarios
u operadores
inmobiliarios.
¿Y qué cosa es la “trayectoria” de un político
dentro de un partido que
desde el poder no hace sino bajar línea de prepotencia y
discrecionalidad?
La periodista italiana (ya fallecida) Oriana
Fallaci habló del “enano
fascista” que tenemos los argentinos. Muchos conocen el dicho,
pero pocos tal
vez recuerdan en qué circunstancias fue dicho.
Fue en una entrevista con el periodista Bernardo
Neustadt. Y su mención
estuvo vinculada al hecho de que
un país que soporta una dictadura, es cómplice de ella. El
silencio es
cómplice. El ocultamiento de la verdad es cómplice. El sometimiento es
cómplice.
Si vemos lo que nos pasa hoy en día, podemos decir
que muy poco han
cambiado las cosas. Los argentinos toleramos y hasta premiamos a
personajes de
raigambre autoritaria como los nombrados. Incluso los
promocionamos, como hace
la presidenta, que los sostiene en el poder, les da más poder, y
los pone en los
primeros lugares de las listas de candidatos, o al frente de las
empresas
públicas.
Y acá no se trata de que nos hagamos los
distraídos. En este barco estamos
todos. Acá hubo hechos autoritarios durante todos estos años,
con gobiernos
civiles y con gobiernos militares.
El “enano fascista” de la controvertida Oriana
Fallaci sigue tan vigente
como cuando ella lo trajo a cuento, provocando una reacción en
cadena que sólo
sirve para probar cuánto de cierto había en su afirmación. Es
bien freudiano
aquello de que si se nos acusa de algo grotesco, ello provoca a
lo sumo una
sonrisa. Mientras que cuando se nos acusa de algo que claramente
puede ser
cierto, entonces reaccionamos.
Oriana, que nació en la Italia fascista, sabía muy
bien de qué hablaba.
Héctor Blas Trillo (14/10/2013)
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