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sábado, 2 de noviembre de 2013

LA REBELIÓN DE LOS PRECIOS 8/6/13

El Ágora

LA REBELIÓN DE LOS PRECIOS

Mientras  se observa la penosa derrota que la realidad está infringiéndole al Sr. Guillermo Moreno y su enésima intentona de controlar los precios, el gobierno se encamina de manera silenciosa hacia la ortodoxia.


Las famosas listas de 500 productos con precios máximos  muestran la increíble incongruencia de quienes a plena luz del día, y a la vista de todo el mundo, intentan tapar el sol con un dedo.
Ya no se trata solamente del secretario de comercio, cuya imagen pública es la de una persona que cree que puede decidir y lograr lo que se le ocurra con el simple método de asustar. Eso sí, aprovechando el poder político y casi policial que le otorga la mismísima presidenta de la Nación.
Mucho se comenta, y efectivamente es así, sobre los productos que componen las listas de precios controlados, que muestran a todas luces las ridiculeces en las que se incurre cuando se pretenden atacar de manera quijotesca las consecuencias del modelo inflacionario elegido por la señora de Kirchner para financiar al sistema.
Efectivamente, tales listas muestran varias marcas de sal, toallas de protección femenina, esmaltes  de uñas y otros productos que claramente no conforman la llamada “canasta básica”.
A todo esto, la utilización de los grupos juveniles organizados y pagados por el Estado kirchnerista no terminan de hacerse cargo de la vigilia. Vaya uno a saber por qué razones, claro. Pero es fácil imaginarse que por un lado son muchos los que no tienen idea de qué controlar y cómo, y mucho menos saben qué harán en caso de que encuentren alguna anomalía.
Porque lo cierto es que las listas no son iguales de unos supermercados a otros. Porque cada cadena ha elaborado listas propias, tomando para tal fin los productos que tienen en existencia y cuya venta a un precio fijo congelado no afecta, seguramente, su rentabilidad global. Con lo cual los militantes deben interiorizarse en cada caso de los productos a vigilar, y luego proceder a controlar el cumplimiento del “acuerdo”, que incluye el reemplazo por otros productos de similar calidad para aquellos que estuvieran en falta.
Ir al supermercado y encontrarse con carteles que dicen cosas tales como “producto para consumo familiar” (¿Y para qué son absolutamente todos los productos que se venden en un supermercado?) hasta “precio congelado por acuerdo con el gobierno”, a razón de uno o dos por góndola, no produce mayor entusiasmo.
Pero bueno, una vez más observamos el surrealismo mágico de un gobierno que, como ocurre en tantos campos, reacciona de manera visceral y muy primitiva ante la realidad.
Pero, por otro lado, vienen aplicándose políticas ortodoxas para llevar a cabo alguna forma de ajuste que permita la supervivencia, al menos hasta las elecciones.
Por un lado se han subido las tasas de interés, para competir de ese modo con el dólar blue e incentivar las colocaciones en pesos en los bancos. Por otro lado, la emisión monetaria viene mostrando una disminución en su expansión. Se observa claramente con el tope impuesto a las negociaciones paritarias, impuesto por gobierno. Igualmente, el notoriamente insuficiente ajuste de los mínimos no imponibles en el impuesto a las ganancias, y la falta de ajuste durante más de 20 años de la escala de progresividad de este impuesto (los montos topes a partir de los cuales va aumentando la alícuota del gravamen), muestran claramente una política conservadora que intenta disimularse con un postergado incremento en las asignaciones familiares que para resultar más efectista que efectivo, necesitó del lanzamiento del ridículo programa de control de precios denominado “Mirar para cuidar”, nombre que encierra en sí y por sí la más absurda reiteración de lo obvio. Porque, la verdad sea dicha, quién hoy por hoy no cuida su bolsillo.  
La venta masiva de bonos nominados en dólares por parte de la ANSES con la finalidad de bajar su precio e impulsar a la baja al dólar libre (blue) es otra clara muestra del intento de frenar al costo que sea la escalada inflacionaria y la suba de la divisa. Es decir, más allá de las bravuconadas del secretario, y de toda la puesta en escena con perros y gendarmes en la Calle Florida, o de los llamados telefónicos y las reuniones con los supuestos operadores del mercado libre del dólar, el gobierno intenta frenar la suba con recursos costosísimos, pero a la vez muy obvios, y que claramente demuestran que por más que se diga y se diga, se agreda, se insulte o lo que sea; no puede ir en contra de la ley de oferta y demanda.
Los frenos a la emisión, a los aumentos salariales, a los ajustes de escalas impositivas y al tipo de cambio, apuntan todos en la misma dirección : frenar la inflación con la más ortodoxa de las ortodoxias, y no con la ridiculez patoteril a la que nos tiene acostumbrados Guillermo Moreno.


HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,  8 de junio  de 2013

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