Segunda Opinión
Para mal o para
bien, tenemos la
conciencia tranquila respecto de habernos referido a los temas
que dan motivo a
este nuevo comentario, en muchísimas oportunidades. Hemos
señalado una y mil
veces que el intervencionismo genera la necesidad de más y más
intervencionismo, hasta que finalmente termina paralizando el
aparato
productivo, sector por sector, sin prisa y sin pausa.
Obviamente lo que
acaba de ocurrir con
YPF y el acuerdo hasta ahora no divulgado con la norteamericana
Chevron, es la prueba
viviente de la increíble improvisación en la que se ha incurrido
al confiscarse
las acciones de Repsol en YPF y haber paralizado de ese modo
cualquier
posibilidad de generar inversiones productivas, y no sólo en el
sector
petrolero.
La enorme necesidad de
divisas que se
requieren hoy día para importar energía ha obligado en su
momento a la adopción
del llamado cepo cambiario, cuyas
derivaciones
y ampliaciones a lo largo de sus casi dos años de vigencia son
por
demás elocuentes.
Es evidente también
que el sólo hecho de
prohibir o de querer obligar a la población a hacer o no hacer
tal o cual cosa
con su dinero, genera el efecto inverso, ya que nadie obliga a
nadie a hacer
algo que le favorece. Aquello
que a uno
le conviene lo hace sin que lo obliguen, y si lo obligan, es
porque de lo
contrario no lo haría. Perogrullo puro.
Luego de haber
confiscado YPF con el argumento
de la nacionalización (el secretario Moreno luce en su solapa un
absurdo escudo
con el viejo logotipo de esa empresa, similar a una escarapela
con la sigla en
el medio), para apropiarse con la intervención de la Gendarmería
de una
empresa, quitarle la mayoría accionaria al inversor español
Repsol, colocar al
frente a una persona que se la promovió como un “entendido” en
el tema
petrolero y un “mago” inclusive: venimos a comprobar un poco más
de un año más
tarde, que la producción petrolera es cada vez más insuficiente,
que cada vez
se nota más la ausencia de proyectos, que no se han podido
llevar a cabo
acuerdos estratégicos y que finalmente se ha decidido acordar
con Chevron para
que esta invierta una cifra cercana a los 1.200 millones de
dólares en la
región de Vaca Muerta, en condiciones podríamos decir que
exclusivas en cuanto
al tratamiento cambiario y a la posibilidad de exportar sin que
se le apliquen
retenciones como a todo el mundo. Un verdadero “bonus track” que
muestra el
grado de desesperación al que se ha llegado en la materia. Los mismos funcionarios,
los mismos
dirigentes que hace un año nos vendían la nacionalización de la
empresa como un
acto de soberanía, ahora nos venden otra vez la misma
terminología para hacer
exactamente lo contrario, y en condiciones mucho más favorables
al inversor
extranjero que las que tenía Repsol.
Y para colmo,
hay que insistir
en esto, YPF no representa más del 33% del mercado petrolero, y
alrededor del
25% del gasífero. Esto significa que la “nacionalización de los
recursos” tan
mentada, no dejó de ser una pantalla para atrapar incautos.
Hay que
recordar una vez más que
la política de congelamiento de tarifas durante una década
provocó un deterioro
creciente de la producción de petróleo y gas. También hay que
tener presente
que en febrero de 2008 Repsol cerró un acuerdo con el gobierno
argentino
vendiéndole el 25% del paquete accionario en YPF a un grupo
hispano-australiano, que fue conocido entre nosotros como
Eskenazi. Esa venta
fue una transacción a pagar con futuras utilidades de la misma
YPF, para lo
cual se dispuso que la petrolera distribuyera todas las
utilidades, incluso las
que tenía acumuladas sin distribuir a ese momento. Así, YPF
llegó a distribuir
un 142% de sus utilidades obtenidas a posteriori, ya que debió
incluir la
distribución de las anteriores acumuladas.
Esto se hizo en la Argentina, con este mismo gobierno,
con estos mismos
funcionarios, con esta misma presidenta.
Luego se argumentó, como se sabe, aquello del
“vaciamiento”, se culpó a
los españoles de Repsol, y se confiscó la empresa manu militari
sin pagar un
peso, contrariando la Constitución y las leyes, y dando lugar a
juicios
internacionales que más temprano que tarde la Argentina deberá
pagar. Y que en
definitiva ya está pagando porque esa es la principal razón por
la cual acá nadie
invierte nada.
Un punto que
también hay que
recordar es que el subsuelo pertenece a los estados
provinciales. YPF, que
ahora pertenece al Estado, tiene
áreas en concesión como las tienen otras empresas petroleras.
Inclusive antes
de la confiscación, provincias como Neuquén por ejemplo, habían
quitado la
concesión a la petrolera sobre ciertas áreas. Una muestra más de
que nada dejó de
ser nacional por ser privado, y que por lo tanto todo fue una
gran mentira,
como lo sigue siendo.
El cepo
cambiario, consecuencia
esencialmente de la pésima política energética durante casi 10
años, dio lugar a una
galopante fuga de divisas, bajo
diversas figuras, algunas ilegales y otras perfectamente
legales. La necesidad
de dólares entonces generó otra vuelta de tuerca: el blanqueo de
capitales.
Luego de
aquellas máximas del ex
presidente Kirchner sobre el “traje a rayas para los evasores”
llegamos al
segundo blanqueo en poco más de cuatro años. Un blanqueo que
como se sabe es
contrario a la ley penal cambiaria y también se enfrenta a la
legislación internacional
y local en materia de lavado de dinero.
A su vez, y
dado que se
prohibieron las operaciones en dólares virtualmente, el mercado
inmobiliario
llegó a un grado de parálisis casi absoluto, por lo cual dentro
del nuevo
blanqueo se adoptó la modalidad de la emisión de bonos
convertibles en dólares
contra su aplicación a la compra de bienes inmuebles. Hablamos
del CEDIN,
concretamente. Un bono para un uso específico con moneda
extranjera proveniente
del blanqueo.
No está de más
recordar a aquel
agente inmobiliario que fue “escrachado” públicamente en cadena
nacional por la
señora presidenta, por haber dicho en un reportaje que el
mercado inmobiliario
estaba “parado”.
El negado dólar
ha pasado a ser
la unidad de cuenta de los CEDIN y otros bonos establecidos por
la nueva ley de
blanqueo. La odiada divisa verde se ha convertido en bonos del
Estado argentino
del mismo color y con idéntica nominación; esto es: dólares.
Otro tema que
muestra el grado
de deterioro producto de no contar con gente idónea o con
políticas coherentes
y permanentes en el tiempo; o las dos cosas, es el manejo de las
reservas del
Banco Central.
Algunos
cálculos señalan que desde
el pago que se hizo al contado al FMI, privándose así de un
financiamiento de
10.000 millones de dólares a tasas anuales de no más del 4%, se
han utilizado
alrededor de 35.000 millones de esa moneda para el pago de
capital e intereses
de deuda en moneda extranjera. Esto, que ha dado en llamarse
“política de
desendeudamiento” es otra gran mentira, si tenemos que decirlo
crudamente.
Porque en verdad lo que ocurre es que el Tesoro Nacional entrega
al Banco
Central a cambio de las reservas que utiliza para esos pagos,
unos bonos a 10
años que el Banco contabiliza en su activo. El activo del Banco
Central tiene,
entonces, 35.000 millones de dólares en bonos del Tesoro
Nacional, a 10 años y
cuyas posibilidades de efectivizarse son NULAS.
Por otro lado,
durante mucho
tiempo el Banco Central emitió Notas (denominadas Lebac y Nobac)
para “secar la
plaza” de los billetes de peso emitidos para comprar los dólares
caros de
otrora. Una cifra que oscila entre los 15 y los 20.000 millones
de dólares
forman parte de la deuda del Banco Central por estas Notas. Como
se sabe, la
moneda emitida es el pasivo del Banco Central, y las Notas son
lo que denomina
activo remunerado, es decir se quitan los pesos emitidos, y se
entregan Nobacs
y Lebacs con una tasa de interés.
El deterioro es
evidente. Ya el
Central no anda con miramientos y directamente emite la cantidad
de moneda que
se le pide. La presidenta de esa institución ha afirmado a quien
quiera oírla
que la emisión sin respaldo “no es inflacionaria”.
El panorama es
grave, para no
resultar lapidarios. El endeudamiento es creciente, los
problemas del default
no se han resuelto y pende la espada de Damocles de un fallo
desfavorable en
Nueva York, la inflación sube sin solución de continuidad, el
cepo cambiario se
multiplica, la importación de energía requiere sumas
astronómicas que se
intentan obtener con un blanqueo a las apuradas, etc.
Los mismos
funcionarios que
llevaron al país a esta situación, siguen dándole vueltas a los
tubos de ensayo
intentando ver qué pasa con ciertas medidas o con las
contrarias, en ambos
casos con el mismo sello ideológico: la soberanía.
En estos días,
a raíz de que el
blanqueo no está dando los resultados esperados y por lo tanto
casi no se han
suscripto CEDIN, el gobierno optó por restringir la operatoria
en otros bonos
del Estado, que normalmente se utilizan para las operaciones
denominadas “contado
con liquidación”, operaciones que hasta hace pocas horas eran
estimuladas con
la venta masiva de bonos por parte de la ANSES a los efectos de
bajar el precio
e inducir por esa vía a una baja del tipo de cambio “blue”. Esta
nueva
restricción no ha hecho más que provocar nuevamente la suba,
precisamente, del “blue”,
con lo cual la ANSES se desprendió de algo así como 1.000
millones de dólares en
bonos, que malvendió, de manera absolutamente inútil. Así, los
deteriorados
fondos de los jubilados se han resentido más todavía. Nadie sale
a vender
barato lo que puede vender más caro. La Anses sí.
Y acá paramos,
creemos que los
casos que citamos exponen brevemente el grado de improvisación,
la falta de
profesionalismo y la verdadera ligereza con que se actúa;
ligereza que en
algunos casos por lo menos podemos tildar de ignorancia. Porque
estos vaivenes,
estos ida y vuelta, esta increíble vuelta de 180 grados hacia lo
mismo, no
puede ser considerada ni remotamente una acción profesional. Y
esto mucho más
allá de las ideas que cada lector sostenga. Solemos decir que si
cualquiera de
nosotros va a hacer una inversión en China y los chinos aseguran
un determinado
tratamiento durante los próximos 30 años, podemos tener la
seguridad de que lo
respetarán. Sólo nos resta decidir si nos conviene.
Acá no, acá no
sabemos lo que se
le puede ocurrir al día siguiente a nuestros funcionarios.
Recordamos para
terminar
aquellas expresiones del funcionario Kicillof cuando
refiriéndose a la
seguridad jurídica y al llamado clima de negocios, afirmó
durante la exposición
luego de la confiscación de YPF, dijo que esas eran “palabras
horribles”. Y
aquí estamos, sufriendo las consecuencias y viendo cómo canta la
palinodia él y
todo el gobierno. Esto es, cómo se retracta haciendo lo inverso,
pero con una
vuelta de tuerca, porque en economía todo es posible, menos
evitar las consecuencias.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 17
de julio de
2013
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