El Ágora
Mientras se observa la penosa
derrota que la realidad
está infringiéndole al Sr. Guillermo Moreno y su enésima
intentona de controlar
los precios, el gobierno se encamina de manera silenciosa
hacia la ortodoxia.
Las famosas listas de 500 productos con precios
máximos muestran la
increíble incongruencia de
quienes a plena luz del día, y a la vista de todo el mundo,
intentan tapar el
sol con un dedo.
Ya no se trata solamente del secretario de
comercio, cuya imagen pública es
la de una persona que cree que puede decidir y lograr lo que se
le ocurra con
el simple método de asustar. Eso sí, aprovechando el poder
político y casi
policial que le otorga la mismísima presidenta de la Nación.
Mucho se comenta, y efectivamente es así, sobre
los productos que componen
las listas de precios controlados, que muestran a todas luces
las ridiculeces
en las que se incurre cuando se pretenden atacar de manera
quijotesca las
consecuencias del modelo inflacionario elegido por la señora de
Kirchner para
financiar al sistema.
Efectivamente, tales listas muestran varias marcas
de sal, toallas de
protección femenina, esmaltes de
uñas y
otros productos que claramente no conforman la llamada “canasta
básica”.
A todo esto, la utilización de los grupos
juveniles organizados y pagados
por el Estado kirchnerista no terminan de hacerse cargo de la
vigilia. Vaya uno
a saber por qué razones, claro. Pero es fácil imaginarse que por
un lado son
muchos los que no tienen idea de qué controlar y cómo, y mucho
menos saben qué
harán en caso de que encuentren alguna anomalía.
Porque lo cierto es que las listas no son iguales
de unos supermercados a
otros. Porque cada cadena ha elaborado listas propias, tomando
para tal fin los
productos que tienen en existencia y cuya venta a un precio fijo
congelado no
afecta, seguramente, su rentabilidad global. Con lo cual los
militantes deben
interiorizarse en cada caso de los productos a vigilar, y luego
proceder a
controlar el cumplimiento del “acuerdo”, que incluye el
reemplazo por otros
productos de similar calidad para aquellos que estuvieran en
falta.
Ir al supermercado y encontrarse con carteles que
dicen cosas tales como “producto
para consumo familiar” (¿Y para qué son absolutamente todos los
productos que
se venden en un supermercado?) hasta “precio congelado por
acuerdo con el
gobierno”, a razón de uno o dos por góndola, no produce mayor
entusiasmo.
Pero bueno, una vez más observamos el surrealismo
mágico de un gobierno
que, como ocurre en tantos campos, reacciona de manera visceral
y muy primitiva
ante la realidad.
Pero, por otro lado, vienen aplicándose políticas
ortodoxas para llevar a
cabo alguna forma de ajuste que permita la supervivencia, al
menos hasta las
elecciones.
Por un lado se han subido las tasas de interés,
para competir de ese modo
con el dólar blue e incentivar las colocaciones en pesos en los
bancos. Por
otro lado, la emisión monetaria viene mostrando una disminución
en su
expansión. Se observa claramente con el tope impuesto a las
negociaciones
paritarias, impuesto por gobierno. Igualmente, el notoriamente
insuficiente
ajuste de los mínimos no imponibles en el impuesto a las
ganancias, y la falta
de ajuste durante más de 20 años de la escala de progresividad
de este impuesto
(los montos topes a partir de los cuales va aumentando la
alícuota del
gravamen), muestran claramente una política conservadora que
intenta
disimularse con un postergado incremento en las asignaciones
familiares que
para resultar más efectista que efectivo, necesitó del
lanzamiento del ridículo
programa de control de precios denominado “Mirar para cuidar”,
nombre que
encierra en sí y por sí la más absurda reiteración de lo obvio.
Porque, la
verdad sea dicha, quién hoy por hoy no cuida su bolsillo.
La venta masiva de bonos nominados en dólares por
parte de la ANSES con la
finalidad de bajar su precio e impulsar a la baja al dólar libre
(blue) es otra
clara muestra del intento de frenar al costo que sea la escalada
inflacionaria
y la suba de la divisa. Es decir, más allá de las bravuconadas
del secretario,
y de toda la puesta en escena con perros y gendarmes en la Calle
Florida, o de
los llamados telefónicos y las reuniones con los supuestos
operadores del
mercado libre del dólar, el gobierno intenta frenar la suba con
recursos
costosísimos, pero a la vez muy obvios, y que claramente
demuestran que por más
que se diga y se diga, se agreda, se insulte o lo que sea; no
puede ir en
contra de la ley de oferta y demanda.
Los
frenos a la emisión, a los aumentos salariales, a los ajustes de
escalas
impositivas y al tipo de cambio, apuntan todos en la misma
dirección : frenar
la inflación con la más ortodoxa de las ortodoxias, y no con la
ridiculez
patoteril a la que nos tiene acostumbrados Guillermo Moreno.
HÉCTOR
BLAS TRILLO
Buenos
Aires, 8 de junio
de 2013
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