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lunes, 24 de noviembre de 2014

UNA PIEL MUY SENSIBLE 6/9/14

Segunda Opinión
ACTUALIDAD ECONÓMICA:  UNA PIEL MUY  SENSIBLE


 Nadie puede dudar hoy día que la economía está teniendo serias dificultades.  Prácticamente no hay sector que no se encuentre en problemas y con una tendencia bastante marcada hacia una peor situación.
Mientras la recesión se acentúa y el tipo de cambio libre vuela por las nubes, las autoridades económicas parecen estar viviendo en otro país, o tal vez en otra dimensión.
 La política oficial ha sido hasta el presente  la de establecer restricciones y controles de todo tipo y en abundancia. La idea central es aquella de que la gente, el mercado en general, no está haciendo lo que el gobierno quiere que haga y es, por lo tanto, necesario disciplinarlo, controlarlo y encauzarlo. Todos podemos vislumbrar el resultado de tal enfoque. Pero siempre es bueno hacer algunas precisiones.
La caída en las exportaciones y en las importaciones en el último mes alcanzó porcentajes preocupantes. Casi un 12% en las primeras, y hasta un 20% en las segundas.
Las importaciones se retrajeron como consecuencia de una menor actividad, y también como resultado de las limitaciones y prohibiciones oficiales que operan cada día con mayor virulencia sobre las empresas que requieren insumos provenientes del exterior.
Las exportaciones sufrieron también, especialmente por la reticencia de los productores sojeros a desprenderse de sus stocks, en parte por la caída del precio internacional de la oleaginosa, y en buena medida por el excesivamente bajo precio del dólar que el Estado nacional les paga.
En efecto, con la retención del 35% que soportan los exportadores, un dólar de $ 8,40 al cambio oficial, termina siendo abonado en $ 5,46. Si tenemos en cuenta que el billete en el mercado denominado “contado con liquidación”, que está en el orden de los $ 14,80, podemos comprobar fácilmente la magnitud del desfase.
Los discursos de Cristina Fernández en la ONU dejaron un regusto bastante amargo en los mercados. El enojo supuesto o real de la presidenta ante el mundo no parece ser buen consejero a la hora de los negocios.
Ciertas comparaciones o asociaciones, como por ejemplo aquella de que Alemania se hubiera puesto del lado de los fondos denominados “buitre” no resulta alentadora para nadie. Y en la misma dirección va también la comparación entre esos fondos y el terrorismo del grupo denominado Estado Islámico. La evidente pérdida del sentido de las proporciones siempre es una mala cosa, y debería ser rápidamente rectificada. No esperamos que eso ocurra, desgraciadamente.
La obsesión del gobierno por intentar frenar la corrida hacia el dólar tiene su lógica, porque la brecha cambiaria obliga a revisar las expectativas y en definitiva la producción de todos los sectores de la economía.
Muchos insumos ingresan al país a través del “contado con liquidación” ante la premura y ante la necesidad de dólares que el Banco Central niega.
El gobierno ha intentado responder con la ley de abastecimiento, que más allá de su evidente inconstitucionalidad tiene como finalidad obligar a los productores sojeros a desprenderse de su stock mediante la amenaza de requisa, con argumentos francamente insólitos como el del acaparamiento indebido.  La intención se magnifica cuando se sabe que los bancos oficiales están negando créditos al campo para obligar por esa vía  a la venta de existencias para poder financiar la actividad presente y futura.
A vuelapluma, podemos observar que otros sectores, como por ejemplo el energético, tienen serias dificultades debido a que los precios que se pagan por las unidades producidas siguen estando lejos de los valores del mercado internacional. El aumento del precio de los combustibles líquidos se ha hecho una constante desde que YPF fue confiscada al grupo español Repsol. Con los precios de las naftas y del gasoil, está intentando financiarse hasta donde es posible una mayor actividad exploratoria por parte de la empresa ahora estatal. Pero no se vislumbra la llegada masiva de dólares para invertir en la zona de Vaca Muerta ni en ningún otro lado. La desconfianza y el tipo de cambio oficial desalientan cualquier inversión.
A todo esto se suma la prohibición de remesar utilidades, que abarca a toda la economía o casi.
Y por supuesto que no va mejor la industria automotriz o el sector inmobiliario. Ni los planes “procreauto” ni el eterno blanqueo de capitales para generar CEDINES han dado resultado.
El trigo, el maíz, los lácteos, la carne, sufren también los estragos de una política económica que actúa mediante prohibiciones, gabelas adicionales y leyes claramente violatorias del derecho de propiedad.



HÉCTOR BLAS TRILLO                                                      Buenos Aires,  6 de setiembre de 2014

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