Segunda Opinión
Nadie puede dudar de que en
estas horas la Argentina está pasando por un momento cargado de dificultades,
especialmente por las derivaciones del fallo de la justicia norteamericana en
el caso de los llamados fondos buitre. La actitud del gobierno de enfrentarse a
la justicia norteamericana en lugar de buscar la manera de aceptar la sentencia
del juez Griesa sólo podrá sumar más daño al que ya está hecho.
Pero es importante analizar
brevemente lo ocurrido en materia económica en los últimos 3 años, por lo
menos. Porque en ellos ha transcurrido la mayor parte del enorme daño que ha
estado haciéndose. Pareciera que hubiera un cierto adormecimiento,
especialmente de la dirigencia que debería enfrentar los hechos de alguna
manera más o menos contundente.
El daño viene de mucho antes,
claro está. Desde los congelamientos de tarifas de servicios públicos hasta el
cierre de exportaciones de carnes; desde el anquilosamiento de los impuestos a
las exportaciones, hasta el sostenimiento de un tipo de cambio mediante la
emisión monetaria; desde la proliferación de subsidios y controles de precios,
hasta el incumplimiento de contratos de la mayoría de las concesiones otorgadas
en la década anterior.
Pero, es bueno recapitular lo
ocurrido desde la reelección de la señora de Kirchner en la presidencia; porque
ha significado a nuestro juicio la aceleración de un deterioro que ya veníamos
sufriendo.
Empezamos con la instauración
del determinado “cepo cambiario” que inició el triste derrotero de la
prohibición de compra de moneda extranjera. Esta triste página comenzó con el
surrealista argumento de que había que evitar vender divisas a quienes no
tuvieran adecuadamente declarado su patrimonio.
En lugar de capturar a los evasores, se los alertaba.
Muy pronto quedó claro que la
causa del “cepo” no era otra que la carencia de dólares suficientes para hacer
frente a la creciente necesidad de importar energía, entre otras razones.
Recapitulemos algunas de las
medidas tomadas en muy poco tiempo:
- Incremento notable de la cantidad de subsidios de
todo tipo y color.
- Aceleración del ritmo de emisión monetaria con
incremento de la tasa de inflación
- Importaciones crecientes de energía (gas, gasoil,
fueloil, naftas)
- Multiplicación de los controles de precios.
- Establecimiento de pedidos de permiso de
importación con la consiguiente limitación del ingreso de insumos.
- Confiscación de los fondos jubilatorios de las
AFJP
- Apropiación de las reservas del Banco Central.
- Incremento pavoroso del déficit fiscal (se
proyecta para 2014 una cifra del orden de los $ 140.000 millones a nivel
nacional . Si sumamos los déficit provinciales la cifra superará los
$170.000 millones)
El gobierno contabiliza como
ingresos los recursos provenientes de los títulos y acciones en poder de la
ANSES confiscados a las AFJP. También cuenta como ingresos las supuestas
ganancias del Banco Central por devaluación de la moneda, en lo que se ha dado
en llamar “contabilidad creativa”. Incrementa cada día más la presión tributaria,
no sólo aplicando nuevas gabelas (como lo hizo recientemente con el impuesto a
las ganancias sobre la venta de acciones o el pago de dividendos), sino también
no reconociendo la pérdida de valor de la moneda, que lleva a gravar ganancias
ficticias y a hacer que paguen impuestos a las ganancias cada vez más
trabajadores.
Si en el año 2003 el gasto
público consolidado (Nación y provincias) giraba en torno del 28% del PBI, en
el corriente año llegará al 46%, y seguramente en 2015 superará el 50% del total
del PBI.
El país tenía los famosos
“superávit gemelos”. Ingresaban muchos más dólares de los que salían. Esto ya
no ocurre hoy.
En 2010 las reservas del Banco
Central habían superado los 50.000 millones de dólares habiendo pagado al
contado, incluso, al FMI en el año 2006 unos 10.000 millones. Hoy, tales
reservas no llegan a 30.000 millones.
La Argentina no tiene hoy por
hoy ningún plan antiinflacionario, excepto esa rémora de los años 50 que se
conoce como “precios cuidados” y que de alguna manera es presentada como un
plan. Sin embargo, tenemos una de las
más altas tasas de inflación del mundo, junto con Venezuela, Irán y Sudán.
Luego de la intervención en el
INDEC en el año 2007, se ha mentido sistemáticamente en el índice de inflación.
Y se llegó al absurdo de multar a las consultoras privadas por difundir cifras
de inflación mayores. En promedio, en los últimos 5 años, la inflación fue del
25% anual. Y en 2014 probablemente arañe el 40%.
Mientras tanto, la salida de
capitales del país ha sido muy elevada.
22.000 millones de dólares en 2011. Y entre 2012 y 2013, unos 10.000
millones. Ello sin contar años anteriores, como por ejemplo 2008 donde salieron
23.000 millones.
Las empresas proveedoras de
servicios públicos han sido destruidas por la política de congelamiento de
tarifas. La desinversión en el sector es elocuente. Y es consecuencia.
En 2011, y nuevamente ahora, se
intenta la quita de subsidios, la cual en sí misma no modifica el ingreso de
las empresas proveedoras, sino simplemente cambia de agente pagador, por así
decirlo. En lugar de pagar el Estado en forma de subsidio, pagan los
consumidores. También se han aceptado algunos ajustes de tarifas, mínimos en
comparación con lo que hace falta. La tarifa del gas domiciliario, por ejemplo,
es hoy en Buenos Aires la décima parte de la que rige en Uruguay, Brasil o
Chile.
El incremento de los costos en
dólares es otra realidad. En los últimos 5 años la inflación acumulada ronda el
250%, mientras que el valor del dólar creció de $ 3,81 en junio de 2009, a 8,30
que es el valor de hoy. Apenas un 117%.
Con estos valores resulta
imposible competir con el mundo a nivel industrial.
En materia de producción
primaria, la situación no es tan diferente. Los mercados de carnes, trigo,
maíz, lácteos y sus derivados, han sufrido las consecuencias de la política de
retenciones, prohibiciones, controles de precios y trabas de todo tipo
invocando la defensa de “la mesa de los argentinos”. Nuestros vecinos, con
políticas absolutamente diferentes, no solo no han afecto la mesa de sus
conciudadanos, sino que se han encargado de proveer de estos alimentos a todos
los países a los que anteriormente proveíamos nosotros.
La oleaginosa estrella, es decir
la soja, está bajando su precio a nivel mundial como consecuencia de las buenas
cosechas en los EEUU.
En la Argentina no existe
seguridad jurídica, no se respeta el derecho de propiedad, no se permite el
giro de dividendos al Exterior, se pretende que se comercialicen dólares a un
valor muy inferior al real, se imponen percepciones de impuesto a las ganancias
a la compra de moneda extranjera, y se fijan tasas de interés por debajo de la
tasa de inflación.-
Al mismo tiempo, la propia
presidenta pretende que gastemos y no ahorremos, como nos enseñaron nuestros
padres y abuelos.
No caben dudas: esto no es
“sustentable”. El “modelo” no puede resistir tanto desorden de las variables
económicas.
Entonces, qué puede pasar. Qué va a pasar.
En estos momentos la economía
está en recesión. Y la recesión se acelerará con la inflación creciente, con
las restricciones cambiarias, con el default, con las prohibiciones de
importaciones, con los controles de precios, con la creciente presión
tributaria y varios etcéteras.
Sólo cabe esperar más
devaluaciones, más inflación, más
recesión, más deterioro de salarios, más miseria, más desastre.
Es muy doloroso pero es así. Y
pensamos que alguien tiene que decirlo y con todas las letras. Es el inexorable
final de un nuevo ensayo populista.
HÉCTOR BLAS TRILLO Buenos Aires, 1º de agosto de 2014
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