Segunda
Opinión
“Madre antigua y atroz de la
incestuosa guerra, borrado sea tu nombre de la faz de la Tierra” (El hambre,
Jorge Luis Borges)
El conocido escritor Martín Caparrós acaba de publicar un nuevo libro que
se llama “El Hambre” y que se ocupa de este flagelo en el mundo actual.
Confieso que no lo he leído hasta ahora pero sí he visto y leído en varios
reportajes al escritor dando a conocer su nueva obra con propósitos, supongo,
comerciales.
En varios de esos reportajes, Caparrós culpa sin ningún análisis a la
“máquina capitalista” como responsable de la mala distribución de los
alimentos, lo que lleva a que alrededor de 1.000 millones de personas en el
mundo carezcan de los nutrientes
adecuados incluso para su supervivencia.
Como esta cuestión de culpar al capitalismo de los males del mundo es de
muy vieja data, no me parece un detalle sin importancia intentar reflexionar
sobre ello, dado que no he visto que el escritor lo hiciera en sus apariciones.
Sin emitir juicio sobre el contenido del libro, que como queda dicho aún no
he leído, me parece importante intentar clarificar a qué se refiere Caparrós
cuando habla de la “máquina capitalista”, es decir, del capitalismo.
Supongo que todos tenemos una noción
de qué cosa es el capitalismo y ni siquiera creo que valga la pena entrar en
detalles que todos podemos encontrar en Wikipedia. Pero esencialmente hablar de
capitalismo es hablar de capital, de libre comercio y por consiguiente de libre
empresa. Ello asociado con sistema financiero y bancario, en un mundo donde
predominaría el mercado. Más o menos por ahí pasa la cosa.
Ahora bien, si nos ponemos analizar lo que ocurre en el mundo desde,
digamos, 100 años a esta parte, y tratamos de encajar la situación mundial dentro
de esta referencia genérica al capitalismo, nos vamos a encontrar con algunas
sorpresas.
Y a mí me interesa mucho reflexionar sobre esto, porque en lo personal
tengo justamente la visión contraria a Caparrós. Yo creo que todavía tenemos
problemas en el mundo porque no rige verdaderamente un sistema de mercado donde predomine la libertad de
comercio y la iniciativa privada, de manera que sea el libre comercio en
encargado de regular las actividades del planeta, quedando para los Estados
determinadas funciones sociales tales como la educación, la salud, la
seguridad, la justicia y la atención supletoria del desvalido.
En el mundo actual existen regímenes autocráticos que dominan a por lo
menos 2.000 millones de personas. Estos regímenes tienen, por así decirlo,
diversos formatos. Van desde el sistema comunista imperante en China, Vietnam o
Corea del Norte hasta las teocracias islámicas del Medio Oriente, pasando por
regímenes autoritarios de enormes restricciones políticas y sociales como los
de Libia, Argelia, Egipto y varios más. Las monarquías de origen árabe ricas en
petróleo y con considerable atraso en materia de respeto de los derechos
humanos básicos constituyen hoy por hoy, junto a lo anterior, una verdadera
pátina de autoritarismo y regresión cultural y política.
A esto habrá que sumar las dictaduras que se ocupan de los destinos de
buena parte de África y los gobiernos populistas latinoamericanos con amplia
preponderancia de los Estados en los factores de producción.
Todo esto sin olvidarnos de que hasta 1991 existía la Unión Soviética, un
conglomerado de cerca de 50 repúblicas en su origen histórico y bajo cuya égida
se encontraban no menos de 300 millones de personas. Podemos también sumar a la India y sus
vecinos, sumidos en el atraso en muchos casos de origen religioso, que llevan a
que, en pleno siglo XXI, se consideren sagradas a las vacas.
Si pasamos a lo que podríamos llamar con propiedad el Mundo Occidental,
tenemos una Europa en donde prácticamente la mitad del Producto Bruto de los
principales países se encuentra en manos de los Estados y por lo tanto fuera
del llamado mercado. A ello se suma un
inmenso aparato de controles, techos, cupos, pisos, aduanas y demás yerbas que
restringen de todas las formas imaginables el comercio libre.
En América del Norte, los EEUU son, sin ninguna duda, el país más abierto
al capitalismo, pese a lo cual es bueno recordar que muchísimas veces nuestros
políticos e ideólogos se han cansado de exigir que se abran a la importación de
productos argentinos, bajo el precepto justo de que nos piden libertad
económica a nosotros mientras que ellos ponen todas las trabas.
El resto del mundo, es decir Canadá, Australia, Nueva Zelandia y otros, no
tiene una representación significativa en materia poblacional, pero aún así, no
carece de controles y regulaciones de diversa intensidad, lo mismo que Japón,
Singapur y países menores del Lejano Oriente.
Por supuesto que si bien la URSS ha dejado de existir hace casi un cuarto
de siglo, en términos históricos el efecto de su política no se ha extinguido
ni muchísimo menos, y los hechos que cotidianamente acontecen, por ejemplo en
Ucrania, nos muestran una especie de autocracia donde el líder ruso Vladimir
Putin no parece haber aprendido nada.
En definitiva, lo que a mí me interesa resaltar es que cuando se habla de
“máquina capitalista” no está demás intentar ubicar la cuestión, definirla y
aclararla debidamente. Porque si esto no se hace, y no he visto que se hubiera
hecho, todo parece ser culpa del fantasma del libre mercado cuando éste en realidad prácticamente no
existe.
Entonces, si en el mundo existen problemas de hambre, éstos se deben
posiblemente a la administración política y las ideas predominantes en estos
momentos, entre las cuales seguramente hay componentes capitalistas. Pero no a
la “máquina capitalista” per se.
Un poco al margen, no está demás abundar sobre el caso de China, porque el
gigante asiático ha tenido una “apertura capitalista” a partir de Deng Xiao
Ping a fines de los años 70. Deng
comprendió que el colectivismo comunista significaba atraso y hambre para el
inmenso conglomerado humano en el que él vivió. Pero él participó de la
revolución de Mao Tsé Tung, Él formó parte durante décadas del Partido
Comunista Chino. Él regenteaba la
dirigencia política cuando sobrevino la triste experiencia de la
“Revolución Cultural”, que entre otras
cosas llevó a la destrucción de instrumentos musicales occidentales y a cambiar
la vestimenta de los actores en las representaciones de la ópera china.
Finalmente, Deng comprendió que ese no era el camino, y abrió el país a las
empresas occidentales, empresas que jamás hubieran existido si el resto del
mundo hubiera sido tan colectivista como lo era China. La “solución” se basó en
atraer a aquellos a quienes se había
combatido, y pedirles que concurran a dar de comer a quienes hasta ese momento
eran los dueños de una ética que llevaría a un mundo mejor y más justo.
Verdadera paradoja de la historia reciente.
Pero que también debe ser tomada con pinzas. China sigue siendo un
régimen cerradísimo y muy autoritario, en el que su dirigencia ha expresado
públicamente cosas tales como “la libertad de prensa, simplemente no existe”.
La llegada de empresas occidentales le ha dado un impulso increíble,
conformando lo que los chinos llaman
“socialismo con apertura capitalista”.
Pero lo cierto es que todo lo que China tiene de capitalismo es lo que
sus jerarcas permiten. Y por lo tanto los efectos de tal capitalismo, o en todo
caso sus daños (que es lo que serían para Caparrós) están acotados. Si el capitalismo no es pleno, sus efectos
tampoco lo son. Bueno es tenerlo presente.
Yo creo que está muy claro todo.
Naturalmente que nada puede tomarse como absoluto. Pero sí es cierto que el
mundo es hoy por hoy una vorágine de intervencionismo, distribucionismo,
autoritarismo, segregacionismo y una interminable cadena de “ismos” que nada
tienen que ver con la libertad económica.
Entonces, con tal libertad las cosas podrían ser muchísimo peores, o como
yo pienso, muchísimo mejores. Pero, hoy por hoy, en el mundo la libertad
económica prácticamente no existe.
Por lo tanto, no es la libertad económica (si la tomamos como equivalente a
lo que Caparrós llama “máquina capitalista”) la responsable de lo que pasa en
la medida en que no está presente.
Y en mi modo de ver, justamente lo que el mundo tiene de capitalista es lo
que ha permitido en ´los últimos 100 años alcanzar los niveles de excelencia y
calidad de vida que hoy ostenta. No hay que dejar de repasar que hace algo más
de 100 años apenas levantaban vuelo los
primeros aviones, el mundo tenía la séptima parte de la población actual, y un
sinnúmero de enfermedades eran incurables. Bien, otros podrán pensar que
gracias a la regimentación del capitalismo y a los regímenes autocráticos es
que no hay tanta hambre como la habría de privar la libertad económica. Son
modos de ver, pero lo que es, es.
Y finalmente, no está demás recordarle al reconocido escritor, que “hambre”
es un sustantivo femenino que comienza con “a” tónica, y por eso lleva el artículo
masculino antepuesto. Pero no es un sustantivo masculino. Por eso, el poema de
Borges con el que empiezo estas líneas, reza aquello de “Madre antigua y
atroz…”. Madre, y no “padre”. Dicho esto
sin pretender terciar en la cuestión del igualitarismo, que lleva hoy por hoy a
llamar “género” al sexo, a mi modo de ver de manera muy inapropiada.
HÉCTOR
BLAS TRILLO
Buenos Aires, 15 de agosto de 2014
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