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sábado, 2 de noviembre de 2013

LA POLÍTICA DEL APRIETE 11/7/13

El Ágora
La política del apriete
“Apareció el trigo y bajó el precio.  A veces hace falta ir con látigo en mano”  (Norberto Yauhar, ministro de agricultura de la Nación)


Si bien los argentinos nos hemos acostumbrado a las frases antidemocráticas y a los “aprietes” originados en acciones de funcionarios gubernamentales, no deja de llamar la atención esta nueva escalada de parte del ministro de agricultura.
Este señor cree que los problemas  de la merma en la producción triguera, y la falta de oferta relativa para abastecer la demanda, se originan en trapisondas de grupos de empresarios angurrientos que no se han disciplinado de acuerdo con el “modelo” imperante. Es decir, esto es lo que podemos suponer que es lo que cree.
Lo cierto es que su comentario recuerda a aquellos celadores de tiempos escolares remotos que azuzaban a los chicos pegándoles con la regla de madera en los nudillos.
No es fácil tratar de mantener la calma y no indignarse ante esta clase de abusos, y menos lo es cuando a ellos se suma la estupidez.
Porque que un ministro de agricultura diga semejante pelotudez, es realmente una estupidez.
Todo el mundo sabe que durante varios años el intervencionismo gubernamental en materia triguera, basado en fundamentos claramente demagógicos y populistas,  como aquello de “servir la mesa de los argentinos”, dio lugar a una caída en la producción de este cereal que ha llegado a ser histórica. De hecho la cosecha del último año está por debajo de la obtenida hace más de un siglo.
No vamos a abundar en números porque no es la idea de este comentario. Pero sí debemos recordar que las prohibiciones de vender y de exportar surgieron del propio gobierno nacional, lo que llevó a muchos productores a tener que guardar en silos bolsa su producción para finalmente mal venderla a los acopiadores y exportadores. Mal venderla porque las prohibiciones de exportar hicieron caer los precios a niveles ridículos.
De tal modo, cada “apertura” en la posibilidad de exportar que otorgaban los funcionarios, les permitía a los exportadores obtener enormes beneficios, a costa de los productores, justamente.
La baja de la producción triguera tuvo también otros motivos, como las ventajas comparativas de la soja o incluso de la cebada. Pero en lo esencial, el problema estuvo signado por un intervencionismo y una arbitrariedad crecientes, que llevaron a desalentar la siembra, a tal punto que últimamente el gobierno ha intentado, mediante el recurso de “devolver” ciertos impuestos o retenciones, incentivar la siembra.
Dicho de otro modo: primero hacemos pelota el mercado, y luego salimos a alentarlo.
Claro, esperar que el Estado argentino “devuelva” algo que ha cobrado no es lo mismo que no haberlo cobrado, va de suyo. Por lo tanto este tipo de medidas, que seguramente tendrán alguna influencia en la próxima cosecha, seguramente no pasarán de la anécdota, porque los productores, al igual que cualquiera de nosotros, no comen vidrio.
Ahora bien, la afirmación del ministro, más allá del gesto autoritario que conlleva, implica suponer que productores, acopiadores y exportadores son perversos y abusadores, y que debe venir él en persona con un látigo a poner un poco de orden en la tropa desmadrada. No somos humoristas, porque si lo fuéramos tendríamos acá material de sobra para trabajar.
Lo que  cabría preguntarse a estas alturas es por qué la Argentina ha dejado de ser en primero o el segundo exportador mundial de trigo, y por qué ha sido superada en materia de exportaciones de este cereal por varios países. Por qué acá los productores, acopiadores y exportadores son malos y perversos y necesitan un látigo, y en Uruguay, en Paraguay o en Brasil no.
Siempre es  posible estar peor, y esta gente está lográndolo rápidamente. No sabemos, si lo pensamos mejor, si es que no entienden o es que no quieren entender.
El trigo ha subido de precio de modo increíble en la Argentina, y tal suba se produjo por las expectativas de baja en la producción. Y son tales expectativas las que han producido el acopio y la toma de previsiones futuras, en parte  para cumplir con obligaciones contraídas con el exterior, y en parte porque nadie quiere  en su sano juicio malvender su producción si puede aguantarse sin hacerlo. Obvio, Elemental.
Ahora bien, si para el ministro y otros funcionarios acá se ha venido cometiendo un delito, lo que hubiera correspondido que hicieran son las denuncias penales correspondientes, y no un acto público para hacer apreciaciones de carácter claramente neofascista.
Si la llamada ley de abastecimiento está vigente, es democrática, no es inconstitucional y todo está fenómeno, más que un látigo, señor ministro, lo que hay que hacer es denunciar a los delincuentes que se aprovecharon de la nobleza de la población ¿no le parece?
Porque esto mismo hacía el finado Kirchner cuando acusaba de  extorsionadoras a las compañías eléctricas, por ejemplo, o de no haber hecho nada y llevarse muchísimo dinero a la privatizada ·Aguas Argentinas. Si se cometen delitos, debe recurrirse  a la justicia. No al atril para gritarle a la gente consignas demagógicas de raigambre autoritaria.
Bien, ahora han salido a vender un pan de mala calidad a $ 10 el quilogramo. Eso sí, en horario reducido, hasta las 10 de la mañana, dicen. Y luego valdrá $ 18 o 20 o tal vez más, especialmente si se trata de pan bueno.
Mientras tanto se comenta que desde países limítrofes está ingresando trigo de contrabando para abastecer el mercado local y hacer la diferencia de precio que existe.
Y bueno sería conocer qué pasó con aquel pan a $ 2,50 el quilogramo, de vieja data y tradición morenista. Porque un día desapareció y nunca supimos por qué.
Es que ya sabemos lo que pasa. En la Argentina hemos tenido muchas “campañas de abaratamiento”, muchos planes “carne para todos”, o pescado, o milanesas, o lo que fuera. .Y  también tuvimos la verdadera payasada de mandar al país entero a comprar al Mercado Central de Buenos Aires porque allí se vende barato, como una manera de intentar parar la inflación cuya existencia ha venido negándose freudianamente durante no menos de 7 años. Y mintiéndose sobre su índice, y multando a quienes pretendieron calcularla. Y argumentando que la emisión espuria no es inflacionaria. Etc.
La política del apriete, instaurada en la Argentina por este régimen claramente neofascista abarca todo. La economía, la política, la justicia, la educación, lo que sea. Pero la política del apriete no puede conducir jamás al desarrollo y al éxito.
Ninguna sociedad progresa con miedo, por más que se diga lo que se dijere. Los grandes regímenes autoritarios del mundo entero han sucumbido o han debido “aggiornarse” dentro de una incipiente apertura para poder sobrevivir, al menos.
Mejor guarde el látigo, ministro, y agarre los libros. Porque con toda seguridad antes de fin de año vamos a tener que importar trigo de manera oficial, a menos que aumente tanto el contrabando que se dice llega de países limítrofes.







HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,   11 de julio de 2013      

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