El Ágora
“Apareció
el
trigo y bajó el precio. A
veces hace
falta ir con látigo en mano” (Norberto
Yauhar,
ministro de agricultura de la Nación)
Si
bien los
argentinos nos hemos acostumbrado a las frases antidemocráticas
y a los “aprietes”
originados en acciones de funcionarios gubernamentales, no deja
de llamar la
atención esta nueva escalada de parte del ministro de
agricultura.
Este
señor cree que
los problemas de la
merma en la
producción triguera, y la falta de oferta relativa para
abastecer la demanda,
se originan en trapisondas de grupos de empresarios angurrientos
que no se han
disciplinado de acuerdo con el “modelo” imperante. Es decir,
esto es lo que
podemos suponer que es lo que cree.
Lo
cierto es que su
comentario recuerda a aquellos celadores de tiempos escolares
remotos que
azuzaban a los chicos pegándoles con la regla de madera en los
nudillos.
No es
fácil tratar
de mantener la calma y no indignarse ante esta clase de abusos,
y menos lo es
cuando a ellos se suma la estupidez.
Porque
que un
ministro de agricultura diga semejante pelotudez, es realmente
una estupidez.
Todo
el mundo sabe
que durante varios años el intervencionismo gubernamental en
materia triguera,
basado en fundamentos claramente demagógicos y populistas, como aquello de “servir la
mesa de los
argentinos”, dio lugar a una caída en la producción de este
cereal que ha
llegado a ser histórica. De hecho la cosecha del último año está
por debajo de
la obtenida hace más de un siglo.
No
vamos a abundar
en números porque no es la idea de este comentario. Pero sí
debemos recordar
que las prohibiciones de vender y de exportar surgieron del
propio gobierno
nacional, lo que llevó a muchos productores a tener que guardar
en silos bolsa
su producción para finalmente mal venderla a los acopiadores y
exportadores.
Mal venderla porque las prohibiciones de exportar hicieron caer
los precios a
niveles ridículos.
De
tal modo, cada “apertura”
en la posibilidad de exportar que otorgaban los funcionarios,
les permitía a
los exportadores obtener enormes beneficios, a costa de los
productores,
justamente.
La
baja de la
producción triguera tuvo también otros motivos, como las
ventajas comparativas
de la soja o incluso de la cebada. Pero en lo esencial, el
problema estuvo
signado por un intervencionismo y una arbitrariedad crecientes,
que llevaron a
desalentar la siembra, a tal punto que últimamente el gobierno
ha intentado,
mediante el recurso de “devolver” ciertos impuestos o
retenciones, incentivar
la siembra.
Dicho
de otro modo:
primero hacemos pelota el mercado, y luego salimos a alentarlo.
Claro,
esperar que
el Estado argentino “devuelva” algo que ha cobrado no es lo
mismo que no
haberlo cobrado, va de suyo. Por lo tanto este tipo de medidas,
que seguramente
tendrán alguna influencia en la próxima cosecha, seguramente no
pasarán de la
anécdota, porque los productores, al igual que cualquiera de
nosotros, no comen
vidrio.
Ahora
bien, la
afirmación del ministro, más allá del gesto autoritario que
conlleva, implica
suponer que productores, acopiadores y exportadores son
perversos y abusadores,
y que debe venir él en persona con un látigo a poner un poco de
orden en la
tropa desmadrada. No somos humoristas, porque si lo fuéramos
tendríamos acá
material de sobra para trabajar.
Lo
que cabría preguntarse a
estas alturas es por qué
la Argentina ha dejado de ser en primero o el segundo exportador
mundial de
trigo, y por qué ha sido superada en materia de exportaciones de
este cereal
por varios países. Por qué acá los productores, acopiadores y
exportadores son
malos y perversos y necesitan un látigo, y en Uruguay, en
Paraguay o en Brasil
no.
Siempre
es posible estar peor, y
esta gente está
lográndolo rápidamente. No sabemos, si lo pensamos mejor, si es
que no
entienden o es que no quieren entender.
El
trigo ha subido
de precio de modo increíble en la Argentina, y tal suba se
produjo por las
expectativas de baja en la producción. Y son tales expectativas
las que han
producido el acopio y la toma de previsiones futuras, en parte para cumplir con
obligaciones contraídas con
el exterior, y en parte porque nadie quiere
en su sano juicio malvender su producción si puede
aguantarse sin
hacerlo. Obvio, Elemental.
Ahora
bien, si para
el ministro y otros funcionarios acá se ha venido cometiendo un
delito, lo que
hubiera correspondido que hicieran son las denuncias penales
correspondientes,
y no un acto público para hacer apreciaciones de carácter
claramente
neofascista.
Si la
llamada ley de
abastecimiento está vigente, es democrática, no es
inconstitucional y todo está
fenómeno, más que un látigo, señor ministro, lo que hay que
hacer es denunciar
a los delincuentes que se aprovecharon de la nobleza de la
población ¿no le
parece?
Porque
esto mismo
hacía el finado Kirchner cuando acusaba de
extorsionadoras a las compañías eléctricas, por ejemplo,
o de no haber
hecho nada y llevarse muchísimo dinero a la privatizada ·Aguas
Argentinas. Si
se cometen delitos, debe recurrirse a la
justicia. No al atril para gritarle a la gente consignas
demagógicas de
raigambre autoritaria.
Bien,
ahora han
salido a vender un pan de mala calidad a $ 10 el quilogramo. Eso
sí, en horario
reducido, hasta las 10 de la mañana, dicen. Y luego valdrá $ 18
o 20 o tal vez
más, especialmente si se trata de pan bueno.
Mientras
tanto se
comenta que desde países limítrofes está ingresando trigo de
contrabando para
abastecer el mercado local y hacer la diferencia de precio que
existe.
Y
bueno sería
conocer qué pasó con aquel pan a $ 2,50 el quilogramo, de vieja
data y
tradición morenista. Porque un día desapareció y nunca supimos
por qué.
Es
que ya sabemos lo
que pasa. En la Argentina hemos tenido muchas “campañas de
abaratamiento”,
muchos planes “carne para todos”, o pescado, o milanesas, o lo
que fuera.
.Y también tuvimos la
verdadera payasada
de mandar al país entero a comprar al Mercado Central de Buenos
Aires porque
allí se vende barato, como una manera de intentar parar la
inflación cuya
existencia ha venido negándose freudianamente durante no menos
de 7 años. Y
mintiéndose sobre su índice, y multando a quienes pretendieron
calcularla. Y
argumentando que la emisión espuria no es inflacionaria. Etc.
La
política del
apriete, instaurada en la Argentina por este régimen claramente
neofascista
abarca todo. La economía, la política, la justicia, la
educación, lo que sea. Pero
la política del apriete no puede conducir jamás al desarrollo y
al éxito.
Ninguna
sociedad
progresa con miedo, por más que se diga lo que se dijere. Los
grandes regímenes
autoritarios del mundo entero han sucumbido o han debido
“aggiornarse” dentro
de una incipiente apertura para poder sobrevivir, al menos.
Mejor
guarde el
látigo, ministro, y agarre los libros. Porque con toda seguridad
antes de fin de año vamos a tener que importar trigo de manera
oficial, a menos que aumente tanto el contrabando que se dice
llega de países limítrofes.
HÉCTOR BLAS TRILLO
Buenos Aires, 11
de julio de
2013
No hay comentarios.:
Publicar un comentario