El Ágora
Aquellos que han tenido oportunidad de conocer o
leer la historia del último medio siglo lo saben: las
políticas económicas basadas en el intervencionismo y la
arbitrariedad no conducen a nada bueno.
El empecinamiento en los intentos de “disciplinar”
los mercados y la actividad económica en general terminan
siempre resultando en perversiones y retrocesos inocultables.
Nadie en su sano juicio podrá suponer que el mundo
habrá de funcionar mejor en materia económica sobre la base de
“Guillermos Morenos” esparcidos en todos los países de los 5
continentes para insultar y gritar a quienes se le ponen
enfrente y así lograr que la economía funcione sobre bases
sólidas, duraderas y sobre todo desarrolladoras de una
sociedad mejor.
Lo ocurrido en los últimos dos meses en una
Argentina en franco declive es evidente.
Por un lado surgió la necesidad de lanzar un nuevo
“blanqueo de capitales” en apenas cuatro años, por el mismo
gobierno cuyo predecesor anunció desde el vamos aquella famosa
consigna de “traje a rayas para los evasores”.
La verdadera historia del nuevo blanqueo es obvia:
el fracaso de la política energética y cambiaria en general
terminó dando lugar a una sangría de moneda extranjera
verdaderamente descomunal.
Mientras hacia
2005 la balanza comercial energética arrojaba superávit
oscilantes entre 5 y 8.000 millones de dólares, en el
corriente año 2013 se espera un déficit neto de al menos
10.000 millones de esa misma moneda. Las exportaciones no
superarán los 5.000 millones y las importaciones rondarán los
15.000 millones. En apenas 7 años se produjo en la materia una
diferencia de no menos de 15.000 millones de dólares que el
país deberá erogar para sostener el sistema energético al
menos en funcionamiento.
A esto se suma la permanente fuga de capitales, que
en los últimos 10 años alcanzó al menos los 80.000 millones de
dólares; y hay quienes hablan de más de 100.000 millones.
Es este desastre el que llevó a la necesidad de un
cepo cambiario que el gobierno de Cristina Fernández intentó
disimular hablando de impedimentos a la adquisición de moneda
extranjera a quienes no tuvieran clara su situación fiscal, y
terminó en la evidencia de la torpeza y la mentira de terminar
reconociendo que en la Argentina está prohibido ahorrar en
moneda extranjera. Tanto la mentira como la torpeza son una
condición adquirida por el actual gobierno. Y la ejerce todos
los días, sin siquiera tropezar con algún tipo de rubor.
Las políticas intervencionistas y “disciplinadoras”
llevaron en pocos años al desastre en el mercado de la carne,
con una disminución de la cantidad de cabezas de ganado vacuno
que oscila hoy en día en los 12 millones. La Argentina pasó de
ser el primer exportador de carne vacuna del mundo al undécimo
lugar, y hace ya 5 años que no puede cumplir con la denominada
cuota Hilton. Se espera para el último trimestre del año un
verdadero cimbronazo en la materia en el mercado interno.
En la cuestión del trigo, las sucesivas
intervenciones y regulaciones, con prohibiciones y pedidos de
permiso de todo tipo hicieron caer la producción a niveles por
debajo del mínimo, llevando a países como Brasil, tradicional
comprador de ese grano, a tener que satisfacer su necesidad en
el mercado estadounidense. Localmente, el famoso pan a $ 2,50
del inefable secretario de comercio, alcanzó en estas horas los $ 20.-. Y
existe la casi certeza de que hacia octubre será necesario
importar trigo de Uruguay.
Mientras tanto, fiel a lo que se denomina en la
jerga el “empecinamiento terapéutico”, (considerar la medicina
insuficiente y aumentar la dosis, en lugar de aceptar que es
errónea) Moreno ha convencido a la presidenta para que aplique
la llamada ley de abastecimiento, logrando que los
exportadores de trigo, que han hecho impresionantes
diferencias al comprar a los productores el grano a valores
ridículos, exportando luego a
más del doble de precio, se vean ahora obligados a
vender en el mercado local el producto para satisfacer la
demagógica frase inventada por este mismo señor: “la mesa de
los argentinos”.
El trigo ha superado localmente al precio de la
soja, la producción ha bajado a mínimos históricos, la harina
debe ser obtenida a partir de la aplicación de leyes de clara raigambre fascista
y técnicamente derogadas, inimaginables
incluso en nuestros vecinos Brasil,
Paraguay o Uruguay.
En materia cambiaria, además del nuevo blanqueo a
los “dólares del choreo”, se le suma la venta masiva de
títulos públicos nominados en dólares que el gobierno nacional
confiscó de las AFJP. Tal
venta ha logrado, como es obvio, la baja de su cotización,
perjudicando de este modo el patrimonio que anteriormente fue
hurtado a los futuros jubilados. Pero con la baja de esa
cotización, bajó el precio de la operatoria legal conocida
como “contado con liquidación”, y de al modo se retrajo
también el precio del dólar blue. Acicateada tal baja por la
“parla” del mismo secretario de comercio a los principales
operadores, mientras los “arbolitos” hacen su negocio en la
calle Florida, por ejemplo.
Ahora la apuesta a la verdadera cuasimoneda llamada
CEDIN pretende cambiar la historia de un destruido mercado
inmobiliario. Una verdadera voltereta en el aire de quienes
mandaron en cana públicamente y por cadena nacional al
empresario inmobiliario Toselli por comentar que tal mercado
estaba paralizado por la imposibilidad de operar en dólares. Paradojas de la
vida de un gobierno a la deriva, los mismos que negaban el
dólar como moneda de cambio, recurren a él de la manera más
espuria: el dólar negro, proveniente de la evasión y el
negreo, convertido en “certificados” que habrán de servir como
moneda de cambio.
Mientras tanto, la nueva entelequia de los controles
de precios, del plan “mirar para cuidar” y de las brigadas
controladoras demuestra una vez más su absoluto descuelgue de
la realidad.
Los precios suben todas las semanas, los productos
de diversas marcas escasean, la inflación destruye el salario
de los trabajadores y la jubilación mínima, que abarca al 80’%
de la clase pasiva, sigue sin llegar ni por asomo al
denominado “salario mínimo”. Un “sacado” secretario de
comercio agrede de palabra a una conocida periodista en la
embajada norteamericana, el mismo día en el que ordena
clausurar varios supermercados.
El estentóreo fracaso de las políticas
intervencionistas, voluntaristas y fascistas ha terminado por
dejar al país sin billetes verdes, mientras nuestro vecino
Uruguay está “embuchado” de dólares, según el particular decir
del presidente Mujica. También sin energía, sin trigo, con una
declinación increíble en materia de exportaciones de carnes y
cereales.
La política de prohibiciones de giros de dividendos
y la obligación de negociar la moneda extranjera al “cambio
oficial”, seguida de la impresionante inseguridad jurídica y
la discrecionalidad cargada de un primitivismo voraz, han
dejado al país sin inversiones extranjeras, con
emprendimientos como el de la brasileña Vale, abandonado sin
más. O con la venta a las apuradas de empresas no hace mucho
adquiridas por extranjeros bajo
proyectos hoy también abandonados.
La cerrazón intelectual de un grupo de personas
encargadas de tomar medidas a las apuradas para intentar
cambiar el curso de los hechos está a la vista. En la primera
semana de vigencia de los CEDIN, la operatoria alcanzó apenas
al millón de dólares. Todo hace suponer que con el correr de
los días el monto se incremente seguramente de modo
sustancial, pero nunca hasta llegar a los valores previstos de
4 o 5 mil millones de dólares.
Es increíble, además, que nuestros funcionarios y
gobernantes estén apostando el futuro de la economía argentina
a la cantidad de dólares provenientes de operaciones ilegales
que se declaren por la vía del blanqueo.
HÉCTOR BLAS
TRILLO
Buenos Aires, 7
de julio de 2013
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